fbpx
10 de junio 2019    /   CREATIVIDAD
por
 

Arte depilado: el vello femenino en las representaciones artísticas de la historia

10 de junio 2019    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Todito te lo consiento menos que luzcas pelos en el pubis. Esa podía haber sido la máxima de infinidad de grandes artistas de todos los tiempos a la hora de retratar a la mujer desnuda. Y quien dice pubis lo extiende también a axilas y piernas.

¿Nos parecerían igual de hermosas (aplíquese en el sentido que se quiera) Las tres Gracias de Rubens si a sus orondos cuerpos les complementara un abundante matojo negro en el monte de Venus, una tupida pelambrera bajo los brazos y unas piernas llenas de pelos? Mmmm, si hay que apostar, seguramente la respuesta mayoritaria sea no.

Vello púbico en el arte
Venus de Willendorf

El vello corporal femenino ha estado mal visto desde siempre. Se tiene constancia de que ya en la Prehistoria las mujeres (y hombres) eliminaban el pelo de su cuerpo con rudimentarias herramientas. Pero a diferencia de lo que vendría después, ellas lo hacían por una cuestión de supervivencia: era más fácil huir del peligro si no podían sujetarte por el cabello.

Luego llegaron los egipcios y las tornas cambiaron. Para ellos, el pelo era sinónimo de suciedad y todos, hombres y mujeres, iban rasuraditos de arriba abajo y de cabo a rabo. Ni rastro de pelo o nada que pudiera simbolizarlo. Excepto la diosa Nut, a quien se representaba con un triángulo negro en el pubis.

Vello púbico en el arte
Nut, desnuda, con el cuerpo arqueado a modo de bóveda celeste, sobre su marido Geb (la Tierra). El padre de Nut, Shu (el aire atmosférico), intenta separarlos.

EL CANON DE BELLEZA GRECORROMANO

Tampoco a los griegos y romanos les gustaba el vello corporal. Pero solo en las féminas. Ellos lucían pelambrera en el pecho y en el pubis porque aquellas capilosidades eran señal de virilidad y fortaleza.

En ellas, sin embargo, no era aceptable. El vello era cosa de mujeres sucias, de clase baja o de prostitutas. Así que las que se consideraban respetables eliminaban de su cuerpo todo pelo innecesario.

Estos prejuicios se llevaron al arte también. Ellas son representadas bajo el ideal de belleza: cuerpos marmóreos, lisos y suaves, y sin un solo pelillo que reprochar. Los personajes masculinos, sin embargo, muestran pecho lampiño pero genitales peludos (aunque pequeños; sería para compensar).

Vello púbico en el arte
Afrodita de Cnido, de Praxíteles

La Afrodita de Cnido, de Praxíteles, es un claro ejemplo del ideal de belleza y sexualidad femenina grecorromano. El escultor griego representa a una diosa en mármol que se tapa los genitales con una mano en un gesto pudoroso y tremendamente sensual a la vez, ya que nos atrae la mirada hacia su sexo. No hay rastro de vello en su pubis.

Esta imagen será tomada como canon de belleza y a ella acudirán los artistas del Renacimiento en su vuelta a los clásicos.

EL DESNUDO EN EL RENACIMIENTO

Si en la Edad Media los desnudos desaparecieron prácticamente, en el Renacimiento vuelven en todo su esplendor. Ya no hay hojas que tapen penes ni vaginas, pero tampoco hay pelo. Ni ahí ni en las axilas, ni en las piernas.

Sandra Cavallo, profesora de Historia en Royal Holloway (Universidad de Londres) explica que la depilación femenina no se debía solo a motivos estéticos, sino que el vello se veía como algo sucio, una excreción corporal que debía ser eliminada.

También se entendía como un signo de bestialidad, por eso la depilación eliminaba del cuerpo de la mujer todo rasgo animal y la devolvía toda su humana sensualidad. Y era, además, algo lujurioso, lúbrico. Tan solo las prostitutas dejaban sin depilar su monte de Venus.

Vello púbico en el arte
Venus de Urbino, de Tiziano

La depilación se convertía de esta manera en una forma de hacer sumisa a la mujer. Al eliminar de ella todo signo de bestialidad, se la domesticaba.

Tiziano, siguiendo esos cánones de belleza grecolatinos y las teorías sobre el vello de su tiempo, pinta su Venus de Urbino recostada en un diván, completamente desnuda, imitando el pudoroso gesto de la Afrodita de Praxíteles. ¿Es vello esa sombra negra que parece asomar bajo su mano? Según la historiadora Alice Macdonald, no; se trataría solamente de una sombra, un juego de luz que quiere mostrar el artista.

Vello púbico en el arte
El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli

Hay, sin embargo, algunas excepciones a esa norma. Pocas, muy pocas. Una de ellas es el políptico de la Adoración del cordero místico (también conocido como Políptico o Altar de Gante) de los pintores flamencos Jan y Hubert van Eyck, que representa a Adán y Eva tratando de tapar sus vergüenzas con hojas de parra o con las manos, pero no son suficientes para ocultar totalmente el vello rebelde que sobresale.

pelo corporal la biblia
Retablo de la Adoración del cordero místico

VELLO SÍ, VELLO NO: LAS DOS MIRADAS DEL SIGLO XIX QUE LLEGAN AL XX

El siglo XIX se divide entre quienes continúan mirando a lo clásico y reproducen esos lampiños ideales de belleza y quienes prefieren mostrar la realidad tal cual es, con sus pelos y sus miserias.

La idealización del cuerpo femenino llevó a muchos artistas a continuar retratando sus desnudos sin nada que pudiera afearlos. El vello en axilas y pubis no es bien recibido. Algo que contrasta con el cuerpo real de las mujeres de carne y hueso, que ocultan bajos sus largos vestidos, ropajes que solo dejaban a la vista la cabeza y tímidamente los brazos, unas axilas y un pubis cubiertos de vello.

Una mirada educada en ese tipo de belleza y representación femenina podría sufrir un shock cuando se enfrentara a la visión de una mujer real desnuda. Eso es lo que le ocurrió al escritor, acuarelista y crítico de arte inglés John Ruskin.

Acostumbrado a contemplar aquellas obras clásicas, no pudo soportar comprobar que las mujeres de carne y hueso tenían pelo no solo en la cabeza.

Vello púbico femenino
Desnudo sobre cojín azul, de Amadeo Modigliani

En una carta enviada a su padre, su joven esposa Effie Gray trataba de explicar los motivos por los que su marido la rechazaba:

«Él alegó varias razones, que odiaba a los niños, motivos religiosos, un deseo de preservar mi belleza, y, finalmente, este último año me contó la verdadera razón… Que había imaginado que las mujeres eran bastante diferentes a lo que él vio que yo era, y que la razón para no hacerme su esposa fue debido a que se sintió disgustado hacia mi persona la primera noche del 10 de abril».

El propio Ruskin confirmaría años más tarde la razón del fracaso de su matrimonio, que finalizó seis años después de la boda: «Puede pensarse que es extraño que me haya abstenido de una mujer a la cual la mayoría de la gente encontraba tan atractiva. Pero a pesar de que su rostro era hermoso, su persona no estaba formada para excitar la pasión. Al contrario, existían ciertas circunstancias de su persona que me repugnaron completamente».

la maja desnuda
Maja desnuda, de Francisco de Goya

En España, Francisco de Goya retrata a la Maja desnuda en todo su esplendor y rompe así con el neoclasicismo. El cuadro muestra a una mujer que exhibe su desnudez sin tapujos y sin vergüenza, en una actitud tan sensual como provocativa. Ya el propio nombre del cuadro deja claro que no se está hablando de una mujer idealizada, divina. No es ninguna Venus, es una maja, una mujer de carne y hueso que viene pisando fuerte.

Poco a poco, la visión del vello va abriéndose paso en el arte. Esto ocurre especialmente a finales del siglo XIX y principios del XX. El pubis empieza a verse poblado y en algunas representaciones de figuras femeninas, estas lucen pelambrera bajo las axilas. Y no es que el vello deje de estar mal visto, al contrario. El vello femenino sigue significando una sexualidad salvaje que hay que tapar y controlar.

pelo en las axilas en el arte
Mujer entre las olas, de Gustave Coubert

Pero los artistas emergentes no lo ven así. O sí, pero prefieren mostrar al espectador esa fuerza sexual de las mujeres que se había ocultado hasta ese momento. De esta manera, axilas y pubis se llenan de pelo, remarcando el carácter erótico de sus obras. Lo que permanece oculto siempre tienta más, siempre es más excitante que lo que se muestra. Y el vello, a fuerza de esconderlo, se había convertido en un elemento erótico por excelencia para el arte.

Es el caso de Modigliani, Manet, Degas y Coubert. Son creadores que buscan capturar la vida moderna como es. Sus cuadros se llenan de mujeres que son prostitutas en el mundo real. El ejemplo más extremo es El origen del mundo, de Coubert.

Vello púbico en el arte
El origen del mundo, de Gustave Coubert

El cuadro fue un encargo del embajador turco en Francia para colocarlo en su baño privado. Desde el primer momento fue una obra escandalosa y pasó por varias vicisitudes y escondites hasta que finalmente fue rescatado y colocado en el Museo de Orlay, en París.

Si no querías vello púbico femenino, toma dos tazas, pareció pensar su autor. La vulva más famosa, quizá, de todos los tiempos, plasmada con gran realismo y un hirsuto monte de Venus para escándalo de los más remilgados.

EN EL SIGLO XXI, LA COSA NO MEJORA

Si alguien pensó que por el hecho de empezar a verse pelos en las axilas y en los genitales en los cuadros impresionistas iba a acabar la moda de la depilación está totalmente equivocado. El vello corporal sigue estando estigmatizado, y lo que es peor, las propias mujeres son las primeras en criticar su existencia y, por supuesto, su exhibición.

Tenemos tan asumido que el vello es feo y sucio que nos parece natural el hecho de depilarnos. Es una lección no aprendida, como si estuviera impresa en nuestros genes: nacemos con vagina, nos crecen los pechos, nos sale vello y nos lo depilamos. La vida es así, no la he inventado yo, como dice la canción.

La llegada de la fotografía tampoco acepta de buena gana la exhibición del vello. La tecnología ha avanzado a pasos de gigante, pero los prejuicios se han quedado estancados entre tanto adelanto.

El puritanismo que impera después de la II Guerra Mundial tampoco ayuda. Y aunque no hay ninguna ley que prohíba expresamente enseñar el vello púbico femenino, pocos serán los fotógrafos que se atrevan a mostrarlo en sus imágenes. Es impúdico, es feo, es grosero.

Las hermosas pin-ups de la época exhiben sus delicadas piernas totalmente lisas, y en las fotografías en que aparecen desnudas se prefiere no enseñarlo. No existe la vagina. Fus, fus, fuera.

El vello queda reservado para la pornografía, pero según avanza el siglo, ni siquiera ahí será bien visto. Al contrario, se busca mitigar el vello púbico femenino para que las actrices luzcan aún más aniñadas, más lampiñas. El vello no solo es sucio, como el sexo que se practica en ese tipo de publicaciones, es incómodo porque no permite ver.

Tan solo alguna que otra rebelde se atreve a contradecir la tiranía de la depilación. Es el caso de Frida Kahlo, que muestra con orgullo su entrecejo y su bigote. Cuentan que una vez Chavela Vargas le ofreció prestarle su crema depilatoria, pero ella rehusó diciendo: «¿Y a ti quién te ha dicho que me quiera quitar el bigote? ¡Si me encanta!».

Y sin embargo, señala la fotógrafa María Barba en su trabajo de fin de máster titulado HIRSUTAS. Hacia la creación de un nuevo imaginario sobre la depilación femenina, se ha hablado prácticamente todo sobre la obra de la artista mexicana, pero apenas se habla de su vello facial. Como si al silenciarlo dejara de verse, no existiera.

LA REBELIÓN DE LAS HIRSUTAS

Poco parece haber cambiado en el siglo XXI respecto a la depilación. Si acaso, que se ha extendido también al género masculino, aunque no le suponga ni de lejos la misma presión que sufren las féminas.

El feminismo alza su voz cada vez con más fuerza y sus mensajes de igualdad y de liberación de prejuicios sobre el cuerpo de la mujer empieza a calar con fuerza entre las artistas más jóvenes. Nada en nuestro cuerpo provoca vergüenza porque nada es vergonzoso. Tampoco el vello.

Vulvas
The Vulva Gallery (@the.vulva.gallery) by Hilde Atalanta (@hildeatalanta)

Barba busca en Hirsutas hacer visible no solo el vello púbico femenino, sino el proceso de la depilación. No es la única. Otras artistas como la ilustradora y fotógrafa pakistaní Ayqa Khan también lo hacen.

La artista afincada en Nueva York muestra en sus ilustraciones a mujeres sin depilar cuyas piernas, brazos y caras exhiben a las claras y sin rubores la imperfección natural que toda mujer posee.

En una entrevista para Buzzfeed, Khan habló de la importancia de visibilizar y normalizar el vello. «No debería ser un problema si se considera que el pelo en el cuerpo es natural y depilarlo es una construcción social».

Sin embargo, el mensaje no está calando lo suficiente. Seguimos hablando de hirsutismo como una enfermedad que se define como el exceso de vello en el cuerpo de la mujer. ¿Realmente es excesivo? ¿Realmente es antinatural el pelo corporal femenino?

coños
Sally Hewett (@sally_hewett)

Tampoco la vulva sale bien parada. Publicar la imagen de una vagina en Facebook o Instagram está censurado, aunque cada vez son más los artistas que pelean por desestigmatizarla en las redes sociales.

De aquellos pelos prohibidos del pasado vienen estas vergüenzas actuales sobre el vello en la mujer. ¿Hubiera sido todo distinto si desde el principio el arte hubiera reflejado el pelo corporal con toda naturalidad?

Todito te lo consiento menos que luzcas pelos en el pubis. Esa podía haber sido la máxima de infinidad de grandes artistas de todos los tiempos a la hora de retratar a la mujer desnuda. Y quien dice pubis lo extiende también a axilas y piernas.

¿Nos parecerían igual de hermosas (aplíquese en el sentido que se quiera) Las tres Gracias de Rubens si a sus orondos cuerpos les complementara un abundante matojo negro en el monte de Venus, una tupida pelambrera bajo los brazos y unas piernas llenas de pelos? Mmmm, si hay que apostar, seguramente la respuesta mayoritaria sea no.

Vello púbico en el arte
Venus de Willendorf

El vello corporal femenino ha estado mal visto desde siempre. Se tiene constancia de que ya en la Prehistoria las mujeres (y hombres) eliminaban el pelo de su cuerpo con rudimentarias herramientas. Pero a diferencia de lo que vendría después, ellas lo hacían por una cuestión de supervivencia: era más fácil huir del peligro si no podían sujetarte por el cabello.

Luego llegaron los egipcios y las tornas cambiaron. Para ellos, el pelo era sinónimo de suciedad y todos, hombres y mujeres, iban rasuraditos de arriba abajo y de cabo a rabo. Ni rastro de pelo o nada que pudiera simbolizarlo. Excepto la diosa Nut, a quien se representaba con un triángulo negro en el pubis.

Vello púbico en el arte
Nut, desnuda, con el cuerpo arqueado a modo de bóveda celeste, sobre su marido Geb (la Tierra). El padre de Nut, Shu (el aire atmosférico), intenta separarlos.

EL CANON DE BELLEZA GRECORROMANO

Tampoco a los griegos y romanos les gustaba el vello corporal. Pero solo en las féminas. Ellos lucían pelambrera en el pecho y en el pubis porque aquellas capilosidades eran señal de virilidad y fortaleza.

En ellas, sin embargo, no era aceptable. El vello era cosa de mujeres sucias, de clase baja o de prostitutas. Así que las que se consideraban respetables eliminaban de su cuerpo todo pelo innecesario.

Estos prejuicios se llevaron al arte también. Ellas son representadas bajo el ideal de belleza: cuerpos marmóreos, lisos y suaves, y sin un solo pelillo que reprochar. Los personajes masculinos, sin embargo, muestran pecho lampiño pero genitales peludos (aunque pequeños; sería para compensar).

Vello púbico en el arte
Afrodita de Cnido, de Praxíteles

La Afrodita de Cnido, de Praxíteles, es un claro ejemplo del ideal de belleza y sexualidad femenina grecorromano. El escultor griego representa a una diosa en mármol que se tapa los genitales con una mano en un gesto pudoroso y tremendamente sensual a la vez, ya que nos atrae la mirada hacia su sexo. No hay rastro de vello en su pubis.

Esta imagen será tomada como canon de belleza y a ella acudirán los artistas del Renacimiento en su vuelta a los clásicos.

EL DESNUDO EN EL RENACIMIENTO

Si en la Edad Media los desnudos desaparecieron prácticamente, en el Renacimiento vuelven en todo su esplendor. Ya no hay hojas que tapen penes ni vaginas, pero tampoco hay pelo. Ni ahí ni en las axilas, ni en las piernas.

Sandra Cavallo, profesora de Historia en Royal Holloway (Universidad de Londres) explica que la depilación femenina no se debía solo a motivos estéticos, sino que el vello se veía como algo sucio, una excreción corporal que debía ser eliminada.

También se entendía como un signo de bestialidad, por eso la depilación eliminaba del cuerpo de la mujer todo rasgo animal y la devolvía toda su humana sensualidad. Y era, además, algo lujurioso, lúbrico. Tan solo las prostitutas dejaban sin depilar su monte de Venus.

Vello púbico en el arte
Venus de Urbino, de Tiziano

La depilación se convertía de esta manera en una forma de hacer sumisa a la mujer. Al eliminar de ella todo signo de bestialidad, se la domesticaba.

Tiziano, siguiendo esos cánones de belleza grecolatinos y las teorías sobre el vello de su tiempo, pinta su Venus de Urbino recostada en un diván, completamente desnuda, imitando el pudoroso gesto de la Afrodita de Praxíteles. ¿Es vello esa sombra negra que parece asomar bajo su mano? Según la historiadora Alice Macdonald, no; se trataría solamente de una sombra, un juego de luz que quiere mostrar el artista.

Vello púbico en el arte
El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli

Hay, sin embargo, algunas excepciones a esa norma. Pocas, muy pocas. Una de ellas es el políptico de la Adoración del cordero místico (también conocido como Políptico o Altar de Gante) de los pintores flamencos Jan y Hubert van Eyck, que representa a Adán y Eva tratando de tapar sus vergüenzas con hojas de parra o con las manos, pero no son suficientes para ocultar totalmente el vello rebelde que sobresale.

pelo corporal la biblia
Retablo de la Adoración del cordero místico

VELLO SÍ, VELLO NO: LAS DOS MIRADAS DEL SIGLO XIX QUE LLEGAN AL XX

El siglo XIX se divide entre quienes continúan mirando a lo clásico y reproducen esos lampiños ideales de belleza y quienes prefieren mostrar la realidad tal cual es, con sus pelos y sus miserias.

La idealización del cuerpo femenino llevó a muchos artistas a continuar retratando sus desnudos sin nada que pudiera afearlos. El vello en axilas y pubis no es bien recibido. Algo que contrasta con el cuerpo real de las mujeres de carne y hueso, que ocultan bajos sus largos vestidos, ropajes que solo dejaban a la vista la cabeza y tímidamente los brazos, unas axilas y un pubis cubiertos de vello.

Una mirada educada en ese tipo de belleza y representación femenina podría sufrir un shock cuando se enfrentara a la visión de una mujer real desnuda. Eso es lo que le ocurrió al escritor, acuarelista y crítico de arte inglés John Ruskin.

Acostumbrado a contemplar aquellas obras clásicas, no pudo soportar comprobar que las mujeres de carne y hueso tenían pelo no solo en la cabeza.

Vello púbico femenino
Desnudo sobre cojín azul, de Amadeo Modigliani

En una carta enviada a su padre, su joven esposa Effie Gray trataba de explicar los motivos por los que su marido la rechazaba:

«Él alegó varias razones, que odiaba a los niños, motivos religiosos, un deseo de preservar mi belleza, y, finalmente, este último año me contó la verdadera razón… Que había imaginado que las mujeres eran bastante diferentes a lo que él vio que yo era, y que la razón para no hacerme su esposa fue debido a que se sintió disgustado hacia mi persona la primera noche del 10 de abril».

El propio Ruskin confirmaría años más tarde la razón del fracaso de su matrimonio, que finalizó seis años después de la boda: «Puede pensarse que es extraño que me haya abstenido de una mujer a la cual la mayoría de la gente encontraba tan atractiva. Pero a pesar de que su rostro era hermoso, su persona no estaba formada para excitar la pasión. Al contrario, existían ciertas circunstancias de su persona que me repugnaron completamente».

la maja desnuda
Maja desnuda, de Francisco de Goya

En España, Francisco de Goya retrata a la Maja desnuda en todo su esplendor y rompe así con el neoclasicismo. El cuadro muestra a una mujer que exhibe su desnudez sin tapujos y sin vergüenza, en una actitud tan sensual como provocativa. Ya el propio nombre del cuadro deja claro que no se está hablando de una mujer idealizada, divina. No es ninguna Venus, es una maja, una mujer de carne y hueso que viene pisando fuerte.

Poco a poco, la visión del vello va abriéndose paso en el arte. Esto ocurre especialmente a finales del siglo XIX y principios del XX. El pubis empieza a verse poblado y en algunas representaciones de figuras femeninas, estas lucen pelambrera bajo las axilas. Y no es que el vello deje de estar mal visto, al contrario. El vello femenino sigue significando una sexualidad salvaje que hay que tapar y controlar.

pelo en las axilas en el arte
Mujer entre las olas, de Gustave Coubert

Pero los artistas emergentes no lo ven así. O sí, pero prefieren mostrar al espectador esa fuerza sexual de las mujeres que se había ocultado hasta ese momento. De esta manera, axilas y pubis se llenan de pelo, remarcando el carácter erótico de sus obras. Lo que permanece oculto siempre tienta más, siempre es más excitante que lo que se muestra. Y el vello, a fuerza de esconderlo, se había convertido en un elemento erótico por excelencia para el arte.

Es el caso de Modigliani, Manet, Degas y Coubert. Son creadores que buscan capturar la vida moderna como es. Sus cuadros se llenan de mujeres que son prostitutas en el mundo real. El ejemplo más extremo es El origen del mundo, de Coubert.

Vello púbico en el arte
El origen del mundo, de Gustave Coubert

El cuadro fue un encargo del embajador turco en Francia para colocarlo en su baño privado. Desde el primer momento fue una obra escandalosa y pasó por varias vicisitudes y escondites hasta que finalmente fue rescatado y colocado en el Museo de Orlay, en París.

Si no querías vello púbico femenino, toma dos tazas, pareció pensar su autor. La vulva más famosa, quizá, de todos los tiempos, plasmada con gran realismo y un hirsuto monte de Venus para escándalo de los más remilgados.

EN EL SIGLO XXI, LA COSA NO MEJORA

Si alguien pensó que por el hecho de empezar a verse pelos en las axilas y en los genitales en los cuadros impresionistas iba a acabar la moda de la depilación está totalmente equivocado. El vello corporal sigue estando estigmatizado, y lo que es peor, las propias mujeres son las primeras en criticar su existencia y, por supuesto, su exhibición.

Tenemos tan asumido que el vello es feo y sucio que nos parece natural el hecho de depilarnos. Es una lección no aprendida, como si estuviera impresa en nuestros genes: nacemos con vagina, nos crecen los pechos, nos sale vello y nos lo depilamos. La vida es así, no la he inventado yo, como dice la canción.

La llegada de la fotografía tampoco acepta de buena gana la exhibición del vello. La tecnología ha avanzado a pasos de gigante, pero los prejuicios se han quedado estancados entre tanto adelanto.

El puritanismo que impera después de la II Guerra Mundial tampoco ayuda. Y aunque no hay ninguna ley que prohíba expresamente enseñar el vello púbico femenino, pocos serán los fotógrafos que se atrevan a mostrarlo en sus imágenes. Es impúdico, es feo, es grosero.

Las hermosas pin-ups de la época exhiben sus delicadas piernas totalmente lisas, y en las fotografías en que aparecen desnudas se prefiere no enseñarlo. No existe la vagina. Fus, fus, fuera.

El vello queda reservado para la pornografía, pero según avanza el siglo, ni siquiera ahí será bien visto. Al contrario, se busca mitigar el vello púbico femenino para que las actrices luzcan aún más aniñadas, más lampiñas. El vello no solo es sucio, como el sexo que se practica en ese tipo de publicaciones, es incómodo porque no permite ver.

Tan solo alguna que otra rebelde se atreve a contradecir la tiranía de la depilación. Es el caso de Frida Kahlo, que muestra con orgullo su entrecejo y su bigote. Cuentan que una vez Chavela Vargas le ofreció prestarle su crema depilatoria, pero ella rehusó diciendo: «¿Y a ti quién te ha dicho que me quiera quitar el bigote? ¡Si me encanta!».

Y sin embargo, señala la fotógrafa María Barba en su trabajo de fin de máster titulado HIRSUTAS. Hacia la creación de un nuevo imaginario sobre la depilación femenina, se ha hablado prácticamente todo sobre la obra de la artista mexicana, pero apenas se habla de su vello facial. Como si al silenciarlo dejara de verse, no existiera.

LA REBELIÓN DE LAS HIRSUTAS

Poco parece haber cambiado en el siglo XXI respecto a la depilación. Si acaso, que se ha extendido también al género masculino, aunque no le suponga ni de lejos la misma presión que sufren las féminas.

El feminismo alza su voz cada vez con más fuerza y sus mensajes de igualdad y de liberación de prejuicios sobre el cuerpo de la mujer empieza a calar con fuerza entre las artistas más jóvenes. Nada en nuestro cuerpo provoca vergüenza porque nada es vergonzoso. Tampoco el vello.

Vulvas
The Vulva Gallery (@the.vulva.gallery) by Hilde Atalanta (@hildeatalanta)

Barba busca en Hirsutas hacer visible no solo el vello púbico femenino, sino el proceso de la depilación. No es la única. Otras artistas como la ilustradora y fotógrafa pakistaní Ayqa Khan también lo hacen.

La artista afincada en Nueva York muestra en sus ilustraciones a mujeres sin depilar cuyas piernas, brazos y caras exhiben a las claras y sin rubores la imperfección natural que toda mujer posee.

En una entrevista para Buzzfeed, Khan habló de la importancia de visibilizar y normalizar el vello. «No debería ser un problema si se considera que el pelo en el cuerpo es natural y depilarlo es una construcción social».

Sin embargo, el mensaje no está calando lo suficiente. Seguimos hablando de hirsutismo como una enfermedad que se define como el exceso de vello en el cuerpo de la mujer. ¿Realmente es excesivo? ¿Realmente es antinatural el pelo corporal femenino?

coños
Sally Hewett (@sally_hewett)

Tampoco la vulva sale bien parada. Publicar la imagen de una vagina en Facebook o Instagram está censurado, aunque cada vez son más los artistas que pelean por desestigmatizarla en las redes sociales.

De aquellos pelos prohibidos del pasado vienen estas vergüenzas actuales sobre el vello en la mujer. ¿Hubiera sido todo distinto si desde el principio el arte hubiera reflejado el pelo corporal con toda naturalidad?

Compártelo twitter facebook whatsapp
Se busca western. Recompensa: un estado saharaui
Los superhéroes geométricos de Liam Brazier
Los pósters de coleccionista de Ray-Ban
La crítica satírica dibujada de John Holcroft
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *