14 de marzo 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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¿Volverán los velomóviles a la ciudad?

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El ciclismo reclinado pareció ser engullido por un agujero negro. En la primera mitad del siglo pasado no era algo tan extraño. Los velocípedos transitaban por las calles, de forma rutinaria, hasta que llegaron los coches. Las ciudades se pusieron a sus pies y los automóviles dictaron las nuevas normas urbanísticas.
Pero la homogeneidad no puede con todos. En medio del absolutismo del desplazamiento a motor de ciudades como Madrid surge alguien que se empeña en devolver a la carretera esos vehículos que el pasado devoró. No solo las bicis (que en muchas poblaciones continúa siendo un transporte absolutamente marginal). También los velomóviles.
Este país ha convertido el ciclismo reclinado en una excentricidad. Pero para Carlos Salas no es así. Este aficionado al transporte sin motor pretende incorporar las bicicletas de carga y las bicis y triciclos reclinados al paisaje de la ciudad.
No es frecuente cruzarse con un velomóvil pero, según Salas, hay más de 40 modelos distintos. El madrileño lleva siete años dedicado a la expansión de la cultura de los vehículos sin motor. Vendiéndolos, alquilándolos, haciendo exposiciones y organizando encuentros entre aficionados.
“Empecé con la idea de abrir una tienda de bicis convencionales pero era caer en lo habitual porque ya había muchas. Después decidí especializarme en bicis especiales, como las plegables, pero ya habían dado un primer paso en Barcelona. Entonces pensé en las bicis reclinadas y las de carga. Escribí a una persona de Amsterdam, me fui una semana con él y aprendí muchísimo”, relata Salas.
Durante esos años vendía bicis, a tiempo parcial, en Toki Bike (su primera tienda). Después se dedicó a un segundo proyecto y, al final, llegó el actual. Una tienda llamada Okocicle, nacida hace dos años y medio, “especializada en  artículos no convencionales”.
“Trajimos el primer velomóvil que se vende actualmente en España. Es un modelo amarillo que llamamos ‘Don Benito’. Y ahora acaba de llegar el segundo, en blanco y negro, bautizado como ‘El Hermoso’”, especifica. Los dos vehículos son Mango Sport, de Sinner Bikes, y junto a ellos, Okocicle importa cargobikes y modelos habituales en países con gran cultura de bici.
Salas considera que el uso de más velomóviles y bicis de carga haría las ciudades más habitables y “agilizaría mucho la movilidad”. El madrileño asegura que la seguridad en los velomóviles es alta porque se trata de “una cápsula cerrada” y “es práctico porque tiene espacio para transportar hasta 130 litros”.
Su propuesta consiste en convertir el velomóvil en “sustituto del coche”. “En países como Bélgica hay una cultura extendida de estos vehículos. Muchas personas llevan a sus hijos al colegio en bicis de carga”, señala. En España, en cambio, aún es una práctica muy poco frecuente. Okocicle vende unas 10 bicis de este tipo al año.
Estos vehículos pueden alcanzar hasta 80 kilómetros por hora, según Salas. “Es un transporte a pedales, pero al ser aerodinámico, no exige mucho esfuerzo y es fácil hacer recorridos largos”.
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El ciclismo reclinado pareció ser engullido por un agujero negro. En la primera mitad del siglo pasado no era algo tan extraño. Los velocípedos transitaban por las calles, de forma rutinaria, hasta que llegaron los coches. Las ciudades se pusieron a sus pies y los automóviles dictaron las nuevas normas urbanísticas.
Pero la homogeneidad no puede con todos. En medio del absolutismo del desplazamiento a motor de ciudades como Madrid surge alguien que se empeña en devolver a la carretera esos vehículos que el pasado devoró. No solo las bicis (que en muchas poblaciones continúa siendo un transporte absolutamente marginal). También los velomóviles.
Este país ha convertido el ciclismo reclinado en una excentricidad. Pero para Carlos Salas no es así. Este aficionado al transporte sin motor pretende incorporar las bicicletas de carga y las bicis y triciclos reclinados al paisaje de la ciudad.
No es frecuente cruzarse con un velomóvil pero, según Salas, hay más de 40 modelos distintos. El madrileño lleva siete años dedicado a la expansión de la cultura de los vehículos sin motor. Vendiéndolos, alquilándolos, haciendo exposiciones y organizando encuentros entre aficionados.
“Empecé con la idea de abrir una tienda de bicis convencionales pero era caer en lo habitual porque ya había muchas. Después decidí especializarme en bicis especiales, como las plegables, pero ya habían dado un primer paso en Barcelona. Entonces pensé en las bicis reclinadas y las de carga. Escribí a una persona de Amsterdam, me fui una semana con él y aprendí muchísimo”, relata Salas.
Durante esos años vendía bicis, a tiempo parcial, en Toki Bike (su primera tienda). Después se dedicó a un segundo proyecto y, al final, llegó el actual. Una tienda llamada Okocicle, nacida hace dos años y medio, “especializada en  artículos no convencionales”.
“Trajimos el primer velomóvil que se vende actualmente en España. Es un modelo amarillo que llamamos ‘Don Benito’. Y ahora acaba de llegar el segundo, en blanco y negro, bautizado como ‘El Hermoso’”, especifica. Los dos vehículos son Mango Sport, de Sinner Bikes, y junto a ellos, Okocicle importa cargobikes y modelos habituales en países con gran cultura de bici.
Salas considera que el uso de más velomóviles y bicis de carga haría las ciudades más habitables y “agilizaría mucho la movilidad”. El madrileño asegura que la seguridad en los velomóviles es alta porque se trata de “una cápsula cerrada” y “es práctico porque tiene espacio para transportar hasta 130 litros”.
Su propuesta consiste en convertir el velomóvil en “sustituto del coche”. “En países como Bélgica hay una cultura extendida de estos vehículos. Muchas personas llevan a sus hijos al colegio en bicis de carga”, señala. En España, en cambio, aún es una práctica muy poco frecuente. Okocicle vende unas 10 bicis de este tipo al año.
Estos vehículos pueden alcanzar hasta 80 kilómetros por hora, según Salas. “Es un transporte a pedales, pero al ser aerodinámico, no exige mucho esfuerzo y es fácil hacer recorridos largos”.
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