2 de agosto 2021    /   CREATIVIDAD
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Álex Ander:«Con este libro quiero analizar lo que significó la Veneno para el colectivo LGTBIQ»

2 de agosto 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando vio la Fontana de Trevi no se pudo resistir. Era verano y hacía un calor sofocante en Roma. Además, un baño en aquella fuente barroca tenía algo de felliniano, un puntito de glamour. Así que, sin siquiera quitarse la ropa, decidió meterse dentro y pasear por las cristalinas aguas de la fuente.

Fue una escena digna de admirar. Pero ella no era Anita Eckberg, era Cristina Ortiz. No era una famosa actriz extranjera, sino una prostituta de Adra, Almería. Apenas tenía dinero para el autobús que la había traído hasta aquí desde Madrid. Los turistas tiran monedas hasta alcanzar los 3.000 euros diarios en la Fontana de Trevi. Así que Cristina Ortiz, alias la Veneno, empezó a recogerlas una a una.

«La historia refleja muy bien cómo era ella. Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones»

La anécdota la cuenta Álex Ander en su libro Veneno, de Adra a las estrellas, una biografía ilustrada (por Carlos Valdivia Biedma) que se adentra en los recovecos de la fallecida vedette, actriz y cantante. «La historia refleja muy bien cómo era ella», concede Ander. «Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones».

La anécdota la cuenta Álex Ander en su libro Veneno, de Adra a las estrellas, una biografía ilustrada (por Carlos Valdivia Biedma) que se adentra en los recovecos de la fallecida vedette, actriz y cantante. «La historia refleja muy bien cómo era ella», concede Ander. «Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones».

Ander ha querido reflejar en su libro todas las caras de un personaje poliédrico. Describe a la Veneno que todos conocemos, un personaje mediático que se prodigó en los late nights de los noventa y los programas del corazón de los primeros dosmiles. Pero también a la Cristina Ortiz desconocida, sin evitar las sombras que había más allá de los focos. 

A Álex Ander le gusta contar historias. Lo ha hecho en estas páginas y en las de otras publicaciones como Vanity Fair, Cinemanía o Dos Manzanas. También lo hizo en una biografía anterior, la de la famosa drag, Divine. «Me gustan las biografías de personas con vidas singulares», reconoce el periodista. Sin embargo, entre estos dos libros, (y los personajes que los protagonizan) hay muchas diferencias y alguna similitud.

«Divine y Cristina tenían en común el hecho de tener alma de artista y de disfrutar entreteniendo a la gente. Ambas sufrieron discriminación por su orientación (Divine) e identidad de género (Cristina), y consiguieron, como tantas otras personas, huir de su ciudad natal para poder llegar a ser ellas mismas. Y ambas tenían un sentido del humor políticamente incorrecto y algo vulgar».

Su aproximación a los personajes ha sido distinta. Para conocer a Divine vio todas sus películas y llamó y entrevistó a varios de sus conocidos. Pero la distancia geográfica y temporal (Divine era un transformista de Baltimore nacido en el 45) hizo que las historias llegaran tamizadas a través de un filtro temporal y espacial que no ha existido con Cristina Ortiz. Para este nuevo libro la implicación fue mayor y la información, de primera mano.

Álex Ander nació en 1988. Era pequeño cuando emitían Esta noche cruzamos el Mississippi, el programa que convirtió a la Veneno en una estrella. «A esa hora ya me habían mandado a dormir mis padres», reconoce. Ander la redescubrió años más tarde, cuando su estancia en prisión y su desmejora física y psicológica devolvieron a la vedette a los programas del corazón. «A raíz de aquello me fui metiendo en YouTube y curioseando un poco sobre su vida».  

Redescubrió así a un personaje fascinante. Y quiso descubrir a la persona detrás del meme. «Quedé con Cristina en 2014 a través de un amigo suyo. A mi me gustaba el personaje y quise conocerla en plan fan. La llamé por teléfono, nos vimos en la puerta del Sol y nos fuimos a tomar un café al Pans & Company».

Allí, entre bocatas de tortilla y bandejas de plástico, se abrió en canal. Le contó su vida sin filtros, como lo hacía ella. Le dijo que tenía una biografía a punto de salir, que estaba muy ilusionada con varios proyectos. «Ella te contaba todo esto como si te conociera de toda la vida», explica Ander. En las distancias cortas era un personaje tan magnético como en la televisión.

Sabía retener la atención de su interlocutor, encantarte con historias salpicadas de chistes soeces y expresiones marca de la casa. Digo. Ander pasó de ser fan a ser admirador. «Hablé con ella un par de veces más, pero me quedó pendiente hacerle una última entrevista cuando sacó sus memorias. No me dio tiempo». Cristina Ortiz murió dos meses después de publicarse.

Veneno dio visibilidad al mundo trans en un momento en el que estaba muy estigmatizado. Pero también tuvo declaraciones y formas de pensar que hoy serían señaladas como transfobas

Veneno, de Adra a las estrellas sale a la calle cuando Digo, ni puta ni santa, escrito por Valeria Vegas, está de plena actualidad. La adaptación que han hecho los Javis de este último texto engendró una serie, Veneno, exportada al mundo bajo el catálogo de HBO Max y con cierta repercusión en EEUU. Veneno es famosa mundial.

Ander cree que ambos libros son complementarios y que cuentan de forma distinta un mismo personaje. Este crea un diálogo entre las ilustraciones y los textos, que se integran en una maquetación bien pensada. El anterior nació de las entrevistas directas de Vegas con la Veneno, que estuvo muy implicada en la creación del libro. Este parte de una labor de hemeroteca y de entrevistas con las personas que la rodeaban, creando un relato más alejado de la persona y más centrado en el personaje y su impacto en la sociedad. 

«Digo, ni puta ni santa cuenta la historia de Cristina desde su punto de vista. Con Veneno, de Adra a las estrellas quería tratar de averiguar cómo de fantasiosa era ella, porque lo era. También quería narrar su vida hasta el final de sus días, y analizar el legado de su figura, lo que significó para el colectivo LGTBIQ».

Este último aspecto es más complejo de lo que parece. Veneno dio visibilidad al mundo trans en un momento en el que estaba muy estigmatizado. Pero también tuvo declaraciones y formas de pensar que hoy serían señaladas como transfobas. «Mujer es mi madre que me ha parido, pero yo soy un pedazo de maricón», llegó a decir en una entrevista. «En esa época no se hablaba de teorías queer o de género, y muchas mujeres trans se referían a sí mismas como travestis», contextualiza el autor. «Había mucho desconocimiento y mucha confusión terminológica… Intuyo que las salidas de tono de Cristina obedecían a una mezcla de ignorancia, transfobia interiorizada y ganas de ofrecer show». 

«La lucha por los derechos del colectivo la iniciaron personas como Cristina; chaperos, travestis, gais de baja extracción social y pluma orgullosa que pasaban del activismo y la política, pero plantaban cara a todos aquellos que trataban de humillarles o les despreciaban»

Por otro lado, el activismo nunca vio con buenos ojos a la Veneno. «Les parecía que la presencia mediática de una persona tan escandalosa y chabacana no ayudaba a la aceptación social de las personas trans», señala Ander. «La lucha por los derechos del colectivo la iniciaron personas como Cristina; chaperos, travestis, gais de baja extracción social y pluma orgullosa que pasaban del activismo y la política, pero plantaban cara a todos aquellos que trataban de humillarles o les despreciaban. Pero, con los años, comenzaron a mirar con recelo y cierto desagrado a todas estas personas cuando alcanzaban cierta notoriedad pública».

La figura de la Veneno fue denostada en su momento y reivindicada después. Libros como el de Ander y Valdivia no hacen sino ensalzar su figura, recalcando todos los aspectos de un personaje complejo y no siempre amable. Lo hacen hablando de paso de los problemas concretos de una persona que son genéricos de una sociedad. El bullying, la precariedad, la homotransfobia, la violencia de género, la prostitución. «Cristina fue una pionera al hablar abiertamente de estos temas», reflexiona Ander. « Lo hacía, además, con desparpajo y gracia, sin victimismo… y verla haciéndolo resultaba una experiencia magnética».

Veneno, de Adra a las estrellas, finaliza con una cronología de cómo han evolucionado los derechos trans en España, desde la Ley de Vagos y Maleantes hasta el borrador de la actual ley trans. Para la segunda edición, que ya está en las librerías, no ha dado tiempo a añadir un último epígrafe, señalando que esta ley ya es una realidad. Para la tercera edición, que acabará llegando, estarán encantados de hacerlo. Es la actualización más feliz que se podría hacer a un libro como este.

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Cuando vio la Fontana de Trevi no se pudo resistir. Era verano y hacía un calor sofocante en Roma. Además, un baño en aquella fuente barroca tenía algo de felliniano, un puntito de glamour. Así que, sin siquiera quitarse la ropa, decidió meterse dentro y pasear por las cristalinas aguas de la fuente.

Fue una escena digna de admirar. Pero ella no era Anita Eckberg, era Cristina Ortiz. No era una famosa actriz extranjera, sino una prostituta de Adra, Almería. Apenas tenía dinero para el autobús que la había traído hasta aquí desde Madrid. Los turistas tiran monedas hasta alcanzar los 3.000 euros diarios en la Fontana de Trevi. Así que Cristina Ortiz, alias la Veneno, empezó a recogerlas una a una.

«La historia refleja muy bien cómo era ella. Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones»

La anécdota la cuenta Álex Ander en su libro Veneno, de Adra a las estrellas, una biografía ilustrada (por Carlos Valdivia Biedma) que se adentra en los recovecos de la fallecida vedette, actriz y cantante. «La historia refleja muy bien cómo era ella», concede Ander. «Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones».

La anécdota la cuenta Álex Ander en su libro Veneno, de Adra a las estrellas, una biografía ilustrada (por Carlos Valdivia Biedma) que se adentra en los recovecos de la fallecida vedette, actriz y cantante. «La historia refleja muy bien cómo era ella», concede Ander. «Podía ser glamurosa y putesca, como ella misma decía. Chabacana y fina. Y salía airosa de las dos situaciones».

Ander ha querido reflejar en su libro todas las caras de un personaje poliédrico. Describe a la Veneno que todos conocemos, un personaje mediático que se prodigó en los late nights de los noventa y los programas del corazón de los primeros dosmiles. Pero también a la Cristina Ortiz desconocida, sin evitar las sombras que había más allá de los focos. 

A Álex Ander le gusta contar historias. Lo ha hecho en estas páginas y en las de otras publicaciones como Vanity Fair, Cinemanía o Dos Manzanas. También lo hizo en una biografía anterior, la de la famosa drag, Divine. «Me gustan las biografías de personas con vidas singulares», reconoce el periodista. Sin embargo, entre estos dos libros, (y los personajes que los protagonizan) hay muchas diferencias y alguna similitud.

«Divine y Cristina tenían en común el hecho de tener alma de artista y de disfrutar entreteniendo a la gente. Ambas sufrieron discriminación por su orientación (Divine) e identidad de género (Cristina), y consiguieron, como tantas otras personas, huir de su ciudad natal para poder llegar a ser ellas mismas. Y ambas tenían un sentido del humor políticamente incorrecto y algo vulgar».

Su aproximación a los personajes ha sido distinta. Para conocer a Divine vio todas sus películas y llamó y entrevistó a varios de sus conocidos. Pero la distancia geográfica y temporal (Divine era un transformista de Baltimore nacido en el 45) hizo que las historias llegaran tamizadas a través de un filtro temporal y espacial que no ha existido con Cristina Ortiz. Para este nuevo libro la implicación fue mayor y la información, de primera mano.

Álex Ander nació en 1988. Era pequeño cuando emitían Esta noche cruzamos el Mississippi, el programa que convirtió a la Veneno en una estrella. «A esa hora ya me habían mandado a dormir mis padres», reconoce. Ander la redescubrió años más tarde, cuando su estancia en prisión y su desmejora física y psicológica devolvieron a la vedette a los programas del corazón. «A raíz de aquello me fui metiendo en YouTube y curioseando un poco sobre su vida».  

Redescubrió así a un personaje fascinante. Y quiso descubrir a la persona detrás del meme. «Quedé con Cristina en 2014 a través de un amigo suyo. A mi me gustaba el personaje y quise conocerla en plan fan. La llamé por teléfono, nos vimos en la puerta del Sol y nos fuimos a tomar un café al Pans & Company».

Allí, entre bocatas de tortilla y bandejas de plástico, se abrió en canal. Le contó su vida sin filtros, como lo hacía ella. Le dijo que tenía una biografía a punto de salir, que estaba muy ilusionada con varios proyectos. «Ella te contaba todo esto como si te conociera de toda la vida», explica Ander. En las distancias cortas era un personaje tan magnético como en la televisión.

Sabía retener la atención de su interlocutor, encantarte con historias salpicadas de chistes soeces y expresiones marca de la casa. Digo. Ander pasó de ser fan a ser admirador. «Hablé con ella un par de veces más, pero me quedó pendiente hacerle una última entrevista cuando sacó sus memorias. No me dio tiempo». Cristina Ortiz murió dos meses después de publicarse.

Veneno dio visibilidad al mundo trans en un momento en el que estaba muy estigmatizado. Pero también tuvo declaraciones y formas de pensar que hoy serían señaladas como transfobas

Veneno, de Adra a las estrellas sale a la calle cuando Digo, ni puta ni santa, escrito por Valeria Vegas, está de plena actualidad. La adaptación que han hecho los Javis de este último texto engendró una serie, Veneno, exportada al mundo bajo el catálogo de HBO Max y con cierta repercusión en EEUU. Veneno es famosa mundial.

Ander cree que ambos libros son complementarios y que cuentan de forma distinta un mismo personaje. Este crea un diálogo entre las ilustraciones y los textos, que se integran en una maquetación bien pensada. El anterior nació de las entrevistas directas de Vegas con la Veneno, que estuvo muy implicada en la creación del libro. Este parte de una labor de hemeroteca y de entrevistas con las personas que la rodeaban, creando un relato más alejado de la persona y más centrado en el personaje y su impacto en la sociedad. 

«Digo, ni puta ni santa cuenta la historia de Cristina desde su punto de vista. Con Veneno, de Adra a las estrellas quería tratar de averiguar cómo de fantasiosa era ella, porque lo era. También quería narrar su vida hasta el final de sus días, y analizar el legado de su figura, lo que significó para el colectivo LGTBIQ».

Este último aspecto es más complejo de lo que parece. Veneno dio visibilidad al mundo trans en un momento en el que estaba muy estigmatizado. Pero también tuvo declaraciones y formas de pensar que hoy serían señaladas como transfobas. «Mujer es mi madre que me ha parido, pero yo soy un pedazo de maricón», llegó a decir en una entrevista. «En esa época no se hablaba de teorías queer o de género, y muchas mujeres trans se referían a sí mismas como travestis», contextualiza el autor. «Había mucho desconocimiento y mucha confusión terminológica… Intuyo que las salidas de tono de Cristina obedecían a una mezcla de ignorancia, transfobia interiorizada y ganas de ofrecer show». 

«La lucha por los derechos del colectivo la iniciaron personas como Cristina; chaperos, travestis, gais de baja extracción social y pluma orgullosa que pasaban del activismo y la política, pero plantaban cara a todos aquellos que trataban de humillarles o les despreciaban»

Por otro lado, el activismo nunca vio con buenos ojos a la Veneno. «Les parecía que la presencia mediática de una persona tan escandalosa y chabacana no ayudaba a la aceptación social de las personas trans», señala Ander. «La lucha por los derechos del colectivo la iniciaron personas como Cristina; chaperos, travestis, gais de baja extracción social y pluma orgullosa que pasaban del activismo y la política, pero plantaban cara a todos aquellos que trataban de humillarles o les despreciaban. Pero, con los años, comenzaron a mirar con recelo y cierto desagrado a todas estas personas cuando alcanzaban cierta notoriedad pública».

La figura de la Veneno fue denostada en su momento y reivindicada después. Libros como el de Ander y Valdivia no hacen sino ensalzar su figura, recalcando todos los aspectos de un personaje complejo y no siempre amable. Lo hacen hablando de paso de los problemas concretos de una persona que son genéricos de una sociedad. El bullying, la precariedad, la homotransfobia, la violencia de género, la prostitución. «Cristina fue una pionera al hablar abiertamente de estos temas», reflexiona Ander. « Lo hacía, además, con desparpajo y gracia, sin victimismo… y verla haciéndolo resultaba una experiencia magnética».

Veneno, de Adra a las estrellas, finaliza con una cronología de cómo han evolucionado los derechos trans en España, desde la Ley de Vagos y Maleantes hasta el borrador de la actual ley trans. Para la segunda edición, que ya está en las librerías, no ha dado tiempo a añadir un último epígrafe, señalando que esta ley ya es una realidad. Para la tercera edición, que acabará llegando, estarán encantados de hacerlo. Es la actualización más feliz que se podría hacer a un libro como este.

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