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23 de septiembre 2016    /   IDEAS
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Veroño: la nueva estación del año que suplanta al veranillo de San Miguel

23 de septiembre 2016    /   IDEAS     por          
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Veroño. No había escuchado nunca esa palabra y de la noche a la mañana todo el mundo la usaba sin parar. Me pasó como cuando te vas a comprar un coche, que comienzas a ver millones iguales al tuyo cuando antes ni te sonaba el modelo. El caso es que no paro de leer y escuchar la dichosa palabra por todos lados. «Adiós verano, hola veroño», «aún tendremos veroño para rato», «moda para este veroño», y dale con el veroño.

El veroño es una mezcla de verano y otoño, una palabra utilizada para nombrar esos días en los que hace calor por la mañana y comienza a refrescar por la tarde, en los que lo mismo te tomas unas castañas en la plaza de tu pueblo que te comes un helado en la playa. Vamos, lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel ahora se llama veroño.

Mi investigación profunda, digna de un premio Pulitzer, sobre cuándo y cómo comienza a usarse esta palabra me llevó a las redes sociales, concretamente a Twitter, el termómetro por excelencia de lo que se piensa y se habla en el mundo mundial. Después de dos horas leyendo tuits (si llego a estar sólo media hora más, se me hubieran caído los ojos), intuí que la palabra comenzó a usarse sobre el año 2009 y que tuvo su punto álgido en el veroño (entre septiembre y octubre) de 2015, cuando a algún redactor le pareció simpático incluirla en sus reportajes y fue seguido por muchos otros.

Del papichulo al amigovio

Después de estas indagaciones, me dirigí al diccionario de la RAE (Real Academia Española) para ver si la palabra estaba reconocida por los mandamases de la lengua, no fuera a ser que mi ignorancia me hiciera creer que era una invención de un cráneo privilegiado y al final resultara ser una palabra pata negra. Todas mis sospechas eran ciertas, la institución que ‘limpia, fija y da esplendor’ no había incluido veroño en el diccionario de la lengua española.

Me tranquilizó saber que el hecho de que veroño no estuviera reconocida como palabra no quería decir que no pudiera estarlo en un futuro. De hecho, muchos términos habían pasado de la calle al diccionario. Palabras como amigovio (persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo) o papichulo (hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo) ya pertenecían a la jet set de la lengua. Viendo los precedentes, estábamos en el buen camino.

Os parecerá una memez, pero en pocos días le había cogido cariño al veroño y necesitaba saber más sobre el futuro de la palabra. ¿Cumpliría los requisitos para conquistar a la RAE? ¿Estudiarían mis hijos las cinco estaciones? ¿Cambiarían las pizzas de nombre? Un montón de cuestiones comenzaron a acumularse en mi cabeza, me había enredado en un bucle del que sólo saldría con más información. Allá que me fui a buscar en la web de la RAE alguna pista que me indicara si veroño tendría alguna posibilidad.

La Real Academia Española, como los directores de casting, no deja muy claro cuáles son los criterios que sigue para escoger un término y desechar otros. Parece ser que si una gran mayoría de hablantes usan una determinada palabra con asiduidad la registran.

Pero no es tan sencillo. Para que esto suceda, el Pleno de los académicos debe ponerse de acuerdo en si la palabra es apta o no para pasar a la posterioridad. De hecho, las decisiones tomadas por la RAE en estos últimos años han sido muy polémicas. En 2014 incluyó términos como pepero, culamen u okupa, que fueron duramente criticados por algunos sectores por ser demasiado vulgares. Total, un jaleo.

Me di cuenta de que sólo el tiempo respondería a todas esas incógnitas que se agolpaban en mi mente. Prometo que si en un futuro tengo noticias al respecto, os las haré llegar, por si os ha picado la curiosidad tanto como a mí. Mientras tanto, a disfrutar del veroño, que en nada no me podré poner las sandalias y eso para mí sí que es un trauma.

 

Veroño. No había escuchado nunca esa palabra y de la noche a la mañana todo el mundo la usaba sin parar. Me pasó como cuando te vas a comprar un coche, que comienzas a ver millones iguales al tuyo cuando antes ni te sonaba el modelo. El caso es que no paro de leer y escuchar la dichosa palabra por todos lados. «Adiós verano, hola veroño», «aún tendremos veroño para rato», «moda para este veroño», y dale con el veroño.

El veroño es una mezcla de verano y otoño, una palabra utilizada para nombrar esos días en los que hace calor por la mañana y comienza a refrescar por la tarde, en los que lo mismo te tomas unas castañas en la plaza de tu pueblo que te comes un helado en la playa. Vamos, lo que nuestros abuelos llamaban el veranillo de San Miguel ahora se llama veroño.

Mi investigación profunda, digna de un premio Pulitzer, sobre cuándo y cómo comienza a usarse esta palabra me llevó a las redes sociales, concretamente a Twitter, el termómetro por excelencia de lo que se piensa y se habla en el mundo mundial. Después de dos horas leyendo tuits (si llego a estar sólo media hora más, se me hubieran caído los ojos), intuí que la palabra comenzó a usarse sobre el año 2009 y que tuvo su punto álgido en el veroño (entre septiembre y octubre) de 2015, cuando a algún redactor le pareció simpático incluirla en sus reportajes y fue seguido por muchos otros.

Del papichulo al amigovio

Después de estas indagaciones, me dirigí al diccionario de la RAE (Real Academia Española) para ver si la palabra estaba reconocida por los mandamases de la lengua, no fuera a ser que mi ignorancia me hiciera creer que era una invención de un cráneo privilegiado y al final resultara ser una palabra pata negra. Todas mis sospechas eran ciertas, la institución que ‘limpia, fija y da esplendor’ no había incluido veroño en el diccionario de la lengua española.

Me tranquilizó saber que el hecho de que veroño no estuviera reconocida como palabra no quería decir que no pudiera estarlo en un futuro. De hecho, muchos términos habían pasado de la calle al diccionario. Palabras como amigovio (persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo) o papichulo (hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo) ya pertenecían a la jet set de la lengua. Viendo los precedentes, estábamos en el buen camino.

Os parecerá una memez, pero en pocos días le había cogido cariño al veroño y necesitaba saber más sobre el futuro de la palabra. ¿Cumpliría los requisitos para conquistar a la RAE? ¿Estudiarían mis hijos las cinco estaciones? ¿Cambiarían las pizzas de nombre? Un montón de cuestiones comenzaron a acumularse en mi cabeza, me había enredado en un bucle del que sólo saldría con más información. Allá que me fui a buscar en la web de la RAE alguna pista que me indicara si veroño tendría alguna posibilidad.

La Real Academia Española, como los directores de casting, no deja muy claro cuáles son los criterios que sigue para escoger un término y desechar otros. Parece ser que si una gran mayoría de hablantes usan una determinada palabra con asiduidad la registran.

Pero no es tan sencillo. Para que esto suceda, el Pleno de los académicos debe ponerse de acuerdo en si la palabra es apta o no para pasar a la posterioridad. De hecho, las decisiones tomadas por la RAE en estos últimos años han sido muy polémicas. En 2014 incluyó términos como pepero, culamen u okupa, que fueron duramente criticados por algunos sectores por ser demasiado vulgares. Total, un jaleo.

Me di cuenta de que sólo el tiempo respondería a todas esas incógnitas que se agolpaban en mi mente. Prometo que si en un futuro tengo noticias al respecto, os las haré llegar, por si os ha picado la curiosidad tanto como a mí. Mientras tanto, a disfrutar del veroño, que en nada no me podré poner las sandalias y eso para mí sí que es un trauma.

 

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Opiniones 9
  • Juernes, veroño, amigovio…. ¿no serán estas las señales de las que nos hablaba la Biblia y bajarán los jinetes del apocalipsis para ponernos finos?
    Eso espero, la espera se me está haciendo eterna.

  • En realidad no es que se haya sustituido al veranillo de San Miguel por el «veroño». Más bien el veroño hace referencia a que, climatológicamente, no existe ya hace varios años el otoño. Sigue haciendo calorcillo (en torno, a 30 grados en Extremadura), hasta incluso noviembre. Es una anormalidad, ¿consecuencia del cambio climático?.

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