10 de julio 2014    /   CREATIVIDAD
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La revista deportiva inspirada en Playboy

10 de julio 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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«El periodismo de profundidad está muerto». «Ya sólo se vive del producto fácil con posibilidades de hacerse viral». «La prensa deportiva sigue un patrón común en cualquier lugar del mundo»…
Hay quienes atienden a los augurios sobre el periodismo con resignada fe ciega, también quienes, al menos, tienen en cuenta estos avisos a la hora de hacer sus ediciones, y también quienes aún no se lo creen del todo y están empezando a empaparse de cómo funciona el asunto en los nuevos tiempos. Después viene Victory Journal. Esta publicación bianual ha optado por desplegar las velas en la era de la prensa a motor. Su camino a contracorriente consiste en olvidarse de su área de cuentas y apostar por lo que realmente quieren escribir, narrar historias con fondo arrasen o no en las redes, y sobre todo, dotar a la prensa deportiva de un punto de vista diametralmente opuesto al común. Lo que hacen lo llaman «periodismo de alto impacto».
«Una historia buena para Victory es una historia que tenga algo que sea poco familiar y emocionante», define Chris Isenberg, el neoyorquino que junto a Aaron Amaro y Kimou Meyer fundaron este proyecto en verano de 2010, durante el mundial de Sudáfrica. «Aquí pesa mucho la calidad del fotógrafo, el ilustrador o el escritor que captura la historia, ya que eso conforma gran parte de la esencia de cualquier cosa que producimos. Ya sea algo que nunca hayamos visto como las fotos de Chris Anderson de los “Joutes Nautiques” en el sur de Francia, que aparecen en nuestro tercer ejemplar (For Love or Money), o una nueva forma de ver un tema familiar, como en el caso del artículo de Tom Wolfe de 1963 sobre Muhammad Ali, el cual reimprimimos con ilustraciones de Mickey Duzyj en nuestro cuarto ejemplar (The Greatest)».
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Teniendo en cuenta que la revista sale una vez en mayo y otra en octubre, no espere el amante de los deportes encontrarse con los resultados de los partidos del día anterior. Lo que encontrará en esta publicación deportiva son historias como las que cuenta Alessandro Simonetti en imágenes de la frenética carrera ecuestre urbana (Il Palio Di Siena) que cada año tiene cita en Italia; o las fotos de las fisioculturistas que Tony Blasko retrató en el Arnold Classic. Expatriados senegaleses en Brooklyn que juegan al balonmano en Miami Beach; la deserción política del lanzador cubano Orlando Hernández; o un partido de Hockey entre soviéticos y americanos en plena Guerra Fría donde la tensión cortaba más que el filo de los patines…
«En especial, nos gusta el sentimiento de visitar un nuevo lugar y conocer personajes nuevos a través de la perspectiva del deporte», trata de ponerle el común denominador Isenberg al asunto. Su equipo, formado por unos 20 integrantes, diferencia entre lo comercial y el «periodismo», en palabras del fundador. Por eso, a pesar de todo lo que puedan resentirse sus arcas, se niegan a pasar por el aro del «comercio electrónico y el contenido patrocinado», se ciñen a «anuncios en la revista, ventas al por mayor, sponsorships y eventos», además de las suscripciones con las que empezarán próximamente. La vieja usanza les daba mayores garantías de independencia.
«No hace falta más porque lo que queremos es hacer cosas que sean impresionantes mas que costosas. El trabajo que hacemos queremos que requiera bastante tiempo, energías, recursos y hacerlo de manera que contribuya al contenido. Lo que quiero decir es que estamos apegados a nuestros gustos e intentamos ser justos con ellos, intentar encontrar el modelo de negocio adecuado en vez de simplemente poner nuestro toque en este modelo contemporáneo en el cual se crea contenido rápidamente de la manera mas barata posible».
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Victory sale a la venta en librerías, tiendas, museos, establecimientos de ropa… «Sitios donde los clientes aprecien lo que nosotros y otros periodistas de baja escala estamos haciendo», esgrime Isenberg. Y parece que ese público existe en más de un lugar del planeta, porque ya hacen reparto a ambos lados del charco por Nueva York, Los Ángeles, Londres, París y Ámsterdam.
Su revista de formato grande y proporcionales imágenes está inspirada, según indican, en otras publicaciones como Esquire, Playboy, Sports Illustrated o Eros. Al principio pensaron en un concepto que siguiera la estela del tipo de publicaciones de deportes para hombres que admiraban. Cuatro años después de su primera andadura han recibido el feedback de que su audiencia la compone «una mezcla entre creativos y aficionados al deporte, sumamente internacional, y más unisex de lo que esperábamos», confiesan, «y ambas cosas nos hacen felices». Asegura Isenberg que su intención primordial es crear «algo hermoso e interesante, y ya después ver quién responde a esto. Antes que estar dirigiendo el producto a alguien en especifico».
Desde hace seis meses también cuentan con una versión digital de la revista, un recurso que en el siglo XXI parece altamente indispensable y sin el cual llevaban funcionando hace tres años. Esta nueva experiencia abre otras áreas a su filosofía de trabajo, entre otras, la que vivieron tras la entrevista con Superfly Snuka (en el ejemplar numero dos) que acabó impulsando que el medio rodara un corto cinematográfico.
Isenberg ya estaba experimentado en este asunto de mezclar deporte e historias. Doubleday & Cartwright es su agencia creativa especializada en trabajos relacionados con lo deportivo, y No Mas es una marca de ropa que creó personalmente. «Ambas comparten ADN con Victory y se sitúan en el mismo edificio de Brooklyn», cuenta Isenberg, «pasión por el deporte, hacer las cosas de manera excelente y descubrir historias secretas».

Para el público hispano, de Victory recomienda historias como la de la academia de Boca Juniors en Argentina, «tan relevante para España por la relación que esta mantiene con La Masía en Barcelona y porque afectó de cierto modo a Leo Messi». O «la de El Duque y su dramático escape de Cuba». Tampoco sugiere perderse una historia fotográfica sobre la fabrica Athleta, «que era quien produjo la camiseta de la selección brasileña de fútbol en sus tres primeras victorias en mundiales»… Prometen publicar muchas más de esas, solo con la con la condición de escribir lo que quieran, no lo que les pidan.
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«El periodismo de profundidad está muerto». «Ya sólo se vive del producto fácil con posibilidades de hacerse viral». «La prensa deportiva sigue un patrón común en cualquier lugar del mundo»…
Hay quienes atienden a los augurios sobre el periodismo con resignada fe ciega, también quienes, al menos, tienen en cuenta estos avisos a la hora de hacer sus ediciones, y también quienes aún no se lo creen del todo y están empezando a empaparse de cómo funciona el asunto en los nuevos tiempos. Después viene Victory Journal. Esta publicación bianual ha optado por desplegar las velas en la era de la prensa a motor. Su camino a contracorriente consiste en olvidarse de su área de cuentas y apostar por lo que realmente quieren escribir, narrar historias con fondo arrasen o no en las redes, y sobre todo, dotar a la prensa deportiva de un punto de vista diametralmente opuesto al común. Lo que hacen lo llaman «periodismo de alto impacto».
«Una historia buena para Victory es una historia que tenga algo que sea poco familiar y emocionante», define Chris Isenberg, el neoyorquino que junto a Aaron Amaro y Kimou Meyer fundaron este proyecto en verano de 2010, durante el mundial de Sudáfrica. «Aquí pesa mucho la calidad del fotógrafo, el ilustrador o el escritor que captura la historia, ya que eso conforma gran parte de la esencia de cualquier cosa que producimos. Ya sea algo que nunca hayamos visto como las fotos de Chris Anderson de los “Joutes Nautiques” en el sur de Francia, que aparecen en nuestro tercer ejemplar (For Love or Money), o una nueva forma de ver un tema familiar, como en el caso del artículo de Tom Wolfe de 1963 sobre Muhammad Ali, el cual reimprimimos con ilustraciones de Mickey Duzyj en nuestro cuarto ejemplar (The Greatest)».
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Teniendo en cuenta que la revista sale una vez en mayo y otra en octubre, no espere el amante de los deportes encontrarse con los resultados de los partidos del día anterior. Lo que encontrará en esta publicación deportiva son historias como las que cuenta Alessandro Simonetti en imágenes de la frenética carrera ecuestre urbana (Il Palio Di Siena) que cada año tiene cita en Italia; o las fotos de las fisioculturistas que Tony Blasko retrató en el Arnold Classic. Expatriados senegaleses en Brooklyn que juegan al balonmano en Miami Beach; la deserción política del lanzador cubano Orlando Hernández; o un partido de Hockey entre soviéticos y americanos en plena Guerra Fría donde la tensión cortaba más que el filo de los patines…
«En especial, nos gusta el sentimiento de visitar un nuevo lugar y conocer personajes nuevos a través de la perspectiva del deporte», trata de ponerle el común denominador Isenberg al asunto. Su equipo, formado por unos 20 integrantes, diferencia entre lo comercial y el «periodismo», en palabras del fundador. Por eso, a pesar de todo lo que puedan resentirse sus arcas, se niegan a pasar por el aro del «comercio electrónico y el contenido patrocinado», se ciñen a «anuncios en la revista, ventas al por mayor, sponsorships y eventos», además de las suscripciones con las que empezarán próximamente. La vieja usanza les daba mayores garantías de independencia.
«No hace falta más porque lo que queremos es hacer cosas que sean impresionantes mas que costosas. El trabajo que hacemos queremos que requiera bastante tiempo, energías, recursos y hacerlo de manera que contribuya al contenido. Lo que quiero decir es que estamos apegados a nuestros gustos e intentamos ser justos con ellos, intentar encontrar el modelo de negocio adecuado en vez de simplemente poner nuestro toque en este modelo contemporáneo en el cual se crea contenido rápidamente de la manera mas barata posible».
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Victory sale a la venta en librerías, tiendas, museos, establecimientos de ropa… «Sitios donde los clientes aprecien lo que nosotros y otros periodistas de baja escala estamos haciendo», esgrime Isenberg. Y parece que ese público existe en más de un lugar del planeta, porque ya hacen reparto a ambos lados del charco por Nueva York, Los Ángeles, Londres, París y Ámsterdam.
Su revista de formato grande y proporcionales imágenes está inspirada, según indican, en otras publicaciones como Esquire, Playboy, Sports Illustrated o Eros. Al principio pensaron en un concepto que siguiera la estela del tipo de publicaciones de deportes para hombres que admiraban. Cuatro años después de su primera andadura han recibido el feedback de que su audiencia la compone «una mezcla entre creativos y aficionados al deporte, sumamente internacional, y más unisex de lo que esperábamos», confiesan, «y ambas cosas nos hacen felices». Asegura Isenberg que su intención primordial es crear «algo hermoso e interesante, y ya después ver quién responde a esto. Antes que estar dirigiendo el producto a alguien en especifico».
Desde hace seis meses también cuentan con una versión digital de la revista, un recurso que en el siglo XXI parece altamente indispensable y sin el cual llevaban funcionando hace tres años. Esta nueva experiencia abre otras áreas a su filosofía de trabajo, entre otras, la que vivieron tras la entrevista con Superfly Snuka (en el ejemplar numero dos) que acabó impulsando que el medio rodara un corto cinematográfico.
Isenberg ya estaba experimentado en este asunto de mezclar deporte e historias. Doubleday & Cartwright es su agencia creativa especializada en trabajos relacionados con lo deportivo, y No Mas es una marca de ropa que creó personalmente. «Ambas comparten ADN con Victory y se sitúan en el mismo edificio de Brooklyn», cuenta Isenberg, «pasión por el deporte, hacer las cosas de manera excelente y descubrir historias secretas».

Para el público hispano, de Victory recomienda historias como la de la academia de Boca Juniors en Argentina, «tan relevante para España por la relación que esta mantiene con La Masía en Barcelona y porque afectó de cierto modo a Leo Messi». O «la de El Duque y su dramático escape de Cuba». Tampoco sugiere perderse una historia fotográfica sobre la fabrica Athleta, «que era quien produjo la camiseta de la selección brasileña de fútbol en sus tres primeras victorias en mundiales»… Prometen publicar muchas más de esas, solo con la con la condición de escribir lo que quieran, no lo que les pidan.
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