13 de octubre 2021    /   CINE/TV
por
 Ilustración: Buba Viedma

Vidas futuras: El hombre invisible, técnico de efectos especiales

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Griffin, más conocido como el Hombre invisible, anunció su retirada de la vida pública. «Ya no tengo edad para ir desnudo todo el día», declaró a la prensa en la presentación de la exposición I’m the invisible man.

La muestra repasa la vida de Griffin a través de fotografías en las que, por supuesto, no aparece, y objetos relacionados con su vida. Destaca una réplica del laboratorio en el que desarrolló la fórmula de la invisibilidad. «Estaba harto de todo y quería desaparecer», declaró el Hombre invisible. «Pero tenía que comer».

Griffin recordó que le tentó la delincuencia, sin embargo, no pasó de colarse en restaurantes y habitaciones de hotel. «Pero me cansé de esa vida y eché currículums», declaró. «Me entrevistaron en todos los sitios porque querían conocerme, pero luego me decían: “¿Cómo podemos saber que no se escaqueará si no podemos verlo?”».

Finalmente, un teatro lo contrató como apuntador. «Yo estaba en el mismo escenario soplando las frases a los actores», manifestó Griffin. Para que el público no viera papeles flotando los ponía sobre una mesa, pegados tras un sillón o un árbol falso… Muchas veces memorizó todos los diálogos porque no había muebles en el escenario o solo un foco iluminaba a un actor.  «No leo en la oscuridad», dijo el Hombre invisible.

Tras algunos lapsus en el escenario fue despedido, pero al poco lo contrató un mago. Así, durante diez años, Griffin simuló que el mago hacía levitar los objetos.

el hombre invisible

Cansado de las giras del prestidigitador, comenzó su carrera como técnico de efectos especiales. «El efecto era yo», declaró. «Si temblaba la tierra o el personaje movía cosas con la mente, yo volcaba las sillas y tiraba los cuadros o rompía espejos. También sostuve actores sobre la espalda para simular que levitaban».

Pero nunca lo llamaron para interpretar a un hombre invisible. «Me decían que sobreactuaba», confesó.

Recuerda cuando un actor compró un castillo y lo contrató como fantasma para reírse de los invitados.

En los 90, una modelo lo introdujo en el mundo de la moda. Griffin es responsable de que los velos de novia floten como olas. También posó para catálogos online. «Las chaquetas tienen volumen en las fotos porque las llevo yo», dijo Griffin.

Con el nuevo siglo comenzó su carrera en la escritura. Pronto publicará: Lo que la gente hace cuando nadie la ve.

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Griffin, más conocido como el Hombre invisible, anunció su retirada de la vida pública. «Ya no tengo edad para ir desnudo todo el día», declaró a la prensa en la presentación de la exposición I’m the invisible man.

La muestra repasa la vida de Griffin a través de fotografías en las que, por supuesto, no aparece, y objetos relacionados con su vida. Destaca una réplica del laboratorio en el que desarrolló la fórmula de la invisibilidad. «Estaba harto de todo y quería desaparecer», declaró el Hombre invisible. «Pero tenía que comer».

Griffin recordó que le tentó la delincuencia, sin embargo, no pasó de colarse en restaurantes y habitaciones de hotel. «Pero me cansé de esa vida y eché currículums», declaró. «Me entrevistaron en todos los sitios porque querían conocerme, pero luego me decían: “¿Cómo podemos saber que no se escaqueará si no podemos verlo?”».

Finalmente, un teatro lo contrató como apuntador. «Yo estaba en el mismo escenario soplando las frases a los actores», manifestó Griffin. Para que el público no viera papeles flotando los ponía sobre una mesa, pegados tras un sillón o un árbol falso… Muchas veces memorizó todos los diálogos porque no había muebles en el escenario o solo un foco iluminaba a un actor.  «No leo en la oscuridad», dijo el Hombre invisible.

Tras algunos lapsus en el escenario fue despedido, pero al poco lo contrató un mago. Así, durante diez años, Griffin simuló que el mago hacía levitar los objetos.

el hombre invisible

Cansado de las giras del prestidigitador, comenzó su carrera como técnico de efectos especiales. «El efecto era yo», declaró. «Si temblaba la tierra o el personaje movía cosas con la mente, yo volcaba las sillas y tiraba los cuadros o rompía espejos. También sostuve actores sobre la espalda para simular que levitaban».

Pero nunca lo llamaron para interpretar a un hombre invisible. «Me decían que sobreactuaba», confesó.

Recuerda cuando un actor compró un castillo y lo contrató como fantasma para reírse de los invitados.

En los 90, una modelo lo introdujo en el mundo de la moda. Griffin es responsable de que los velos de novia floten como olas. También posó para catálogos online. «Las chaquetas tienen volumen en las fotos porque las llevo yo», dijo Griffin.

Con el nuevo siglo comenzó su carrera en la escritura. Pronto publicará: Lo que la gente hace cuando nadie la ve.

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