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19 de junio 2012    /   CINE/TV
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Viejos héroes para una nueva España

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España ha cambiado mucho en pocas décadas. De la sociedad cainita que se esperaba en las esquinas para matarse a la guerra civil; de la miseria de la posguerra a la represión de la dictadura; del terrorismo feroz a la fuerza democrática; de la reconversión industrial a Europa; de la bonanza económica a la crisis más salvaje. Ha cambiado mucho, pero en algunas cosas no tanto. Si cogiéramos algunos iconos del ayer, esos personajes del cómic que ilustraban nuestras desventuras nacionales, podrían valer perfectamente para la sociedad de hoy. Sólo hacen falta unos pequeños retoques…

Anacleto el agente secreto sería la primera opción, porque siempre podemos recurrir al talento extranjero. Porque ¿qué es Anacleto sino una copia del mítico Superagente 86 de la televisión? Es un hombre de negro importado del extranjero, uno de esos que viene a rescatar al país de las garras de las amenazas exteriores. Si la TIA no es suficiente sin duda Anacleto lo será, ya que goza de buenos contactos internacionales que le serán de gran utilidad a la hora de vigilar lo que se hace en nuestro país. Toda una garantía.

Mortadelo y Filemón, ¿quién no ha leído las aventuras y desventuras de estos agentes secretos? En una descacharrante agencia de Inteligencia que parodiaba a la TIA se las arreglaban para salvar al país de los malos aunque fuera por casualidad. El primero, un crack de los disfraces bien podría parecerse al mítico Paesa, uno de los espías que la turbia historia reciente de nuestro país dejó escapar después de que llegara a publicar una esquela falsa en los medios de comunicación. El segundo, un jefe tan despistado que bien podría dejar escapar al malo delante de sus narices, como aquel control de carretera en el que interceptaron a uno de los autores del atentado del 11M con el maletero lleno de cuchillos y al que dejaron irse sin más. Bien pensado, Mortadelo y Filemón no necesitarían demasiado cambio para seguir vigentes.

Superlópez ha sido siempre mi favorito. Un oficinista (lo que quiera que sea eso) con una novia devota y un jefe explotador que combate a científicos locos, jefes de la mafia local o extraterrestres invasores, tanto da. Su otro yo es un superhéroe al que su novia en la vida real odia. Apasionado del fútbol, con bigote y patoso, este superhéroe era el vivo retrato del español de clase media atrapado en una vida vulgar al que le pasan cosas extraordinarias que no puede contar. Sí Mortadelo, Filemón y Anacleto no pueden solos, habría que mandar a Superlópez a los mercados, donde quiera que estén, para luchar contra esos bajistas y especuladores que nos hunden, luego pasarse por Alemania para explicárselo a Merkel, luego ir al BCE para conseguir financiación y después mandarle a arreglar el desaguisado bancario que nuestros políticos de todo signo han dejado.

El Botones Sacarino es el destino del joven español tras pasar por la escuela, el instituto y la universidad: puedes haber estudiado una carrera, hablar idiomas, tener un máster y un excelente manejo de las herramientas digitales. No te engañes, tu destino como las cosas sigan como van será el de la hostelería o el turismo. Atender a clientes no siempre educados, exigentes llamadas de parroquianos de bar, preparar tapas y fritangas para que los turistas te dejen algo de propina… y tú, como Sacarino, intentando aprovechar la situación. Él no se lo montaba mal…

Zipi y Zape, esos gemelos traviesos y malos estudiantes que mortificaban a una familia tradicional española: él un empresario bonachón aunque severo, ella una ama de casa con un papel secundario. El esquema familiar ya no será así, pero los niños en muchas ocasiones sí. Cada generación que llega a los colegios tiene un comportamiento aún peor que la anterior y a saber qué pasará con las generaciones venideras con los recortes en Educación. De hecho, lo de los recortes es una estrategia para evitar tener jóvenes sobrecualificados como Sacarino trabajando en la hostelería. Las aventuras de estos gemelos volverían a estar al día con un mero retoque en el argumento: no es que sean traviesos, es que son víctimas del sistema educativo, ya que han estudiado en barracones en Valencia, en un colegio público en el que han recortado profesorado y aumentado el tamaño de las aulas.

Chicha, Tato y Clodoveo son personajes menos conocidos pero, sin duda, los más adelantados a su tiempo: eran tres jóvenes desempleados que intentaban desesperadamente conseguir un trabajo que les sacara de su situación, aunque sin demasiada fortuna ni acierto. Hoy en día eso casi daría lo mismo, porque con acierto o sin él iban a tenerlo igual de difícil (o más) para encontrar trabajo. Esta nueva España está llena de Chichas, Tatos y Clodoveos a la caza y captura de un trabajo mientras apuran el paro (quienes tienen la suerte de haber cotizado lo suficiente).

13 Rue del Percebe sería hoy un edificio abandonado. Todos sus vecinos han sido desahuciados porque no pagaron sus hipotecas: el ladrón se quedó sin poder robar a nadie, el sastre se quedó sin sus mejores clientes allá en el Mediterráneo, el tendero que engañaba a sus clientes tuvo que cerrar porque no ha podido competir con esa tienda de la esquina que abre durante todo el día… incluso el hábil deudor del ático, ese que esquivaba a todos aquellos a los que debía dinero, acabó perdiendo su domicilio cuando el banco envió a la Policía Nacional a sacarle a la fuerza. El edificio está en venta, por cierto. Y barato.

Pepe Gotera y Otilio eran de esos manitas que valían para todo aunque no valían para nada. Eran capaces de destrozar algo que funcionara bien y dejar roto aquello que les pidieron arreglar. Holgazanes, aprovechados y patosos, eran la caricatura de un tipo de sociedad que en aquel momento apenas despuntaba. Ahora, con la crisis, ¿cuántos de estos chapuzas viven en nuestra sociedad? ¿Cuántas veces te han preguntado eso de «Esto te lo facturo con IVA o sin IVA» al hacerte un arreglo en casa? O cuántas veces has oído lo de «Pero esto ¿quién te lo ha hecho? Voy a tener que hacerlo de nuevo porque está mal»? La de Pepe Gotera y Otilio que ha dejado el estallido del sector de la construcción en nuestro país.

Carpanta era el retrato de la posguerra, del español hambriento que sólo soñaba con comer algo de caliente. Pero Carpanta no es cosa del pasado, sino un auténtico visionario. La guerra que condicionó su situación no se luchó el siglo pasado, sino que se lucha cada día en los mercados. No le queda dinero con qué pagar porque la hipoteca le arruina, está en el paro y encima le van a subir el IVA. Eso sí, como buen español él no pierde nunca la sonrisa ni el ingenio.

Goomer es el más listo de todos: consciente de que la cosa está como está, ha emigrado. No es que haya dejado el país para irse a hacer las américas, haya encontrado un trabajo bien remunerado en Oriente Medio o Brasil o tenga idiomas y esté en Inglaterra, Alemania o Francia. No. Él, convencido como estaba de que la cosa no iba a ser fácil ha decidido ser aún más emprendedor e irse a otro planeta a buscar trabajo. Y de momento parece que le va bien. De hecho ha encontrado hasta novia y amigos nuevos, y no tiene intención de volver a la Tierra. Si esto no es exportar talento ya me diréis vosotros qué es.

España ha cambiado mucho en pocas décadas. De la sociedad cainita que se esperaba en las esquinas para matarse a la guerra civil; de la miseria de la posguerra a la represión de la dictadura; del terrorismo feroz a la fuerza democrática; de la reconversión industrial a Europa; de la bonanza económica a la crisis más salvaje. Ha cambiado mucho, pero en algunas cosas no tanto. Si cogiéramos algunos iconos del ayer, esos personajes del cómic que ilustraban nuestras desventuras nacionales, podrían valer perfectamente para la sociedad de hoy. Sólo hacen falta unos pequeños retoques…

Anacleto el agente secreto sería la primera opción, porque siempre podemos recurrir al talento extranjero. Porque ¿qué es Anacleto sino una copia del mítico Superagente 86 de la televisión? Es un hombre de negro importado del extranjero, uno de esos que viene a rescatar al país de las garras de las amenazas exteriores. Si la TIA no es suficiente sin duda Anacleto lo será, ya que goza de buenos contactos internacionales que le serán de gran utilidad a la hora de vigilar lo que se hace en nuestro país. Toda una garantía.

Mortadelo y Filemón, ¿quién no ha leído las aventuras y desventuras de estos agentes secretos? En una descacharrante agencia de Inteligencia que parodiaba a la TIA se las arreglaban para salvar al país de los malos aunque fuera por casualidad. El primero, un crack de los disfraces bien podría parecerse al mítico Paesa, uno de los espías que la turbia historia reciente de nuestro país dejó escapar después de que llegara a publicar una esquela falsa en los medios de comunicación. El segundo, un jefe tan despistado que bien podría dejar escapar al malo delante de sus narices, como aquel control de carretera en el que interceptaron a uno de los autores del atentado del 11M con el maletero lleno de cuchillos y al que dejaron irse sin más. Bien pensado, Mortadelo y Filemón no necesitarían demasiado cambio para seguir vigentes.

Superlópez ha sido siempre mi favorito. Un oficinista (lo que quiera que sea eso) con una novia devota y un jefe explotador que combate a científicos locos, jefes de la mafia local o extraterrestres invasores, tanto da. Su otro yo es un superhéroe al que su novia en la vida real odia. Apasionado del fútbol, con bigote y patoso, este superhéroe era el vivo retrato del español de clase media atrapado en una vida vulgar al que le pasan cosas extraordinarias que no puede contar. Sí Mortadelo, Filemón y Anacleto no pueden solos, habría que mandar a Superlópez a los mercados, donde quiera que estén, para luchar contra esos bajistas y especuladores que nos hunden, luego pasarse por Alemania para explicárselo a Merkel, luego ir al BCE para conseguir financiación y después mandarle a arreglar el desaguisado bancario que nuestros políticos de todo signo han dejado.

El Botones Sacarino es el destino del joven español tras pasar por la escuela, el instituto y la universidad: puedes haber estudiado una carrera, hablar idiomas, tener un máster y un excelente manejo de las herramientas digitales. No te engañes, tu destino como las cosas sigan como van será el de la hostelería o el turismo. Atender a clientes no siempre educados, exigentes llamadas de parroquianos de bar, preparar tapas y fritangas para que los turistas te dejen algo de propina… y tú, como Sacarino, intentando aprovechar la situación. Él no se lo montaba mal…

Zipi y Zape, esos gemelos traviesos y malos estudiantes que mortificaban a una familia tradicional española: él un empresario bonachón aunque severo, ella una ama de casa con un papel secundario. El esquema familiar ya no será así, pero los niños en muchas ocasiones sí. Cada generación que llega a los colegios tiene un comportamiento aún peor que la anterior y a saber qué pasará con las generaciones venideras con los recortes en Educación. De hecho, lo de los recortes es una estrategia para evitar tener jóvenes sobrecualificados como Sacarino trabajando en la hostelería. Las aventuras de estos gemelos volverían a estar al día con un mero retoque en el argumento: no es que sean traviesos, es que son víctimas del sistema educativo, ya que han estudiado en barracones en Valencia, en un colegio público en el que han recortado profesorado y aumentado el tamaño de las aulas.

Chicha, Tato y Clodoveo son personajes menos conocidos pero, sin duda, los más adelantados a su tiempo: eran tres jóvenes desempleados que intentaban desesperadamente conseguir un trabajo que les sacara de su situación, aunque sin demasiada fortuna ni acierto. Hoy en día eso casi daría lo mismo, porque con acierto o sin él iban a tenerlo igual de difícil (o más) para encontrar trabajo. Esta nueva España está llena de Chichas, Tatos y Clodoveos a la caza y captura de un trabajo mientras apuran el paro (quienes tienen la suerte de haber cotizado lo suficiente).

13 Rue del Percebe sería hoy un edificio abandonado. Todos sus vecinos han sido desahuciados porque no pagaron sus hipotecas: el ladrón se quedó sin poder robar a nadie, el sastre se quedó sin sus mejores clientes allá en el Mediterráneo, el tendero que engañaba a sus clientes tuvo que cerrar porque no ha podido competir con esa tienda de la esquina que abre durante todo el día… incluso el hábil deudor del ático, ese que esquivaba a todos aquellos a los que debía dinero, acabó perdiendo su domicilio cuando el banco envió a la Policía Nacional a sacarle a la fuerza. El edificio está en venta, por cierto. Y barato.

Pepe Gotera y Otilio eran de esos manitas que valían para todo aunque no valían para nada. Eran capaces de destrozar algo que funcionara bien y dejar roto aquello que les pidieron arreglar. Holgazanes, aprovechados y patosos, eran la caricatura de un tipo de sociedad que en aquel momento apenas despuntaba. Ahora, con la crisis, ¿cuántos de estos chapuzas viven en nuestra sociedad? ¿Cuántas veces te han preguntado eso de «Esto te lo facturo con IVA o sin IVA» al hacerte un arreglo en casa? O cuántas veces has oído lo de «Pero esto ¿quién te lo ha hecho? Voy a tener que hacerlo de nuevo porque está mal»? La de Pepe Gotera y Otilio que ha dejado el estallido del sector de la construcción en nuestro país.

Carpanta era el retrato de la posguerra, del español hambriento que sólo soñaba con comer algo de caliente. Pero Carpanta no es cosa del pasado, sino un auténtico visionario. La guerra que condicionó su situación no se luchó el siglo pasado, sino que se lucha cada día en los mercados. No le queda dinero con qué pagar porque la hipoteca le arruina, está en el paro y encima le van a subir el IVA. Eso sí, como buen español él no pierde nunca la sonrisa ni el ingenio.

Goomer es el más listo de todos: consciente de que la cosa está como está, ha emigrado. No es que haya dejado el país para irse a hacer las américas, haya encontrado un trabajo bien remunerado en Oriente Medio o Brasil o tenga idiomas y esté en Inglaterra, Alemania o Francia. No. Él, convencido como estaba de que la cosa no iba a ser fácil ha decidido ser aún más emprendedor e irse a otro planeta a buscar trabajo. Y de momento parece que le va bien. De hecho ha encontrado hasta novia y amigos nuevos, y no tiene intención de volver a la Tierra. Si esto no es exportar talento ya me diréis vosotros qué es.

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