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3 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Villamanuela Festival: el oráculo de la música underground

3 de octubre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Podría decirse que Villamanuela es un festival de premonitores. Más que cabezas de cartel hay apuestas por bandas que triunfarán mañana. Tras cinco ediciones ya es posible decirlo, porque los organizadores del festival cuentan con unas cuantas apuestas acertadas a sus espaldas.

Revisando los carteles de años anteriores, encontramos que el festival ha confirmado a grupos que luego se han consagrado tanto en la escena underground (The Suicide of Western Culture, Moon Duo) como en la internacional (The Black Madonna, Sleaford Mods). El de estos últimos lo consideran su caso de éxito más destacado: «Nadie los conocía cuando lo anunciamos y en solo unos meses acabaron siendo los cabezas de cartel de ese año», recuerda Eduardo García, director musical del festival. «También han pasado por Villamanuela cuando aún no habían dado el salto a la popularidad Red Axes, Biznaga, Pallbearer, Fat White Family, Vessel, Girl Band, Anna Meredith o Amnesia Scanner».

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No hay mucho de azar en esas premoniciones. El festival lo puso en marcha un grupo de profesionales que conocen bien la escena musical desde distintos puntos de vista. «Estamos prácticamente todo el año con el radar puesto para detectar tanto nombres que nos puedan servir de cabezas de cartel (y que vendan entradas) como nuevos valores que pensamos que pueden tener recorrido», explica a Yorokobu Eduardo García.

Aunque sus medios son «muy limitados», el prestigio ganado a base de criterio y acierto ha conseguido que más de un artista haya accedido más por el resto del cartel que por la oferta económica.

Son cinco ediciones ya y no es fácil mantenerse relevantes con la saturación de festivales con carteles mucho más comerciales que hay en la actualidad. Villamanuela está quizá especialmente indicado para una minoría bastante ‘puesta’ en lo musical, pero también supone una buena oportunidad para que quien no esté muy versado descubra cosas nuevas de gran calidad. algo así como el colega que te pasó el casete de Rage Against de Machine en 1991.

La propuesta se mantiene abrazada al eclecticismo. Hay mucha electrónica, pero también hip hop, rock, punk o psicodelia. Este año, el festival abarcará desde la electrónica más experimental (Black Dice, Blake Hargreaves, Inga Copeland, Farai) hasta el rock avanzado (Horse Lords, Javier Díez Ena, Grabba Grabba Tape y Mohama Saz).

También habrá sitio para sonidos más jóvenes y urbanos (Liverpool God Colony, Nadia Tehran, IAMDDB y Damed Squad).

El Teatro Barceló, el mayor de los cuatro escenarios, acogerá a grupos minoritarios pero de culto como Pere Ubu o This Is Not This Heat, los platos fuertes del fin de semana.

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La evolución de Malasaña

Desde la movida madrileña y la nueva ola, Malasaña ha visto desfilar por sus calles un sinfín de estilos y tribus urbanas. Independientemente del estilo donde uno se adscriba o al que le adscriban (mod, grunge, indie, punk rock, electroclash, hipster), la zona de Malasaña es un paraguas que suma una connotación especial a cada uno de ellos.

Pero Eduardo García también tiene palabras de reflexión y crítica hacia el barrio que acoge su festival: «El público que sale y también que vive en Malasaña ha cambiado completamente de unos años a esta parte. Antes era un barrio barato, campechano y donde todo el mundo iba a lo suyo. Ese ambiente se ha perdido para dar paso a un barrio difícil de diferenciar de otras zonas gentrificadas del mundo, sin mucha personalidad. Se nota sobre todo a nivel de la oferta comercial pero también a nivel de creación artística. No sé si es mejor o peor, pero desde luego no tiene nada que ver con la Malasaña donde muchos crecimos». Y se lamenta: «Muchos ya no se pueden permitir los precios del barrio y han emigrado». Él echa en falta entre los asistentes a los conciertos «gente más joven, una nueva generación que tome el relevo de todos los que por las responsabilidades de su vida (trabajo, hijos, familia) ya no pueden venir».

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Más que escenarios, templos

Los cuatro escenarios de este año (Teatro Barceló, Templo Club, Café la Palma y Siroco) tienen bastante historia a sus espaldas.

El Teatro Barceló tiene inspiración naval en honor al marino que dio nombre a la calle. Ha albergado salas de cine, teatros y discotecas emblemáticas. Ha visto bailar sobre sus baldosas a Andy Warhol, los Rolling Stones o Estefanía de Mónaco. Y nunca ha abandonado del todo el el espíritu de glamour que la caracterizó durante los 80.

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El Café La Palma es un espacio peculiar por la convivencia de ambientes y de oferta: dispone de una sala con jaima árabe donde es posible pedir cócteles especiales, muestra exposiciones en sus paredes, alberga ciclos de cine y mantiene desde hace 22 años su sala de conciertos, uno de los puntos cúspide del indie de la capital.

En su historia tienen un buen muestrario de grupos muy reconocidos:  Jay Jay Johanson, Amaral, Programme, The Gift, Amparanoia, Mala Rodríguez, La Excepción, Los Coronas, Vetusta Morla, El Chojín, Pereza o Izal, por mencionar algunos.

cafe-la-palma

Un cuarto de lustro lleva ya en pie Siroco, casa de artistas y de agitadores sociales como Paco Clavel, Juan de Pablos, Buenas Noches Rose, M-Clan, La Marabunta, Los Piratas con Iván Ferreiro a la cabeza, Australian Blonde, Dover, Guille Milkyway, Los Fresones Rebeldes, Astrogirls y muchos otros.

sirocco

Tempo Club está decorado con muebles retro de los 50, los 60 y los 70. Corona la entrada al renovado barrio de Conde Duque desde la zona de Princesa y Plaza de España, y ofrece música jazz, soul y chill-out al tiempo que se disfruta de un elaborado cóctel. En la planta de abajo, con decoración retromodernista, será donde tenga lugar la programación del Villamanuela Festival.

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Y después de los conciertos, nada impide una última copa en otros locales míticos de la zona como La Vía Láctea, Weirdo o el Maravillas Club (antiguo Nasti).

Con este festival, Malasaña trata de acercarse un poco más a esos lugares donde pasan las cosas que interesan y se generan las tendencias, a la altura de Williamsburg en Brooklyn (NY) o Shoreditch y Brick Lane (Londres).

Será el 6 y 7 de octubre en Madrid. Hay entradas de día desde 10€ y abonos de dos días desde 38€, que incluyen la novedad de que pueden elegirse los dos escenarios que se prefiera «para evitar problemas de aforo que se han dado puntualmente en el pasado».

Ah, y todas las entradas incluyen cerveza Mahou.

xk36q

Podría decirse que Villamanuela es un festival de premonitores. Más que cabezas de cartel hay apuestas por bandas que triunfarán mañana. Tras cinco ediciones ya es posible decirlo, porque los organizadores del festival cuentan con unas cuantas apuestas acertadas a sus espaldas.

Revisando los carteles de años anteriores, encontramos que el festival ha confirmado a grupos que luego se han consagrado tanto en la escena underground (The Suicide of Western Culture, Moon Duo) como en la internacional (The Black Madonna, Sleaford Mods). El de estos últimos lo consideran su caso de éxito más destacado: «Nadie los conocía cuando lo anunciamos y en solo unos meses acabaron siendo los cabezas de cartel de ese año», recuerda Eduardo García, director musical del festival. «También han pasado por Villamanuela cuando aún no habían dado el salto a la popularidad Red Axes, Biznaga, Pallbearer, Fat White Family, Vessel, Girl Band, Anna Meredith o Amnesia Scanner».

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No hay mucho de azar en esas premoniciones. El festival lo puso en marcha un grupo de profesionales que conocen bien la escena musical desde distintos puntos de vista. «Estamos prácticamente todo el año con el radar puesto para detectar tanto nombres que nos puedan servir de cabezas de cartel (y que vendan entradas) como nuevos valores que pensamos que pueden tener recorrido», explica a Yorokobu Eduardo García.

Aunque sus medios son «muy limitados», el prestigio ganado a base de criterio y acierto ha conseguido que más de un artista haya accedido más por el resto del cartel que por la oferta económica.

Son cinco ediciones ya y no es fácil mantenerse relevantes con la saturación de festivales con carteles mucho más comerciales que hay en la actualidad. Villamanuela está quizá especialmente indicado para una minoría bastante ‘puesta’ en lo musical, pero también supone una buena oportunidad para que quien no esté muy versado descubra cosas nuevas de gran calidad. algo así como el colega que te pasó el casete de Rage Against de Machine en 1991.

La propuesta se mantiene abrazada al eclecticismo. Hay mucha electrónica, pero también hip hop, rock, punk o psicodelia. Este año, el festival abarcará desde la electrónica más experimental (Black Dice, Blake Hargreaves, Inga Copeland, Farai) hasta el rock avanzado (Horse Lords, Javier Díez Ena, Grabba Grabba Tape y Mohama Saz).

También habrá sitio para sonidos más jóvenes y urbanos (Liverpool God Colony, Nadia Tehran, IAMDDB y Damed Squad).

El Teatro Barceló, el mayor de los cuatro escenarios, acogerá a grupos minoritarios pero de culto como Pere Ubu o This Is Not This Heat, los platos fuertes del fin de semana.

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La evolución de Malasaña

Desde la movida madrileña y la nueva ola, Malasaña ha visto desfilar por sus calles un sinfín de estilos y tribus urbanas. Independientemente del estilo donde uno se adscriba o al que le adscriban (mod, grunge, indie, punk rock, electroclash, hipster), la zona de Malasaña es un paraguas que suma una connotación especial a cada uno de ellos.

Pero Eduardo García también tiene palabras de reflexión y crítica hacia el barrio que acoge su festival: «El público que sale y también que vive en Malasaña ha cambiado completamente de unos años a esta parte. Antes era un barrio barato, campechano y donde todo el mundo iba a lo suyo. Ese ambiente se ha perdido para dar paso a un barrio difícil de diferenciar de otras zonas gentrificadas del mundo, sin mucha personalidad. Se nota sobre todo a nivel de la oferta comercial pero también a nivel de creación artística. No sé si es mejor o peor, pero desde luego no tiene nada que ver con la Malasaña donde muchos crecimos». Y se lamenta: «Muchos ya no se pueden permitir los precios del barrio y han emigrado». Él echa en falta entre los asistentes a los conciertos «gente más joven, una nueva generación que tome el relevo de todos los que por las responsabilidades de su vida (trabajo, hijos, familia) ya no pueden venir».

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Más que escenarios, templos

Los cuatro escenarios de este año (Teatro Barceló, Templo Club, Café la Palma y Siroco) tienen bastante historia a sus espaldas.

El Teatro Barceló tiene inspiración naval en honor al marino que dio nombre a la calle. Ha albergado salas de cine, teatros y discotecas emblemáticas. Ha visto bailar sobre sus baldosas a Andy Warhol, los Rolling Stones o Estefanía de Mónaco. Y nunca ha abandonado del todo el el espíritu de glamour que la caracterizó durante los 80.

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El Café La Palma es un espacio peculiar por la convivencia de ambientes y de oferta: dispone de una sala con jaima árabe donde es posible pedir cócteles especiales, muestra exposiciones en sus paredes, alberga ciclos de cine y mantiene desde hace 22 años su sala de conciertos, uno de los puntos cúspide del indie de la capital.

En su historia tienen un buen muestrario de grupos muy reconocidos:  Jay Jay Johanson, Amaral, Programme, The Gift, Amparanoia, Mala Rodríguez, La Excepción, Los Coronas, Vetusta Morla, El Chojín, Pereza o Izal, por mencionar algunos.

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Un cuarto de lustro lleva ya en pie Siroco, casa de artistas y de agitadores sociales como Paco Clavel, Juan de Pablos, Buenas Noches Rose, M-Clan, La Marabunta, Los Piratas con Iván Ferreiro a la cabeza, Australian Blonde, Dover, Guille Milkyway, Los Fresones Rebeldes, Astrogirls y muchos otros.

sirocco

Tempo Club está decorado con muebles retro de los 50, los 60 y los 70. Corona la entrada al renovado barrio de Conde Duque desde la zona de Princesa y Plaza de España, y ofrece música jazz, soul y chill-out al tiempo que se disfruta de un elaborado cóctel. En la planta de abajo, con decoración retromodernista, será donde tenga lugar la programación del Villamanuela Festival.

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Y después de los conciertos, nada impide una última copa en otros locales míticos de la zona como La Vía Láctea, Weirdo o el Maravillas Club (antiguo Nasti).

Con este festival, Malasaña trata de acercarse un poco más a esos lugares donde pasan las cosas que interesan y se generan las tendencias, a la altura de Williamsburg en Brooklyn (NY) o Shoreditch y Brick Lane (Londres).

Será el 6 y 7 de octubre en Madrid. Hay entradas de día desde 10€ y abonos de dos días desde 38€, que incluyen la novedad de que pueden elegirse los dos escenarios que se prefiera «para evitar problemas de aforo que se han dado puntualmente en el pasado».

Ah, y todas las entradas incluyen cerveza Mahou.

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