16 de abril 2020    /   CREATIVIDAD
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Las ilustraciones de Vireta o empujan o acarician

16 de abril 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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A Vireta la cuarentena no le afecta. «La vida de una ilustradora es bastante parecida a esto. Cuando tienes una entrega, no te dan las horas, no existen los fines de semana ni la vida social. Así que lo tengo controlado, no me agobia». Lo que le preocupa es lo que vendrá después, cuando todo esto acabe.

Al igual que muchos de su gremio y de tantos otros, el confinamiento ha parado en seco su ritmo de trabajo. «Estoy a punto de acabar un encargo y después de esto… la nada. Me han cancelado varios proyectos y otros los han pospuesto sin fecha, pero no albergo mucha esperanza», añade.

La inquietud merodea estos días más de la cuenta por su casa-estudio. Y eso que ella no es mucho de pensar en el futuro: «Prefiero seguir mejorando como ilustradora. Desarrollar un estilo único y personal y, sobre todo, no aburrirme».

 

 

 

Lo de lograr un estilo no es baladí. Las numerosas influencias a las que está (estamos) expuesta lo complican: «Creo que me parezco a demasiada gente. Nos pasamos el día viendo referencias o estudiando a otros y al final te empapas de lo mismo y respiras el mismo aire».

Aun así tiene claro lo que busca en una ilustración. «Me gusta que no solo sea una imagen bonita, o que sea correcta y equilibrada, o que la paleta de colores mole. Me tiene que decir algo más: un mensaje, una caricia de esperanza, un empujón a abrir los ojos o algo con lo que alguien se pueda sentir identificado y aliviado».

También reconoce ciertas señas de identidad en sus ilustraciones: feminista, reivindicativo, alegre, natural y soñador son los adjetivos a los que recurre para referirse a su portfolio.

 

Desde siempre ha experimentado con diferentes estilos y ha pasado por diversas fases: «Antes me chiflaba dibujar pelo. Ahora dibujo, sobre todo,  mujeres y sus circunstancias». Además, entre sus clientes y público objetivo abundan las mujeres, por lo que no le extraña que a su estilo lo cataloguen como femenino: «Yo que me creía nada femenina…».

El confinamiento de estos días le ha provocado alguna lagrimita extra. «Justamente hoy una seguidora me ha dicho en Instagram que le doy voz a sus pensamientos». Confesiones de este tipo, dice, son el mejor piropo que puede recibir de su trabajo.

Estos días sigue con sus rutinas diarias: «Mientras trabajo escucho música, pero sobre todo veo podcasts (vamos, programas de radio en Youtube). También veo a gente haciendo ejercicio para aprender y sentirme que hago mas de lo que hago. Siempre veo o escucho algo por mi salud mental. No me gusta el silencio».

La cuarentena no ha cambiado sus costumbres a la hora de organizarse: «Soy bastante caótica. Intento organizarme y seguir una agenda; la empiezo el lunes y llego hasta el miércoles como mucho. Mi escritorio no es nada Pinterest».

Tampoco ha cambiado lo que para ella es casi una manía: «Siempre me visto y llevo zapatos. Me deprime la ropa de estar por casa».

A Vireta la cuarentena no le afecta. «La vida de una ilustradora es bastante parecida a esto. Cuando tienes una entrega, no te dan las horas, no existen los fines de semana ni la vida social. Así que lo tengo controlado, no me agobia». Lo que le preocupa es lo que vendrá después, cuando todo esto acabe.

Al igual que muchos de su gremio y de tantos otros, el confinamiento ha parado en seco su ritmo de trabajo. «Estoy a punto de acabar un encargo y después de esto… la nada. Me han cancelado varios proyectos y otros los han pospuesto sin fecha, pero no albergo mucha esperanza», añade.

La inquietud merodea estos días más de la cuenta por su casa-estudio. Y eso que ella no es mucho de pensar en el futuro: «Prefiero seguir mejorando como ilustradora. Desarrollar un estilo único y personal y, sobre todo, no aburrirme».

 

 

 

Lo de lograr un estilo no es baladí. Las numerosas influencias a las que está (estamos) expuesta lo complican: «Creo que me parezco a demasiada gente. Nos pasamos el día viendo referencias o estudiando a otros y al final te empapas de lo mismo y respiras el mismo aire».

Aun así tiene claro lo que busca en una ilustración. «Me gusta que no solo sea una imagen bonita, o que sea correcta y equilibrada, o que la paleta de colores mole. Me tiene que decir algo más: un mensaje, una caricia de esperanza, un empujón a abrir los ojos o algo con lo que alguien se pueda sentir identificado y aliviado».

También reconoce ciertas señas de identidad en sus ilustraciones: feminista, reivindicativo, alegre, natural y soñador son los adjetivos a los que recurre para referirse a su portfolio.

 

Desde siempre ha experimentado con diferentes estilos y ha pasado por diversas fases: «Antes me chiflaba dibujar pelo. Ahora dibujo, sobre todo,  mujeres y sus circunstancias». Además, entre sus clientes y público objetivo abundan las mujeres, por lo que no le extraña que a su estilo lo cataloguen como femenino: «Yo que me creía nada femenina…».

El confinamiento de estos días le ha provocado alguna lagrimita extra. «Justamente hoy una seguidora me ha dicho en Instagram que le doy voz a sus pensamientos». Confesiones de este tipo, dice, son el mejor piropo que puede recibir de su trabajo.

Estos días sigue con sus rutinas diarias: «Mientras trabajo escucho música, pero sobre todo veo podcasts (vamos, programas de radio en Youtube). También veo a gente haciendo ejercicio para aprender y sentirme que hago mas de lo que hago. Siempre veo o escucho algo por mi salud mental. No me gusta el silencio».

La cuarentena no ha cambiado sus costumbres a la hora de organizarse: «Soy bastante caótica. Intento organizarme y seguir una agenda; la empiezo el lunes y llego hasta el miércoles como mucho. Mi escritorio no es nada Pinterest».

Tampoco ha cambiado lo que para ella es casi una manía: «Siempre me visto y llevo zapatos. Me deprime la ropa de estar por casa».

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