27 de julio 2022    /   IGLUU
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Fotos  Monfragüe, en Cáceres

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El de 2022 está siendo un año fatídico por la enorme cantidad de incendios que están asolando España. Dos intensas olas de calor y una negligente política de prevención contra el fuego y conservación de montes han provocado que en lo que llevamos de verano hayan ardido ya más de 215.000 hectáreas, los peores datos de los últimos 30 años.

Al drama de perder sus hogares y su entorno, se suma el panorama desalentador ante el futuro que espera a los vecinos y pueblos afectados, como los de Zamora, Castilla y León, Galicia, Extremadura, Aragón y Andalucía. Muchos de las localidades afectadas vivían del turismo, que acudía a estos lugares atraído por la impresionante naturaleza que les rodeaba y que ahora se ha visto reducida a cenizas. Por ello, además de reparar los daños materiales —que superan con creces la inversión en prevención que hubiera sido deseable para evitarlos—, es necesario replantear su futuro.

Esto es algo que corresponde a los gobiernos y administraciones regionales y estatales, pero nosotros, como individuos, también podemos contribuir en esta labor: donando dinero a las distintas cuentas puestas en marcha por asociaciones locales, pero también con algo mucho más sencillo: visitando estos pueblos afectados.

Por ejemplo, aunque la sierra de La Culebra haya resultado terriblemente afectada, aún hay pueblos en la comarca que merecen una visita y que ofrecen al turista un patrimonio histórico relevante. Es el caso de la iglesia de Santa María de Tábara o las playas fluviales abundantes en toda la comarca en torno al río Tera.

Y más al norte, en Ourense, a pesar de que el fuego ha arrasado casi 11.000 hectáreas en O Barco de Valdeorras, los amantes del enoturismo pueden disfrutar allí de una de las D.O. más reconocidas y que ofrece visitas a bodegas, tradicionalmente excavadas en barro, con siglos de antigüedad, que no se han visto afectadas.

Son solo dos ejemplos de lugares que podemos visitar a pesar del fuego, y a los que podemos ayudar a afrontar su futuro. Guadalupe Bécares nos habla de ello en este artículo de Igluu.

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El de 2022 está siendo un año fatídico por la enorme cantidad de incendios que están asolando España. Dos intensas olas de calor y una negligente política de prevención contra el fuego y conservación de montes han provocado que en lo que llevamos de verano hayan ardido ya más de 215.000 hectáreas, los peores datos de los últimos 30 años.

Al drama de perder sus hogares y su entorno, se suma el panorama desalentador ante el futuro que espera a los vecinos y pueblos afectados, como los de Zamora, Castilla y León, Galicia, Extremadura, Aragón y Andalucía. Muchos de las localidades afectadas vivían del turismo, que acudía a estos lugares atraído por la impresionante naturaleza que les rodeaba y que ahora se ha visto reducida a cenizas. Por ello, además de reparar los daños materiales —que superan con creces la inversión en prevención que hubiera sido deseable para evitarlos—, es necesario replantear su futuro.

Esto es algo que corresponde a los gobiernos y administraciones regionales y estatales, pero nosotros, como individuos, también podemos contribuir en esta labor: donando dinero a las distintas cuentas puestas en marcha por asociaciones locales, pero también con algo mucho más sencillo: visitando estos pueblos afectados.

Por ejemplo, aunque la sierra de La Culebra haya resultado terriblemente afectada, aún hay pueblos en la comarca que merecen una visita y que ofrecen al turista un patrimonio histórico relevante. Es el caso de la iglesia de Santa María de Tábara o las playas fluviales abundantes en toda la comarca en torno al río Tera.

Y más al norte, en Ourense, a pesar de que el fuego ha arrasado casi 11.000 hectáreas en O Barco de Valdeorras, los amantes del enoturismo pueden disfrutar allí de una de las D.O. más reconocidas y que ofrece visitas a bodegas, tradicionalmente excavadas en barro, con siglos de antigüedad, que no se han visto afectadas.

Son solo dos ejemplos de lugares que podemos visitar a pesar del fuego, y a los que podemos ayudar a afrontar su futuro. Guadalupe Bécares nos habla de ello en este artículo de Igluu.

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