25 de septiembre 2015    /   CIENCIA
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Vitruvio

25 de septiembre 2015    /   CIENCIA     por          
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Seguramente el nombre les suena. El hombre de Vitruvio es ese dibujo de Leonardo da Vinci que muestra a un hombre con los brazos extendidos en dos posiciones distintas, inscrito en un cuadrado y un círculo. El dibujo es todo un icono gráfico y cultural, una de las obras más famosas de Leonardo; desde luego, es su dibujo más conocido. Está en camisetas de esas que se compran en las tiendas de souvenirs, está en la propaganda de gimnasios y academias de dibujo, y hay versiones humorísticas, futuristas, de Lego, de Batman, de los Simpson e incluso de Mickey Mouse… Realmente hay de todo; dense una vuelta por Pinterest, Twitter o Google y verán a qué me refiero.
Pero ¿de dónde viene eso de ‘Vitruvio’? ¿Es alguna ciudad italiana o un monte de aquellas tierras? Poca gente de la que lleva las camisetas esas sabe que Vitruvio fue un arquitecto de Julio César, autor de un tratado de diez libros de arquitectura, que vivió quince siglos antes que Leonardo y cuyas ideas sobre el arte de construir inspiraron a los artistas y arquitectos del renacimiento. Vitruvio es el representante de la arquitectura de la antigüedad clásica. Permítanme recordarles que quince siglos es un montón de tiempo. Hace mil quinientos años, por ejemplo, la biblioteca de Alejandría todavía seguía en pie. Así que se pueden hacer idea de la importancia de Vitruvio, cuyos libros de arquitectura fueron impresos, traducidos y difundidos por toda Europa quince siglos después de su muerte.

Hace mil quinientos años, por ejemplo, la biblioteca de Alejandría todavía seguía en pie


Vitruvio describió no solo los edificios de la antigüedad y su proporciones, su utilidad y los métodos de su construcción, sino que además dejó constancia del funcionamiento y los detalles de múltiples ingenios y máquinas de construcción. Explicó cómo se hacían los famosos acueductos romanos, cómo eran las ruedas de drenaje o las norias hidráulicas de la época. Es realmente impresionante ver la imaginación y la técnica con las que hace más de dos mil años (que también es un montón de tiempo) se construían edificios que aún hoy, en la era de la torre Burj Khalifa o las Petronas, nos siguen maravillando.
Pero déjenme contarles una cosa que escribió Vitruvio en el proemio a su libro noveno. En esa obra de hace tanto tiempo, aquél arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero, albañil y armador romano, se queja de que sus contemporáneos rinden admiración «a los atletas célebres … que entran victoriosos y triunfantes en las ciudades por donde pasan», que según él, «con sus luchas hacen más fuertes sus propios cuerpos» y sin embargo no se tiene la misma fascinación por «los escritores, filósofos y sabios» que, como dice Vitruvio, «no perfeccionan solo sus entendimientos sino también los de todos los hombres».
Denle una leidita al proemio del libro noveno de Vitruvio (es una página nada más), cierren los ojos, denle un par de vueltas a la cabeza y pongan la televisión. Pobre Vitruvio, ¡pero a quién se le ocurre, hombre! Hoy en día esos atletas célebres (hoy casi exclusivamente los futbolistas) nos encandilan tanto o más que hace dos mil años y les prestamos la atención de todos los medios y focos, dejando para las páginas interiores a los escritores y sabios. No me malinterpreten, a mí también me gusta el fútbol y otros deportes, pero no estaría de más alimentar el interés por quienes perfeccionan el entendimiento de todos, ¿no les parece?  

A mí también me gusta el fútbol y otros deportes, pero no estaría de más alimentar el interés por quienes perfeccionan el entendimiento de todos


Me entristece de alguna manera pensar que en este país, según la encuesta de la Fundación BBVA (del año 2012) más de un 40 por ciento de los habitantes no sabía nombrar a ningún científico, ¡a ninguno!, ni siquiera a ese hombre de pelo blanco revuelto que también es un icono gráfico y cultural, que también está en camisetas de esas que se compran en las tiendas de souvenirs.
Soy optimista por naturaleza y por opción, y aunque hayan pasado dos mil años sin muchos avances en esto que decía Vitruvio, me dan ganas de abrazar al viejo arquitecto y decirle que aún estamos a tiempo, que esto va a mejor.

Seguramente el nombre les suena. El hombre de Vitruvio es ese dibujo de Leonardo da Vinci que muestra a un hombre con los brazos extendidos en dos posiciones distintas, inscrito en un cuadrado y un círculo. El dibujo es todo un icono gráfico y cultural, una de las obras más famosas de Leonardo; desde luego, es su dibujo más conocido. Está en camisetas de esas que se compran en las tiendas de souvenirs, está en la propaganda de gimnasios y academias de dibujo, y hay versiones humorísticas, futuristas, de Lego, de Batman, de los Simpson e incluso de Mickey Mouse… Realmente hay de todo; dense una vuelta por Pinterest, Twitter o Google y verán a qué me refiero.
Pero ¿de dónde viene eso de ‘Vitruvio’? ¿Es alguna ciudad italiana o un monte de aquellas tierras? Poca gente de la que lleva las camisetas esas sabe que Vitruvio fue un arquitecto de Julio César, autor de un tratado de diez libros de arquitectura, que vivió quince siglos antes que Leonardo y cuyas ideas sobre el arte de construir inspiraron a los artistas y arquitectos del renacimiento. Vitruvio es el representante de la arquitectura de la antigüedad clásica. Permítanme recordarles que quince siglos es un montón de tiempo. Hace mil quinientos años, por ejemplo, la biblioteca de Alejandría todavía seguía en pie. Así que se pueden hacer idea de la importancia de Vitruvio, cuyos libros de arquitectura fueron impresos, traducidos y difundidos por toda Europa quince siglos después de su muerte.

Hace mil quinientos años, por ejemplo, la biblioteca de Alejandría todavía seguía en pie


Vitruvio describió no solo los edificios de la antigüedad y su proporciones, su utilidad y los métodos de su construcción, sino que además dejó constancia del funcionamiento y los detalles de múltiples ingenios y máquinas de construcción. Explicó cómo se hacían los famosos acueductos romanos, cómo eran las ruedas de drenaje o las norias hidráulicas de la época. Es realmente impresionante ver la imaginación y la técnica con las que hace más de dos mil años (que también es un montón de tiempo) se construían edificios que aún hoy, en la era de la torre Burj Khalifa o las Petronas, nos siguen maravillando.
Pero déjenme contarles una cosa que escribió Vitruvio en el proemio a su libro noveno. En esa obra de hace tanto tiempo, aquél arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero, albañil y armador romano, se queja de que sus contemporáneos rinden admiración «a los atletas célebres … que entran victoriosos y triunfantes en las ciudades por donde pasan», que según él, «con sus luchas hacen más fuertes sus propios cuerpos» y sin embargo no se tiene la misma fascinación por «los escritores, filósofos y sabios» que, como dice Vitruvio, «no perfeccionan solo sus entendimientos sino también los de todos los hombres».
Denle una leidita al proemio del libro noveno de Vitruvio (es una página nada más), cierren los ojos, denle un par de vueltas a la cabeza y pongan la televisión. Pobre Vitruvio, ¡pero a quién se le ocurre, hombre! Hoy en día esos atletas célebres (hoy casi exclusivamente los futbolistas) nos encandilan tanto o más que hace dos mil años y les prestamos la atención de todos los medios y focos, dejando para las páginas interiores a los escritores y sabios. No me malinterpreten, a mí también me gusta el fútbol y otros deportes, pero no estaría de más alimentar el interés por quienes perfeccionan el entendimiento de todos, ¿no les parece?  

A mí también me gusta el fútbol y otros deportes, pero no estaría de más alimentar el interés por quienes perfeccionan el entendimiento de todos


Me entristece de alguna manera pensar que en este país, según la encuesta de la Fundación BBVA (del año 2012) más de un 40 por ciento de los habitantes no sabía nombrar a ningún científico, ¡a ninguno!, ni siquiera a ese hombre de pelo blanco revuelto que también es un icono gráfico y cultural, que también está en camisetas de esas que se compran en las tiendas de souvenirs.
Soy optimista por naturaleza y por opción, y aunque hayan pasado dos mil años sin muchos avances en esto que decía Vitruvio, me dan ganas de abrazar al viejo arquitecto y decirle que aún estamos a tiempo, que esto va a mejor.

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