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Publicado: 21 de junio 2016 11:15  /   BRANDED CONTENT
 

Vivir en beta

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beta

Empezar con un folio en blanco aparentemente parece más sencillo que redefinir un modelo de negocio con varios años de historia. Pero en ambos casos, y debido a la celeridad con la que se mueve hoy el mundo, la adaptación es una palanca clave sobre la que ha de pivotar el emprendedor.

Pensamos, equivocadamente, que nuestro modelo de negocio ya nace adecuado a las necesidades y a la realidad del mercado, y siendo cierto, no podemos perder de vista la curiosidad por cómo ir evolucionando, por buscar la excelencia.

La cultura beta es una de esas tantas cosas interesantes que nos ha traído la tecnología y, por supuesto, es algo a lo que deberíamos prestar más atención porque, nos guste o no, la vida es beta, estamos en constante cambio, evolución…

Vivir en beta es una oportunidad de aprendizaje y crecimiento continuo y, sin duda, el mejor aliado en la incertidumbre y el caos en el que están inmersos hoy un montón de emprendedores. Por eso, el potencial del tenerlo «todo a prueba constantemente», es la única manera de que nos cuestionemos permanentemente cómo poder mejorar y estar preparados para identificar las necesidades no cubiertas.

beta-portada

Vivir en beta nos ayuda a ser más flexibles, críticos, a adaptarnos con mayor rapidez y, por supuesto, a estar abiertos y receptivos a las voces que vienen de fuera y que nos dan otra visión a la que nosotros quizá no habríamos llegado.

Además cobra más sentido cuando ese crecimiento es compartido, cuando se produce gracias a la colaboración y generosidad de las personas con las que interactúas, sean tus usuarios, tus compañeros de trabajo o el mundo en el plano más abstracto. Esto implica trabajar de otra forma, más abierta, más colaborativa.

Redefinirnos constantemente es intrínseco a la propia evolución de los productos, servicios y cultura de las organizaciones. Puede sonar esquizofrénico, pero se trata de hacer reset y aprender a aprender. Hoy, más que nunca, experimentar es la única forma de innovar minimizando riesgos y recursos.

La tecnología ha acelerado sin duda este proceso de entender la vida, y podemos ver cómo estos cambios nos permiten vivir una vida más plena, más creativa y más apasionada desde el punto de vista de los individuos, y cómo esto evidentemente está afectando también a las organizaciones y suponiendo una enorme ventaja competitiva para aquellas que lo han convertido en un mantra.

Si todavía no sabes lo que se siente y lo que ganas viviendo en beta, te animo a que lo pruebes. Porque beta va justo de eso, de probar.

Empezar con un folio en blanco aparentemente parece más sencillo que redefinir un modelo de negocio con varios años de historia. Pero en ambos casos, y debido a la celeridad con la que se mueve hoy el mundo, la adaptación es una palanca clave sobre la que ha de pivotar el emprendedor.

Pensamos, equivocadamente, que nuestro modelo de negocio ya nace adecuado a las necesidades y a la realidad del mercado, y siendo cierto, no podemos perder de vista la curiosidad por cómo ir evolucionando, por buscar la excelencia.

La cultura beta es una de esas tantas cosas interesantes que nos ha traído la tecnología y, por supuesto, es algo a lo que deberíamos prestar más atención porque, nos guste o no, la vida es beta, estamos en constante cambio, evolución…

Vivir en beta es una oportunidad de aprendizaje y crecimiento continuo y, sin duda, el mejor aliado en la incertidumbre y el caos en el que están inmersos hoy un montón de emprendedores. Por eso, el potencial del tenerlo «todo a prueba constantemente», es la única manera de que nos cuestionemos permanentemente cómo poder mejorar y estar preparados para identificar las necesidades no cubiertas.

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Vivir en beta nos ayuda a ser más flexibles, críticos, a adaptarnos con mayor rapidez y, por supuesto, a estar abiertos y receptivos a las voces que vienen de fuera y que nos dan otra visión a la que nosotros quizá no habríamos llegado.

Además cobra más sentido cuando ese crecimiento es compartido, cuando se produce gracias a la colaboración y generosidad de las personas con las que interactúas, sean tus usuarios, tus compañeros de trabajo o el mundo en el plano más abstracto. Esto implica trabajar de otra forma, más abierta, más colaborativa.

Redefinirnos constantemente es intrínseco a la propia evolución de los productos, servicios y cultura de las organizaciones. Puede sonar esquizofrénico, pero se trata de hacer reset y aprender a aprender. Hoy, más que nunca, experimentar es la única forma de innovar minimizando riesgos y recursos.

La tecnología ha acelerado sin duda este proceso de entender la vida, y podemos ver cómo estos cambios nos permiten vivir una vida más plena, más creativa y más apasionada desde el punto de vista de los individuos, y cómo esto evidentemente está afectando también a las organizaciones y suponiendo una enorme ventaja competitiva para aquellas que lo han convertido en un mantra.

Si todavía no sabes lo que se siente y lo que ganas viviendo en beta, te animo a que lo pruebes. Porque beta va justo de eso, de probar.

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