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22 de marzo 2019    /   CREATIVIDAD
por
Fotos  Vladimir Vasilev

La Bulgaria de Vladimir Vasilev, entre el pasado socialista y un futuro ultranacionalista

22 de marzo 2019    /   CREATIVIDAD     por        Fotos  Vladimir Vasilev
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Hace 29 años Todor Yivkov, jefe del Partido Comunista de Bulgaria, dimitía tras gobernar el país durante 35 años. Con su caída empezó una nueva era en Bulgaria, marcada por la transformación del Partido Comunista en uno socialdemócrata y por las primeras elecciones democráticas de 1990, en las que participaron otras formaciones políticas. Casi tres décadas después, el 94% de los búlgaros que nacieron después de la caída de la dictadura reconocen que saben muy poco de la época socialista, según una encuesta publicada por la agencia demoscópica Alpha Research.

En 2007 el país ingresó en la Unión Europea, distanciándose definitivamente de los vestigios de su pasado comunista. Precisamente aquel año el fotógrafo Vladimir Vasilev empezó T(h)races, un proyecto documental que acompaña el cambio, o quizás la falta de un verdadero cambio, en uno de los bastiones del socialismo real. «Después de la caída del muro de Berlín, Bulgaria ha cambiado en la forma, pero no en el fondo», asegura.

Vladimir Vasilev

Originario de una pequeña ciudad de la Bulgaria central llamada Stara Zagra, Vasilev comenzó a fotografiar en su adolescencia, y a los 21 años abandonó sus estudios de ingeniería, a pesar de las presiones familiares, para dedicarse profesionalmente a la fotografía. En 2001, con 23 años, dejó Bulgaria para instalarse en Francia, donde reside en la actualidad. Durante los primeros seis años vivió en este país de forma ilegal, como muchos sin papeles procedentes de la Europa oriental.

En 2007 pudo comenzar su ensayo fotográfico, cuando por fin se convirtió en un ciudadano europeo a todos los efectos y pudo volver a su país de origen, esta vez sin miedo a ser rechazado en la frontera francesa. «Una vez regularizado, comencé a ver mi país con otros ojos, con más color y con una sonrisa», cuenta este fotógrafo, al mismo tiempo que reconoce que precisó tomar una distancia de Bulgaria para concebir T(h)races.

Vladimir Vasilev

Vladimir Vasilev

Vasilev empezó a retratar a sus compatriotas en blanco y negro, inspirado por la estética de las películas de Emir Kusturica y Sergei Eisenstein. Llegó al color hace relativamente poco tiempo, en 2012. «Dividido entre dos países, mis puntos de referencia acabaron fundiéndose. Mis blancos y negros altamente contratados de sujetos sociales se transformaron en colores vívidos de escenas improbables», cuenta.

Construido con un lenguaje cinematográfico, T(h)races muestra diferentes perfiles de búlgaros, tanto de la ciudad como del extrarradio. «Algunos son miembros de mi familia, otros son amigos, amigos de amigos o completos desconocidos, procedentes de toda clase social. Algunos encuentros fueron casuales o espontáneos. Me encanta ir más allá de la street photography y entrar en las casas de las personas», señala este artista.

Vladimir Vasilev

Su trabajo aborda el concepto de cambio desde una perspectiva muy peculiar. En las últimas tres décadas, más de un cuarto de la población de este país decidió emigrar. Hoy en Bulgaria quedan apenas siete de los nueve millones de habitantes que había hace 35 años. El país vive una de las peores catástrofes demográficas del mundo, con una población envejecida y una tasa de mortalidad de 14,5 personas por cada 1.000 habitantes, muy por encima de las 10,2 muertes de la media europea.

«Hay siempre una pregunta que me molesta: ¿fue Bulgaria lo que me llevó huir o fui yo que la dejé? Mi trabajo trata de responder a esta cuestión. Es un trabajo muy personal y como emigrante, continuaré con este proyecto toda mi vida si es necesario», confiesa el fotógrafo.

Vladimir Vasilev

Vladimir Vasilev

Vasilvev reconoce que la vida de un emigrante no es obvia ni fácil. «Me siento siempre extranjero tanto en mi país de origen como en el país que me acogió. Cuando vuelvo a casa, necesito un tiempo para adaptarme en el que soy más productivo como fotógrafo. Después de algunas semanas, mis sentimientos empiezan a desvanecerse y necesito dejar mi país para volver un año después y recomenzar a hacer fotos», asegura.

Vladimir Vasilev

T(h)races es un trabajo íntimo y al mismo tiempo documental, que no aspira a plasmar Bulgaria como tal, sino tan solo su Bulgaria. «Mis encuentros son cada vez más improbables y de forma inconsciente sigo buscándolos. Las fotos no están escenificadas. Trabajo en plena inmersión. Paso mucho tiempo con las personas, que se acaban olvidando de mí y muestran su verdadero lado. Vuelvo muchas veces a visitar a las mismas personas, incluso años después, mientras me sumerjo en mí mismo y me reencuentro», explica el autor.

Vladimir Vasilev

En su opinión, el país no se ha transformado realmente, aunque cada vez que regresa lo descubre de nuevo. «Tengo la impresión de que mi Bulgaria es un círculo infinito, donde nada cambia o cambia muy poco. Por un lado, la nostalgia de las viejas generaciones mira al pasado y al viejo régimen. Por el otro, los jóvenes están en una búsqueda constante de su identidad, divididos entre el ultranacionalismo y la imagen kitsch que invade el país desde la televisión y la publicidad. Yo muestro mi país como búlgaro y, al mismo tiempo, como ciudadano europeo», afirma el fotógrafo.

Vladimir Vasilev

Es la lucha de un país dividido entre dos culturas, que procura encontrar su camino entre los faros del pasado y el despertar de la cultura occidental, tratando al mismo tiempo de preservar su  peculiar identidad.

Hace 29 años Todor Yivkov, jefe del Partido Comunista de Bulgaria, dimitía tras gobernar el país durante 35 años. Con su caída empezó una nueva era en Bulgaria, marcada por la transformación del Partido Comunista en uno socialdemócrata y por las primeras elecciones democráticas de 1990, en las que participaron otras formaciones políticas. Casi tres décadas después, el 94% de los búlgaros que nacieron después de la caída de la dictadura reconocen que saben muy poco de la época socialista, según una encuesta publicada por la agencia demoscópica Alpha Research.

En 2007 el país ingresó en la Unión Europea, distanciándose definitivamente de los vestigios de su pasado comunista. Precisamente aquel año el fotógrafo Vladimir Vasilev empezó T(h)races, un proyecto documental que acompaña el cambio, o quizás la falta de un verdadero cambio, en uno de los bastiones del socialismo real. «Después de la caída del muro de Berlín, Bulgaria ha cambiado en la forma, pero no en el fondo», asegura.

Vladimir Vasilev

Originario de una pequeña ciudad de la Bulgaria central llamada Stara Zagra, Vasilev comenzó a fotografiar en su adolescencia, y a los 21 años abandonó sus estudios de ingeniería, a pesar de las presiones familiares, para dedicarse profesionalmente a la fotografía. En 2001, con 23 años, dejó Bulgaria para instalarse en Francia, donde reside en la actualidad. Durante los primeros seis años vivió en este país de forma ilegal, como muchos sin papeles procedentes de la Europa oriental.

En 2007 pudo comenzar su ensayo fotográfico, cuando por fin se convirtió en un ciudadano europeo a todos los efectos y pudo volver a su país de origen, esta vez sin miedo a ser rechazado en la frontera francesa. «Una vez regularizado, comencé a ver mi país con otros ojos, con más color y con una sonrisa», cuenta este fotógrafo, al mismo tiempo que reconoce que precisó tomar una distancia de Bulgaria para concebir T(h)races.

Vladimir Vasilev

Vladimir Vasilev

Vasilev empezó a retratar a sus compatriotas en blanco y negro, inspirado por la estética de las películas de Emir Kusturica y Sergei Eisenstein. Llegó al color hace relativamente poco tiempo, en 2012. «Dividido entre dos países, mis puntos de referencia acabaron fundiéndose. Mis blancos y negros altamente contratados de sujetos sociales se transformaron en colores vívidos de escenas improbables», cuenta.

Construido con un lenguaje cinematográfico, T(h)races muestra diferentes perfiles de búlgaros, tanto de la ciudad como del extrarradio. «Algunos son miembros de mi familia, otros son amigos, amigos de amigos o completos desconocidos, procedentes de toda clase social. Algunos encuentros fueron casuales o espontáneos. Me encanta ir más allá de la street photography y entrar en las casas de las personas», señala este artista.

Vladimir Vasilev

Su trabajo aborda el concepto de cambio desde una perspectiva muy peculiar. En las últimas tres décadas, más de un cuarto de la población de este país decidió emigrar. Hoy en Bulgaria quedan apenas siete de los nueve millones de habitantes que había hace 35 años. El país vive una de las peores catástrofes demográficas del mundo, con una población envejecida y una tasa de mortalidad de 14,5 personas por cada 1.000 habitantes, muy por encima de las 10,2 muertes de la media europea.

«Hay siempre una pregunta que me molesta: ¿fue Bulgaria lo que me llevó huir o fui yo que la dejé? Mi trabajo trata de responder a esta cuestión. Es un trabajo muy personal y como emigrante, continuaré con este proyecto toda mi vida si es necesario», confiesa el fotógrafo.

Vladimir Vasilev

Vladimir Vasilev

Vasilvev reconoce que la vida de un emigrante no es obvia ni fácil. «Me siento siempre extranjero tanto en mi país de origen como en el país que me acogió. Cuando vuelvo a casa, necesito un tiempo para adaptarme en el que soy más productivo como fotógrafo. Después de algunas semanas, mis sentimientos empiezan a desvanecerse y necesito dejar mi país para volver un año después y recomenzar a hacer fotos», asegura.

Vladimir Vasilev

T(h)races es un trabajo íntimo y al mismo tiempo documental, que no aspira a plasmar Bulgaria como tal, sino tan solo su Bulgaria. «Mis encuentros son cada vez más improbables y de forma inconsciente sigo buscándolos. Las fotos no están escenificadas. Trabajo en plena inmersión. Paso mucho tiempo con las personas, que se acaban olvidando de mí y muestran su verdadero lado. Vuelvo muchas veces a visitar a las mismas personas, incluso años después, mientras me sumerjo en mí mismo y me reencuentro», explica el autor.

Vladimir Vasilev

En su opinión, el país no se ha transformado realmente, aunque cada vez que regresa lo descubre de nuevo. «Tengo la impresión de que mi Bulgaria es un círculo infinito, donde nada cambia o cambia muy poco. Por un lado, la nostalgia de las viejas generaciones mira al pasado y al viejo régimen. Por el otro, los jóvenes están en una búsqueda constante de su identidad, divididos entre el ultranacionalismo y la imagen kitsch que invade el país desde la televisión y la publicidad. Yo muestro mi país como búlgaro y, al mismo tiempo, como ciudadano europeo», afirma el fotógrafo.

Vladimir Vasilev

Es la lucha de un país dividido entre dos culturas, que procura encontrar su camino entre los faros del pasado y el despertar de la cultura occidental, tratando al mismo tiempo de preservar su  peculiar identidad.

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Opiniones 1
  • Hola, realmente me a sorprendido mucho su información puesto que no tenia muchos conocimientos acerca de el comunismo y ahora tengo una ideas mas especificas, por lo que pude entender el comunismo es un modo de organización socio económico . Saludos desde España

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