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4 de abril 2011    /   CREATIVIDAD
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¿Voluntario social? No, deportista concienciado

4 de abril 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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En el banco de abdominales y la cinta de correr de un gimnasio queda cada día infinidad de energía desperdiciada. Las carreras en bici estática no van a ninguna parte. Eso mismo que se derrocha en los centros deportivos es lo que falta en los hogares de muchas personas mayores. Entonces ¿por qué en vez de dejar la energía de los jóvenes en una bici estática no se emplea en correr hasta el mercado, comprar fruta, llevarla corriendo hasta el hogar de un anciano y subirla por las escaleras hasta el 5º piso donde vive? La energía empleada puede ser la misma o más. La diferencia es que ese esfuerzo, además de ser saludable para el que lo practica, tiene un fin social.
Esta nueva modalidad de hacer deporte se llama The Good Gym (El gimnasio bueno) y se practica desde hace dos veranos en el barrio londinense Tower Hamlets. La iniciativa “surgió de la frustración que sentíamos con los gimnasios convencionales. Son un derroche de potencial humano. The Good Gym nació como una forma de utilizar esos recursos y dotar a ese ejercicio de un buen propósito”, explica Mark Herbert, project manager de esta organización.
El primer foco de atención de The Good Gym son las personas mayores porque, según dicen, el 13% de los individuos mayores de 65 años en el Reino Unido, a menudo, se sienten solos. “Emparejamos a corredores con personas que están solas y tienen poca movilidad. Los deportistas corren hasta la casa de un anciano, dejan algo bonito como una conversación o algo que necesitan, y se van haciendo jogging. Esto ayuda al deportista a estar en forma y le da una buena razón para hacer ejercicio. Y, a la vez, es una visita semanal a una persona mayor”.
La soledad se hace grande en las sociedades avanzadas. El voluntariado se hace pequeño. The Good Gym propone, por este motivo, otras fórmulas que involucren a los jóvenes en labores sociales altruistas. La ecuación “yo gano (hago deporte), tú ganas (una persona sola tiene un momento de compañía)» tiene siempre, a la larga, mayor garantía de éxito.
Esa soledad también se tiene en cuenta para el corredor de The Good Gym. No siempre hace su encargo en solitario. “Los centros de día para ancianos, los centros educativos, los hospitales… pueden solicitar la ayuda de nuestros corredores mediante un formulario online. Algunas tareas son más ambiciosas y requieren el trabajo de más de una persona.
Organizamos grupos y eso, además, es positivo porque a muchos individuos les gusta hacer deporte en grupo. Programamos estas actividades los segundos lunes de cada mes. Es también una buena forma de que los corredores se conozcan y resulta muy divertido. Corremos unos 15 minutos, hacemos el encargo y volvemos corriendo al punto de partida”, indica Herbert.
Los proyectos consisten, por ejemplo, en “mover 60 bolsas de tierra desde la planta baja al tejado de una escuela para hacer un jardín, decorar centros de día para personas mayores en navidad, sacar cajas de la habitación de una biblioteca para que las personas mayores puedan asistir a clases de ‘baile sentados’”, especifica Herbert. “Imprimimos un ritmo muy rápido a estas tareas. Es un ejercicio duro y lo mejor de todo es que no te das cuenta de todo el deporte que estás haciendo porque estamos muy distraídos con nuestro trabajo”.

Este artículo ha sido publicado en la revista impresa de Yorokobu de abril de 2011.


En el banco de abdominales y la cinta de correr de un gimnasio queda cada día infinidad de energía desperdiciada. Las carreras en bici estática no van a ninguna parte. Eso mismo que se derrocha en los centros deportivos es lo que falta en los hogares de muchas personas mayores. Entonces ¿por qué en vez de dejar la energía de los jóvenes en una bici estática no se emplea en correr hasta el mercado, comprar fruta, llevarla corriendo hasta el hogar de un anciano y subirla por las escaleras hasta el 5º piso donde vive? La energía empleada puede ser la misma o más. La diferencia es que ese esfuerzo, además de ser saludable para el que lo practica, tiene un fin social.
Esta nueva modalidad de hacer deporte se llama The Good Gym (El gimnasio bueno) y se practica desde hace dos veranos en el barrio londinense Tower Hamlets. La iniciativa “surgió de la frustración que sentíamos con los gimnasios convencionales. Son un derroche de potencial humano. The Good Gym nació como una forma de utilizar esos recursos y dotar a ese ejercicio de un buen propósito”, explica Mark Herbert, project manager de esta organización.
El primer foco de atención de The Good Gym son las personas mayores porque, según dicen, el 13% de los individuos mayores de 65 años en el Reino Unido, a menudo, se sienten solos. “Emparejamos a corredores con personas que están solas y tienen poca movilidad. Los deportistas corren hasta la casa de un anciano, dejan algo bonito como una conversación o algo que necesitan, y se van haciendo jogging. Esto ayuda al deportista a estar en forma y le da una buena razón para hacer ejercicio. Y, a la vez, es una visita semanal a una persona mayor”.
La soledad se hace grande en las sociedades avanzadas. El voluntariado se hace pequeño. The Good Gym propone, por este motivo, otras fórmulas que involucren a los jóvenes en labores sociales altruistas. La ecuación “yo gano (hago deporte), tú ganas (una persona sola tiene un momento de compañía)» tiene siempre, a la larga, mayor garantía de éxito.
Esa soledad también se tiene en cuenta para el corredor de The Good Gym. No siempre hace su encargo en solitario. “Los centros de día para ancianos, los centros educativos, los hospitales… pueden solicitar la ayuda de nuestros corredores mediante un formulario online. Algunas tareas son más ambiciosas y requieren el trabajo de más de una persona.
Organizamos grupos y eso, además, es positivo porque a muchos individuos les gusta hacer deporte en grupo. Programamos estas actividades los segundos lunes de cada mes. Es también una buena forma de que los corredores se conozcan y resulta muy divertido. Corremos unos 15 minutos, hacemos el encargo y volvemos corriendo al punto de partida”, indica Herbert.
Los proyectos consisten, por ejemplo, en “mover 60 bolsas de tierra desde la planta baja al tejado de una escuela para hacer un jardín, decorar centros de día para personas mayores en navidad, sacar cajas de la habitación de una biblioteca para que las personas mayores puedan asistir a clases de ‘baile sentados’”, especifica Herbert. “Imprimimos un ritmo muy rápido a estas tareas. Es un ejercicio duro y lo mejor de todo es que no te das cuenta de todo el deporte que estás haciendo porque estamos muy distraídos con nuestro trabajo”.

Este artículo ha sido publicado en la revista impresa de Yorokobu de abril de 2011.

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