26 de febrero 2020    /   IDEAS
por
 

Volver en cinco minutos no está bien visto (por la RAE)

26 de febrero 2020    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Se acercaba la hora de la pausa para el café, pero había tanta gente en el banco esa mañana que le resultaba imposible cerrar la ventanilla desde donde atendía a los usuarios. La cola se alargaba ya más de lo deseable y sabía que si dejaba su puesto entonces, el público se le echaría encima.

Miró hacia sus compañeros de las mesas por si alguno pudiera venir a sustituirle, pero también estaban ocupados en atender a los numerosos clientes que habían decidido que ese, y solo ese, era el día para solucionar sus asuntos económicos. Y ya no es que sintiera hambre, que también. Es que hacía un rato que la vejiga había llegado al tope de su capacidad y le enviaba constantemente mensajes de aviso para vaciarla.

Cuando una tímida gota de orina empezó a manchar sus calzoncillos decidió que había llegado el momento de enfrentarse a la masa y colgar el cartelito de «Vuelvo en 5 minutos». Los clientes, al ver que el empleado de la ventanilla se iba sin más, empezaron a protestar enérgicamente. Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Artículo relacionado

Al tiempo que aquel empleado de banca colgaba el cartel y cerraba la ventanilla, desapareció como por arte de magia. No es que le vieran alejarse o se hubiera escondido en el lavabo. Es que se volatilizó. Desapareció. Se esfumó. Ya no estaba.

—¡Pero, hombre, a quién se le ocurre…! —comentó desde el final de la fila una mujer que tenía fama de espiritista—. ¿Es que nadie le avisó de que si conjuras al tiempo avisando de que vuelves «en cinco minutos» caes arrastrado a un agujero negro espaciotemporal del que ya no puedes salir? ¡Con la prisa que tengo hoy y me voy a tener que marchar sin hacer lo mío!

Dicen los esotéricos que siguen intentando devolver al más acá al pobre empleado de banca, pero mientras lo consiguen, la historia da pie a explicar un uso incorrecto que hacemos de la preposición en y que a más de uno no va a creer.

Según la Gramática de la RAE, esta preposición «manifiesta ubicación, bien espacial (en el cajón, en Venezuela), bien temporal (en verano, en 1983). Indica, asimismo, el término de un movimiento o un proceso (Entró en el salón; Se convirtió en un monstruo); lapsos de tiempo, en equivalencia con a lo largo de (lo logrado en un año), y el tiempo que se tarda en alcanzar algo (En doce horas lo termino)».

Lo que no recomienda es el uso de en sustituyendo a dentro de, después de o al cabo de, que sería lo suyo en ese cartelito que tantas veces vemos colgado en ventanillas o en televisión para advertirnos de que llega un buen rato de publicidad. ¿Y por qué? Pues eso mismo me he preguntado yo, y esta es la respuesta que me han dado desde la Academia:

«Tal como se explica en el Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE, 2010; s/v dentro, 4), el uso de la preposición en para introducir el lapso de tiempo que falta para que algo suceda ha sido tomado del inglés (in), por lo que se desaconseja pese a su extensión. En su lugar, se emplea en español la locución dentro de: Vuelvo dentro de cinco minutos». 

«En nuestro idioma, un lapso de tiempo introducido por la preposición en puede interpretarse como el tiempo que se tarda en realizar una acción o en que se produzca un evento o en llegar a un determinado estado: La leche se calienta en cinco minutos (= ‘la leche tarda cinco minutos en calentarse’). Obsérvese el contraste entre esta última frase y la que citamos a continuación: Pondré a calentar la leche dentro de cinco minutos (= ‘faltan cinco minutos para que ponga la leche a calentar’)».

Por tanto, en lugar de «*vuelvo en cinco minutos», lo suyo habría sido «dentro de/al cabo de/después de cinco minutos», porque una cosa es expresar el tiempo que te lleva realizar una acción (Tardaré cinco minutos en volver) y otra, el que trascurre hasta que se inicia o se lleva a cabo.

Mi sexto sentido me dice que lo primero que se te ha pasado por la cabeza es «Y un mojón para la RAE», que es una manera espontánea, sí, pero algo grosera de expresar tu incredulidad y tu rebeldía. Pero, tranquilo, aplaca tu ira y vuelve al lado de lo políticamente correcto. No estás solo, somos muchos los que formamos parte de la Resistencia. No incluirán *cocreta en el Diccionario, está bien, pero a ver cuánto resisten diciéndonos que no podemos volver en cinco minutos o los que sea menester.

Se acercaba la hora de la pausa para el café, pero había tanta gente en el banco esa mañana que le resultaba imposible cerrar la ventanilla desde donde atendía a los usuarios. La cola se alargaba ya más de lo deseable y sabía que si dejaba su puesto entonces, el público se le echaría encima.

Miró hacia sus compañeros de las mesas por si alguno pudiera venir a sustituirle, pero también estaban ocupados en atender a los numerosos clientes que habían decidido que ese, y solo ese, era el día para solucionar sus asuntos económicos. Y ya no es que sintiera hambre, que también. Es que hacía un rato que la vejiga había llegado al tope de su capacidad y le enviaba constantemente mensajes de aviso para vaciarla.

Cuando una tímida gota de orina empezó a manchar sus calzoncillos decidió que había llegado el momento de enfrentarse a la masa y colgar el cartelito de «Vuelvo en 5 minutos». Los clientes, al ver que el empleado de la ventanilla se iba sin más, empezaron a protestar enérgicamente. Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Al tiempo que aquel empleado de banca colgaba el cartel y cerraba la ventanilla, desapareció como por arte de magia. No es que le vieran alejarse o se hubiera escondido en el lavabo. Es que se volatilizó. Desapareció. Se esfumó. Ya no estaba.

—¡Pero, hombre, a quién se le ocurre…! —comentó desde el final de la fila una mujer que tenía fama de espiritista—. ¿Es que nadie le avisó de que si conjuras al tiempo avisando de que vuelves «en cinco minutos» caes arrastrado a un agujero negro espaciotemporal del que ya no puedes salir? ¡Con la prisa que tengo hoy y me voy a tener que marchar sin hacer lo mío!

Artículo relacionado

Dicen los esotéricos que siguen intentando devolver al más acá al pobre empleado de banca, pero mientras lo consiguen, la historia da pie a explicar un uso incorrecto que hacemos de la preposición en y que a más de uno no va a creer.

Según la Gramática de la RAE, esta preposición «manifiesta ubicación, bien espacial (en el cajón, en Venezuela), bien temporal (en verano, en 1983). Indica, asimismo, el término de un movimiento o un proceso (Entró en el salón; Se convirtió en un monstruo); lapsos de tiempo, en equivalencia con a lo largo de (lo logrado en un año), y el tiempo que se tarda en alcanzar algo (En doce horas lo termino)».

Lo que no recomienda es el uso de en sustituyendo a dentro de, después de o al cabo de, que sería lo suyo en ese cartelito que tantas veces vemos colgado en ventanillas o en televisión para advertirnos de que llega un buen rato de publicidad. ¿Y por qué? Pues eso mismo me he preguntado yo, y esta es la respuesta que me han dado desde la Academia:

«Tal como se explica en el Diccionario panhispánico de dudas (RAE y ASALE, 2010; s/v dentro, 4), el uso de la preposición en para introducir el lapso de tiempo que falta para que algo suceda ha sido tomado del inglés (in), por lo que se desaconseja pese a su extensión. En su lugar, se emplea en español la locución dentro de: Vuelvo dentro de cinco minutos». 

«En nuestro idioma, un lapso de tiempo introducido por la preposición en puede interpretarse como el tiempo que se tarda en realizar una acción o en que se produzca un evento o en llegar a un determinado estado: La leche se calienta en cinco minutos (= ‘la leche tarda cinco minutos en calentarse’). Obsérvese el contraste entre esta última frase y la que citamos a continuación: Pondré a calentar la leche dentro de cinco minutos (= ‘faltan cinco minutos para que ponga la leche a calentar’)».

Por tanto, en lugar de «*vuelvo en cinco minutos», lo suyo habría sido «dentro de/al cabo de/después de cinco minutos», porque una cosa es expresar el tiempo que te lleva realizar una acción (Tardaré cinco minutos en volver) y otra, el que trascurre hasta que se inicia o se lleva a cabo.

Mi sexto sentido me dice que lo primero que se te ha pasado por la cabeza es «Y un mojón para la RAE», que es una manera espontánea, sí, pero algo grosera de expresar tu incredulidad y tu rebeldía. Pero, tranquilo, aplaca tu ira y vuelve al lado de lo políticamente correcto. No estás solo, somos muchos los que formamos parte de la Resistencia. No incluirán *cocreta en el Diccionario, está bien, pero a ver cuánto resisten diciéndonos que no podemos volver en cinco minutos o los que sea menester.

Compártelo twitter facebook whatsapp
El fallo de Deep Blue que pudo haber vencido a Kasparov
«Reutiliza primero y recicla después»
El arte de la telepolítica
La muerte en el cine: morir en 35 mm
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 3
  • La leche se calienta en cinco minutos = La leche tarda cinco minutos en calentarse.

    Vuelvo en cinco minutos = Tardo cinco minutos en volver.

    Yo creo que son demasiado puristas. Por mucho que se empeñen en que el uso no es adecuado, si la gente lo usa y se entiende, se acabará imponiendo. Y si de hecho, como ellos mismos dicen su uso se está extendiendo, entonces no podrán pararlo. La lengua es algo vivo, y de la misma manera que viejas lenguas influyeron en el idioma y en la creación de palabras… ¿quién es el ingenuo que piensa que en un entorno global como el actual no va a ocurrir lo mismo a una velocidad mayor? Sólo los ingenuos y los románticos amantes de «cualquier tiempo pasado fue mejor». O lo que traducido a cristiano sería sólo los ignorantes y los nacionalistas conservadores. Dado que doy por hecho que la RAE no es una institución ignorante, entonces, sólo me queda pensar que es una institución viejuna donde van a parar dinosaurios de la lengua que se anclan en normas que creen hieráticas y que se empeñan en mantener así.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies