23 de septiembre 2020    /   BUSINESS
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‘Nowhere flights’, la excéntrica moda de los vuelos a ninguna parte

23 de septiembre 2020    /   BUSINESS     por          
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Lo de El viaje a ninguna parte ha dejado de ser el título de una película para convertirse en la nueva manera de hacer turismo. Esa es la apuesta de ciertas compañías aéreas, sobre todo asiáticas, para tratar de calmar la morriña de volar que sienten algunos de sus usuarios. Y, de paso, tratar de paliar las pérdidas económicas producidas por tener parada su flota. Por esta razón, algunas han comenzado a ofertar vuelos con salida y llegada en el mismo aeropuerto para que aquellos pasajeros que echan de menos coger un avión y viajar por el mundo no mueran de ansiedad. Viajes a ninguna parte, casi literalmente.

Con la segunda ola del covid llamando a la puerta, lo del turismo es un plan tan apetecible como peligroso. La imagen de aeropuertos medio vacíos que se ha producido este verano ha sido una de las más impactantes en un periodo donde, en condiciones normales, estarían abarrotados de viajeros. La situación económica de las compañías aéreas se ha visto seriamente perjudicada ante la caída de vuelos. Se hacía imprescindible tratar de buscar estrategias que ayudaran a paliar la grave situación económica por la que atraviesan.

En su mayoría, se trata de vuelos domésticos que duran apenas unas horas. El tiempo justo para sobrevolar una región determinada y contemplar su belleza desde el aire. Singapore Airlines tiene previsto empezar con estas rutas a finales de octubre. Partirán del aeropuerto de Changi y, según se informa en La Vanguardia, se combinarán con estancias en hoteles de la ciudad, viajes en limusina y vales de compra.

No es la única compañía que trata de obtener, de esta peculiar manera, alguna rentabilidad con la que aliviar sus cuentas. Royal Brunei Airlines ofrece el programa Dine and Fly, vuelos de 85 minutos sobrevolando el país asiático y en los que se sirve al pasaje platos de comida local mientras dura el viaje.  También la japonesa ANA fletó un avión el pasado mes de agosto que sobrevoló la isla durante 90 minutos. Se trató de un vuelo con temática hawaiana, y para hacer la experiencia más premium, se ofreció a los pasajeros un cóctel.

Fuera de Asia, la australiana Quantas fleta vuelos de siete horas para sobrevolar algunos de los lugares más icónicos del país, como el monolito rojo Uluru, las Islas Whitsundays y la Gran Barrera de Arrecifes. A los diez minutos de lanzar la oferta ya estaban agotados todos los billetes. «Muchos de nuestros viajeros están acostumbrados a viajar en avión cada dos semanas y nos contaban que extrañan la experiencia de volar tanto como los propios destinos», afirmó Alan Joyce, director ejecutivo de Qantas Airlines, en un comunicado de esta aerolínea para anunciar sus vuelos con salida y destino en Sydney, que tendrán lugar en octubre.

Pero quizá la oferta más llamativa de Quantas sea la de ofrecer vuelos de 12 horas a la Antártida para que los pasajeros puedan contemplar el continente helado desde el aire.

La experiencia de estos viajes se ofrece como un producto de lujo. Solo los billetes de Quantas que sobrevolarán Australia cuestan entre 787 y 3.787 dólares australianos (483 y 2.386 euros). Mientras que los vuelos sobre el continente helado van desde los 1.999 dólares australianos (740 euros) hasta los 7.999 dólares australianos (4.951 euros) en clase ejecutiva de luxe. Hay que tener mucho mono de volar para darse ese capricho. Pero ¿les trae a cuenta a estas compañías este tipo de ofertas?

«La compañía que lo lleve a cabo debe medir mucho el impacto positivo por repercusión en medios (adornado con una experiencia con valor añadido, como, por ejemplo, un chef, un DJ o lo que se les ocurra), ingresos por vuelos y reactivación de aviones inmovilizados, frente a posible mala imagen por prácticas excéntricas y contaminantes», opina Pablo Díaz, profesor de Estudios de Economía y Empresa de la UOC. «Tener a los aviones y la tripulación en tierra supone unos costes que se pueden ver compensados, en parte, si estas iniciativas tienen un mínimo de aceptación». A juzgar por el éxito que ha tenido este tipo de ofertas en los países donde se han puesto en marcha, donde los billetes se agotaron al poco de ponerse a la venta, podría decirse que, por ese lado, no hay problema.

Pero ¿qué ocurre con el impacto sobre el medio ambiente que este tipo de vuelos puede provocar? Los ecologistas los tachan de aberración, como es lógico. En 2018, la aviación civil mundial produjo 918 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo que equivaldría a las emisiones anuales de Alemania y los Países Bajos juntas. Quantas, afirman en un artículo del New York Times, compró compensaciones de carbono para aliviar el impacto de sus vuelos de siete horas. Mientras que Royal Brunei Airlines asegura usar un Airbus A320neo, que produce muchas menos emisiones que otros aviones para tratar de paliar ese impacto ambiental.

«Los vuelos de aviación comercial son uno de los transportes más contaminantes que existen y, por lo tanto, perjudican el medio ambiente, de ahí su insostenibilidad en ritmos crecientes de actividad», comenta Pablo Díaz. «Además, van en contra de tendencias anteriores a la pandemia, como la supresión de vuelos de corto recorrido relativo (entre una hora y hora y media) entre capitales europeas bien conectadas por alta velocidad ferroviaria, y la vergüenza de volar que transmitían ciertos movimientos ecologistas», actitud que calaba, afirma el profesor de la UOC, en la población de ciertos países con conciencia medioambiental (nórdicos y centroeuropeos principalmente).

¿Podría producirse este tipo de ofertas de viajes en Europa? ¿Y en España en particular? «Tengo mis serias dudas de que fuera viable una estrategia así en España», opina Díaz. «Creo que sería considerado más como una excentricidad, y como tal podría tener cierta repercusión mediática y cierto público ocasional, pero no como práctica regular. De hecho, creo que no tendrá continuidad allí donde se ha dado».

Lo de El viaje a ninguna parte ha dejado de ser el título de una película para convertirse en la nueva manera de hacer turismo. Esa es la apuesta de ciertas compañías aéreas, sobre todo asiáticas, para tratar de calmar la morriña de volar que sienten algunos de sus usuarios. Y, de paso, tratar de paliar las pérdidas económicas producidas por tener parada su flota. Por esta razón, algunas han comenzado a ofertar vuelos con salida y llegada en el mismo aeropuerto para que aquellos pasajeros que echan de menos coger un avión y viajar por el mundo no mueran de ansiedad. Viajes a ninguna parte, casi literalmente.

Con la segunda ola del covid llamando a la puerta, lo del turismo es un plan tan apetecible como peligroso. La imagen de aeropuertos medio vacíos que se ha producido este verano ha sido una de las más impactantes en un periodo donde, en condiciones normales, estarían abarrotados de viajeros. La situación económica de las compañías aéreas se ha visto seriamente perjudicada ante la caída de vuelos. Se hacía imprescindible tratar de buscar estrategias que ayudaran a paliar la grave situación económica por la que atraviesan.

En su mayoría, se trata de vuelos domésticos que duran apenas unas horas. El tiempo justo para sobrevolar una región determinada y contemplar su belleza desde el aire. Singapore Airlines tiene previsto empezar con estas rutas a finales de octubre. Partirán del aeropuerto de Changi y, según se informa en La Vanguardia, se combinarán con estancias en hoteles de la ciudad, viajes en limusina y vales de compra.

No es la única compañía que trata de obtener, de esta peculiar manera, alguna rentabilidad con la que aliviar sus cuentas. Royal Brunei Airlines ofrece el programa Dine and Fly, vuelos de 85 minutos sobrevolando el país asiático y en los que se sirve al pasaje platos de comida local mientras dura el viaje.  También la japonesa ANA fletó un avión el pasado mes de agosto que sobrevoló la isla durante 90 minutos. Se trató de un vuelo con temática hawaiana, y para hacer la experiencia más premium, se ofreció a los pasajeros un cóctel.

Fuera de Asia, la australiana Quantas fleta vuelos de siete horas para sobrevolar algunos de los lugares más icónicos del país, como el monolito rojo Uluru, las Islas Whitsundays y la Gran Barrera de Arrecifes. A los diez minutos de lanzar la oferta ya estaban agotados todos los billetes. «Muchos de nuestros viajeros están acostumbrados a viajar en avión cada dos semanas y nos contaban que extrañan la experiencia de volar tanto como los propios destinos», afirmó Alan Joyce, director ejecutivo de Qantas Airlines, en un comunicado de esta aerolínea para anunciar sus vuelos con salida y destino en Sydney, que tendrán lugar en octubre.

Pero quizá la oferta más llamativa de Quantas sea la de ofrecer vuelos de 12 horas a la Antártida para que los pasajeros puedan contemplar el continente helado desde el aire.

La experiencia de estos viajes se ofrece como un producto de lujo. Solo los billetes de Quantas que sobrevolarán Australia cuestan entre 787 y 3.787 dólares australianos (483 y 2.386 euros). Mientras que los vuelos sobre el continente helado van desde los 1.999 dólares australianos (740 euros) hasta los 7.999 dólares australianos (4.951 euros) en clase ejecutiva de luxe. Hay que tener mucho mono de volar para darse ese capricho. Pero ¿les trae a cuenta a estas compañías este tipo de ofertas?

«La compañía que lo lleve a cabo debe medir mucho el impacto positivo por repercusión en medios (adornado con una experiencia con valor añadido, como, por ejemplo, un chef, un DJ o lo que se les ocurra), ingresos por vuelos y reactivación de aviones inmovilizados, frente a posible mala imagen por prácticas excéntricas y contaminantes», opina Pablo Díaz, profesor de Estudios de Economía y Empresa de la UOC. «Tener a los aviones y la tripulación en tierra supone unos costes que se pueden ver compensados, en parte, si estas iniciativas tienen un mínimo de aceptación». A juzgar por el éxito que ha tenido este tipo de ofertas en los países donde se han puesto en marcha, donde los billetes se agotaron al poco de ponerse a la venta, podría decirse que, por ese lado, no hay problema.

Pero ¿qué ocurre con el impacto sobre el medio ambiente que este tipo de vuelos puede provocar? Los ecologistas los tachan de aberración, como es lógico. En 2018, la aviación civil mundial produjo 918 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo que equivaldría a las emisiones anuales de Alemania y los Países Bajos juntas. Quantas, afirman en un artículo del New York Times, compró compensaciones de carbono para aliviar el impacto de sus vuelos de siete horas. Mientras que Royal Brunei Airlines asegura usar un Airbus A320neo, que produce muchas menos emisiones que otros aviones para tratar de paliar ese impacto ambiental.

«Los vuelos de aviación comercial son uno de los transportes más contaminantes que existen y, por lo tanto, perjudican el medio ambiente, de ahí su insostenibilidad en ritmos crecientes de actividad», comenta Pablo Díaz. «Además, van en contra de tendencias anteriores a la pandemia, como la supresión de vuelos de corto recorrido relativo (entre una hora y hora y media) entre capitales europeas bien conectadas por alta velocidad ferroviaria, y la vergüenza de volar que transmitían ciertos movimientos ecologistas», actitud que calaba, afirma el profesor de la UOC, en la población de ciertos países con conciencia medioambiental (nórdicos y centroeuropeos principalmente).

¿Podría producirse este tipo de ofertas de viajes en Europa? ¿Y en España en particular? «Tengo mis serias dudas de que fuera viable una estrategia así en España», opina Díaz. «Creo que sería considerado más como una excentricidad, y como tal podría tener cierta repercusión mediática y cierto público ocasional, pero no como práctica regular. De hecho, creo que no tendrá continuidad allí donde se ha dado».

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