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2 de junio 2016    /   IDEAS
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Los ronquidos ayudan a conservar los hórreos (esas casas sobre la tierra)

2 de junio 2016    /   IDEAS     por          
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Quien no sepa lo que es un hórreo jamás podría adivinarlo por el sonido de la palabra. Sus erres rasconas y su semejanza con la palabra ‘horror’, ‘horrible’ u ‘horrísono’ desmerecen la realidad de paz y armonía que circunda cada hórreo. El arquitecto Nacho Gias escuchó el nombre por primera vez cuando vivía en París. Un francés le contó que lo que más le había llamado la atención de España eran unas extrañas construcciones que se desperdigaban por las montañas del norte. «Muchos extranjeros, al ver la cruz que llevan encima, piensan que son monumentos fúnebres», explica Gias a Yorokobu.

Pero los hórreos no sirven a la muerte, sino a la vida. Son casitas con piernas que se elevan un metro aproximadamente por encima de la tierra y que se han utilizado durante siglos para preservar el grano de las cosechas. Intrigado, Nacho Gias, un arquitecto que ha trabajado con proyectos de conservación y rehabilitación del patrimonio, viajó al norte para visitar los hórreos y hablar con sus propietarios.

En territorio gallego sobreviven 30.000 hórreos, 10.000 en Asturias, 400 en León, 30 en Cantabria y unos 20 en Navarra. Son pequeños y rectangulares, algunos miden apenas tres o cuatro metros de largo. «Se puede saber el nivel económico de una familia por el tamaño del hórreo porque este dependía de la cantidad de grano», especifica.

Dormir en hórreos, sin embargo, no es una idea nuestra: comúnmente se usaban mucho para las siestas y hay familias que los han adaptado para que conformen una habitación más de la casa

 

Al entrevistar a los dueños, Gias descubrió que la mayoría permanecen en desuso porque no resulta rentable mantenerlos; la actividad agrícola ha descendido mucho y los propietarios no van a dejarse miles de euros en algo que no les va a resultar útil. En Galicia, a Gias se le encendió la bombilla y se planteó vincular los hórreos al Camino de Santiago para que los peregrinos puedan visitarlos e, incluso, hospedarse en ellos. Así nació el proyecto Walk & Hórreo.

Creó una app para que los caminantes de Santiago pudieran localizar la ubicación de estos habitáculos y contactar con sus dueños: «Después cada propietario hace lo que quiere, si quiere que se queden allí a comer o si simplemente permiten visitas, eso es cosa suya. El caso es crear un método para que la gente pueda apoyar a quienes invierten dinero para preservar el patrimonio. La idea es que, cuando los vecinos de Asturias vean que sus vecinos obtienen un beneficio por algo que ellos también tienen, se interesen en cuidarlo. Es un incentivo», explica el arquitecto.

Ahora, a través de una campaña en Verkami, van a preparar el primer hórreo para el hospedaje. Para el lanzamiento han escogido uno que se encuentra en pleno Camino de Santiago: «Nos pareció muy bonito por las vistas que tenía, pero podríamos haber elegido cualquier otro; la mayoría se ubican en paisajes naturales impresionantes. Este proyecto quiere sacarte de las zonas turísticas habituales y llevarte a sitios poco accesibles», cuenta.

hórreo maqueta

Lo de Nacho Gias con los hórreos no parece sólo una motivación profesional, sino algo más pasional que, quizás, naciera a partir de las historias que escuchó y de lo que experimentó cuando anduvo con paso calmoso y observador por los prados norteños. Experimentó en sí mismo la paz de dormir en ellos: «Estás en contacto directo con la naturaleza. Su tamaño hace que pueda utilizarse solamente como dormitorio, de manera que en las horas previas a la noche estás abajo, viendo el paisaje. Es increíble. Dormir en ellos, sin embargo, no es una idea nuestra: comúnmente se usaban mucho para las siestas y hay familias que los han adaptado para que conformen una habitación más de la casa».

Al preguntar por el origen de algunos hórreos, descubrió que son nómadas: podían desmontarse como un puzzle y trasladarse a otra punta del paisaje. Se topó también con historias que no eran precisamente un ejemplo de convivencia vecinal: «Todos los hórreos se colocaban con una orientación precisa para que el sol favoreciera la preservación del grano, pero encontramos uno que lo habían situado mal a propósito para estropearle las vistas al vecino; prefería perder parte de la comida con tal de joder», ríe Gias.

La administración protege a estos ganados de piedra y madera por su valor histórico y cultural, y estipulan que no se pueden rehabilitar si no es ciñéndose escrupulosamente al diseño original, pero, a la vez, la mayoría de ellos no recibe ningún cuidado. Muchos se están hundiendo. Nacho Gias huye de esta visión conservadora que, por otro lado, la realidad acaba negando: «Me he llegado a encontrar hórreos pintados con los colores del Deportivo de la Coruña. Para mí, debemos preservar lo original, pero también añadirle detalles nuevos, estableciendo un diálogo, pero sin caer en la caricatura de lo antiguo».

El arquitecto defiende que la esencia de estas construcciones es la ausencia de prejuicios a la hora de desarrollar algo. «Ellos tenían un problema: los animales se comían el grano y la humedad lo deterioraba. ¿Qué hicieron? Pues una casa pequeña con patas. Es una mentalidad muy libre. Ahora existe el problema de no poder mantenerlos, pues refórmalos para el turismo», argumenta.

Los responsables del proyecto Wakl & Hórreo pretender rehabilitar estos graneros con sus propias manos. Gias aprendió la técnica en un taller de Rumanía y ahora quiere aplicarla en los aquí. Los habitáculos tendrán lo justo, una cama y un espacio para dejar las mochilas. El baño se instalará fuera «como en las cabañas suecas y japonesas, que se colocan en el exterior para que contactes con el paisaje y salgas del espacio doméstico». Hace falta poco más porque el hórreo, en el fondo, es la herida mínima que una construcción humana puede infligir a la naturaleza.

Quien no sepa lo que es un hórreo jamás podría adivinarlo por el sonido de la palabra. Sus erres rasconas y su semejanza con la palabra ‘horror’, ‘horrible’ u ‘horrísono’ desmerecen la realidad de paz y armonía que circunda cada hórreo. El arquitecto Nacho Gias escuchó el nombre por primera vez cuando vivía en París. Un francés le contó que lo que más le había llamado la atención de España eran unas extrañas construcciones que se desperdigaban por las montañas del norte. «Muchos extranjeros, al ver la cruz que llevan encima, piensan que son monumentos fúnebres», explica Gias a Yorokobu.

Pero los hórreos no sirven a la muerte, sino a la vida. Son casitas con piernas que se elevan un metro aproximadamente por encima de la tierra y que se han utilizado durante siglos para preservar el grano de las cosechas. Intrigado, Nacho Gias, un arquitecto que ha trabajado con proyectos de conservación y rehabilitación del patrimonio, viajó al norte para visitar los hórreos y hablar con sus propietarios.

En territorio gallego sobreviven 30.000 hórreos, 10.000 en Asturias, 400 en León, 30 en Cantabria y unos 20 en Navarra. Son pequeños y rectangulares, algunos miden apenas tres o cuatro metros de largo. «Se puede saber el nivel económico de una familia por el tamaño del hórreo porque este dependía de la cantidad de grano», especifica.

Dormir en hórreos, sin embargo, no es una idea nuestra: comúnmente se usaban mucho para las siestas y hay familias que los han adaptado para que conformen una habitación más de la casa

 

Al entrevistar a los dueños, Gias descubrió que la mayoría permanecen en desuso porque no resulta rentable mantenerlos; la actividad agrícola ha descendido mucho y los propietarios no van a dejarse miles de euros en algo que no les va a resultar útil. En Galicia, a Gias se le encendió la bombilla y se planteó vincular los hórreos al Camino de Santiago para que los peregrinos puedan visitarlos e, incluso, hospedarse en ellos. Así nació el proyecto Walk & Hórreo.

Creó una app para que los caminantes de Santiago pudieran localizar la ubicación de estos habitáculos y contactar con sus dueños: «Después cada propietario hace lo que quiere, si quiere que se queden allí a comer o si simplemente permiten visitas, eso es cosa suya. El caso es crear un método para que la gente pueda apoyar a quienes invierten dinero para preservar el patrimonio. La idea es que, cuando los vecinos de Asturias vean que sus vecinos obtienen un beneficio por algo que ellos también tienen, se interesen en cuidarlo. Es un incentivo», explica el arquitecto.

Ahora, a través de una campaña en Verkami, van a preparar el primer hórreo para el hospedaje. Para el lanzamiento han escogido uno que se encuentra en pleno Camino de Santiago: «Nos pareció muy bonito por las vistas que tenía, pero podríamos haber elegido cualquier otro; la mayoría se ubican en paisajes naturales impresionantes. Este proyecto quiere sacarte de las zonas turísticas habituales y llevarte a sitios poco accesibles», cuenta.

hórreo maqueta

Lo de Nacho Gias con los hórreos no parece sólo una motivación profesional, sino algo más pasional que, quizás, naciera a partir de las historias que escuchó y de lo que experimentó cuando anduvo con paso calmoso y observador por los prados norteños. Experimentó en sí mismo la paz de dormir en ellos: «Estás en contacto directo con la naturaleza. Su tamaño hace que pueda utilizarse solamente como dormitorio, de manera que en las horas previas a la noche estás abajo, viendo el paisaje. Es increíble. Dormir en ellos, sin embargo, no es una idea nuestra: comúnmente se usaban mucho para las siestas y hay familias que los han adaptado para que conformen una habitación más de la casa».

Al preguntar por el origen de algunos hórreos, descubrió que son nómadas: podían desmontarse como un puzzle y trasladarse a otra punta del paisaje. Se topó también con historias que no eran precisamente un ejemplo de convivencia vecinal: «Todos los hórreos se colocaban con una orientación precisa para que el sol favoreciera la preservación del grano, pero encontramos uno que lo habían situado mal a propósito para estropearle las vistas al vecino; prefería perder parte de la comida con tal de joder», ríe Gias.

La administración protege a estos ganados de piedra y madera por su valor histórico y cultural, y estipulan que no se pueden rehabilitar si no es ciñéndose escrupulosamente al diseño original, pero, a la vez, la mayoría de ellos no recibe ningún cuidado. Muchos se están hundiendo. Nacho Gias huye de esta visión conservadora que, por otro lado, la realidad acaba negando: «Me he llegado a encontrar hórreos pintados con los colores del Deportivo de la Coruña. Para mí, debemos preservar lo original, pero también añadirle detalles nuevos, estableciendo un diálogo, pero sin caer en la caricatura de lo antiguo».

El arquitecto defiende que la esencia de estas construcciones es la ausencia de prejuicios a la hora de desarrollar algo. «Ellos tenían un problema: los animales se comían el grano y la humedad lo deterioraba. ¿Qué hicieron? Pues una casa pequeña con patas. Es una mentalidad muy libre. Ahora existe el problema de no poder mantenerlos, pues refórmalos para el turismo», argumenta.

Los responsables del proyecto Wakl & Hórreo pretender rehabilitar estos graneros con sus propias manos. Gias aprendió la técnica en un taller de Rumanía y ahora quiere aplicarla en los aquí. Los habitáculos tendrán lo justo, una cama y un espacio para dejar las mochilas. El baño se instalará fuera «como en las cabañas suecas y japonesas, que se colocan en el exterior para que contactes con el paisaje y salgas del espacio doméstico». Hace falta poco más porque el hórreo, en el fondo, es la herida mínima que una construcción humana puede infligir a la naturaleza.

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Opiniones 9
  • Los horreos asturianos son completamente distintos a los gallegos. Bastante mas grandes y de planta cuadrada. Reposan en cuatro pilares llamados «pegoyos» y cuando estas construcciones tienen mas de 4 ya no se denominan horreos sino paneras.
    El problema de la reabilitacion es su coste …

  • Que decis… Los horreos son cuadrados y se elevan sobre 4 pegollos. Los alargados son paneras. Eso en Asturias. En Galicia, se llaman cabozos.

  • Sin entrar en los múltiples y significativos errores del artículo, ninguna de las fotos muestra sino paneras, que no hórreos, siendo las primeras más abundantes en Galicia y oeste asturiano y los segundos, mayoritarimente asturianos.

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