Publicado: 10 de febrero 2015 11:20  /   ENTRETENIMIENTO
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La tienda itinerante de White Albums

Publicado: 10 de febrero 2015 11:20  /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En 1968 Apple Records editó más de tres millones de copias de The Beatles, disco homónimo de los cuatro de Liverpool. Su portada, obra del pionero del pop art Richard Hamilton, era de un blanco afilado, impoluto, lo que granjeó al disco el sobrenombre de ‘White album’. Durante 45 años cada disco fue adquiriendo su propia historia. Los lustros se amontonaron en las esquinas desgastadas de las portadas, las décadas se posaron como polvo en los vinilos. Cada disco se fue diferenciando con dibujos, manchas y cicatrices. Algunos se rompieron, muchos se heredaron de padres a hijos; unos cuantos deambularon por mercados de pulgas europeos. Y 1.119 acabaron en una pequeña tienda itinerante.
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El dueño de We buy White Albums se llama Rutherford Chang e irónicamente, suele vestir de sobrio negro. Define su local como «una tienda, una exposición y una colección privada», pero las palabras se quedan cortas para describir lo que le espera al vendedor al traspasar la puerta de su pop up store, que hasta ahora se ha instalado en Nueva York, Liverpool y Tokio. Paredes níveas de las que cuelgan decenas de álbumes de un blanco roto, ajado y marchito. Cajones albos que contienen discos en una escala que va del blanco roto al marfil marchito. La unica estridencia cromática cuelga del escaparate en forma de luminosos rojo: un revelador y parpadeante «We buy White albums». Hace poco más de un año, cuando la colección de Chang se contaba por cientos y su tienda no había salido del Soho neoyorkino, decidimos hacerle un reportaje. En este tiempo su stock de White albums se ha doblado y sus apariciones en pop up stores del mundo se ha convertido en algo habitual. La semana pasada, Chang lanzó su cuenta de Instagram, un perfil con 1.119 fotos muy similares. Sin embargo, el auténtico reclamo, la auténtica experiencia, sigue siendo la analógica, la tienda itinerante de discos blancos.
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«La gente está acostumbrada a comprar, así que algunos vienen aquí y quieren llevarse algo. Pero yo soy el único que compra algo en mi negocio», asegura orgulloso Chang. El consumismo propio de una tienda se convierte en coleccionismo en esta. No hay amables dependientes preguntando si necesitas ayuda, sino un artista de rasgos asiáticos preguntando si tienes ‘White albums’. El hilo musical no se compone de hitazos de radiofórmula sino que es un constante bucle de los Beatles.
La historia de este lugar arranca hace nueve años, cuando Chang decidió empezar a coleccionar el disco blanco de los Beatles. Los conocía desde niño –«todo el mundo conoce a los Beatles», puntualiza- pero no fue hasta su etapa adulta cuando convirtió su afición en obsesión. Los Beatles sacaron 13 discos oficiales pero fue este el que llamó la atención de Chang, no tanto por su contenido sino por su continente. «Lo veo más como un objeto que como una colección de canciones», concede.
WE BUY WHITE ALBUMS
Sin embargo los discos de su tienda no son meros objetos inertes. Cada uno tiene su propia historia y Chang intenta registrarlas todas de varias formas. Para empezar ha creado un archivo, fotografiando y catalogando cada pieza de su colección. Además quiere registrar el sonido de todos sus discos, pues cada uno cuenta una historia diferente. Cuando adquiere una nueva copia, Chang la graba en una pista sobre la que ya ha grabado cientos de veces, mete una nueva capa con otra copia del Wite Album. El audio resultante está lleno de ecos y reveberaciones, un solo disco con cientos de matices que se amontonan unos sobre otros y hacen que las diferencias ensordezcan las similitudes.

Llama la atención que en una época en la que el desapego a lo físico se materializa en la desmaterialización de la música, en su reducción a un puñado de bites, haya alguien que reivindique el vinilo no como un mero vehículo musical, sino como un objeto de valor por sí mismo.
Rutherford Chang escucha todos los días el disco al que ha dedicado su tienda al menos una vez, aunque hay épocas en las que se excede. «Lo he escuchado 216 veces entre el 7 de enero de 2013 y el 9 de marzo de 2013», dice a modo de ejemplo. No se considera un friki, aunque concede que «otras personas no estarían de acuerdo». Él simplemente colecciona White Albums. Y quiere el tuyo.
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En 1968 Apple Records editó más de tres millones de copias de The Beatles, disco homónimo de los cuatro de Liverpool. Su portada, obra del pionero del pop art Richard Hamilton, era de un blanco afilado, impoluto, lo que granjeó al disco el sobrenombre de ‘White album’. Durante 45 años cada disco fue adquiriendo su propia historia. Los lustros se amontonaron en las esquinas desgastadas de las portadas, las décadas se posaron como polvo en los vinilos. Cada disco se fue diferenciando con dibujos, manchas y cicatrices. Algunos se rompieron, muchos se heredaron de padres a hijos; unos cuantos deambularon por mercados de pulgas europeos. Y 1.119 acabaron en una pequeña tienda itinerante.
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El dueño de We buy White Albums se llama Rutherford Chang e irónicamente, suele vestir de sobrio negro. Define su local como «una tienda, una exposición y una colección privada», pero las palabras se quedan cortas para describir lo que le espera al vendedor al traspasar la puerta de su pop up store, que hasta ahora se ha instalado en Nueva York, Liverpool y Tokio. Paredes níveas de las que cuelgan decenas de álbumes de un blanco roto, ajado y marchito. Cajones albos que contienen discos en una escala que va del blanco roto al marfil marchito. La unica estridencia cromática cuelga del escaparate en forma de luminosos rojo: un revelador y parpadeante «We buy White albums». Hace poco más de un año, cuando la colección de Chang se contaba por cientos y su tienda no había salido del Soho neoyorkino, decidimos hacerle un reportaje. En este tiempo su stock de White albums se ha doblado y sus apariciones en pop up stores del mundo se ha convertido en algo habitual. La semana pasada, Chang lanzó su cuenta de Instagram, un perfil con 1.119 fotos muy similares. Sin embargo, el auténtico reclamo, la auténtica experiencia, sigue siendo la analógica, la tienda itinerante de discos blancos.
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«La gente está acostumbrada a comprar, así que algunos vienen aquí y quieren llevarse algo. Pero yo soy el único que compra algo en mi negocio», asegura orgulloso Chang. El consumismo propio de una tienda se convierte en coleccionismo en esta. No hay amables dependientes preguntando si necesitas ayuda, sino un artista de rasgos asiáticos preguntando si tienes ‘White albums’. El hilo musical no se compone de hitazos de radiofórmula sino que es un constante bucle de los Beatles.
La historia de este lugar arranca hace nueve años, cuando Chang decidió empezar a coleccionar el disco blanco de los Beatles. Los conocía desde niño –«todo el mundo conoce a los Beatles», puntualiza- pero no fue hasta su etapa adulta cuando convirtió su afición en obsesión. Los Beatles sacaron 13 discos oficiales pero fue este el que llamó la atención de Chang, no tanto por su contenido sino por su continente. «Lo veo más como un objeto que como una colección de canciones», concede.
WE BUY WHITE ALBUMS
Sin embargo los discos de su tienda no son meros objetos inertes. Cada uno tiene su propia historia y Chang intenta registrarlas todas de varias formas. Para empezar ha creado un archivo, fotografiando y catalogando cada pieza de su colección. Además quiere registrar el sonido de todos sus discos, pues cada uno cuenta una historia diferente. Cuando adquiere una nueva copia, Chang la graba en una pista sobre la que ya ha grabado cientos de veces, mete una nueva capa con otra copia del Wite Album. El audio resultante está lleno de ecos y reveberaciones, un solo disco con cientos de matices que se amontonan unos sobre otros y hacen que las diferencias ensordezcan las similitudes.

Llama la atención que en una época en la que el desapego a lo físico se materializa en la desmaterialización de la música, en su reducción a un puñado de bites, haya alguien que reivindique el vinilo no como un mero vehículo musical, sino como un objeto de valor por sí mismo.
Rutherford Chang escucha todos los días el disco al que ha dedicado su tienda al menos una vez, aunque hay épocas en las que se excede. «Lo he escuchado 216 veces entre el 7 de enero de 2013 y el 9 de marzo de 2013», dice a modo de ejemplo. No se considera un friki, aunque concede que «otras personas no estarían de acuerdo». Él simplemente colecciona White Albums. Y quiere el tuyo.
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