14 de noviembre 2013    /   CINE/TV
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El Western se disfraza de televisión

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Justified o Banshee son western contemporáneos. También Breaking Bad y Sons of Anarchy, y aunque no lo parece, Lost y Once upon a time. Aunque adultos, necesitamos creer que hay buenos y malos y que los buenos siempre ganan.

El western se traviste en televisión y parece irreconocible. Sin embargo, conserva los temas y los personajes. Aunque la tecnología acorta los tiempos de desplazamiento y el telégrafo se cambió por las conexiones vía satélite, los pueblos del western contemporáneo permanecen ajenos al mundo: la ley está en manos de un cacique; hay viejos que dan consejos y ciudadanos asustados. Por suerte, llega un forastero para ocupar el cargo de sheriff. Y al final, el duelo.

El western americano y el europeo

El western americano nace con el cine y muere cuando los espectadores dejan de creer en buenos y malos. El western de nuestros abuelos.

El western europeo ocupa el lugar, por un breve período de tiempo, con pistoleros sucios, amorales y códigos de honor hechos a medida. Este revisión acaba cuando nuestros padres dejan de ir al cine, y los niños —los que ahora somos adultos— cambiamos los tipos duros montados a caballo por monstruos mecánicos y extraterrestres de plástico.

En adelante, el western será crepuscular, con malos muy malos y buenos no tan buenos.

Western en televisión

Grupo Salvaje e Hijos de la Anarquía

Cuando todo el mundo era bueno

Por otro lado, la televisión comienza con un western edulcorado: todos son amigos, los blancos de los negros, los indios de los pistoleros, no hay diligencias asaltadas. A veces se queman los graneros, pero “somos todos felices”.

Deadwood

En el siglo XXI el western es una sombra en el cine. En la televisión aparecen intentos de revitalizar el género como Deadwood, mezcla de western europeo con los mitos clásicos de la cultura popular norteamericana.

En Deadwood hay buenos y hay malos, pero sobre todo hay personas. Deadwood es The Wire en el oeste (Juego de Tronos en el oeste, para los nuevos espectadores). Deadwood retrata el oeste más con afán documental que estilístico o dramático. Marca HBO.

Al western más o menos canónico de HBO suceden otros ambientados en el presente. Los nuevos pistoleros a veces se ponen sombrero, a veces no, pero llevan pistolas semiautomáticas, smartphones, coches y motos. Son producciones como Breaking Bad, Sons of Anarchy, Justified o Banshee.

Breaking Bad

Breaking Bad recrea una historia vista cientos de veces en el cine: un tipo pierde la granja, le acucian las deudas y roba bancos. La granja quemada es el cáncer; el robo de bancos se cambia por la fabricación de metanfetamina.

Los personajes arquetípicos están: Walter es el granjero que se hace malo; Hank es un remedo de John Wayne; Pinkman, el chico que quiere ser pistolero y al final sueña con ser granjero.

Breaking Bad es el western que hubiera querido grabar Sergio Leone: silencio, miradas, una violencia que se hace esperar.

Albuquerque ama el western. Randolph Scott, Kirk Douglas o Glenn Ford, pisaron las arenas del estado fronterizo antes que Walter White.

Sons of Anarchy

Los militares que abandonaron los nobles ideales para ser mercenarios en Grupo Salvaje de Peckinpah degeneraron en los Hijos de la Anarquía. Caballos por motos.

Estos moteros cambiaron los ideales fundacionales (“haz el amor y no hagas la guerra”) para convertirse en delincuentes. La excusa: proteger su estilo de vida. Es un tema clásico.

En Sons of Anarchy los protagonistas son los caciques. El sheriff está comprado. La jefa del clan es una mujer: Joan Crawford de Johnny Guitar con tacón de aguja y cuero.

Justified

Fonda y Justified

Raylan Givens se mueve por Harlan con las maneras elegantes de Gary Cooper y la seguridad de Errol Flynn como sheriff de San Antonio.

Justified funciona con el tempo de un William Wyler extendido (El forastero, The Big Country).

En Justified, el enemigo del pistolero bueno, como en las películas de Wyler, también es el amigo. Quizá Boyd Crowder es el tataranieto bastardo del juez Roy Bean (interpretado por Walter Brennan): similar verborrea y “Dios está de mi lado”.

Banshee

El argumento de Banshee es muy conocido: Un pistolero de turbio pasado adopta un nombre falso y se dignifica como sheriff. El cacique es un amish pasado al lado oscuro que tiene como entretenimiento cortar carne de vaca o humana (para castigar a quienes cometen errores).

En Banshee no faltan arquetipos: el viejo bar con el whisky que quema la madera, el viejo camarero-consejero del sheriff —y que sabe la verdad— y los secuaces estúpidos. Algunas cosas han cambiado: las damas en apuros se valen por sí mismas y las niñas no llevan trenzas ni comen manzanas de caramelo, llevan vaqueros rotos y toman speed.

Luego, el western se traviste, de manera maś o menos estrafalaria, para los espectadores que creen en buenos y malos: jóvenes, soñadores, adictos a la evasión. Western encubiertos como Lost o Once upon a time.

Lost

Lost cambia la pradera y las arenas del desierto por vegetación selvática. La Isla es una ciudad fronteriza entre este mundo y el cielo. Los Otros son los indios, que en las primeras temporadas están, pero no están. Jack es el sheriff a su pesar, y Locke es el predicador oscuro, sin iglesia, que lleva armas encima.

En Lost la dualidad bien-mal se cambia —hasta cierto punto de manera retorcida— por ciencia-fe por Jack-Locke. El duelo final entre ambos, escamoteado durante temporadas, comienza con un plano que remite al western, pero no sacan colts, sacan cuchillos.

Once upon a time

Once upon a time riza el rizo. Un western con personajes de cuentos de hadas, servido con mucha azúcar.

Los arquetipos del western son reconocibles: la rubia cazarrecompensas es el forastero que llega a un pueblo para imponer injusticia, aunque aún no lo sabe. La malvada madrastra es la cacique —más cercana a Joan Crawford que a Disney—. Pepito Grillo, el viejo que da consejos. Y el niño que, como en Shane, ve al forastero-rubia-cazarrecompensas como esperanza. (De propina: Caperucita es la coqueta camarera del salón-bar, ahora cafetería con hamburguesas).

Storybrooke, ajeno al tiempo y al espacio, como ciudad fronteriza entre la realidad y la fantasía (lo que para muchos, es como decir entre México y Estados Unidos).

El bien y el mal están establecidos de manera clara. Es un western. Es un cuento de hadas. El duelo se hace rogar, como en las películas de sheriff y pistolero malo.

El western no muere. Como la tragedia griega, adopta otras formas. Seguimos siendo niños que adoran ver y oír las mismas historias dos veces y doscientas. Y pensar que al final ganan los buenos, como en las películas del oeste.

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Justified o Banshee son western contemporáneos. También Breaking Bad y Sons of Anarchy, y aunque no lo parece, Lost y Once upon a time. Aunque adultos, necesitamos creer que hay buenos y malos y que los buenos siempre ganan.

El western se traviste en televisión y parece irreconocible. Sin embargo, conserva los temas y los personajes. Aunque la tecnología acorta los tiempos de desplazamiento y el telégrafo se cambió por las conexiones vía satélite, los pueblos del western contemporáneo permanecen ajenos al mundo: la ley está en manos de un cacique; hay viejos que dan consejos y ciudadanos asustados. Por suerte, llega un forastero para ocupar el cargo de sheriff. Y al final, el duelo.

El western americano y el europeo

El western americano nace con el cine y muere cuando los espectadores dejan de creer en buenos y malos. El western de nuestros abuelos.

El western europeo ocupa el lugar, por un breve período de tiempo, con pistoleros sucios, amorales y códigos de honor hechos a medida. Este revisión acaba cuando nuestros padres dejan de ir al cine, y los niños —los que ahora somos adultos— cambiamos los tipos duros montados a caballo por monstruos mecánicos y extraterrestres de plástico.

En adelante, el western será crepuscular, con malos muy malos y buenos no tan buenos.

Western en televisión

Grupo Salvaje e Hijos de la Anarquía

Cuando todo el mundo era bueno

Por otro lado, la televisión comienza con un western edulcorado: todos son amigos, los blancos de los negros, los indios de los pistoleros, no hay diligencias asaltadas. A veces se queman los graneros, pero “somos todos felices”.

Deadwood

En el siglo XXI el western es una sombra en el cine. En la televisión aparecen intentos de revitalizar el género como Deadwood, mezcla de western europeo con los mitos clásicos de la cultura popular norteamericana.

En Deadwood hay buenos y hay malos, pero sobre todo hay personas. Deadwood es The Wire en el oeste (Juego de Tronos en el oeste, para los nuevos espectadores). Deadwood retrata el oeste más con afán documental que estilístico o dramático. Marca HBO.

Al western más o menos canónico de HBO suceden otros ambientados en el presente. Los nuevos pistoleros a veces se ponen sombrero, a veces no, pero llevan pistolas semiautomáticas, smartphones, coches y motos. Son producciones como Breaking Bad, Sons of Anarchy, Justified o Banshee.

Breaking Bad

Breaking Bad recrea una historia vista cientos de veces en el cine: un tipo pierde la granja, le acucian las deudas y roba bancos. La granja quemada es el cáncer; el robo de bancos se cambia por la fabricación de metanfetamina.

Los personajes arquetípicos están: Walter es el granjero que se hace malo; Hank es un remedo de John Wayne; Pinkman, el chico que quiere ser pistolero y al final sueña con ser granjero.

Breaking Bad es el western que hubiera querido grabar Sergio Leone: silencio, miradas, una violencia que se hace esperar.

Albuquerque ama el western. Randolph Scott, Kirk Douglas o Glenn Ford, pisaron las arenas del estado fronterizo antes que Walter White.

Sons of Anarchy

Los militares que abandonaron los nobles ideales para ser mercenarios en Grupo Salvaje de Peckinpah degeneraron en los Hijos de la Anarquía. Caballos por motos.

Estos moteros cambiaron los ideales fundacionales (“haz el amor y no hagas la guerra”) para convertirse en delincuentes. La excusa: proteger su estilo de vida. Es un tema clásico.

En Sons of Anarchy los protagonistas son los caciques. El sheriff está comprado. La jefa del clan es una mujer: Joan Crawford de Johnny Guitar con tacón de aguja y cuero.

Justified

Fonda y Justified

Raylan Givens se mueve por Harlan con las maneras elegantes de Gary Cooper y la seguridad de Errol Flynn como sheriff de San Antonio.

Justified funciona con el tempo de un William Wyler extendido (El forastero, The Big Country).

En Justified, el enemigo del pistolero bueno, como en las películas de Wyler, también es el amigo. Quizá Boyd Crowder es el tataranieto bastardo del juez Roy Bean (interpretado por Walter Brennan): similar verborrea y “Dios está de mi lado”.

Banshee

El argumento de Banshee es muy conocido: Un pistolero de turbio pasado adopta un nombre falso y se dignifica como sheriff. El cacique es un amish pasado al lado oscuro que tiene como entretenimiento cortar carne de vaca o humana (para castigar a quienes cometen errores).

En Banshee no faltan arquetipos: el viejo bar con el whisky que quema la madera, el viejo camarero-consejero del sheriff —y que sabe la verdad— y los secuaces estúpidos. Algunas cosas han cambiado: las damas en apuros se valen por sí mismas y las niñas no llevan trenzas ni comen manzanas de caramelo, llevan vaqueros rotos y toman speed.

Luego, el western se traviste, de manera maś o menos estrafalaria, para los espectadores que creen en buenos y malos: jóvenes, soñadores, adictos a la evasión. Western encubiertos como Lost o Once upon a time.

Lost

Lost cambia la pradera y las arenas del desierto por vegetación selvática. La Isla es una ciudad fronteriza entre este mundo y el cielo. Los Otros son los indios, que en las primeras temporadas están, pero no están. Jack es el sheriff a su pesar, y Locke es el predicador oscuro, sin iglesia, que lleva armas encima.

En Lost la dualidad bien-mal se cambia —hasta cierto punto de manera retorcida— por ciencia-fe por Jack-Locke. El duelo final entre ambos, escamoteado durante temporadas, comienza con un plano que remite al western, pero no sacan colts, sacan cuchillos.

Once upon a time

Once upon a time riza el rizo. Un western con personajes de cuentos de hadas, servido con mucha azúcar.

Los arquetipos del western son reconocibles: la rubia cazarrecompensas es el forastero que llega a un pueblo para imponer injusticia, aunque aún no lo sabe. La malvada madrastra es la cacique —más cercana a Joan Crawford que a Disney—. Pepito Grillo, el viejo que da consejos. Y el niño que, como en Shane, ve al forastero-rubia-cazarrecompensas como esperanza. (De propina: Caperucita es la coqueta camarera del salón-bar, ahora cafetería con hamburguesas).

Storybrooke, ajeno al tiempo y al espacio, como ciudad fronteriza entre la realidad y la fantasía (lo que para muchos, es como decir entre México y Estados Unidos).

El bien y el mal están establecidos de manera clara. Es un western. Es un cuento de hadas. El duelo se hace rogar, como en las películas de sheriff y pistolero malo.

El western no muere. Como la tragedia griega, adopta otras formas. Seguimos siendo niños que adoran ver y oír las mismas historias dos veces y doscientas. Y pensar que al final ganan los buenos, como en las películas del oeste.

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