21 de febrero 2018    /   CINE/TV
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Series-wéstern: las mujeres llegaron para quedarse

21 de febrero 2018    /   CINE/TV     por          
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La leyenda dice que el wéstern es el único género creado por el cine. Es una mentira. Mucho antes que Edwin S. Porter dirigiera Asalto y robo a un tren (1903), las novelas baratas (penny dreadful) norteamericanas del siglo XIX estaban pobladas de vaqueros, pistoleros y damas en apuros. (Lo último fue así durante mucho tiempo). Lo que sí es cierto es que el cine ha abandonado al wéstern y este se ha refugiado en la televisión por internet y cable.

El portal IMDB recoge más de 30 producciones de series del Oeste (wéstern) en desarrollo o a punto de grabarse durante este y el próximo año.

Algunas de estas producciones tienen en nómina a nombres de Hollywood. Arnold Schwarzenegger protagonizará Outrider (Amazon). Los hermanos Coen concluyen La balada de Buster Scruggs (Netflix) en forma de antología de Albuquerque. (Mira por donde, el hogar de Walter White). Mel Gibson coescribe, dirige y produce Barbary Coast para la compañía productora de Anatomía de Grey.

Estos proyectos se suman a los que actualmente hay con Westworld (HBO), Godless (Netflix) y The Son (AMC) a la cabeza entre medio centenar de producciones de televisión (la mayor parte iniciadas en 2015). La mayoría retoman la suciedad y la violencia descarnadas de los Peckinpah y Leone. El tono y los tempos, menos: están reservados para producciones de artesanía.

Los nombres masculinos destacan en las producciones mencionadas, pero algo está cambiando.

El wéstern ha creado iconos masculinos de tal fuerza que perviven en series ambientadas en nuestros días. (Ya hablamos en Yorokobu de cómo el género de sheriff y villanos se disfraza). Ahora estas figuras masculinas están cuestionadas y en ocasiones sustituidas. De manera que las historias parecen nuevas sin serlo. Cambia el punto de vista.

Aun cuando los hombres son los protagonistas de la mayoría de las historias, las mujeres están para algo más que curar heridas. Puede que ellas sigan siendo las granjeras, las prostitutas y las maestras. No hay mujeres en las instituciones del Oeste. Sin embargo ellas no sienten que sean posesiones de los hombres ni que valgan menos. Los guiones conceden a estas mujeres voz y pensamiento más allá del cliché. Lo curioso es que el cine y la televisión (y por extensión la sociedad) ha tardado más de un siglo en reconocer lo que la historia sabía.

Isaac Asimov escribe en El libro de los sucesos (1988):

[su_note]En los siglos XVII y XVIII, en los Estados Unidos, se empleaba a las mujeres en las mismas ocupaciones que a los hombres, y hombres y mujeres ganaban el mismo salario. Las mujeres eran pintoras, orfebres, armeras, carpinteras de barcos y empresarias de pompas fúnebres.[/su_note]

Son los siglos de la conquista del Oeste. Las mujeres que se adentraron en tierras peligrosas buscando una nueva vida no eran frágiles, quejicas y asustadizas como en miles de películas.

En otro momento, Asimov escribe:

[su_note]De acuerdo con la leyenda, fueron el vaquero y el revólver de seis tiros los que ganaron el Oeste. En realidad, fueron el arado de acero, las cercas de alambres de púas y el molino de viento portátil los que hicieron posible que el progreso se estableciera allí.[/su_note]

El arado, las cercas, el molino… construidos por hombres y mujeres pacíficos.

De manera que mujeres como las de Godless están más cerca de la realidad de lo que pudiera parecer. Las guerras civiles y las luchas contra los nativos americanos dejaron viudas y huérfanas que tuvieron que valerse por sí mismas. En otro punto de El libro de los sucesos, Asimov cuenta cómo solo las viudas y las solteras de cierta edad podían ser dueñas de tierras en el Oeste.

Las mujeres, pues, tuvieron que demostrar su fuerza e independencia como Alice Fletcher (Michelle Dockery) en Godless para mantener sus tierras y sus granjas en funcionamiento. La cámara hace justicia al personaje al retratarla con el aplomo de un John Wayne. (Hablaremos con extensión de Godless, la cámara y las referencias estéticas en otro artículo).

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Por otro lado, la rebelión de las máquinas en Westworld tiene su origen en androides programados como mujeres. Aunque sean criaturas creadas por una tecnología futurista han sido manipuladas como estereotipos: la granjerita risueña, la dama de salón complaciente… Clichés para dar placer carnal a los hombres.

Al tomar Dolores (Evan Rachel Wood) y Maeve (Thandie Newton) conciencia de sí mismas, descubren su poder para cambiar las cosas.

La idea de hacerse cargo de sí mismas comienza en Dolores cuando se pone los pantalones. Esta Dolores no es la Lolita de Nabokov, devenida en cliché sexual. Ella no seduce. Usa armas. Actúa contra los hombres orgánicos (los dueños del parque) y los androides masculinos contentos con su statu quo. Dolores no solo sustituye al vaquero: es el mesías de los esclavos-robots.

En la ficción como en el mundo real las mujeres han conquistado el espacio y la ciencia, dirigen negocios, países y fuerzas de seguridad. El único territorio virgen es el wéstern. Y ellas llegaron para quedarse.

La leyenda dice que el wéstern es el único género creado por el cine. Es una mentira. Mucho antes que Edwin S. Porter dirigiera Asalto y robo a un tren (1903), las novelas baratas (penny dreadful) norteamericanas del siglo XIX estaban pobladas de vaqueros, pistoleros y damas en apuros. (Lo último fue así durante mucho tiempo). Lo que sí es cierto es que el cine ha abandonado al wéstern y este se ha refugiado en la televisión por internet y cable.

El portal IMDB recoge más de 30 producciones de series del Oeste (wéstern) en desarrollo o a punto de grabarse durante este y el próximo año.

Algunas de estas producciones tienen en nómina a nombres de Hollywood. Arnold Schwarzenegger protagonizará Outrider (Amazon). Los hermanos Coen concluyen La balada de Buster Scruggs (Netflix) en forma de antología de Albuquerque. (Mira por donde, el hogar de Walter White). Mel Gibson coescribe, dirige y produce Barbary Coast para la compañía productora de Anatomía de Grey.

Estos proyectos se suman a los que actualmente hay con Westworld (HBO), Godless (Netflix) y The Son (AMC) a la cabeza entre medio centenar de producciones de televisión (la mayor parte iniciadas en 2015). La mayoría retoman la suciedad y la violencia descarnadas de los Peckinpah y Leone. El tono y los tempos, menos: están reservados para producciones de artesanía.

Los nombres masculinos destacan en las producciones mencionadas, pero algo está cambiando.

El wéstern ha creado iconos masculinos de tal fuerza que perviven en series ambientadas en nuestros días. (Ya hablamos en Yorokobu de cómo el género de sheriff y villanos se disfraza). Ahora estas figuras masculinas están cuestionadas y en ocasiones sustituidas. De manera que las historias parecen nuevas sin serlo. Cambia el punto de vista.

Aun cuando los hombres son los protagonistas de la mayoría de las historias, las mujeres están para algo más que curar heridas. Puede que ellas sigan siendo las granjeras, las prostitutas y las maestras. No hay mujeres en las instituciones del Oeste. Sin embargo ellas no sienten que sean posesiones de los hombres ni que valgan menos. Los guiones conceden a estas mujeres voz y pensamiento más allá del cliché. Lo curioso es que el cine y la televisión (y por extensión la sociedad) ha tardado más de un siglo en reconocer lo que la historia sabía.

Isaac Asimov escribe en El libro de los sucesos (1988):

[su_note]En los siglos XVII y XVIII, en los Estados Unidos, se empleaba a las mujeres en las mismas ocupaciones que a los hombres, y hombres y mujeres ganaban el mismo salario. Las mujeres eran pintoras, orfebres, armeras, carpinteras de barcos y empresarias de pompas fúnebres.[/su_note]

Son los siglos de la conquista del Oeste. Las mujeres que se adentraron en tierras peligrosas buscando una nueva vida no eran frágiles, quejicas y asustadizas como en miles de películas.

En otro momento, Asimov escribe:

[su_note]De acuerdo con la leyenda, fueron el vaquero y el revólver de seis tiros los que ganaron el Oeste. En realidad, fueron el arado de acero, las cercas de alambres de púas y el molino de viento portátil los que hicieron posible que el progreso se estableciera allí.[/su_note]

El arado, las cercas, el molino… construidos por hombres y mujeres pacíficos.

De manera que mujeres como las de Godless están más cerca de la realidad de lo que pudiera parecer. Las guerras civiles y las luchas contra los nativos americanos dejaron viudas y huérfanas que tuvieron que valerse por sí mismas. En otro punto de El libro de los sucesos, Asimov cuenta cómo solo las viudas y las solteras de cierta edad podían ser dueñas de tierras en el Oeste.

Las mujeres, pues, tuvieron que demostrar su fuerza e independencia como Alice Fletcher (Michelle Dockery) en Godless para mantener sus tierras y sus granjas en funcionamiento. La cámara hace justicia al personaje al retratarla con el aplomo de un John Wayne. (Hablaremos con extensión de Godless, la cámara y las referencias estéticas en otro artículo).

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Por otro lado, la rebelión de las máquinas en Westworld tiene su origen en androides programados como mujeres. Aunque sean criaturas creadas por una tecnología futurista han sido manipuladas como estereotipos: la granjerita risueña, la dama de salón complaciente… Clichés para dar placer carnal a los hombres.

Al tomar Dolores (Evan Rachel Wood) y Maeve (Thandie Newton) conciencia de sí mismas, descubren su poder para cambiar las cosas.

La idea de hacerse cargo de sí mismas comienza en Dolores cuando se pone los pantalones. Esta Dolores no es la Lolita de Nabokov, devenida en cliché sexual. Ella no seduce. Usa armas. Actúa contra los hombres orgánicos (los dueños del parque) y los androides masculinos contentos con su statu quo. Dolores no solo sustituye al vaquero: es el mesías de los esclavos-robots.

En la ficción como en el mundo real las mujeres han conquistado el espacio y la ciencia, dirigen negocios, países y fuerzas de seguridad. El único territorio virgen es el wéstern. Y ellas llegaron para quedarse.

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