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6 de julio 2011    /   IDEAS
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Este es el hombre que quiere dejarnos sin chocolate

6 de julio 2011    /   IDEAS     por          
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En el cuento de Roald Dahl y en la película de Tim Burton, “Charlie y la fábrica de chocolate” Willy Wonka era un excéntrico ermitaño que controlaba la producción del mejor chocolate del mundo. Con mucho menos gracia y glamour, el especulador Anthony Ward trata de acaparar la producción de cacao en el mundo, conocedor de un pequeño secreto: dentro de 20 años el chocolate se habrá convertido en un producto de lujo.
Ward, dueño de la firma de inversión Armajaro Holdings, compró el verano pasado 241.000 toneladas de cacao, suficientes para fabricar 5.300 millones de barritas de chocolate, una por cada habitante del planeta sin contar diabéticos y personas en régimen. ¿El motivo? Dentro de un par de décadas, las barritas de chocolate Kit-kat, Mars o los entrañables Huesitos que hoy podemos comprar por 1 euro costarán 10 euros (o estarán compuestos de sucedáneos grasos), según el  documental Panorama de la BBC sobre la problemática producción de cacao en África.
La mitad del cacao del  mundo se produce en dos países de África occidental, Ghana y Costa de Marfil. Mientras el precio de la materia prima en los mercados internacionales no deja de aumentar, los agricultores locales apenas ingresan un euro diario por su (agotador) trabajo, que frisa la esclavitud. En estas condiciones los hijos de los agricultores prefieren abandonar las plantas de cacao e irse a vivir a la ciudad.
Este hecho, sumado al empobrecimiento del suelo de cultivo, al período de crecimiento de nuevas plantaciones (de 3 a 5 años) y, sobre todo, al constante incremento de la demanda en todo el mundo, ha disparado los precios de la materia prima hasta máximos históricos. Por si fuera poco, el tercer gran productor mundial, Indonesia, está por debajo de sus máximos de producción debido a las oscilaciones climáticas. De algún modo es como si hubiéramos alcanzado el cénit del chocolate.

Asia se ha sumado con fruición al consumo de chocolate. Imagen: Scott SM (CC Flickr).
Y es en este panorama donde irrumpió Anthony Ward. El fundador del fondo de inversiones Armajaro y expresidente de la Asociación Europea del Cacao compró el año pasado 241.000 toneladas de cacao por 720 millones de euros, equivalente al 7% de la producción mundial de cacao, todo lo que consume Europa en un año. Aquel día tembló el misterio en la bolsa de futuros de Londres y el precio de la tonelada de cacao alcanzó los 3.223 euros, el precio más alto desde 1977. Sin embargo, desde entonces el precio ha caído hasta los 2.237 euros que cotiza en el mercado de futuros de Londres cuando escribo estas líneas, una devaluación de casi el 50%, así que el tiro le ha salido por la culata. De momento.
Pero la jugada de Ward es a largo plazo. Los tres factores apuntados arriba apuntan hacia un incremento progresivo de los precios del cacao y, por tanto, el ascenso de los Huesitos a precios prohibitivos. Según expresa gráficamente el fundador del Consejo de Conservación de la Naturaleza de Ghana, John Mason, en The Independent: “En 20 años el chocolate será como el caviar. Resultará tan raro y exclusivo que el ciudadano medio no se lo podrá permitir”.
Como buen supervillano, Ward vive en una lujosa mansión de seis plantas en Mayfair, uno de los barrios más exclusivos de Londres, valorada en 14 millones de euros, que pudo pagar sólo con una parte de los 50 millones de euros que amasó en 2002 en un movimiento especulativo similar, cuando compró 200.000 toneladas de cacao aprovechando las malas cosechas y la inestabilidad política en África occidental.
¡Aprovechad ahora, que tenéis dinero para pagar el chocolate y dientes para masticarlo!
ACTUALIZACIÓN: Según nos cuenta Ernesto en los comentarios, Anthony Ward no es sólo el mayor especulador de cacao del mundo sino también el yerno del presidente electo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, a quien financió su ascenso al poder y que, en contrapartida, prohibió la exportación de semillas de cacao, según relata este interesante artículo en Público.
Visto en Independent, Telegraph y Valencia Plaza. Más información sobre las condiciones de vida de las plantaciones de cacao en Costa de Marfil, en Interviú.
Pero no olvidéis que:
De cómo la ingeniería financiera desencadenó la hambruna de 2008
“Las marcas quieren conquistar nuestro corazón pero sólo invaden nuestro cerebro”
El Monopoly fue originalmente creado para denunciar las injusticas del capitalismo
Las obras imprescindibles del management: hoy, “El arte de la guerra”
 
 


En el cuento de Roald Dahl y en la película de Tim Burton, “Charlie y la fábrica de chocolate” Willy Wonka era un excéntrico ermitaño que controlaba la producción del mejor chocolate del mundo. Con mucho menos gracia y glamour, el especulador Anthony Ward trata de acaparar la producción de cacao en el mundo, conocedor de un pequeño secreto: dentro de 20 años el chocolate se habrá convertido en un producto de lujo.
Ward, dueño de la firma de inversión Armajaro Holdings, compró el verano pasado 241.000 toneladas de cacao, suficientes para fabricar 5.300 millones de barritas de chocolate, una por cada habitante del planeta sin contar diabéticos y personas en régimen. ¿El motivo? Dentro de un par de décadas, las barritas de chocolate Kit-kat, Mars o los entrañables Huesitos que hoy podemos comprar por 1 euro costarán 10 euros (o estarán compuestos de sucedáneos grasos), según el  documental Panorama de la BBC sobre la problemática producción de cacao en África.
La mitad del cacao del  mundo se produce en dos países de África occidental, Ghana y Costa de Marfil. Mientras el precio de la materia prima en los mercados internacionales no deja de aumentar, los agricultores locales apenas ingresan un euro diario por su (agotador) trabajo, que frisa la esclavitud. En estas condiciones los hijos de los agricultores prefieren abandonar las plantas de cacao e irse a vivir a la ciudad.
Este hecho, sumado al empobrecimiento del suelo de cultivo, al período de crecimiento de nuevas plantaciones (de 3 a 5 años) y, sobre todo, al constante incremento de la demanda en todo el mundo, ha disparado los precios de la materia prima hasta máximos históricos. Por si fuera poco, el tercer gran productor mundial, Indonesia, está por debajo de sus máximos de producción debido a las oscilaciones climáticas. De algún modo es como si hubiéramos alcanzado el cénit del chocolate.

Asia se ha sumado con fruición al consumo de chocolate. Imagen: Scott SM (CC Flickr).
Y es en este panorama donde irrumpió Anthony Ward. El fundador del fondo de inversiones Armajaro y expresidente de la Asociación Europea del Cacao compró el año pasado 241.000 toneladas de cacao por 720 millones de euros, equivalente al 7% de la producción mundial de cacao, todo lo que consume Europa en un año. Aquel día tembló el misterio en la bolsa de futuros de Londres y el precio de la tonelada de cacao alcanzó los 3.223 euros, el precio más alto desde 1977. Sin embargo, desde entonces el precio ha caído hasta los 2.237 euros que cotiza en el mercado de futuros de Londres cuando escribo estas líneas, una devaluación de casi el 50%, así que el tiro le ha salido por la culata. De momento.
Pero la jugada de Ward es a largo plazo. Los tres factores apuntados arriba apuntan hacia un incremento progresivo de los precios del cacao y, por tanto, el ascenso de los Huesitos a precios prohibitivos. Según expresa gráficamente el fundador del Consejo de Conservación de la Naturaleza de Ghana, John Mason, en The Independent: “En 20 años el chocolate será como el caviar. Resultará tan raro y exclusivo que el ciudadano medio no se lo podrá permitir”.
Como buen supervillano, Ward vive en una lujosa mansión de seis plantas en Mayfair, uno de los barrios más exclusivos de Londres, valorada en 14 millones de euros, que pudo pagar sólo con una parte de los 50 millones de euros que amasó en 2002 en un movimiento especulativo similar, cuando compró 200.000 toneladas de cacao aprovechando las malas cosechas y la inestabilidad política en África occidental.
¡Aprovechad ahora, que tenéis dinero para pagar el chocolate y dientes para masticarlo!
ACTUALIZACIÓN: Según nos cuenta Ernesto en los comentarios, Anthony Ward no es sólo el mayor especulador de cacao del mundo sino también el yerno del presidente electo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, a quien financió su ascenso al poder y que, en contrapartida, prohibió la exportación de semillas de cacao, según relata este interesante artículo en Público.
Visto en Independent, Telegraph y Valencia Plaza. Más información sobre las condiciones de vida de las plantaciones de cacao en Costa de Marfil, en Interviú.
Pero no olvidéis que:
De cómo la ingeniería financiera desencadenó la hambruna de 2008
“Las marcas quieren conquistar nuestro corazón pero sólo invaden nuestro cerebro”
El Monopoly fue originalmente creado para denunciar las injusticas del capitalismo
Las obras imprescindibles del management: hoy, “El arte de la guerra”
 
 

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Opiniones 57
  • Bueno, ahora sí que habéis tocado mi punto débil. Ver la cara sonriente de otro especulador que juega con una de mis fuentes de felicidad me agria el carácter, y me hace ir rápidamente a por dos pastillas de Valhrona Guanaja para sacudirme el disgusto.
    A esa foto, a ese portrait de otro bandolero del salvaje mundo financiero habría que añadirle un gigantesco «Wanted». Vivo, por supuesto, sólo faltaría, que nos gusta que las leyes se apliquen a rajatabla y con todo su peso.
    Jugar con la miseria de los demás, fundirse el futuro de los agricultores, contribuir a la ruina de un país, jugar con la estabilidad emocional de los adictos al chocolate (lo soy, lo reconozco, a pequeñas dosis diarias) para granjearse una fortuna indecente le han otorgado a este individuo un lugar de honor en mi particular panteón de «personas sin cuyo nacimiento el mundo habría sido un poco más justo».
    ¿Qué me haría feliz?
    Pues probablemente que algún día le cayeran encima 720 millones de M&M’S® para que fuera consciente que no se juega con la felicidad del planeta, aunque sea una felicidad pasajera que se diluya en la boca y que le dé un poco de color y alegría a la existencia.

  • Estimado Iñaki,
    No puedo felicitarte por que me he quedado seriamente preocupado. El post está genial, pero resulta que además de sangre, visceras y otras piezas inutiles, mi cuerpo se compone en un 50% del chocolate ingerido en los ultimos años. Necesito mantenerme vivo. Este tipo tiene mi vida en sus manos. Necesito que me confirmes su dirección en Londres. es un tema de supervivencia, el o yo.
    Me has dado el día…

  • Bueno, ahora sí que habéis tocado mi punto débil. Ver la cara sonriente de otro especulador que juega con una de mis fuentes de felicidad me agria el carácter, y me hace ir rápidamente a por dos pastillas de Valhrona Guanaja para sacudirme el disgusto.
    A esa foto, a ese portrait de otro bandolero del salvaje mundo financiero habría que añadirle un gigantesco “Wanted”. Vivo, por supuesto, sólo faltaría, que nos gusta que las leyes se apliquen a rajatabla y con todo su peso.
    Jugar con la miseria de los demás, fundirse el futuro de los agricultores, contribuir a la ruina de un país, jugar con la estabilidad emocional de los adictos al chocolate (lo soy, lo reconozco, a pequeñas dosis diarias) para granjearse una fortuna indecente le han otorgado a este individuo un lugar de honor en mi particular panteón de “personas sin cuyo nacimiento el mundo habría sido un poco más justo”.
    ¿Qué me haría feliz?
    Pues probablemente que algún día le cayeran encima 720 millones de M&M’S® para que fuera consciente que no se juega con la felicidad del planeta, aunque sea una felicidad pasajera que se diluya en la boca y que le dé un poco de color y alegría a la existencia.

  • Falta un detalle importante en la historia: el nota este es yerno de Alassane Ouattara, actual presidente de Costa de Marfil después de unas elecciones tan contestadas que desembocaron en prácticamente una guerra civil, en la que Ouattara contó con el unánime apoyo occidental.

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