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6 de octubre 2015    /   CINE/TV
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Woody Allen, mi madre y un chófer

6 de octubre 2015    /   CINE/TV     por          
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Si su mujer adoptó a una niña de origen oriental, la cría como su padre,  después se la folla, luego se divorcia de su mujer y más tarde se casa con la niña, que ya es mayor de edad, eso en Asturias o en L’Hospitalet es inaceptable. Pero no en Nueva York, y no seré yo quien juzgue a Allen, ni a los asturianos o catalanes por ser tan estrechos.
Podemos amar la obra de muchos artistas, pero ¿hay además que exigirles que sean buenas personas y exhiban un comportamiento ejemplar? Mia Farrow desde luego pensó que sí. Yo no.
Para ser exactos, Soon Yi era hija adoptiva de Mia Farrow y su anterior pareja, Andre Previn, pero bueno, luego llegó Woody y tomó las riendas a su manera. Sin embargo, no olvidemos que Mia Farrow, cuando estaba casada con Frank Sinatra, decidió abandonar a «La Voz» porque Roman Polanski le había prometido, literalmente, ganar el Oscar ® a la mejor interpretación femenina por La semilla del diablo (1969). Y no fue así, Mia Farrow ni siquiera ha logrado jamás una nominación a los Oscar ®. Luego Polanski se tuvo que largar del país por asuntos que ya huelen a naftalina, a pastillas, a jacuzzi y a esfínteres muy jóvenes que hoy ya solo quieren olvidar.
Ronan Farrow, el hijo que tuvo Mia Farrow con Woody Allen, brillante como no podía ser de otro modo teniendo tales progenitores, no dirige la palabra al bueno de Woody y ha declarado no hace mucho que su padre abusaba de él en un cuartito angosto mientras jugaban con trenes eléctricos. Lo curioso es ver el increíble parecido físico de Ronan con Frank Sinatra. De Allen ni rastro en el rostro, valga la aliteración (o la eufonía).
Pero volvamos al cine y dejemos los cotilleos de peluquería; de peluquería culta, por supuesto, en las demás solo se conversa acerca de toreros, tonadilleras, y de la Casa Real, que viene a ser lo mismo, no en la forma pero sí en el fondo.
El señor Allen cumplirá 80 años el próximo 1 de diciembre, y ha dirigido casi 50 películas… Casi. ¿logrará esa marca mágica, solo al alcance de estajanovistas como Takashi Miike? La última, que todavía puede disfrutarse en pantalla grande, Irrational Man, no es una de superhéroes a pesar de lo que sugiere el título. Es un remake o un mash up, o ambas cosas a la vez de Match Point (2006) y de Delitos y Faltas (1989). Así pues, nada de lo que yo aquí diga podrá considerarse un spoiler.
¿Conoce usted a alguien que nunca haya visto una película de Woody Allen? No existe director vivo con mayor penetración en el córtex colectivo. Y eso que casi toda su filmografía (hasta que llegaron sus problemas financieros y tuvo que venderse a los mejores postores mediterráneos) discurre, no en la ciudad de Nueva York, sino en Manhattan, uno de sus cinco distritos (Allen casi siempre evita filmar en el Bronx, Queens, o Staten Island). En Brooklyn a veces, quizá por la nostalgia de ser el barrio que le vio crecer.
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No es casualidad que Manhattan (1979), sea precisamente una de sus obras angulares, rodada justo un año después de obtener dos Oscar ® por Annie Hall. (mejor guión y mejor dirección). Ganaría otros dos más como guionista de Medianoche en París (2012) y Hannah y sus hermanas (1986). No está mal, cuatro estatuillas para un chaval frágil y enfermizo de Brooklyn que acabaría casándose con su hija adoptada. Yo personalmente me quito el sombrero.

No está mal, cuatro estatuillas para un chaval frágil y enfermizo de Brooklyn que acabaría casándose con su hija adoptada. Yo, personalmente, me quito el sombrero.


Lo de hacer una película al año al principio se le tomó a broma, pero no ha fallado, desde aquella remota Bananas (1971), protagonizada por nuestra Nati Abascal (que sigue siendo reina del papel cuché en las peluquerías), y con un pequeño papel sin diálogo de un anabolizado y jovencísimo Sylvester Stallone. Antes de la mencionada Irrational man este cronista fue por última vez al cine a ver una de Woody Allen con La maldición del escorpión de jade, que se estrenó en España en 2002. Mi madre había fallecido, la incineramos, y en el Mercedes negro con chófer que  Seguros Santa Lucía puso a nuestra disposición acudimos mi ex mujer y yo a los cines Ideal, directos desde el madrileño cementerio de La Almudena.

—Déjenos aquí, muchas gracias, junto a los Ideal.

—¿Van ustedes al cine?

—Pues sí ¿alguna objeción? A mi madre le encantaba Woody Allen.

—No, por Dios. A mí también me encanta, y mi turno termina ahora ¿puedo acompañarles?

Y así fue como tres personas de riguroso luto disfrutaron de las andanzas de Charlize Theron, Helen Hunt, Dan Aykroyd y nuestro judío atormentado favorito: el propio Allen en el papel protagonista del detective amateur Briggs.
Mamá, te dedico este post, ya que estos días se cumplen 13 años desde que te largaste a ver las pelis de Woody Allen en un lugar privilegiado, donde no hay que pagar entrada… aunque la salida no sea posible.

Si su mujer adoptó a una niña de origen oriental, la cría como su padre,  después se la folla, luego se divorcia de su mujer y más tarde se casa con la niña, que ya es mayor de edad, eso en Asturias o en L’Hospitalet es inaceptable. Pero no en Nueva York, y no seré yo quien juzgue a Allen, ni a los asturianos o catalanes por ser tan estrechos.
Podemos amar la obra de muchos artistas, pero ¿hay además que exigirles que sean buenas personas y exhiban un comportamiento ejemplar? Mia Farrow desde luego pensó que sí. Yo no.
Para ser exactos, Soon Yi era hija adoptiva de Mia Farrow y su anterior pareja, Andre Previn, pero bueno, luego llegó Woody y tomó las riendas a su manera. Sin embargo, no olvidemos que Mia Farrow, cuando estaba casada con Frank Sinatra, decidió abandonar a «La Voz» porque Roman Polanski le había prometido, literalmente, ganar el Oscar ® a la mejor interpretación femenina por La semilla del diablo (1969). Y no fue así, Mia Farrow ni siquiera ha logrado jamás una nominación a los Oscar ®. Luego Polanski se tuvo que largar del país por asuntos que ya huelen a naftalina, a pastillas, a jacuzzi y a esfínteres muy jóvenes que hoy ya solo quieren olvidar.
Ronan Farrow, el hijo que tuvo Mia Farrow con Woody Allen, brillante como no podía ser de otro modo teniendo tales progenitores, no dirige la palabra al bueno de Woody y ha declarado no hace mucho que su padre abusaba de él en un cuartito angosto mientras jugaban con trenes eléctricos. Lo curioso es ver el increíble parecido físico de Ronan con Frank Sinatra. De Allen ni rastro en el rostro, valga la aliteración (o la eufonía).
Pero volvamos al cine y dejemos los cotilleos de peluquería; de peluquería culta, por supuesto, en las demás solo se conversa acerca de toreros, tonadilleras, y de la Casa Real, que viene a ser lo mismo, no en la forma pero sí en el fondo.
El señor Allen cumplirá 80 años el próximo 1 de diciembre, y ha dirigido casi 50 películas… Casi. ¿logrará esa marca mágica, solo al alcance de estajanovistas como Takashi Miike? La última, que todavía puede disfrutarse en pantalla grande, Irrational Man, no es una de superhéroes a pesar de lo que sugiere el título. Es un remake o un mash up, o ambas cosas a la vez de Match Point (2006) y de Delitos y Faltas (1989). Así pues, nada de lo que yo aquí diga podrá considerarse un spoiler.
¿Conoce usted a alguien que nunca haya visto una película de Woody Allen? No existe director vivo con mayor penetración en el córtex colectivo. Y eso que casi toda su filmografía (hasta que llegaron sus problemas financieros y tuvo que venderse a los mejores postores mediterráneos) discurre, no en la ciudad de Nueva York, sino en Manhattan, uno de sus cinco distritos (Allen casi siempre evita filmar en el Bronx, Queens, o Staten Island). En Brooklyn a veces, quizá por la nostalgia de ser el barrio que le vio crecer.
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No es casualidad que Manhattan (1979), sea precisamente una de sus obras angulares, rodada justo un año después de obtener dos Oscar ® por Annie Hall. (mejor guión y mejor dirección). Ganaría otros dos más como guionista de Medianoche en París (2012) y Hannah y sus hermanas (1986). No está mal, cuatro estatuillas para un chaval frágil y enfermizo de Brooklyn que acabaría casándose con su hija adoptada. Yo personalmente me quito el sombrero.

No está mal, cuatro estatuillas para un chaval frágil y enfermizo de Brooklyn que acabaría casándose con su hija adoptada. Yo, personalmente, me quito el sombrero.


Lo de hacer una película al año al principio se le tomó a broma, pero no ha fallado, desde aquella remota Bananas (1971), protagonizada por nuestra Nati Abascal (que sigue siendo reina del papel cuché en las peluquerías), y con un pequeño papel sin diálogo de un anabolizado y jovencísimo Sylvester Stallone. Antes de la mencionada Irrational man este cronista fue por última vez al cine a ver una de Woody Allen con La maldición del escorpión de jade, que se estrenó en España en 2002. Mi madre había fallecido, la incineramos, y en el Mercedes negro con chófer que  Seguros Santa Lucía puso a nuestra disposición acudimos mi ex mujer y yo a los cines Ideal, directos desde el madrileño cementerio de La Almudena.

—Déjenos aquí, muchas gracias, junto a los Ideal.

—¿Van ustedes al cine?

—Pues sí ¿alguna objeción? A mi madre le encantaba Woody Allen.

—No, por Dios. A mí también me encanta, y mi turno termina ahora ¿puedo acompañarles?

Y así fue como tres personas de riguroso luto disfrutaron de las andanzas de Charlize Theron, Helen Hunt, Dan Aykroyd y nuestro judío atormentado favorito: el propio Allen en el papel protagonista del detective amateur Briggs.
Mamá, te dedico este post, ya que estos días se cumplen 13 años desde que te largaste a ver las pelis de Woody Allen en un lugar privilegiado, donde no hay que pagar entrada… aunque la salida no sea posible.

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