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Wordcamp Europe: lo bueno del ‘webinar’ con lo mejor de lo presencial

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Había filas por todos lados, pero lejos de desesperarse, los participantes en el evento parecían felices de que hubiera tanta gente. Dieron buena cuenta de ello bailando y charlando en el Super Bock Arena de Oporto. No se trataba de un festival. No solo la música en vivo ha vuelto, también lo han hecho los eventos de trabajo.

Wordcamp Europe es el evento WordPress más grande del mundo. Y este año, en su décimo aniversario y tras dos ediciones en remoto, no podía defraudar. No lo hizo. Con algo más de 3.000 entradas vendidas y otros tantos miles de personas viendo en directo y diferido el evento en online, Wordcamp Europe ha batido récords. «Hay ganas de volver a lo presencial», reconocía un día antes de arrancar el congreso José Ramón Padrón, country manager de SiteGround España y el Global Lead de WordCamp Europe.

SiteGround es un proveedor de hosting. Es el que usamos aquí en Yorokobu y el que hace posible que estés leyendo esta noticia. Pero desde hace unos años es mucho más que eso. SiteGround organiza eventos y webinars y publica libros electrónicos. Todo para condensar la mayor cantidad de conocimiento sobre marketing y cultura digital.

Padrón suele organizar estos talleres online, así que está acostumbrado a realizar webinars. «Durante la pandemia fue una locura», reconoce. «Nosotros teníamos unas 400 personas en directo, que ya son muchas. Pero durante el confinamiento llegamos a tener 1.200». Los encierros hicieron que mucha gente se volcara en el mundo online y empezara a formarse, a aprender de manera informal, consumiendo vídeos. 

Rompió barreras e hizo que gente que no se acercaba a eventos por motivos económicos, geográficos o por simple pereza descubriera que visitarlos desde el ordenador no era tan mala idea. Los webinars eran más cómodos, permitían aprender desde casa, cuando se quisiera, pues muchos pueden recuperarse después de su emisión en directo. Hubo una fiebre mundial de este formato.

En SiteGround, por ejemplo, pasaron de hacer dos a seis al mes. Y todos llenos. La nueva situación estrechó lazos hasta entonces débiles. «Se creó una colaboración entre España y Latinoamérica muy fuerte», señala Padrón. «Ponentes de uno y otro lado fueron a diferentes meetups, y ha habido un cruce de conocimientos y experiencias muy importante». 

Las nuevas costumbres se asentaron. Después de la fiebre inicial hubo una estabilización, pero definitivamente había más webinars y más público que antes de la pandemia. Sin embargo, había que volver a la presencialidad. Padrón no es muy crítico con el formato, pero reconoce que hay cosas del mundo real que es imposible replicar en el virtual. «Por ejemplo, el networking», señala. En el primer año en virtual de la Wordcamp Europe habilitaron salas de Zoom. En el segundo contrataron una plataforma especializada en estos eventos. Pero nada, no era lo mismo.

Este año ha habido una fiesta, ha habido un concierto de un grupo que versionaba canciones de Queen. El evento estaba tematizado en torno al número diez, para celebrar el décimo aniversario. Todo esto es imposible de replicar siquiera en un metaverso. Además, la comunidad que participa en WordPress, un gestor de contenidos (CMS) de código abierto (también el que usamos aquí en Yorokobu y en muchas otras webs) suele trabajar ya en remoto. Juntarse para ponerse caras es algo que siempre viene bien. 

Este año, en el Wordcamp Europe han hecho un Contributor Day. Es un día en el que algunos miembros de la comunidad, unos 700, según la organización, se sientan en enormes mesas y discuten sobre a dónde quieren llevar la plataforma.

No se trata de crear un plug in en 24 horas, no es una hackathon, sino una puesta de ideas en común, una discusión sobre quiénes somos y a dónde vamos. «No es un día muy productivo», reconoce entre risas Padrón, «pero sí es un día valioso».

Puede que esa haya sido otra de las grandes lecciones de la pandemia. El trabajo en remoto, la oportunidad que ofrecen los webinars frente a los seminarios tradicionales, es de agradecer. Acortan distancias, acercan culturas y hacen la vida más cómoda. Pero el contacto presencial, a veces, es necesario.  

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Había filas por todos lados, pero lejos de desesperarse, los participantes en el evento parecían felices de que hubiera tanta gente. Dieron buena cuenta de ello bailando y charlando en el Super Bock Arena de Oporto. No se trataba de un festival. No solo la música en vivo ha vuelto, también lo han hecho los eventos de trabajo.

Wordcamp Europe es el evento WordPress más grande del mundo. Y este año, en su décimo aniversario y tras dos ediciones en remoto, no podía defraudar. No lo hizo. Con algo más de 3.000 entradas vendidas y otros tantos miles de personas viendo en directo y diferido el evento en online, Wordcamp Europe ha batido récords. «Hay ganas de volver a lo presencial», reconocía un día antes de arrancar el congreso José Ramón Padrón, country manager de SiteGround España y el Global Lead de WordCamp Europe.

SiteGround es un proveedor de hosting. Es el que usamos aquí en Yorokobu y el que hace posible que estés leyendo esta noticia. Pero desde hace unos años es mucho más que eso. SiteGround organiza eventos y webinars y publica libros electrónicos. Todo para condensar la mayor cantidad de conocimiento sobre marketing y cultura digital.

Padrón suele organizar estos talleres online, así que está acostumbrado a realizar webinars. «Durante la pandemia fue una locura», reconoce. «Nosotros teníamos unas 400 personas en directo, que ya son muchas. Pero durante el confinamiento llegamos a tener 1.200». Los encierros hicieron que mucha gente se volcara en el mundo online y empezara a formarse, a aprender de manera informal, consumiendo vídeos. 

Rompió barreras e hizo que gente que no se acercaba a eventos por motivos económicos, geográficos o por simple pereza descubriera que visitarlos desde el ordenador no era tan mala idea. Los webinars eran más cómodos, permitían aprender desde casa, cuando se quisiera, pues muchos pueden recuperarse después de su emisión en directo. Hubo una fiebre mundial de este formato.

En SiteGround, por ejemplo, pasaron de hacer dos a seis al mes. Y todos llenos. La nueva situación estrechó lazos hasta entonces débiles. «Se creó una colaboración entre España y Latinoamérica muy fuerte», señala Padrón. «Ponentes de uno y otro lado fueron a diferentes meetups, y ha habido un cruce de conocimientos y experiencias muy importante». 

Las nuevas costumbres se asentaron. Después de la fiebre inicial hubo una estabilización, pero definitivamente había más webinars y más público que antes de la pandemia. Sin embargo, había que volver a la presencialidad. Padrón no es muy crítico con el formato, pero reconoce que hay cosas del mundo real que es imposible replicar en el virtual. «Por ejemplo, el networking», señala. En el primer año en virtual de la Wordcamp Europe habilitaron salas de Zoom. En el segundo contrataron una plataforma especializada en estos eventos. Pero nada, no era lo mismo.

Este año ha habido una fiesta, ha habido un concierto de un grupo que versionaba canciones de Queen. El evento estaba tematizado en torno al número diez, para celebrar el décimo aniversario. Todo esto es imposible de replicar siquiera en un metaverso. Además, la comunidad que participa en WordPress, un gestor de contenidos (CMS) de código abierto (también el que usamos aquí en Yorokobu y en muchas otras webs) suele trabajar ya en remoto. Juntarse para ponerse caras es algo que siempre viene bien. 

Este año, en el Wordcamp Europe han hecho un Contributor Day. Es un día en el que algunos miembros de la comunidad, unos 700, según la organización, se sientan en enormes mesas y discuten sobre a dónde quieren llevar la plataforma.

No se trata de crear un plug in en 24 horas, no es una hackathon, sino una puesta de ideas en común, una discusión sobre quiénes somos y a dónde vamos. «No es un día muy productivo», reconoce entre risas Padrón, «pero sí es un día valioso».

Puede que esa haya sido otra de las grandes lecciones de la pandemia. El trabajo en remoto, la oportunidad que ofrecen los webinars frente a los seminarios tradicionales, es de agradecer. Acortan distancias, acercan culturas y hacen la vida más cómoda. Pero el contacto presencial, a veces, es necesario.  

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