2 de abril 2012    /   IDEAS
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¿Y si la abstención fuera una fuerza política?

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La desafección política de la sociedad está elevando las cifras de abstención elección tras elección. Tanto es así que apenas la mitad de la gente con derecho a voto decide acercarse a votar. ¿Es, por tanto, representativa la decisión que se toma? Con las reglas que nos hemos dado sí, pero ¿qué pasaría si hiciéramos una pequeña variación? Aquí va el juego: vamos a contar la abstención como si de un voto a un partido se tratara. El resultado, digno de aquella canción de Def Con Dos: «España ya no es roja, España no es azul, España ahora y siempre es negra como el betún». Efectivamente, este Partido de la Abstención -al que le he puesto un significativo color negro en los gráficos- ganaría las elecciones generales y podría gobernar en dos terceras partes de las autonomías. Cambia el mapa, ¿no?

Claro, diréis, así cualquiera. La abstención no se debe a una causa común, no puedes sumarla bajo una candidatura única. Cierto, tenéis razón. Pero hablemos de ‘trampas’ democráticas. Por ejemplo, que gracias a las bondades del sistema electoral un partido que gana con un elevado porcentaje de votos no gana por tanto en realidad, ya que ese porcentaje de votos se calcula sobre los votos emitidos, no sobre los votos totales. ¿No me sigues? Un ejemplo práctico para hacerlo más sencillo: si hay diez personas con derecho a voto y sólo votan dos, ambos al mismo candidato, ese candidato habrá ganado con el 100% de los votos, no con el 20%. No cuadra, ¿verdad?

De eso va este post: vamos a contar las elecciones con el 100% de ese voto, se haya producido o no, para demostrar que el candidato de arriba no ganaría con el 100% de los votos, sino con el 20%. ¿Con qué finalidad? Demostrar hasta dónde llega el problema de la participación política en este país, posiblemente el principal desafío al que se enfrenta la democracia moderna. Y para hacerlo recalculamos las últimas elecciones generales y las de cada comunidad autónoma.

Las reglas son sencillas:

  • Se cuentan sólo los principales partidos, los menos importantes se suman en un bloque común llamado ‘resto’
  • Se cuenta el número de votos, no los escaños
  • Se eliminan los votos en blanco y nulos porque son muy poco representativos. La única excepción son las elecciones vascas, que se celebraron por última vez con la izquierda abertzale ilegalizada, y como los entendidos sabrán los abertzales siempre llamaban a sus fieles a que votaran nulo, de ahí que esa cifra en el País Vasco sí sea significativa.

El resultado en las generales

El mapa político cambiaría sensiblemente. La mayoría absoluta no se calcularía en base al número de votos emitidos, sino a los 35.779.491 ciudadanos con derecho a voto, quedando por tanto en 17.889.746. Así las cosas, la abstención hubiera ganado las últimas generales por mayoría simple, por un estrecho margen de trescientos mil votos sobre el Partido Popular.

Realmente una coalición o un pacto electoral del PP con UPyD o CiU bastaría para permitirles gobernar, pero… ¿te has parado a pensar por un momento lo que significa este gráfico? El partido que ahora mismo está en el Gobierno con una amplísima mayoría absoluta realmente no fue el más votado: hubo más gente que se abstuvo de la que votó al PP. Es más, mira lo ridículamente corta que parece la línea que representa los votos del PSOE, hasta entonces en el Gobierno.

 

El resultado en Andalucía

Las recientes elecciones andaluzas no se dirimirían en los despachos si la abstención fuera un partido: la suma de PSOE e IU no podría descabalgar al Partido de la Abstención, que sacaría unos trescientos mil votos a esa hipotética coalición. No gobernaría con mayoría absoluta porque el censo es de 6.228.955 votantes, lo que le dejaría lejos de los más de tres millones que marcaría la mayoría absoluta, pero sí que gozaría de una cómoda estabilidad.

 

El resultado en Aragón

En las elecciones aragonesas, celebradas hace poco más de un año, la abstención sería la fuerza más votada, pero sin la mayoría absoluta que, sobre un censo de 1.016.021 de personas, marcan los 508.011 votos. Sólo una coalición de PP y PAR podría desalojar al Partido de la Abstención del Gobierno autonómico.

 

 

El resultado en Asturias

En los recientes comicios asturianos la disgregación de fuerzas políticas fortalecería al Partido de la Abstención que, sin lograr mayoría absoluta, sacaría más del doble de votos que su inmediato perseguidor. De los 899.940 votos que marca el censo la mayoría absoluta de 449.970 quedaría lejos, pero ninguna coalición de partidos mínimamente verosímil impediría que nuestro partido ficticio pudiera gobernar.

 

El resultado en Baleares

En las elecciones baleares del año pasado, que significaron un cambio de ciclo político, el cambio hubiera sido mucho más profundo. De los 711.526 votantes que componen el censo una parte muy mayoritaria optó por la abstención que, pese a lo alcanzar la mayoría absoluta, gobernaría sin que ninguna coalición política creíble pudiera hacerle sombra.

 

El resultado en Canarias

En las islas Canarias el Partido de la Abstención no sólo sería el más votado, sino que se quedaría a las puertas de la mayoría absoluta que marcan, con unos 790.000 votos, el total de  1.580.359 votantes posibles. De hecho, ni la alianza de la segunda y tercera fuerzas de las islas, que hasta no hace demasiado gobernaba, haría posible desalojar al Partido de la Abstención del Gobierno autónomo.

 

El resultado en Cantabria

Cantabria sería una de las pocas Comunidades Autónomas en las que la abstención no es el bloque más fuerte. Por apenas siete mil votos de diferencia sobre un censo total de 494.955 personas el PP ganaría unas elecciones más que disputadas donde el PSOE apenas saca un tercio de los votos de las dos principales fuerzas regionales.

 

El resultado en Castilla – La Mancha

El histórico cambio por el que optó Castilla-La Mancha en las pasadas elecciones autonómicas se mantendría en vigor. De hecho, precisamente por lo disputado de dichos comicios, la abstención no sólo no sería la principal fuerza política, sino que quedaría relegada a la tercera posición, tras PP y PSOE. No hay nada como unas elecciones disputadas para reducir considerablemente la abstención… aunque siga suponiendo uno de cada cinco votos emitidos.

 

 

El resultado en Castilla y León

La abrumadora mayoría absoluta del PP, que casi dobla en votos al PSOE en esta región que vio nacer a los dos últimos presidentes de nuestro Gobierno, no sería suficiente para hacer frente a la abstención. Nuestro ficticio partido sería la fuerza más votada, con casi 40.000 votos más que los populares. Los 2.166.385 de votantes ni siquiera podrían librarse de un gobierno del Partido de la Abstención si PP y UPyD unieran sus fuerzas, aunque por los pelos.

 

El resultado en Cataluña

Como sucede en las autonomías con el voto disgregado, en Cataluña el Partido de la Abstención sacaría una gran ventaja sobre el resto, aunque sin llegar a la mayoría absoluta. Ni una alianza entre CiU y el PP ni un tripartito de izquierdas podrían hacer sombra a una Generalitat gobernada por la abstención.

 

El resultado en la Comunidad Valenciana

La enorme mayoría absoluta que disfruta el PP en una región tan golpeada por los escándalos de corrupción se vería drásticamente reducida a una mayoría simple de apenas 150.000 votos sobre un censo de 3.549.687 votantes. Pese a eso, el PP podría seguir gobernando una legislatura más.

 

 

El resultado en Extremadura

En Extremadura, como sucede en otras regiones muy disputadas entre las dos principales partidos, la abstención se ve reducida a una tercera posición. Sin embargo, se queda a apenas 60.000 votos del PSOE y a 80.000 del PP, que podría seguir gobernando, aunque con mayoría simple.

 

 

El resultado en Euskadi

Este gráfico es algo diferente al resto. Como las elecciones se celebraron hace ya tres años, la izquierda abertzale no aparece representada porque estaba ilegalizada. En su lugar, los datos recogen los datos de voto nulo, que la exBatasuna reclamaba como propio mientras estuvo ilegalizada. Así las cosas, y aunque seguramente hoy el resultado sería muy diferente, la abstención no sólo sería la principal fuerza política vasca, sino que casi dobla al gobernante PSOE y saca una enorme distancia al PNV. Ni siquiera la suma de nacionalistas y socialistas hubiera privado al hipotético Partido de la Abstención de llegar al poder.

 

El resultado en Galicia

La holgada mayoría absoluta que permitió al PP recuperar la Xunta no hubiera existido si la abstención fuera un partido: sería la primera fuerza política y ningún pacto político mínimamente verosímil conseguiría impedir que gobernaran.

 

El resultado en La Rioja

La mayoría del PP en esta región seguiría siendo determinante para gobernar, y la abstención quedaría relegada a una segunda posición política, con casi un 50% más votos que el PSOE, en tercera posición.

 

El resultado en Madrid

Uno de los principales bastiones conservadores del país sucumbiría al empuje del hipotético Partido de la Abstención, que se convertiría por apenas 30.000 votos en la fuerza más votada de la región. El PP podría gobernar si pactara con UPyD, pero de mayoría absoluta nada, y ese posible gobierno coaligado no esconde que sobre un censo de más de cuatro millones y medio de personas, algo más de millón y medio optaran por la abstención.

 

El resultado en Murcia

La aplastante mayoría del PP en Murcia dejaría de ser absoluta si se contara el voto de la abstención, aunque sí podría seguir gobernando con relativa comodidad. El hipotético Partido de la Abstención se convertiría en la segunda fuerza política de la región, con más del doble de votos de los que saca el Partido Socialista y uno de cada tres del total de 974.998 posibles que marca el censo.

 

El resultado en Navarra

Navarra dejaría de estar gobernada por UPN si la abstención computara como voto activo: hasta tres veces más votos de los que recibieron los socialistas irían a parar al hipotético Partido de la Abstención, y ni siquiera la fuerza de la emergente izquierda abertzale con NaBai y Bildu juntos, o una alianza conservadora de UPN y PP podrían hacerle frente. No habría mayoría absoluta, pero sí un gobierno cómodo.

 

La desafección política de la sociedad está elevando las cifras de abstención elección tras elección. Tanto es así que apenas la mitad de la gente con derecho a voto decide acercarse a votar. ¿Es, por tanto, representativa la decisión que se toma? Con las reglas que nos hemos dado sí, pero ¿qué pasaría si hiciéramos una pequeña variación? Aquí va el juego: vamos a contar la abstención como si de un voto a un partido se tratara. El resultado, digno de aquella canción de Def Con Dos: «España ya no es roja, España no es azul, España ahora y siempre es negra como el betún». Efectivamente, este Partido de la Abstención -al que le he puesto un significativo color negro en los gráficos- ganaría las elecciones generales y podría gobernar en dos terceras partes de las autonomías. Cambia el mapa, ¿no?

Claro, diréis, así cualquiera. La abstención no se debe a una causa común, no puedes sumarla bajo una candidatura única. Cierto, tenéis razón. Pero hablemos de ‘trampas’ democráticas. Por ejemplo, que gracias a las bondades del sistema electoral un partido que gana con un elevado porcentaje de votos no gana por tanto en realidad, ya que ese porcentaje de votos se calcula sobre los votos emitidos, no sobre los votos totales. ¿No me sigues? Un ejemplo práctico para hacerlo más sencillo: si hay diez personas con derecho a voto y sólo votan dos, ambos al mismo candidato, ese candidato habrá ganado con el 100% de los votos, no con el 20%. No cuadra, ¿verdad?

De eso va este post: vamos a contar las elecciones con el 100% de ese voto, se haya producido o no, para demostrar que el candidato de arriba no ganaría con el 100% de los votos, sino con el 20%. ¿Con qué finalidad? Demostrar hasta dónde llega el problema de la participación política en este país, posiblemente el principal desafío al que se enfrenta la democracia moderna. Y para hacerlo recalculamos las últimas elecciones generales y las de cada comunidad autónoma.

Las reglas son sencillas:

  • Se cuentan sólo los principales partidos, los menos importantes se suman en un bloque común llamado ‘resto’
  • Se cuenta el número de votos, no los escaños
  • Se eliminan los votos en blanco y nulos porque son muy poco representativos. La única excepción son las elecciones vascas, que se celebraron por última vez con la izquierda abertzale ilegalizada, y como los entendidos sabrán los abertzales siempre llamaban a sus fieles a que votaran nulo, de ahí que esa cifra en el País Vasco sí sea significativa.

El resultado en las generales

El mapa político cambiaría sensiblemente. La mayoría absoluta no se calcularía en base al número de votos emitidos, sino a los 35.779.491 ciudadanos con derecho a voto, quedando por tanto en 17.889.746. Así las cosas, la abstención hubiera ganado las últimas generales por mayoría simple, por un estrecho margen de trescientos mil votos sobre el Partido Popular.

Realmente una coalición o un pacto electoral del PP con UPyD o CiU bastaría para permitirles gobernar, pero… ¿te has parado a pensar por un momento lo que significa este gráfico? El partido que ahora mismo está en el Gobierno con una amplísima mayoría absoluta realmente no fue el más votado: hubo más gente que se abstuvo de la que votó al PP. Es más, mira lo ridículamente corta que parece la línea que representa los votos del PSOE, hasta entonces en el Gobierno.

 

El resultado en Andalucía

Las recientes elecciones andaluzas no se dirimirían en los despachos si la abstención fuera un partido: la suma de PSOE e IU no podría descabalgar al Partido de la Abstención, que sacaría unos trescientos mil votos a esa hipotética coalición. No gobernaría con mayoría absoluta porque el censo es de 6.228.955 votantes, lo que le dejaría lejos de los más de tres millones que marcaría la mayoría absoluta, pero sí que gozaría de una cómoda estabilidad.

 

El resultado en Aragón

En las elecciones aragonesas, celebradas hace poco más de un año, la abstención sería la fuerza más votada, pero sin la mayoría absoluta que, sobre un censo de 1.016.021 de personas, marcan los 508.011 votos. Sólo una coalición de PP y PAR podría desalojar al Partido de la Abstención del Gobierno autonómico.

 

 

El resultado en Asturias

En los recientes comicios asturianos la disgregación de fuerzas políticas fortalecería al Partido de la Abstención que, sin lograr mayoría absoluta, sacaría más del doble de votos que su inmediato perseguidor. De los 899.940 votos que marca el censo la mayoría absoluta de 449.970 quedaría lejos, pero ninguna coalición de partidos mínimamente verosímil impediría que nuestro partido ficticio pudiera gobernar.

 

El resultado en Baleares

En las elecciones baleares del año pasado, que significaron un cambio de ciclo político, el cambio hubiera sido mucho más profundo. De los 711.526 votantes que componen el censo una parte muy mayoritaria optó por la abstención que, pese a lo alcanzar la mayoría absoluta, gobernaría sin que ninguna coalición política creíble pudiera hacerle sombra.

 

El resultado en Canarias

En las islas Canarias el Partido de la Abstención no sólo sería el más votado, sino que se quedaría a las puertas de la mayoría absoluta que marcan, con unos 790.000 votos, el total de  1.580.359 votantes posibles. De hecho, ni la alianza de la segunda y tercera fuerzas de las islas, que hasta no hace demasiado gobernaba, haría posible desalojar al Partido de la Abstención del Gobierno autónomo.

 

El resultado en Cantabria

Cantabria sería una de las pocas Comunidades Autónomas en las que la abstención no es el bloque más fuerte. Por apenas siete mil votos de diferencia sobre un censo total de 494.955 personas el PP ganaría unas elecciones más que disputadas donde el PSOE apenas saca un tercio de los votos de las dos principales fuerzas regionales.

 

El resultado en Castilla – La Mancha

El histórico cambio por el que optó Castilla-La Mancha en las pasadas elecciones autonómicas se mantendría en vigor. De hecho, precisamente por lo disputado de dichos comicios, la abstención no sólo no sería la principal fuerza política, sino que quedaría relegada a la tercera posición, tras PP y PSOE. No hay nada como unas elecciones disputadas para reducir considerablemente la abstención… aunque siga suponiendo uno de cada cinco votos emitidos.

 

 

El resultado en Castilla y León

La abrumadora mayoría absoluta del PP, que casi dobla en votos al PSOE en esta región que vio nacer a los dos últimos presidentes de nuestro Gobierno, no sería suficiente para hacer frente a la abstención. Nuestro ficticio partido sería la fuerza más votada, con casi 40.000 votos más que los populares. Los 2.166.385 de votantes ni siquiera podrían librarse de un gobierno del Partido de la Abstención si PP y UPyD unieran sus fuerzas, aunque por los pelos.

 

El resultado en Cataluña

Como sucede en las autonomías con el voto disgregado, en Cataluña el Partido de la Abstención sacaría una gran ventaja sobre el resto, aunque sin llegar a la mayoría absoluta. Ni una alianza entre CiU y el PP ni un tripartito de izquierdas podrían hacer sombra a una Generalitat gobernada por la abstención.

 

El resultado en la Comunidad Valenciana

La enorme mayoría absoluta que disfruta el PP en una región tan golpeada por los escándalos de corrupción se vería drásticamente reducida a una mayoría simple de apenas 150.000 votos sobre un censo de 3.549.687 votantes. Pese a eso, el PP podría seguir gobernando una legislatura más.

 

 

El resultado en Extremadura

En Extremadura, como sucede en otras regiones muy disputadas entre las dos principales partidos, la abstención se ve reducida a una tercera posición. Sin embargo, se queda a apenas 60.000 votos del PSOE y a 80.000 del PP, que podría seguir gobernando, aunque con mayoría simple.

 

 

El resultado en Euskadi

Este gráfico es algo diferente al resto. Como las elecciones se celebraron hace ya tres años, la izquierda abertzale no aparece representada porque estaba ilegalizada. En su lugar, los datos recogen los datos de voto nulo, que la exBatasuna reclamaba como propio mientras estuvo ilegalizada. Así las cosas, y aunque seguramente hoy el resultado sería muy diferente, la abstención no sólo sería la principal fuerza política vasca, sino que casi dobla al gobernante PSOE y saca una enorme distancia al PNV. Ni siquiera la suma de nacionalistas y socialistas hubiera privado al hipotético Partido de la Abstención de llegar al poder.

 

El resultado en Galicia

La holgada mayoría absoluta que permitió al PP recuperar la Xunta no hubiera existido si la abstención fuera un partido: sería la primera fuerza política y ningún pacto político mínimamente verosímil conseguiría impedir que gobernaran.

 

El resultado en La Rioja

La mayoría del PP en esta región seguiría siendo determinante para gobernar, y la abstención quedaría relegada a una segunda posición política, con casi un 50% más votos que el PSOE, en tercera posición.

 

El resultado en Madrid

Uno de los principales bastiones conservadores del país sucumbiría al empuje del hipotético Partido de la Abstención, que se convertiría por apenas 30.000 votos en la fuerza más votada de la región. El PP podría gobernar si pactara con UPyD, pero de mayoría absoluta nada, y ese posible gobierno coaligado no esconde que sobre un censo de más de cuatro millones y medio de personas, algo más de millón y medio optaran por la abstención.

 

El resultado en Murcia

La aplastante mayoría del PP en Murcia dejaría de ser absoluta si se contara el voto de la abstención, aunque sí podría seguir gobernando con relativa comodidad. El hipotético Partido de la Abstención se convertiría en la segunda fuerza política de la región, con más del doble de votos de los que saca el Partido Socialista y uno de cada tres del total de 974.998 posibles que marca el censo.

 

El resultado en Navarra

Navarra dejaría de estar gobernada por UPN si la abstención computara como voto activo: hasta tres veces más votos de los que recibieron los socialistas irían a parar al hipotético Partido de la Abstención, y ni siquiera la fuerza de la emergente izquierda abertzale con NaBai y Bildu juntos, o una alianza conservadora de UPN y PP podrían hacerle frente. No habría mayoría absoluta, pero sí un gobierno cómodo.

 

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Opiniones 9
  • pero no lo es… y como la abstención no dice nada de las ideas del que se abstiene entonces esos abstencionistas deberían informarse mejor de los partidos que existen, leerse sus programas y decidir… mientras tanto seguirá siendo un voto que no sabe qué piensa…

  • Algunos dan (dais) demasiada importancia a la abstención. ¿Todos los que se abstienen es porque no se encuentran representados en el espectro político? Ni de casualidad. Esos serán un porcentaje, pero seguro que un porcentaje mayor de abstencionistas pasan olímpicamente de la política porque ni saben ni les interesa distinguir entre izquierda y derecha y no tienen ni pajolera idea de quién es Rajoy, Zapatero o la madre que los trajo al mundo.

    No saquemos las cosas de quicio y nos evitaremos caer en la demagogia barata.

  • Estimado freshwater, de «demagogia barata» nada. Los que se abstienen, como dice Antonio, que acierta de casualidad, no se sabe lo que piensan (no lo sabe Antonio ni lo sé yo, pero ellos sí saben lo que piensan, puesto que todo el mundo tiene opinión), pero desde luego sí que se sabe lo que NO piensan.

    Yo no sé si quien se abstiene es de izquierda o derecha, pero lo que sí sé es que por definición no apoya ni a PP ni a PSOE (ni a ningún otro). Y en democracia, quien no está conmigo está contra mí, puesto que un votante del PSOE quita un voto a IU igual que lo quita uno del PP (por poner un ejemplo), aunque el votante del PSOE tuviera como segunda opción a IU, y el del PP odie a IU a muerte. Ambos son un voto «no-IU» por igual.

    Por tanto, esos 11 millones de abstencionistas de las últimas generales están en contra (o no-a favor) de todos los partidos disponibles, por definición. Dicho de otro modo, es abominable que el PP saque adelante medidas como los últimos recortes en derechos a los trabajadores, escudados en una «mayoría absoluta», cuando en todo caso tienen 10.8 millones de apoyos entre los votantes, y casi 24 millones de opositores. Contando los abstencionistas, que por definición no apoyaban al PP (ni a ningún otro), nos gobierna un partido que tiene más del doble de detractores que de apoyos. Y lo llaman «mayoría absoluta».

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