7 de abril 2014    /   CINE/TV
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¿Y si la cultura fuera… otra cosa?

7 de abril 2014    /   CINE/TV     por          
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¿Y si la ropa fuera cultura y estuviéramos equivocados? ¿Y si la verdadera riqueza cultural de un país se midiera por las prendas que Inditex vende por cada diez mil habitantes? ¿O por el número de Frapuccinos ® que despacha un Starbucks al día? ¿O por las veces que los ciudadanos hacen click en el botón «Me Gusta»?
(Opinión)
Dice Bertrand Tavernier que la cultura es un salvavidas… y que estamos en el Titanic. Pero no menciona la famosa orquesta que tocó hasta el final, como cuenta la leyenda (o James Cameron) y no hay prueba documental alguna de que las cosas sucedieran de ese modo.
No es por ponerme nostálgico con esa cantinela de que en la Gran Vía había trece cines y solo quedan dos, y que todos han sido reemplazados por mega tiendas de ropa… También sucedió con Madrid & Rock, la tienda insignia de discos capitalina, convertida en un Bershka desde hace años, sin que nadie, más que los dos famosos heavies de la Gran Vía (los hermanos José y Emilio Alcázar) parezca afectado por el paso del CD y el vinilo… a la lycra y el elastán.
Alberto Ruiz-Gallardón asestó el tiro de gracia a los cines al autorizar que sus edificios se pudieran emplear para otros usos (como vender ropa o Frapuccinos ® ), pero no nos engañemos, el sector ya estaba herido de muerte. Las chicas poligoneras, cuyas madres sobrevivieron a la «Movida» prefieren pasar la tarde en el H&M antes que ir a ver una peli protagonizada por Mario Casas o Hugo Silva, a quienes por otra parte idolatran… pero en el portátil o en el móvil. Los tiempos han cambiado, y la ropa también.
Por ejemplo, ¿cuánto tiempo hace que ustedes no ven a un acomodador? Esos personajes de uniforme, con linterna y amplios bolsillos para las tintineantes propinas, forman parte del imaginario de la Transición Española, junto a Adolfo Suárez, Tino Casal, las hermanas Hurtado y los ascensoristas miopes de la Casa del Libro, por seguir con la Gran Vía madrileña y sus iconos perdidos en la niebla de los tiempos, y del progreso.
El Teatro Albéniz es otro buen ejemplo. Terminará siendo de ZARA, sin ninguna duda. Santiago Segura y Luis Álvarez  se retiraron de la subasta en el último momento por razones no muy claras, y al final se lo ha quedado Kutxabank, que ya está en conversaciones con Inditex.
No hablaremos aquí de la piratería (qué aburrimiento) ni de los nuevos hábitos de consumo audiovisual (más bostezos). Pero la realidad es que la lista de capitales de provincia que ya no tienen ningún cine en su municipio, crece cada día: Pontevedra, Soria, Segovia…. Y en todas ellas han abierto tiendas de Stradivarius, Pull & Bear, Zara, Bershka o Lefties.
El tercer hombre más rico del mundo es gallego, y está detrás del 80% de las reconversiones de salas de cine en mega tiendas de ropa. Esto conduce a una situación extraña, en la que la ropa barata y resultona que compramos en la Gran Vía cada temporada o cada sábado, según los bolsillos (una buena parte de estas prendas se fabrican en Bangladesh en condiciones infrahumanas) compite directamente con el sector audiovisual, en el que muchos trabajamos en condiciones no tan infrahumanas, pero casi igualmente estériles, desde un punto de vista pecuniario.
Es curioso, pero en los cien primeros puestos de la lista Forbes no hay nadie que haya amasado su fortuna con la cultura. Software, comunicación, ropa, constructoras, sector financiero, casinos… A no ser que consideremos Amazon como cultura (Jeff Bezos, puesto 19) o incluso Facebook (Mark Zuckerberg, puesto 66). ¿Facebook es cultura?
Decididamente, la orquesta del Titanic nunca existió.
Y, a lo mejor, la cultura es otra cosa.

Foto de portada: Pedro Rufo / Shutterstock.com

¿Y si la ropa fuera cultura y estuviéramos equivocados? ¿Y si la verdadera riqueza cultural de un país se midiera por las prendas que Inditex vende por cada diez mil habitantes? ¿O por el número de Frapuccinos ® que despacha un Starbucks al día? ¿O por las veces que los ciudadanos hacen click en el botón «Me Gusta»?
(Opinión)
Dice Bertrand Tavernier que la cultura es un salvavidas… y que estamos en el Titanic. Pero no menciona la famosa orquesta que tocó hasta el final, como cuenta la leyenda (o James Cameron) y no hay prueba documental alguna de que las cosas sucedieran de ese modo.
No es por ponerme nostálgico con esa cantinela de que en la Gran Vía había trece cines y solo quedan dos, y que todos han sido reemplazados por mega tiendas de ropa… También sucedió con Madrid & Rock, la tienda insignia de discos capitalina, convertida en un Bershka desde hace años, sin que nadie, más que los dos famosos heavies de la Gran Vía (los hermanos José y Emilio Alcázar) parezca afectado por el paso del CD y el vinilo… a la lycra y el elastán.
Alberto Ruiz-Gallardón asestó el tiro de gracia a los cines al autorizar que sus edificios se pudieran emplear para otros usos (como vender ropa o Frapuccinos ® ), pero no nos engañemos, el sector ya estaba herido de muerte. Las chicas poligoneras, cuyas madres sobrevivieron a la «Movida» prefieren pasar la tarde en el H&M antes que ir a ver una peli protagonizada por Mario Casas o Hugo Silva, a quienes por otra parte idolatran… pero en el portátil o en el móvil. Los tiempos han cambiado, y la ropa también.
Por ejemplo, ¿cuánto tiempo hace que ustedes no ven a un acomodador? Esos personajes de uniforme, con linterna y amplios bolsillos para las tintineantes propinas, forman parte del imaginario de la Transición Española, junto a Adolfo Suárez, Tino Casal, las hermanas Hurtado y los ascensoristas miopes de la Casa del Libro, por seguir con la Gran Vía madrileña y sus iconos perdidos en la niebla de los tiempos, y del progreso.
El Teatro Albéniz es otro buen ejemplo. Terminará siendo de ZARA, sin ninguna duda. Santiago Segura y Luis Álvarez  se retiraron de la subasta en el último momento por razones no muy claras, y al final se lo ha quedado Kutxabank, que ya está en conversaciones con Inditex.
No hablaremos aquí de la piratería (qué aburrimiento) ni de los nuevos hábitos de consumo audiovisual (más bostezos). Pero la realidad es que la lista de capitales de provincia que ya no tienen ningún cine en su municipio, crece cada día: Pontevedra, Soria, Segovia…. Y en todas ellas han abierto tiendas de Stradivarius, Pull & Bear, Zara, Bershka o Lefties.
El tercer hombre más rico del mundo es gallego, y está detrás del 80% de las reconversiones de salas de cine en mega tiendas de ropa. Esto conduce a una situación extraña, en la que la ropa barata y resultona que compramos en la Gran Vía cada temporada o cada sábado, según los bolsillos (una buena parte de estas prendas se fabrican en Bangladesh en condiciones infrahumanas) compite directamente con el sector audiovisual, en el que muchos trabajamos en condiciones no tan infrahumanas, pero casi igualmente estériles, desde un punto de vista pecuniario.
Es curioso, pero en los cien primeros puestos de la lista Forbes no hay nadie que haya amasado su fortuna con la cultura. Software, comunicación, ropa, constructoras, sector financiero, casinos… A no ser que consideremos Amazon como cultura (Jeff Bezos, puesto 19) o incluso Facebook (Mark Zuckerberg, puesto 66). ¿Facebook es cultura?
Decididamente, la orquesta del Titanic nunca existió.
Y, a lo mejor, la cultura es otra cosa.

Foto de portada: Pedro Rufo / Shutterstock.com

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Opiniones 10
  • puedo admitirlo, siempre que me ponga en admitir tb que la cultura sea algo que malamente aguanta una temporada o 4 lavados, por no ir más lejos ( no hablemos del planchado) y que se bebe en 3 tragos.

  • Si entendemos que el trabajo de los modistas es arte, claramente la confección de ropa es cultura. Posiblemente Inditex acabe en el Museo del Traje (o más probablemente el Museo del Traje en Inditex). Lo cierto es que el modo en que nos hemos vestido siempre ha sido parte definitoria de la cultura y la civilización. También ocurre lo mismo con la gastronomía y también la labor de los cocineros -desde el plato típico que guisa nuestra madre hasta los inventos de Adrià- se considera un arte, una parte definitoria de la cultura y un motor de la Historia. Por tanto, sí: tanto Zara como los frappucinos son parte definitoria de nuestra cultura y además especialmente representativos no sólo de nuestra calidad intelectual sino sobre todo de la moral.

  • Las grandes sumas de dinero no vienen de producir cosas, sean éstas obras culturales o cafés con leche. El dinero de verdad viene de controlar las condiciones en que se producen las cosas. Si Zara no tuviese el control que tiene sobre las condiciones de sus trabajadores, ganaría menos dinero.
    Los cines acabarán cerrando, o poseyéndose a sí mismos. Netflix ya controla tanto la exhibición como los contenidos (House of Cards es el ejemplo perfecto), y la tendencia va en esa dirección, ya seas un gran cine o un cine de barrio.

  • La cultura es el conjunto de conocimientos que nos permiten relacionarnos (definición personal que sintetiza la 2 y la 3 del diccionario de la RAE). Esto significa que por supuesto, Facebook es cultura, como lo son Zara o Cristiano Ronaldo, son fragmentos del mundo que nos permiten relacionarnos en una época y lugar determinado. Nos pueden gustar más o menos, nos pueden interesar mucho o nada, pero entiendo que son elementos de nuestra cultura. Ahora bien, si preguntamos en Rumah Tingi seguramente los patrones culturales serán bien distintos, en ese caso «la cultura será otra cosa». En nuestro caso, la cultura simplemente se transforma, en mi opinión a veces para bien y otras no tanto. La pérdida de cines en el centro de las ciudades me parece una lástima y responde al modelo americano de coger el coche para todo, una cultura espantosa que hemos importado y cuyas heridas tardarán mucho tiempo en cerrar. Por contra, existen numerosas plataformas para poder ver legalmente desde casa tus películas favoritas, cambia el soporte y el modelo de negocio, el cine sigue produciendo películas y adaptándose lentamente al cambio, lo conseguirá…viva la cultura!

  • Para llorar! En mi municipio también han cerrado todos los cines, ero la gente está contenta, les han traído un Zara para niños… Inditex, esa empresa que se llevó sus fábricas al tercer mundo para no pagar sueldos dignos y de paso joder el sector textil en nuestro país… así vamos…

  • Interesante planteamiento el del artículo, ¿alguien se ha dado cuenta que todo el consumo cultural se está conviertiendo a pasos agigantados en una cosa de puertas para adentro? el ordenador lo ha acabado por absorber todo, desde las series hasta la tele, y el movil, que con las nuevas tecnologías ha acabado por convertirse en un ordenador de bolsillo, lo ha hecho con la musica, la comunicación y demás. Daría para otro artículo, no me explayo, pero para mí lo realmente preocupante es el ensimismamiento al que estamos yendo a parar sin escalas, échale la culpa a los gadgets tecnológicos y a la nueva cultura de la comunicación que de ellos se deriva -redes sociales, etc. Los cines eran/son puntos de encuentro cara a cara, y se está muriendo.

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