15 de noviembre 2019    /   CIENCIA
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¿Y si una inteligencia artificial supiera la fecha de tu muerte?

Ni Sánchez, ni Iglesias, ni Casado. Solo hay un futuro común para todos. El final no te sorprenderá

15 de noviembre 2019    /   CIENCIA     por          
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Hitler murió. Chiquito de la Calzada murió. Donald Trump morirá. BIll Murray también morirá. No es que la muerte nos iguale a todos. La muerte es el único futuro común que tienen todas las personas. Al menos, las que están vivas. Por eso, has de asegurarte de que cuando alguien te propone un futuro en común, que no sea este con final determinado de antemano.

Las únicas personas capaces de fijar con exactitud tan reseñable fecha son aquellos capaces de disponer con libertad de su vida y darle fin cuando quieran.

El problema es que las circunstancias que rodean esta responsable decisión suelen albergar trasfondos controvertidos. O es alguien que no quiere seguir por cuestiones emocionales o es alguien que no puede seguir por cuestiones patológicas.

El filósofo británico Nigel Warburton hablaba en el monográfico de New Philosopher dedicado a la muerte acerca del conveniente aprendizaje del momento en el que morir.

M, un amigo de Warburton, decidió ser el dueño de su futuro. «Había estado enfermo durante meses y el pronóstico era malo: un progresivo empeoramiento y, entonces, la muerte. Aún peor. Había caído en depresión, no podía leer y ni siquiera podía escuchar jazz, su pasión durante toda una vida».

Pase a ver a San Pedro en la fecha indicada más abajo

Más allá de estos casos de humana determinación por fechar lo impensable, la tecnología está consiguiendo lo mismo pero con un 37% menos de chunguez (según cifras provistas por la Universidad de Bérchules). Un sistema de Inteligencia Artificial está determinando con sorprendente certeza lo cerca que tienen la muerte los pacientes que analiza. La noticia sigue dando mal rollo, pero menos que tirarse desde el viaducto.

Como cuenta eldiario.es, «una Inteligencia Artificial (IA) desarrollada por varios investigadores estadounidenses ha conseguido predecir, usando 1,77 millones de electrocardiogramas (ECG) pertenecientes a 400.000 personas, quiénes tienen un mayor riesgo de morir de aquí a un año».

El sistema es capaz de encontrar anomalías y patrones repetidos en los electros y avisar de que el interfecto va a doblar antes de un año.

¿Y los cardiólogos? No, ellos no son capaces de hilar tan finamente. Y los científicos y programadores con incapaces de saber cómo ha desarrollado la IA esta habilidad.

Sigue el artículo. La IA «está viendo cosas que los humanos probablemente no pueden ver, o al menos que simplemente ignoramos y pensamos que son normales», dice Fornwalt a la publicación New Scientist. «La IA predijo con precisión el riesgo de muerte incluso en personas que los cardiólogos consideraban que tenían un ECG normal».

No es descabellado plantearse que la precisión de proyectos como este vaya aumentando con el devenir de los años. ¿Sabrás la fecha de tu muerte con exactitud? ¿Mejoraría o empeoraría eso nuestras vidas? ¿Querrías saber la fecha de tu muerte? ¿Querrías saber dónde acaba tu futuro?

El alucinante viaje de Rusty Brown

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Hay diferentes maneras de contar el accidentado tránsito vital que acaba con el muerto en el hoyo. Es probable que ninguna sea tan deslumbrante como la que ha desarrollado Chris Ware en un monumental volumen editado y lanzado esta semana por Reservoir Books.

Rusty Brown es una novela gráfica de 360 páginas que se centra en la parte pesimista de la vida: soledad, amargura, patetismo y una anodina sensación de que la vida está mal diseñada. Porque si está bien diseñada y es así, menuda mierda.

A la vez, el desarrollo narrativo es tan original que el regusto negativo queda superado por la capacidad de sorprender.

Wire encadena historias contemporáneas y paralelas en un relato fantástico, terrenal y estelar a la vez, que retrata un pueblo cualquier del medio oeste americano. Rusty Brown es una densa travesura que diluye las líneas temporales y las pone al servicio de una historia abrumadora y de un nivel de ilustración sublime.

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Este contenido es una columna llamada El Piensódromo. La enviamos los viernes por email e incluye algún tipo de reflexión acerca del ecosistema que nos rodea y algunas recomendaciones culturales y lecturas adicionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico, puedes darte del alta en el formulario que hay aquí.

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Las únicas personas capaces de fijar con exactitud tan reseñable fecha son aquellos capaces de disponer con libertad de su vida y darle fin cuando quieran.

El problema es que las circunstancias que rodean esta responsable decisión suelen albergar trasfondos controvertidos. O es alguien que no quiere seguir por cuestiones emocionales o es alguien que no puede seguir por cuestiones patológicas.

El filósofo británico Nigel Warburton hablaba en el monográfico de New Philosopher dedicado a la muerte acerca del conveniente aprendizaje del momento en el que morir.

M, un amigo de Warburton, decidió ser el dueño de su futuro. «Había estado enfermo durante meses y el pronóstico era malo: un progresivo empeoramiento y, entonces, la muerte. Aún peor. Había caído en depresión, no podía leer y ni siquiera podía escuchar jazz, su pasión durante toda una vida».

Pase a ver a San Pedro en la fecha indicada más abajo

Más allá de estos casos de humana determinación por fechar lo impensable, la tecnología está consiguiendo lo mismo pero con un 37% menos de chunguez (según cifras provistas por la Universidad de Bérchules). Un sistema de Inteligencia Artificial está determinando con sorprendente certeza lo cerca que tienen la muerte los pacientes que analiza. La noticia sigue dando mal rollo, pero menos que tirarse desde el viaducto.

Como cuenta eldiario.es, «una Inteligencia Artificial (IA) desarrollada por varios investigadores estadounidenses ha conseguido predecir, usando 1,77 millones de electrocardiogramas (ECG) pertenecientes a 400.000 personas, quiénes tienen un mayor riesgo de morir de aquí a un año».

El sistema es capaz de encontrar anomalías y patrones repetidos en los electros y avisar de que el interfecto va a doblar antes de un año.

¿Y los cardiólogos? No, ellos no son capaces de hilar tan finamente. Y los científicos y programadores con incapaces de saber cómo ha desarrollado la IA esta habilidad.

Sigue el artículo. La IA «está viendo cosas que los humanos probablemente no pueden ver, o al menos que simplemente ignoramos y pensamos que son normales», dice Fornwalt a la publicación New Scientist. «La IA predijo con precisión el riesgo de muerte incluso en personas que los cardiólogos consideraban que tenían un ECG normal».

No es descabellado plantearse que la precisión de proyectos como este vaya aumentando con el devenir de los años. ¿Sabrás la fecha de tu muerte con exactitud? ¿Mejoraría o empeoraría eso nuestras vidas? ¿Querrías saber la fecha de tu muerte? ¿Querrías saber dónde acaba tu futuro?

El alucinante viaje de Rusty Brown

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Hay diferentes maneras de contar el accidentado tránsito vital que acaba con el muerto en el hoyo. Es probable que ninguna sea tan deslumbrante como la que ha desarrollado Chris Ware en un monumental volumen editado y lanzado esta semana por Reservoir Books.

Rusty Brown es una novela gráfica de 360 páginas que se centra en la parte pesimista de la vida: soledad, amargura, patetismo y una anodina sensación de que la vida está mal diseñada. Porque si está bien diseñada y es así, menuda mierda.

A la vez, el desarrollo narrativo es tan original que el regusto negativo queda superado por la capacidad de sorprender.

Wire encadena historias contemporáneas y paralelas en un relato fantástico, terrenal y estelar a la vez, que retrata un pueblo cualquier del medio oeste americano. Rusty Brown es una densa travesura que diluye las líneas temporales y las pone al servicio de una historia abrumadora y de un nivel de ilustración sublime.

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