2 de marzo 2020    /   CREATIVIDAD
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Yime inventa un idioma de dibujos para la portada de Yorokobu

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Esa niña de coleta no es un dibujo: es una sílaba. La imagen sustituye a la ye y a la o que, juntas, forman la voz «yo». Eso ocurriría si utilizáramos el lenguaje escrito, lo conocido, la convención. Pero esta portada de la revista de marzo de Yorokobu no va de eso; va de ingenio. 

Yime

Viene otra sílaba después: «ro». Porque Yime, el autor de la portada, pensó que escribir letras era pan comido. Más ingenioso sería pintar palabras troceadas y, así, de paso, tú, lector, te verías obligado a «despertar el ingenio».

Hacer una cubierta de letras llevaría a la lectura. Pero Yime prefiere «un poco de conversación». Eso intenta con esta especie de jeroglífico sobre fondo amarillo. «Juego», indica. Busca diversión y, a la vez, explora lenguajes visuales porque está convencido de que «la comunicación actual tiende a eliminar las palabras».

Ocurre así en muchas conversaciones. Los emojis sustituyen a las letras y los vocablos. Son hoy tan masivos como lo ha sido la New Courier: idioma gráfico de factoría, símbolos de apretar una tecla. Y eso convierte las ilustraciones de Yime en caligrafía.

Llega después un boxeador al que han dejado fuera de combate: «K.O.». Este artista que disfruta del café por las mañanas y las cervezas por las noches decidió trazar este lenguaje de sílabas en vez de letras para darle sonoridad. De este modo, los dibujos son más fáciles de pronunciar. Más fluido sale un kao que una ka.  

Cierra el asunto un fantasma. No hay más que verlo para oír «Buh». Yime lo dibujó en un papel, como el resto de sílabas, porque cree que la imagen es «más natural». Aunque en estos dibujos icónicos, matiza, no se nota tanto la diferencia entre el trazo a mano o a máquina.

Antes de que la niña, la roca, el boxeador y el fantasma llegaran a esta portada, Yime hizo muchos dibujos. «Cogí una hoja en blanco y empecé a dibujar sin filtros. Hice muchas portadas y las veía muy obvias. Echabas un vistazo y ya está», cuenta. Las descartó todas. Porque «la imagen era bonita, pero faltaba una lectura. No te hacían pensar».

Entonces le llegaron «aires de grandeza». Recordó a Paul Rand, el famoso diseñador del logotipo de IBM, y dijo: «Voy a hacer lo mismo que este señor. Voy a crear una serie de imágenes que digan la palabra Yorokobu».

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Yime

Viene otra sílaba después: «ro». Porque Yime, el autor de la portada, pensó que escribir letras era pan comido. Más ingenioso sería pintar palabras troceadas y, así, de paso, tú, lector, te verías obligado a «despertar el ingenio».

Hacer una cubierta de letras llevaría a la lectura. Pero Yime prefiere «un poco de conversación». Eso intenta con esta especie de jeroglífico sobre fondo amarillo. «Juego», indica. Busca diversión y, a la vez, explora lenguajes visuales porque está convencido de que «la comunicación actual tiende a eliminar las palabras».

Ocurre así en muchas conversaciones. Los emojis sustituyen a las letras y los vocablos. Son hoy tan masivos como lo ha sido la New Courier: idioma gráfico de factoría, símbolos de apretar una tecla. Y eso convierte las ilustraciones de Yime en caligrafía.

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Cierra el asunto un fantasma. No hay más que verlo para oír «Buh». Yime lo dibujó en un papel, como el resto de sílabas, porque cree que la imagen es «más natural». Aunque en estos dibujos icónicos, matiza, no se nota tanto la diferencia entre el trazo a mano o a máquina.

Antes de que la niña, la roca, el boxeador y el fantasma llegaran a esta portada, Yime hizo muchos dibujos. «Cogí una hoja en blanco y empecé a dibujar sin filtros. Hice muchas portadas y las veía muy obvias. Echabas un vistazo y ya está», cuenta. Las descartó todas. Porque «la imagen era bonita, pero faltaba una lectura. No te hacían pensar».

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