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22 de enero 2013    /   IDEAS
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Yo estuve ahí

22 de enero 2013    /   IDEAS     por          
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Lo peor de estar en un lugar, es dejar aviso de que se ha pasado por ahí. Desafiar a la fugacidad que supone la propia existencia tiene, en muchos casos, algo de inevitable, pero también de innecesario. Somos poco o casi nada, en el gran engranaje universal y muchos, muchísimos, son más necesarios que nosotros. Por eso, ¿qué necesidad hay de dejar constancia e impacto en la naturaleza de nuestro devenir? Ramón Verdugo recorre los entornos rurales descubriendo que, de alguna, manera, hemos estado en cada sitio.
Bajando a un plano más mundano, Ramón Verdugo quiso hacer aún más palpable la presencia humana en el entorno próximo. Desde el momento en que dispara su cámara, todo eso queda para siempre. Su proyecto Rastros, sencillo y desprovisto de todo artificio, camina por escenarios rurales en los que el hombre, de una manera u otra, ha tenido que intervenir. Él lo explica de esta manera. “Rastros busca los vestigios de un paisaje rural, modelado por el hombre, y enfrenta dos tipos de rastros. Los que se refieren al pasado, poblaciones, explotaciones, que requerían de la presencia humana, y de un vínculo de esta con la naturaleza y con el paisaje que habitaba. Por otro lado, esos rastros, del nuevo paisaje rural, mas tecnificado, en la que hemos roto esos vínculos, y en el que las trasformaciones adquieren mayor velocidad”.
El proyecto se encuentra inacabado. Sin embargo, lo concibe como algo con principio y fin y espera que vea su conclusión este mismo año. Verdugo es reflexivo con la cámara, se lo piensa antes de disparar y cada gesto, cada encuadre, responde a una necesidad. “Estoy construyendo un mensaje”, explica.
A la hora de trabajar la técnica, diferencia entre los proyectos encargados y los que responden a su propia inquietud como creador. “Los encargos necesitan habitualmente una manipulación, una postproducción”, señala. Sin embargo, con lo suyos es más crudo y directo. “Me limito a “revelar” las imágenes, ajustes que haría de la misma manera, si trabajara con una ampliadora en el laboratorio: me centgro en el contraste, la saturación, etc. Solo que ahora lo hago con un ordenador”.
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Lo peor de estar en un lugar, es dejar aviso de que se ha pasado por ahí. Desafiar a la fugacidad que supone la propia existencia tiene, en muchos casos, algo de inevitable, pero también de innecesario. Somos poco o casi nada, en el gran engranaje universal y muchos, muchísimos, son más necesarios que nosotros. Por eso, ¿qué necesidad hay de dejar constancia e impacto en la naturaleza de nuestro devenir? Ramón Verdugo recorre los entornos rurales descubriendo que, de alguna, manera, hemos estado en cada sitio.
Bajando a un plano más mundano, Ramón Verdugo quiso hacer aún más palpable la presencia humana en el entorno próximo. Desde el momento en que dispara su cámara, todo eso queda para siempre. Su proyecto Rastros, sencillo y desprovisto de todo artificio, camina por escenarios rurales en los que el hombre, de una manera u otra, ha tenido que intervenir. Él lo explica de esta manera. “Rastros busca los vestigios de un paisaje rural, modelado por el hombre, y enfrenta dos tipos de rastros. Los que se refieren al pasado, poblaciones, explotaciones, que requerían de la presencia humana, y de un vínculo de esta con la naturaleza y con el paisaje que habitaba. Por otro lado, esos rastros, del nuevo paisaje rural, mas tecnificado, en la que hemos roto esos vínculos, y en el que las trasformaciones adquieren mayor velocidad”.
El proyecto se encuentra inacabado. Sin embargo, lo concibe como algo con principio y fin y espera que vea su conclusión este mismo año. Verdugo es reflexivo con la cámara, se lo piensa antes de disparar y cada gesto, cada encuadre, responde a una necesidad. “Estoy construyendo un mensaje”, explica.
A la hora de trabajar la técnica, diferencia entre los proyectos encargados y los que responden a su propia inquietud como creador. “Los encargos necesitan habitualmente una manipulación, una postproducción”, señala. Sin embargo, con lo suyos es más crudo y directo. “Me limito a “revelar” las imágenes, ajustes que haría de la misma manera, si trabajara con una ampliadora en el laboratorio: me centgro en el contraste, la saturación, etc. Solo que ahora lo hago con un ordenador”.
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