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18 de noviembre 2015    /   IDEAS
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Yo los viernes no trabajo

18 de noviembre 2015    /   IDEAS     por          
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No fue fácil pero se consiguió. Tuvieron que sucederse generaciones de trabajadores sufriendo penurias en las fábricas y otros centros de producción, amenazas de huelga y protestas, que en algunos casos acabaron en tragedias, para que la jornada laboral de ocho horas se hiciera realidad a principios del siglo XX. El movimiento obrero había conseguido una de sus metas. Estipular el número de horas en ocho, y no siete o nueve, obedecía a la teoría defendida ya un siglo antes por Robert Owen, padre del socialismo utópico inglés, y que se basaba en una distribución de la jornada en tres tramos de ocho horas cada uno: uno dedicado al trabajo, otro al ocio y otro al descanso.
Un siglo después, la semana laboral de 40 horas sigue vigente en buena parte del planeta (al menos, en la teoría). Aunque en opinión de algunos, por poco tiempo. Le dan de margen lo que tarde la sociedad en ser consciente de que la productividad no depende de las horas que uno pase en su centro de trabajo, sino de cómo emplean estas.
Ryan Carson lleva años restándole ocho horas a su semana laboral. Los viernes han pasado a formar parte de sus fines de semana. Es algo que comparte con los 87 empleados de Treehouse, la plataforma de formación digital que fundó hace unos años en Portland (Oregon, EEUU).

Si pones a competir durante un mes a un trabajador que trabaja a la semana 60 horas y a otro que trabaja 32, el primero va a producir más durante ese mes. Pero ¿y a los 12 meses?


En este tiempo a la empresa no le ha ido nada mal. Cuenta con más de 100.000 usuarios registrados y unos ingresos de 10 millones de dólares en el último año.
También presume de un 100% en cuanto a ‘retención’ de empleados se refiere. Y eso que, como Carson asegura, en Treehouse se trabaja mucho: «Creo que el trabajo duro es genial. Quiero decir, yo trabajo duro, muy duro… De lunes a jueves», aseguraba en una entrevista para The Atlantic.
Aunque el empresario en ningún momento cita al estadista británico, las cifras de su empresa podrían dar la razón a Owen cuando este aseguraba, ya a mediados del XIX, que la mejora de las condiciones de los trabajadores era esencial cuando lo que se buscaba era más productividad. El fundador de Treehouse lo resumía así en The Washington Post: «Si pones a competir durante un mes a un trabajador que trabaja a la semana 60 horas y a otro que trabaja 32, el primero va a producir más durante ese mes. Pero ¿y a los 12 meses? ¿Y a los siete años?».

Metadona para los workaholic

Más allá de las horas dedicadas a la semana, Carson asegura que su principal motivación siempre ha sido trabajar en una empresa con una cultura corporativa que pudiera ser fácilmente adoptada por padres de niños pequeños y adictos al trabajo que quisieran desengancharse. «Eso se traduce en menos tiempo perdido y más productividad porque, cuando no hay sobrecarga de trabajo, es más fácil que a la gente se le encienda la bombilla. Que se produzca ese momento de epifanía».
Para acabar con la procrastinación, las interrupciones y otros males que afectan a la productividad, Carson ha reorganizado la estructura de Treehouse. En ella no hay gerentes. Tampoco hay correos electrónicos internos que interrumpen y restan tiempo a otras tareas. En su lugar se utiliza Canopy como foro online entre los distintos grupos. Tampoco es frecuente ver a un empleado levantarse de su puesto para consultar algo a otro. Lo normal es utilizar HipChat para comunicarse. Para charlar y relacionarse cara a cara con el resto de compañeros están los descansos y la hora del almuerzo, que en Treehouse se realiza en una gran mesa que congrega a todos los empleados. Al menos, los que están en la oficina, porque la mitad de la plantilla teletrabaja.

32 horas, una excepción… de momento

Esa misma filosofía parece haber calado en otras start-ups americanas. The Washington Post menciona entre estas al motor de búsquedas de ElMejorTrato.com o Basecamp, la empresa que desarrolla el gestor de proyectos del mismo nombre y que ha optado por la semana laboral de lunes a jueves entre los meses de mayo a octubre.
Aunque como declaraba el cofundador de esta última, Jason Fried, al diario, empresas como la suya aún son excepción. Para la mayoría de empresarios, el éxito viene precedido y acompañado sí o sí de horas y más horas en la oficina. «Para mí, una semana laboral de 32 horas corresponde a un trabajo a tiempo parcial», comentaba al respecto de esta nueva tendencia Michael Arrigton, fundador de TechCrunch. «Hay que trabajar más y llorar menos. Yo busco emprendedores que realmente sean apasionados. Que quieran trabajar todo el tiempo porque eso demuestra que se preocupan por lo que están haciendo y que van a tener éxito».

Hay que trabajar más y llorar menos. Yo busco emprendedores que realmente sean apasionados


Echando un vistazo a la experiencia como emprendedor de Carson, podría deducirse que quizá Arrington tenga algo de razón. Treehouse es la tercera empresa en la que aplica su modelo de semana laboral de cuatro días: la primera, cerró; la segunda, la vendió. Aunque atribuir toda la responsabilidad de los fiascos empresariales al horario laboral del empresario y de sus trabajadores quizás resulte excesivo, teniendo en cuenta datos como los manejados por el profesor de Harvard Shikhar Ghosh que, tras analizar 2.000 empresas tecnológicas surgidas entre 2004 y 2010 en Estados Unidos, concluyó que entre el 90% y el 95% habían fracasado.
El propio Carson reconoce que, en más de una ocasión, después de aquella charla en la cocina con su mujer Gill, a partir de la cual se decidió a instaurar la semana laboral de 32 horas, le han asaltado las dudas. «Al principio pensaba que era una locura porque había mucho trabajo por hacer. Pero luego pensaba que crear una empresa no deja de ser algo parecido a crear un universo propio. ¿Y por qué entonces no crear un universo en el que te gustaría vivir? A partir de entonces, probamos una semana y no volvimos a dar marcha atrás».


Echando un vistazo a la experiencia como emprendedor de Carson, podría deducirse que quizá Arrington tenga algo de razón. Treehouse es la tercera empresa en la que aplica su modelo de semana laboral de cuatro días: la primera, cerró; la segunda, la vendió. Aunque atribuir toda la responsabilidad de los fiascos empresariales al horario laboral del empresario y de sus trabajadores quizás resulte excesivo, teniendo en cuenta datos como los manejados por el profesor de Harvard Shikhar Ghosh que, tras analizar 2.000 empresas tecnológicas surgidas entre 2004 y 2010 en Estados Unidos, concluyó que entre el 90% y el 95% habían fracasado.
El propio Carson reconoce que, en más de una ocasión, después de aquella charla en la cocina con su mujer Gill, a partir de la cual se decidió a instaurar la semana laboral de 32 horas, le han asaltado las dudas. «Al principio pensaba que era una locura porque había mucho trabajo por hacer. Pero luego pensaba que crear una empresa no deja de ser algo parecido a crear un universo propio. ¿Y por qué entonces no crear un universo en el que te gustaría vivir? A partir de entonces, probamos una semana y no volvimos a dar marcha atrás».

No fue fácil pero se consiguió. Tuvieron que sucederse generaciones de trabajadores sufriendo penurias en las fábricas y otros centros de producción, amenazas de huelga y protestas, que en algunos casos acabaron en tragedias, para que la jornada laboral de ocho horas se hiciera realidad a principios del siglo XX. El movimiento obrero había conseguido una de sus metas. Estipular el número de horas en ocho, y no siete o nueve, obedecía a la teoría defendida ya un siglo antes por Robert Owen, padre del socialismo utópico inglés, y que se basaba en una distribución de la jornada en tres tramos de ocho horas cada uno: uno dedicado al trabajo, otro al ocio y otro al descanso.
Un siglo después, la semana laboral de 40 horas sigue vigente en buena parte del planeta (al menos, en la teoría). Aunque en opinión de algunos, por poco tiempo. Le dan de margen lo que tarde la sociedad en ser consciente de que la productividad no depende de las horas que uno pase en su centro de trabajo, sino de cómo emplean estas.
Ryan Carson lleva años restándole ocho horas a su semana laboral. Los viernes han pasado a formar parte de sus fines de semana. Es algo que comparte con los 87 empleados de Treehouse, la plataforma de formación digital que fundó hace unos años en Portland (Oregon, EEUU).

Si pones a competir durante un mes a un trabajador que trabaja a la semana 60 horas y a otro que trabaja 32, el primero va a producir más durante ese mes. Pero ¿y a los 12 meses?


En este tiempo a la empresa no le ha ido nada mal. Cuenta con más de 100.000 usuarios registrados y unos ingresos de 10 millones de dólares en el último año.
También presume de un 100% en cuanto a ‘retención’ de empleados se refiere. Y eso que, como Carson asegura, en Treehouse se trabaja mucho: «Creo que el trabajo duro es genial. Quiero decir, yo trabajo duro, muy duro… De lunes a jueves», aseguraba en una entrevista para The Atlantic.
Aunque el empresario en ningún momento cita al estadista británico, las cifras de su empresa podrían dar la razón a Owen cuando este aseguraba, ya a mediados del XIX, que la mejora de las condiciones de los trabajadores era esencial cuando lo que se buscaba era más productividad. El fundador de Treehouse lo resumía así en The Washington Post: «Si pones a competir durante un mes a un trabajador que trabaja a la semana 60 horas y a otro que trabaja 32, el primero va a producir más durante ese mes. Pero ¿y a los 12 meses? ¿Y a los siete años?».

Metadona para los workaholic

Más allá de las horas dedicadas a la semana, Carson asegura que su principal motivación siempre ha sido trabajar en una empresa con una cultura corporativa que pudiera ser fácilmente adoptada por padres de niños pequeños y adictos al trabajo que quisieran desengancharse. «Eso se traduce en menos tiempo perdido y más productividad porque, cuando no hay sobrecarga de trabajo, es más fácil que a la gente se le encienda la bombilla. Que se produzca ese momento de epifanía».
Para acabar con la procrastinación, las interrupciones y otros males que afectan a la productividad, Carson ha reorganizado la estructura de Treehouse. En ella no hay gerentes. Tampoco hay correos electrónicos internos que interrumpen y restan tiempo a otras tareas. En su lugar se utiliza Canopy como foro online entre los distintos grupos. Tampoco es frecuente ver a un empleado levantarse de su puesto para consultar algo a otro. Lo normal es utilizar HipChat para comunicarse. Para charlar y relacionarse cara a cara con el resto de compañeros están los descansos y la hora del almuerzo, que en Treehouse se realiza en una gran mesa que congrega a todos los empleados. Al menos, los que están en la oficina, porque la mitad de la plantilla teletrabaja.

32 horas, una excepción… de momento

Esa misma filosofía parece haber calado en otras start-ups americanas. The Washington Post menciona entre estas al motor de búsquedas de ElMejorTrato.com o Basecamp, la empresa que desarrolla el gestor de proyectos del mismo nombre y que ha optado por la semana laboral de lunes a jueves entre los meses de mayo a octubre.
Aunque como declaraba el cofundador de esta última, Jason Fried, al diario, empresas como la suya aún son excepción. Para la mayoría de empresarios, el éxito viene precedido y acompañado sí o sí de horas y más horas en la oficina. «Para mí, una semana laboral de 32 horas corresponde a un trabajo a tiempo parcial», comentaba al respecto de esta nueva tendencia Michael Arrigton, fundador de TechCrunch. «Hay que trabajar más y llorar menos. Yo busco emprendedores que realmente sean apasionados. Que quieran trabajar todo el tiempo porque eso demuestra que se preocupan por lo que están haciendo y que van a tener éxito».

Hay que trabajar más y llorar menos. Yo busco emprendedores que realmente sean apasionados


Echando un vistazo a la experiencia como emprendedor de Carson, podría deducirse que quizá Arrington tenga algo de razón. Treehouse es la tercera empresa en la que aplica su modelo de semana laboral de cuatro días: la primera, cerró; la segunda, la vendió. Aunque atribuir toda la responsabilidad de los fiascos empresariales al horario laboral del empresario y de sus trabajadores quizás resulte excesivo, teniendo en cuenta datos como los manejados por el profesor de Harvard Shikhar Ghosh que, tras analizar 2.000 empresas tecnológicas surgidas entre 2004 y 2010 en Estados Unidos, concluyó que entre el 90% y el 95% habían fracasado.
El propio Carson reconoce que, en más de una ocasión, después de aquella charla en la cocina con su mujer Gill, a partir de la cual se decidió a instaurar la semana laboral de 32 horas, le han asaltado las dudas. «Al principio pensaba que era una locura porque había mucho trabajo por hacer. Pero luego pensaba que crear una empresa no deja de ser algo parecido a crear un universo propio. ¿Y por qué entonces no crear un universo en el que te gustaría vivir? A partir de entonces, probamos una semana y no volvimos a dar marcha atrás».


Echando un vistazo a la experiencia como emprendedor de Carson, podría deducirse que quizá Arrington tenga algo de razón. Treehouse es la tercera empresa en la que aplica su modelo de semana laboral de cuatro días: la primera, cerró; la segunda, la vendió. Aunque atribuir toda la responsabilidad de los fiascos empresariales al horario laboral del empresario y de sus trabajadores quizás resulte excesivo, teniendo en cuenta datos como los manejados por el profesor de Harvard Shikhar Ghosh que, tras analizar 2.000 empresas tecnológicas surgidas entre 2004 y 2010 en Estados Unidos, concluyó que entre el 90% y el 95% habían fracasado.
El propio Carson reconoce que, en más de una ocasión, después de aquella charla en la cocina con su mujer Gill, a partir de la cual se decidió a instaurar la semana laboral de 32 horas, le han asaltado las dudas. «Al principio pensaba que era una locura porque había mucho trabajo por hacer. Pero luego pensaba que crear una empresa no deja de ser algo parecido a crear un universo propio. ¿Y por qué entonces no crear un universo en el que te gustaría vivir? A partir de entonces, probamos una semana y no volvimos a dar marcha atrás».

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