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8 de enero 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Pasan 48 horas encerrados en un armario pensando que estaba cerrado

8 de enero 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Un hombre y una mujer, de 31 y 25 años respectivamente, han pasado más de 48 horas encerrados en el armario de una universidad de Estados Unidos. Todo ese tiempo pensaron que estaba bloqueado, pero cuando dieron el aviso de rescate a la policía de Daytona –Florida–, esta comprobó que podían haber salido por su propio pie en lugar de tanta espera y tanto paripé. El armario se abría tan fácil como el de la cocina de Triki cuando ansía una galleta.
Pasaron las horas en una posición imaginamos incómoda, en un armario de la Facultad de Ciencias Marinas y Ambientales –de Ciencias Marcianas y Ambientazo, en su caso–, sin ver un resquicio de luz más que la de los móviles. Llevaban además dos pipas para fumar crack, así que la espera del ángel de la guarda se le haría más corta a esta pareja despistada con antecedentes penales.
Tampoco se sabe qué se les pasó por la cabeza antes de encerrarse cuando allí no quedaba ni el alma de los zombies de Thriller. Si estiras el argumento da para el guion de una peli de sobremesa de Antena3, si es que antes no nos entra el sueño entre pausa y pausa publicitaria. Qué largas son, casi tanto como la espera de estos dos aventureros de armarios abrefácil, pero sin pipa de crack para evitarlas.
PAREJA-ARMARIO
El final, previsible a la vista de los rostros de ambos tomados en comisaría, acaba en arresto por intrusión en un espacio privado. La próxima vez deberían llevar el kit de supervivencia de Ikea o, para tomárselo con más humor, echar un vistazo antes a Buenafuente y Berto metidos en un armario minúsculo, sintiendo sus cuerpos, roces y cariños con sus rencillas de pareja, cómo no. Se puede decir que ellos salen airosos comparado con lo de este dúo de ases, que estoy seguro de que si el juez les hiciera montar un mueble de Ikea como castigo, terminarían horas después con cuatro tornillos en la mano sin saber qué hacer. Y no somos pocos.
Foto: Volusia County Sheriff’s Office

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Un hombre y una mujer, de 31 y 25 años respectivamente, han pasado más de 48 horas encerrados en el armario de una universidad de Estados Unidos. Todo ese tiempo pensaron que estaba bloqueado, pero cuando dieron el aviso de rescate a la policía de Daytona –Florida–, esta comprobó que podían haber salido por su propio pie en lugar de tanta espera y tanto paripé. El armario se abría tan fácil como el de la cocina de Triki cuando ansía una galleta.
Pasaron las horas en una posición imaginamos incómoda, en un armario de la Facultad de Ciencias Marinas y Ambientales –de Ciencias Marcianas y Ambientazo, en su caso–, sin ver un resquicio de luz más que la de los móviles. Llevaban además dos pipas para fumar crack, así que la espera del ángel de la guarda se le haría más corta a esta pareja despistada con antecedentes penales.
Tampoco se sabe qué se les pasó por la cabeza antes de encerrarse cuando allí no quedaba ni el alma de los zombies de Thriller. Si estiras el argumento da para el guion de una peli de sobremesa de Antena3, si es que antes no nos entra el sueño entre pausa y pausa publicitaria. Qué largas son, casi tanto como la espera de estos dos aventureros de armarios abrefácil, pero sin pipa de crack para evitarlas.
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El final, previsible a la vista de los rostros de ambos tomados en comisaría, acaba en arresto por intrusión en un espacio privado. La próxima vez deberían llevar el kit de supervivencia de Ikea o, para tomárselo con más humor, echar un vistazo antes a Buenafuente y Berto metidos en un armario minúsculo, sintiendo sus cuerpos, roces y cariños con sus rencillas de pareja, cómo no. Se puede decir que ellos salen airosos comparado con lo de este dúo de ases, que estoy seguro de que si el juez les hiciera montar un mueble de Ikea como castigo, terminarían horas después con cuatro tornillos en la mano sin saber qué hacer. Y no somos pocos.
Foto: Volusia County Sheriff’s Office

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