11 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD
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El viaje sin retorno de Yorokobu a América

11 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Las palabras estaban guardadas en frascos de cristal. Permanecían allí, inertes, a la espera de que un poeta las mirara, las oliera, las tocara y después decidiera llevárselas para utilizarlas en algún poema. Lo cuenta Eduardo Galeano en su relato La casa de las palabras. El escritor nunca dijo dónde se encuentra ese lugar pero sospechamos que es América. Por eso Yorokobu ha ido hasta allí.

Las ventanas de la redacción de Yorokobu tienen vistas a América. Por medio quedan unos árboles, algunos pueblos, un país alargado y un océano. Nada más. Aunque todo eso se diluye cuando empezamos a escribir, leer o hablar. Todos usamos un mismo idioma: el español.

Internet cosió con sus cables la brecha acuática que había entre los dos lados del Atlántico. Yorokobu nació en un punto geográfico por imperativo de la física, pero su espacio mental no tenía nada que ver con distritos jurídicos. La primera sede abrió en Madrid pero siempre se interesó por lo que ocurría en otros lugares y lo que decían los pensadores de destinos lejanos. Yorokobu no tiene banderas. Nuestro territorio es internet, una revista de papel, el lugar donde habitan nuestros lectores y el espacio donde trabajan todos los periodistas, fotógrafos, ilustradores, diseñadores y resto del equipo que hace esta publicación.

Pero para estar más cerca de América Latina, desde este verano, Yorokobu está también en México. Es el primer país del continente donde ya se ha establecido una persona del equipo: Jaled Abdelrahim.

Los artículos de Yorokobu seguirán cubriendo información de cualquier lugar. Yorokobu continuará siendo una única web para todos sus lectores pero hemos creado dos nuevos canales para salvar la diferencia horaria que los hilos de internet no pueden acortar entre las dos orillas. Yorokobu América, en Facebook, y Yorokobu América, en Twitter.

En nuestra búsqueda de la casa de las palabras hemos descubierto historias apasionantes de América Latina y las hemos ido contando en decenas de artículos durante el último año. Puedes ver algunas en la serie de enlaces que encontrarás después de escasos renglones.

La casa de las palabras es un cuento de ficción. Tenemos muy claro que no la vamos a encontrar nunca. Por eso seguimos buscando… y nos encantará que vengas con nosotros.

Foto de portada: Un muro en un país de América Latina (somos conscientes de la falta de ortografía y del error de la atribución de la cita. No es de Einstein. Es de Gandhi).

Cambio basura por lechuga orgánica

La reina del albur

Las portadas exquisitas de Alejandro Magallanes

Red móvil indígena 1 – Multinacionales 0

La muerte: miedo, juerga, mitos y ritos

La Fanzinoteca del rock

Van unos locos y abren un cine…

¿Eres una persona elegante?

‘After’ en el taller de coches

Una pequeña guitarra de tres cuerdas, desde un pequeño país

Señores del gobierno, los hackers pueden ser sus amigos

La basura que se convirtió en música

Zapatos artesanos que burlan a los intermediarios

Con un diseño así, yo voto por Aurelio

Vivir en la carretera de la muerte

El resurgimiento (web) del periodismo latinoamericano

Las farmacias low cost que revolucionan la compra de medicamentos en Ecuador

Queremos pintar su casa

Vuelta a los orígenes del muralismo mexicano

Pasos de cebra para distraídos

Piratas de la literatura

Un café sin palabras

 

Las palabras estaban guardadas en frascos de cristal. Permanecían allí, inertes, a la espera de que un poeta las mirara, las oliera, las tocara y después decidiera llevárselas para utilizarlas en algún poema. Lo cuenta Eduardo Galeano en su relato La casa de las palabras. El escritor nunca dijo dónde se encuentra ese lugar pero sospechamos que es América. Por eso Yorokobu ha ido hasta allí.

Las ventanas de la redacción de Yorokobu tienen vistas a América. Por medio quedan unos árboles, algunos pueblos, un país alargado y un océano. Nada más. Aunque todo eso se diluye cuando empezamos a escribir, leer o hablar. Todos usamos un mismo idioma: el español.

Internet cosió con sus cables la brecha acuática que había entre los dos lados del Atlántico. Yorokobu nació en un punto geográfico por imperativo de la física, pero su espacio mental no tenía nada que ver con distritos jurídicos. La primera sede abrió en Madrid pero siempre se interesó por lo que ocurría en otros lugares y lo que decían los pensadores de destinos lejanos. Yorokobu no tiene banderas. Nuestro territorio es internet, una revista de papel, el lugar donde habitan nuestros lectores y el espacio donde trabajan todos los periodistas, fotógrafos, ilustradores, diseñadores y resto del equipo que hace esta publicación.

Pero para estar más cerca de América Latina, desde este verano, Yorokobu está también en México. Es el primer país del continente donde ya se ha establecido una persona del equipo: Jaled Abdelrahim.

Los artículos de Yorokobu seguirán cubriendo información de cualquier lugar. Yorokobu continuará siendo una única web para todos sus lectores pero hemos creado dos nuevos canales para salvar la diferencia horaria que los hilos de internet no pueden acortar entre las dos orillas. Yorokobu América, en Facebook, y Yorokobu América, en Twitter.

En nuestra búsqueda de la casa de las palabras hemos descubierto historias apasionantes de América Latina y las hemos ido contando en decenas de artículos durante el último año. Puedes ver algunas en la serie de enlaces que encontrarás después de escasos renglones.

La casa de las palabras es un cuento de ficción. Tenemos muy claro que no la vamos a encontrar nunca. Por eso seguimos buscando… y nos encantará que vengas con nosotros.

Foto de portada: Un muro en un país de América Latina (somos conscientes de la falta de ortografía y del error de la atribución de la cita. No es de Einstein. Es de Gandhi).

Cambio basura por lechuga orgánica

La reina del albur

Las portadas exquisitas de Alejandro Magallanes

Red móvil indígena 1 – Multinacionales 0

La muerte: miedo, juerga, mitos y ritos

La Fanzinoteca del rock

Van unos locos y abren un cine…

¿Eres una persona elegante?

‘After’ en el taller de coches

Una pequeña guitarra de tres cuerdas, desde un pequeño país

Señores del gobierno, los hackers pueden ser sus amigos

La basura que se convirtió en música

Zapatos artesanos que burlan a los intermediarios

Con un diseño así, yo voto por Aurelio

Vivir en la carretera de la muerte

El resurgimiento (web) del periodismo latinoamericano

Las farmacias low cost que revolucionan la compra de medicamentos en Ecuador

Queremos pintar su casa

Vuelta a los orígenes del muralismo mexicano

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