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21 de noviembre 2018    /   CINE/TV
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¿Son los youtubers el futuro del cine?

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Ya están aquí los grafiteros del séptimo arte. Populares generadores de contenidos para internet como El Rubius con su serie Virtual Hero estrenada en el Festival de Sitges o Mister Jägger y Chico Morera con sus películas Jägger Royale y Blood Room se están asomando a la gran pantalla.

Llegan aupados en otros referentes, saltan por encima de los géneros y tienen tanto descaro como visibilidad: detrás de ellos hay centenares de miles de seguidores que viralizan sus ficciones cortas. Sus primeros escarceos en el cine ya lo están trasladando hacia un nuevo terreno, con espectadores hiperactivos que demandan relatos transmedia y experiencias inmersivas.

El estreno de los primeros capítulos de la serie de El Rubius para Movistar + constituyó todo un acontecimiento que se pudo vivir en dimensiones paralelas. Virtual Hero es un producto para series que antes de tomar movimiento estuvo plasmado en las páginas de cómic.

Trata sobre la inmersión en un mundo de videojuego del alter ego en dibujo animado del famoso youtuber y se presentó en octubre en el Festival Catalán de Cine Fantástico, donde –por cierto– el público también pudo vivir su propia zambullida virtual  y colarse durante siete minutos en la recreación de la habitación de la joven estrella de internet.

Había aún más: en la víspera del estreno en televisión, El Rubius presentó uno de los episodios en su canal de Youtube, con más de 32 millones de suscriptores, el triple de espectadores que tuvo en España la emisión de la última final de la Champions.

¿Es este el cine que está por venir?

El Festival de Cine de Alcalá de Henares, Alcine, ha dedicado su recién sellada 48ª edición a las generaciones milenial y centennial. «Nos estábamos preguntando algo que creo que se pregunta mucha gente: dónde están los nuevos espectadores y los nuevos creadores, porque no los vemos en los circuitos habituales ni en el cine comercial al uso», reflexiona su director, Luis Mariano González.

No están, pero asoman. El propio festival alcalaíno, y también otros como Sitges, han hecho hueco en sus programaciones a los trabajos de generadores de contenidos audiovisuales en internet. La red es un banco de pruebas y un vivero de talentos. Y algunas de sus estrellas están dando el salto a la gran pantalla, aunque en menor medida que a la publicidad.

González detecta que «cada vez hay más cortometrajes que se atreven a mezclar formatos, a introducir texto en la pantalla, animación… y se nota que les sale de forma natural, nada forzada».

«Haz lo que te mole aunque creas que no le va a gustar a nadie», proponía en Alcalá la semana pasada Christian Flores, autor de un trip mix viral sobre Las Meninas. Asegura que desconoce qué hace que se disparen las visitas, pero tiene alguna intuición: «Internet premia lo raro. Algo que te mole a ti ya es un éxito. Haz muchos vídeos. Esto es una lucha. Y cuantas menos manos intervengan, mejor, porque si no perderá pureza».

La cuestión es que lo que hacen le mola a demasiada gente. Los youtubers tienen una visibilidad que ya hubieran querido para sí Scorsese o Kubrick en sus inicios. Y trabajan con muy pocos medios. Si no pureza, se advierte una gran autenticidad en su trabajo.

«Lo experimental está en internet», asegura Mafalda González, directora de proyectos de Flooxer, plataforma de ATresMedia, abierta en 2015 y especialmente dirigida a jóvenes.

«Internet es un campo de entrenamiento donde hay gente que ahora mismo puede estar haciendo un churro, pero que dentro de tres años te puede estar haciendo una maravilla».

Cree que parte de los métodos y narrativas que experimentan los creadores más jóvenes acabarán «contagiando al cine para un público más generalista», ese que todavía acude a las salas para ver una película atornillado a su butaca mientras come palomitas.

Pero internet también es ya un caladero de talentos. «No solo hay influencers; algunos tienen un millón de seguidores y otros solo cien, pero hay mucha gente que está haciendo las cosas con identidad y con voz propia», defiende Mafalda González.

Ella es la cazatalentos. Pasa todo el día con un ojo en las pequeñas pantallas. Entre los empeños de Flooxer está atraer para otros formatos a creadores como Mister Jagger, JPelirrojo o Adelita Power, y otros artistas como el cineasta Nacho Vigalondo o el cómico Pepe Colubi.

Uno de sus proyectos más reciente es Terror y feria, producida por los Javis (auténtico fenómeno televisivo con OT y cinematográfico con La llamada) y escrita y dirigida por Benja de la Rosa, autor de La sexta alumna, una película realizada con un Iphon 6 Plus.

Laura Ferres en Cannes

Las plataformas de series, pero también las de vídeo bajo demanda como Netflix o Filmin, están siendo las primeras en abrir sus puertas al atrevimiento de estos youtubers. Es el paso que todavía le está costando en España a la industria cinematográfica, más pesada, como reconoce Alesya Crocodile. «Las productoras son muy reticentes, pero también es verdad que cada vez nos van prestando más atención».

Ella es periodista y creadora de contenidos audiovisuales desde 2013, pero tras un recorrido de cinco años con animaciones en su canal de Youtube se propuso dar el salto. «Es una evolución natural del creador querer hacer algo más elaborado».

Su mediometraje Banana: origen, que estrenó en julio en el Artistic Metropol de Madrid, es un falso documental incubado en redes sociales. Narra el descenso a los infiernos de un plátano glamuroso e influencer.

«Me hacía gracia llevar una historia así a la gran pantalla y ha tenido un recibimiento muy bueno». Ha sido el traslado al pantallón de «los sueños húmedos» de internet.

En Estados Unidos hace tiempo que Youtube ha entrado en la competición por los contenidos de pago y que algunos de sus creadores más seguidos protagonizan películas como Scare PewDiePie, Foursome, Untitled Gigi Gorgeous projet, A trip to Unicorn Island o Internet famous, con el respaldo de la potente Disney. Paramount Players acaba de anunciar Unboxing, una película de los estudios independientes Pocket.watch, sobre las aventuras de un youtuber de 11 años.

En España, de momento los proyectos más llamativos siguen partiendo de los propios creadores, fieles a su estilo y su público. Mister Jagger, con casi 900.000 suscriptores en su canal, confesaba en 2015 que «lo romántico es llevar a la gente hasta las salas». Lo ha hecho: el año pasado estrenó en cines de todo el país, y desde marzo se ve en Filmin, una cinta de 53 minutos que ha producido, escrito y dirigido, además de no contar con más actores que él mismo.

En Jägger Royale el espectador asiste a un cóctel de movimientos de cámara espasmódicos y diálogos excesivos, con un baile de disfraces salpicados de chorros de sangre y de esperma por el que desfila una galería de pintorescos personajes rescatados de sus vídeos cortos. Es una batalla de todos contra todos que remite a las cintas de serie Z y a la película de culto japonesa Battle Royale, cuyo guiño incluso está presente en el título.

Si el cine que nos espera se parece a Banana: origen o Jägger Royale, está claro que opera con otro lenguaje y que tiene otros referentes. Los nuevos creadores no veneran a Francis Ford Coppola ni a Orson Wells. Lo sabe bien Julián de la Fuente, profesor del Área de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Alcalá. Cuando pregunta en clase quiénes de sus alumnos han visto El Padrino, apenas cuatro y cinco de estos futuros cineastas levantan la mano.

«A veces te echas las manos a la cabeza porque no conozcan ciertos títulos», no ya por el hecho de sacralizarlos, sino de que aprovechen sus lecciones magistrales. «Pero ellos tienen unos referentes muy amplios», explica De la Fuente: «Internet ha democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, desde lo más obvio como El Rubius a cineastas coreanos buenísimos».

Y los jóvenes picotean a diestro y siniestro. También, por supuesto, videojuegos, manga, música pop y urbana y la cultura digital de memes, stories y remixes.

«El cine siempre ha sido una esponja», asegura, pero cuando empezaba a encajar la influencia de los videojuegos ha llegado como un torbellino la revolución audiovisual y «Youtube, con una depuración brutal del lenguaje»: ojo de pez, 80% de plano secuencia, mirada directa a cámara…, «algo muy difícil de asimilar en televisión y sobre todo en cine».

Pero que acabará llegando en fusión con el lenguaje propio del cine Como ejemplo, el canal Wasabi Humor, de Álvaro Moro, que ha logrado el maridaje al incorporar las nuevas aportaciones sin perder las mejores referencias cinematográficas.

Pero más allá del modo en que cambia la narrativa, hay un salto todavía más potente que pasa por la generación de contenidos transmedia y por la búsqueda de experiencias inmersivas. El ejemplo más ilustrativo ha vuelto a estar en la última edición de Sitges. Lo fue la controvertida proyección de Ismael Prego (Wismichu en Youtube, casi ocho millones de suscriptores) de El bocadillo, un largometraje que en realidad es un bucle de más de una hora de un gag de cómo se hace un bocata.

Tenía más miga el tráiler que la película. Lo de menos, nos dice Wismichu, es lo que sucede en la pantalla. Lo importante está en la reacción del público –grabado a su vez para un futuro documental–. Lo relevante es lo que todavía está por suceder o lo que ocurría en otras pantallas: las noticias de los digitales cuando saltó la polémica, las redes ardiendo con los comentarios.

Lo que para el resto era un troleo entusiasmó a sus seguidores, como indica De la Fuente. Seguramente no esperaban menos de él. Son los «sueños húmedos» a los que se refiere Alesya Crocodile.

La modernidad líquida del sociólogo Zygmunt Bauman ha llegado al cine. Los jóvenes se han desprendido de «la unicidad» de la obra como la entendíamos antes, subraya De la Fuente.

«El futuro de la creación de contenidos fusiona mucho los formatos; el cine ya no es solo cine, es también series», asegura Mafalda González, para quien «Internet está abriendo la mente del espectador a nuevas maneras de contar. Las películas con riesgo están en internet y en los festivales», dirigidos a públicos específicos, difíciles de movilizar. «Se trata de si ese tipo de público se va a levantar de su asiento y, además, a pagar por ver una película».

De momento, el prestigio y los premios que conceden las cátedras del séptimo arte se las siguen llevando cineastas jóvenes como Laura Ferrés, que muy poco tienen que ver con los experimentos youtuber, aunque haya puntos en común: la precariedad de medios y la inclinación por géneros «híbridos» que permiten filmar la realidad con equipos reducidos y costes asumibles.

Mister Jagger en Alcine

Esta barcelonesa de 29 años relata en su corto documental Los desheredados la caída de la empresa de autobuses de su padre. Ha ganado el Leica Cine Discovery Prize en la Semana de la Crítica de Cannes y se ha llevado el Goya en su categoría.

«A veces ves anuncios hechos como memes. En internet hay cosas interesantes; respeto que lo hagan y a la larga va a tener que repercutir en el mundo del cine, porque cada generación hace su aportación y no puede desvincularse de su contexto. Pero yo pienso que el cine es algo más, no es solo contenido audiovisual, que me parece una palabra horrible».

En el festival de Alcalá se ha montado la exposición Alcine VR. Viaje al centro del multiverso (visitable hasta el 25 de noviembre en la Sala Antonio López del Antiguo Hospital Santa María la Rica). La tercera y última parada propone una experiencia de realidad virtual para meterse en el pellejo de Manolo, un detective cascarrabias de finales de los 20 en un Madrid noir, o de una científica inuit preocupada por el cambio climático en el año 2026.

No solo El Rubius y Mister Jagger pueden vivir su propia aventura en la gran pantalla. El cine del futuro nos propone ser los protagonistas de la película y dar un salto al vacío. El profesor Julián de la Fuente ya fantasea con actualizar los clásicos de los 80, no para una tarde de manta y palomitas, sino para que nosotros mismos seamos uno de los goonies.

Ya están aquí los grafiteros del séptimo arte. Populares generadores de contenidos para internet como El Rubius con su serie Virtual Hero estrenada en el Festival de Sitges o Mister Jägger y Chico Morera con sus películas Jägger Royale y Blood Room se están asomando a la gran pantalla.

Llegan aupados en otros referentes, saltan por encima de los géneros y tienen tanto descaro como visibilidad: detrás de ellos hay centenares de miles de seguidores que viralizan sus ficciones cortas. Sus primeros escarceos en el cine ya lo están trasladando hacia un nuevo terreno, con espectadores hiperactivos que demandan relatos transmedia y experiencias inmersivas.

El estreno de los primeros capítulos de la serie de El Rubius para Movistar + constituyó todo un acontecimiento que se pudo vivir en dimensiones paralelas. Virtual Hero es un producto para series que antes de tomar movimiento estuvo plasmado en las páginas de cómic.

Trata sobre la inmersión en un mundo de videojuego del alter ego en dibujo animado del famoso youtuber y se presentó en octubre en el Festival Catalán de Cine Fantástico, donde –por cierto– el público también pudo vivir su propia zambullida virtual  y colarse durante siete minutos en la recreación de la habitación de la joven estrella de internet.

Había aún más: en la víspera del estreno en televisión, El Rubius presentó uno de los episodios en su canal de Youtube, con más de 32 millones de suscriptores, el triple de espectadores que tuvo en España la emisión de la última final de la Champions.

¿Es este el cine que está por venir?

El Festival de Cine de Alcalá de Henares, Alcine, ha dedicado su recién sellada 48ª edición a las generaciones milenial y centennial. «Nos estábamos preguntando algo que creo que se pregunta mucha gente: dónde están los nuevos espectadores y los nuevos creadores, porque no los vemos en los circuitos habituales ni en el cine comercial al uso», reflexiona su director, Luis Mariano González.

No están, pero asoman. El propio festival alcalaíno, y también otros como Sitges, han hecho hueco en sus programaciones a los trabajos de generadores de contenidos audiovisuales en internet. La red es un banco de pruebas y un vivero de talentos. Y algunas de sus estrellas están dando el salto a la gran pantalla, aunque en menor medida que a la publicidad.

González detecta que «cada vez hay más cortometrajes que se atreven a mezclar formatos, a introducir texto en la pantalla, animación… y se nota que les sale de forma natural, nada forzada».

«Haz lo que te mole aunque creas que no le va a gustar a nadie», proponía en Alcalá la semana pasada Christian Flores, autor de un trip mix viral sobre Las Meninas. Asegura que desconoce qué hace que se disparen las visitas, pero tiene alguna intuición: «Internet premia lo raro. Algo que te mole a ti ya es un éxito. Haz muchos vídeos. Esto es una lucha. Y cuantas menos manos intervengan, mejor, porque si no perderá pureza».

La cuestión es que lo que hacen le mola a demasiada gente. Los youtubers tienen una visibilidad que ya hubieran querido para sí Scorsese o Kubrick en sus inicios. Y trabajan con muy pocos medios. Si no pureza, se advierte una gran autenticidad en su trabajo.

«Lo experimental está en internet», asegura Mafalda González, directora de proyectos de Flooxer, plataforma de ATresMedia, abierta en 2015 y especialmente dirigida a jóvenes.

«Internet es un campo de entrenamiento donde hay gente que ahora mismo puede estar haciendo un churro, pero que dentro de tres años te puede estar haciendo una maravilla».

Cree que parte de los métodos y narrativas que experimentan los creadores más jóvenes acabarán «contagiando al cine para un público más generalista», ese que todavía acude a las salas para ver una película atornillado a su butaca mientras come palomitas.

Pero internet también es ya un caladero de talentos. «No solo hay influencers; algunos tienen un millón de seguidores y otros solo cien, pero hay mucha gente que está haciendo las cosas con identidad y con voz propia», defiende Mafalda González.

Ella es la cazatalentos. Pasa todo el día con un ojo en las pequeñas pantallas. Entre los empeños de Flooxer está atraer para otros formatos a creadores como Mister Jagger, JPelirrojo o Adelita Power, y otros artistas como el cineasta Nacho Vigalondo o el cómico Pepe Colubi.

Uno de sus proyectos más reciente es Terror y feria, producida por los Javis (auténtico fenómeno televisivo con OT y cinematográfico con La llamada) y escrita y dirigida por Benja de la Rosa, autor de La sexta alumna, una película realizada con un Iphon 6 Plus.

Laura Ferres en Cannes

Las plataformas de series, pero también las de vídeo bajo demanda como Netflix o Filmin, están siendo las primeras en abrir sus puertas al atrevimiento de estos youtubers. Es el paso que todavía le está costando en España a la industria cinematográfica, más pesada, como reconoce Alesya Crocodile. «Las productoras son muy reticentes, pero también es verdad que cada vez nos van prestando más atención».

Ella es periodista y creadora de contenidos audiovisuales desde 2013, pero tras un recorrido de cinco años con animaciones en su canal de Youtube se propuso dar el salto. «Es una evolución natural del creador querer hacer algo más elaborado».

Su mediometraje Banana: origen, que estrenó en julio en el Artistic Metropol de Madrid, es un falso documental incubado en redes sociales. Narra el descenso a los infiernos de un plátano glamuroso e influencer.

«Me hacía gracia llevar una historia así a la gran pantalla y ha tenido un recibimiento muy bueno». Ha sido el traslado al pantallón de «los sueños húmedos» de internet.

En Estados Unidos hace tiempo que Youtube ha entrado en la competición por los contenidos de pago y que algunos de sus creadores más seguidos protagonizan películas como Scare PewDiePie, Foursome, Untitled Gigi Gorgeous projet, A trip to Unicorn Island o Internet famous, con el respaldo de la potente Disney. Paramount Players acaba de anunciar Unboxing, una película de los estudios independientes Pocket.watch, sobre las aventuras de un youtuber de 11 años.

En España, de momento los proyectos más llamativos siguen partiendo de los propios creadores, fieles a su estilo y su público. Mister Jagger, con casi 900.000 suscriptores en su canal, confesaba en 2015 que «lo romántico es llevar a la gente hasta las salas». Lo ha hecho: el año pasado estrenó en cines de todo el país, y desde marzo se ve en Filmin, una cinta de 53 minutos que ha producido, escrito y dirigido, además de no contar con más actores que él mismo.

En Jägger Royale el espectador asiste a un cóctel de movimientos de cámara espasmódicos y diálogos excesivos, con un baile de disfraces salpicados de chorros de sangre y de esperma por el que desfila una galería de pintorescos personajes rescatados de sus vídeos cortos. Es una batalla de todos contra todos que remite a las cintas de serie Z y a la película de culto japonesa Battle Royale, cuyo guiño incluso está presente en el título.

Si el cine que nos espera se parece a Banana: origen o Jägger Royale, está claro que opera con otro lenguaje y que tiene otros referentes. Los nuevos creadores no veneran a Francis Ford Coppola ni a Orson Wells. Lo sabe bien Julián de la Fuente, profesor del Área de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Alcalá. Cuando pregunta en clase quiénes de sus alumnos han visto El Padrino, apenas cuatro y cinco de estos futuros cineastas levantan la mano.

«A veces te echas las manos a la cabeza porque no conozcan ciertos títulos», no ya por el hecho de sacralizarlos, sino de que aprovechen sus lecciones magistrales. «Pero ellos tienen unos referentes muy amplios», explica De la Fuente: «Internet ha democratizado el acceso a contenidos audiovisuales, desde lo más obvio como El Rubius a cineastas coreanos buenísimos».

Y los jóvenes picotean a diestro y siniestro. También, por supuesto, videojuegos, manga, música pop y urbana y la cultura digital de memes, stories y remixes.

«El cine siempre ha sido una esponja», asegura, pero cuando empezaba a encajar la influencia de los videojuegos ha llegado como un torbellino la revolución audiovisual y «Youtube, con una depuración brutal del lenguaje»: ojo de pez, 80% de plano secuencia, mirada directa a cámara…, «algo muy difícil de asimilar en televisión y sobre todo en cine».

Pero que acabará llegando en fusión con el lenguaje propio del cine Como ejemplo, el canal Wasabi Humor, de Álvaro Moro, que ha logrado el maridaje al incorporar las nuevas aportaciones sin perder las mejores referencias cinematográficas.

Pero más allá del modo en que cambia la narrativa, hay un salto todavía más potente que pasa por la generación de contenidos transmedia y por la búsqueda de experiencias inmersivas. El ejemplo más ilustrativo ha vuelto a estar en la última edición de Sitges. Lo fue la controvertida proyección de Ismael Prego (Wismichu en Youtube, casi ocho millones de suscriptores) de El bocadillo, un largometraje que en realidad es un bucle de más de una hora de un gag de cómo se hace un bocata.

Tenía más miga el tráiler que la película. Lo de menos, nos dice Wismichu, es lo que sucede en la pantalla. Lo importante está en la reacción del público –grabado a su vez para un futuro documental–. Lo relevante es lo que todavía está por suceder o lo que ocurría en otras pantallas: las noticias de los digitales cuando saltó la polémica, las redes ardiendo con los comentarios.

Lo que para el resto era un troleo entusiasmó a sus seguidores, como indica De la Fuente. Seguramente no esperaban menos de él. Son los «sueños húmedos» a los que se refiere Alesya Crocodile.

La modernidad líquida del sociólogo Zygmunt Bauman ha llegado al cine. Los jóvenes se han desprendido de «la unicidad» de la obra como la entendíamos antes, subraya De la Fuente.

«El futuro de la creación de contenidos fusiona mucho los formatos; el cine ya no es solo cine, es también series», asegura Mafalda González, para quien «Internet está abriendo la mente del espectador a nuevas maneras de contar. Las películas con riesgo están en internet y en los festivales», dirigidos a públicos específicos, difíciles de movilizar. «Se trata de si ese tipo de público se va a levantar de su asiento y, además, a pagar por ver una película».

De momento, el prestigio y los premios que conceden las cátedras del séptimo arte se las siguen llevando cineastas jóvenes como Laura Ferrés, que muy poco tienen que ver con los experimentos youtuber, aunque haya puntos en común: la precariedad de medios y la inclinación por géneros «híbridos» que permiten filmar la realidad con equipos reducidos y costes asumibles.

Mister Jagger en Alcine

Esta barcelonesa de 29 años relata en su corto documental Los desheredados la caída de la empresa de autobuses de su padre. Ha ganado el Leica Cine Discovery Prize en la Semana de la Crítica de Cannes y se ha llevado el Goya en su categoría.

«A veces ves anuncios hechos como memes. En internet hay cosas interesantes; respeto que lo hagan y a la larga va a tener que repercutir en el mundo del cine, porque cada generación hace su aportación y no puede desvincularse de su contexto. Pero yo pienso que el cine es algo más, no es solo contenido audiovisual, que me parece una palabra horrible».

En el festival de Alcalá se ha montado la exposición Alcine VR. Viaje al centro del multiverso (visitable hasta el 25 de noviembre en la Sala Antonio López del Antiguo Hospital Santa María la Rica). La tercera y última parada propone una experiencia de realidad virtual para meterse en el pellejo de Manolo, un detective cascarrabias de finales de los 20 en un Madrid noir, o de una científica inuit preocupada por el cambio climático en el año 2026.

No solo El Rubius y Mister Jagger pueden vivir su propia aventura en la gran pantalla. El cine del futuro nos propone ser los protagonistas de la película y dar un salto al vacío. El profesor Julián de la Fuente ya fantasea con actualizar los clásicos de los 80, no para una tarde de manta y palomitas, sino para que nosotros mismos seamos uno de los goonies.

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