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17 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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La mirada limpia de un yugoslavo sin patria

17 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Eren Saracevic no tiene patria. Su sentido de pertenencia desapareció con el desmembramiento de la antigua Yugoslavia. Nacido en Sarajevo, con 5 años huyó con su madre a Belgrado ante el inminente conflicto que se cernía sobre la zona. Una parada técnica de seis meses antes de aterrizar en Menorca, el lugar donde creció y pasó su etapa formativa.
En su nueva vida a orillas del mar Mediterráneo, sus padres nunca le hablaron de los nuevos países que se habían creado tras el final del conflicto. Para ellos no existía Bosnia, Croacia, Serbia, Eslovenia ni Macedonia. Ellos eran yugoslavos.
«La composición de mi familia es peculiar. Mi bisabuela era serbia, mi abuelo era serbio, mi abuela era católica y croata. Mi tía es ortodoxa. Mi madre se define como católica. Mi padre viene de familia musulmana de Sarajevo», relata. Su sentido de pertenencia no estaba marcado por las diferencias, sino por la unión de culturas que representaba su familia y, por extensión, su nación.
Nostalgia es un intento de reconectar con ese pasado. Un fotolibro que se beneficia de la mirada limpia de alguien menos contaminado por la política y el maniqueísmo que magnificó la guerra.
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«Entiendo que este tipo de temas están muy marcados por el código genético que viene de padres e hijos. Ellos me educaron para no sentirme ni una cosa ni otra. Cuando el concepto se deshizo, dejó de existir para ellos. Ya no había un lugar donde volver al sitio donde ellos fueron felices», indica el diseñador.
No siempre sintió especial apego a su país de origen. Durante muchos años, Saracevic abordó este tema con indiferencia desde su nueva vida menorquina, hasta que un problema personal lo llevó a investigar sus raíces.
«Uno se empieza a hacer preguntas. No me sentía ni bosnio, ni croata, ni serbio. Tampoco terminaba de ser español. El tema de la identidad, aunque parezca una tontería, puede causar mucha confusión. Fue entonces cuando decidí que tenía que volver e intentar entender todo lo que fue».
Su sensación de desarraigo lo llevó a explorar el fenómeno de la yugonostalgia, un sentimiento enraizado entre una parte de la población balcánica que mira con nostalgia el pasado. Un sentimiento que se ha ido reforzando por las condiciones económicas precarias de un país cuyos habitantes, en muchos casos, viven peor que antes de la guerra.
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«Es normal que mucha gente mire atrás y prefiera lo que pasaba entonces. Los ciudadanos podían viajar, tenían más estabilidad, había sanidad universal, créditos a cero interés y una sensación de tranquilidad. Esto no quita que Tito fuese un dictador autoritario aunque no totalitario».
Durante los tres meses que pasó fotografiando la zona, Saracevic se benefició de esa mirada de «turista que vuelve a un lugar en el que nunca vivió. Es una sensación extraña. Tengo otro planteamiento. Tengo acceso a familia croata, bosnia y serbia. De diversas religiones con la que poder hablar y poder conversar. Me aportan muchos más puntos de vista».
«He intentado no caer en buenos ni malos. Quería que el libro fuese muy simbólico. Intentar entender un poco la generación de mis padres. Qué es lo que debieron sentir con esta destrucción con el nivel ideológico de su país».
La presentación del libro refleja esta noción de un concepto de nación rota. Algunas páginas están arrancadas y muchas fotos exploran lo que queda de esa separación. «Lo que antes eran semejanzas ahora se convierten en diferencias. Los símbolos se usan para unir o separar en función de los intereses».

16
«Los musulmanes miran a Estambul, los serbios a Moscú y los croatas al Vaticano. A lo lejos estaba su amor y cerca de ellos se encontraba su odio», Ivo Andric, El puente sobre Drina (1945)

10
«Son 3 vecinos con 3 parabólicas que miran a distintos lugares del mundo como la famosa frase de Ivo Andrić»

¿El sueño europeo ha acabado?
Aunque el tema esté centrado principalmente en los Balcanes, Saracevic ve algunos paralelismos con la Europa actual. «Existe el sueño americano, que es básicamente perseguir hacer mucha pasta, pero también existe el sueño europeo. Eso es por lo menos lo que me contó un amigo mexicano que vino a España en busca de esa estabilidad y filosofía socialdemócrata que representa el continente. Se encontró que eso está desapareciendo».
«En Bosnia también hay un intento de vender que cuando llegue la Unión Europea todo será mejor. Pero lo que ha pasado en los últimos años en Europa nos dice que algún día podría acabar en el museo de las relaciones rotas. Es improbable, pero no imposible. Si eso ocurre, ¿acabaremos viviendo una especie de eurostalgia? ¿Recordaremos cuando nos íbamos a Italia o Francia de vacaciones sin ningún tipo de problema? El pasado irreparable de Yugoslavia podría acabar siendo el futuro de Europa».
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«Es curioso que el museo de relaciones rotas esté en Zagreb. Refleja a la perfección lo que ocurrió aquí».

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Posiblemente no exista un símbolo más potente de la situación de Bosnia que el banco de cristal en Mostar. Un edificio que sigue abandonado y que tiene más de 40 años. El cristal ya ha desaparecido y es una perfecta metáfora del estado de la economía bosnia.


Nostalgia es un libro completamente autopublicado que saldrá a finales de noviembre. La primera edición tendrá 200 ejemplares.
 
 
 
 
 

Eren Saracevic no tiene patria. Su sentido de pertenencia desapareció con el desmembramiento de la antigua Yugoslavia. Nacido en Sarajevo, con 5 años huyó con su madre a Belgrado ante el inminente conflicto que se cernía sobre la zona. Una parada técnica de seis meses antes de aterrizar en Menorca, el lugar donde creció y pasó su etapa formativa.
En su nueva vida a orillas del mar Mediterráneo, sus padres nunca le hablaron de los nuevos países que se habían creado tras el final del conflicto. Para ellos no existía Bosnia, Croacia, Serbia, Eslovenia ni Macedonia. Ellos eran yugoslavos.
«La composición de mi familia es peculiar. Mi bisabuela era serbia, mi abuelo era serbio, mi abuela era católica y croata. Mi tía es ortodoxa. Mi madre se define como católica. Mi padre viene de familia musulmana de Sarajevo», relata. Su sentido de pertenencia no estaba marcado por las diferencias, sino por la unión de culturas que representaba su familia y, por extensión, su nación.
Nostalgia es un intento de reconectar con ese pasado. Un fotolibro que se beneficia de la mirada limpia de alguien menos contaminado por la política y el maniqueísmo que magnificó la guerra.
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«Entiendo que este tipo de temas están muy marcados por el código genético que viene de padres e hijos. Ellos me educaron para no sentirme ni una cosa ni otra. Cuando el concepto se deshizo, dejó de existir para ellos. Ya no había un lugar donde volver al sitio donde ellos fueron felices», indica el diseñador.
No siempre sintió especial apego a su país de origen. Durante muchos años, Saracevic abordó este tema con indiferencia desde su nueva vida menorquina, hasta que un problema personal lo llevó a investigar sus raíces.
«Uno se empieza a hacer preguntas. No me sentía ni bosnio, ni croata, ni serbio. Tampoco terminaba de ser español. El tema de la identidad, aunque parezca una tontería, puede causar mucha confusión. Fue entonces cuando decidí que tenía que volver e intentar entender todo lo que fue».
Su sensación de desarraigo lo llevó a explorar el fenómeno de la yugonostalgia, un sentimiento enraizado entre una parte de la población balcánica que mira con nostalgia el pasado. Un sentimiento que se ha ido reforzando por las condiciones económicas precarias de un país cuyos habitantes, en muchos casos, viven peor que antes de la guerra.
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«Es normal que mucha gente mire atrás y prefiera lo que pasaba entonces. Los ciudadanos podían viajar, tenían más estabilidad, había sanidad universal, créditos a cero interés y una sensación de tranquilidad. Esto no quita que Tito fuese un dictador autoritario aunque no totalitario».
Durante los tres meses que pasó fotografiando la zona, Saracevic se benefició de esa mirada de «turista que vuelve a un lugar en el que nunca vivió. Es una sensación extraña. Tengo otro planteamiento. Tengo acceso a familia croata, bosnia y serbia. De diversas religiones con la que poder hablar y poder conversar. Me aportan muchos más puntos de vista».
«He intentado no caer en buenos ni malos. Quería que el libro fuese muy simbólico. Intentar entender un poco la generación de mis padres. Qué es lo que debieron sentir con esta destrucción con el nivel ideológico de su país».
La presentación del libro refleja esta noción de un concepto de nación rota. Algunas páginas están arrancadas y muchas fotos exploran lo que queda de esa separación. «Lo que antes eran semejanzas ahora se convierten en diferencias. Los símbolos se usan para unir o separar en función de los intereses».

16
«Los musulmanes miran a Estambul, los serbios a Moscú y los croatas al Vaticano. A lo lejos estaba su amor y cerca de ellos se encontraba su odio», Ivo Andric, El puente sobre Drina (1945)

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«Son 3 vecinos con 3 parabólicas que miran a distintos lugares del mundo como la famosa frase de Ivo Andrić»

¿El sueño europeo ha acabado?
Aunque el tema esté centrado principalmente en los Balcanes, Saracevic ve algunos paralelismos con la Europa actual. «Existe el sueño americano, que es básicamente perseguir hacer mucha pasta, pero también existe el sueño europeo. Eso es por lo menos lo que me contó un amigo mexicano que vino a España en busca de esa estabilidad y filosofía socialdemócrata que representa el continente. Se encontró que eso está desapareciendo».
«En Bosnia también hay un intento de vender que cuando llegue la Unión Europea todo será mejor. Pero lo que ha pasado en los últimos años en Europa nos dice que algún día podría acabar en el museo de las relaciones rotas. Es improbable, pero no imposible. Si eso ocurre, ¿acabaremos viviendo una especie de eurostalgia? ¿Recordaremos cuando nos íbamos a Italia o Francia de vacaciones sin ningún tipo de problema? El pasado irreparable de Yugoslavia podría acabar siendo el futuro de Europa».
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«Es curioso que el museo de relaciones rotas esté en Zagreb. Refleja a la perfección lo que ocurrió aquí».

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Posiblemente no exista un símbolo más potente de la situación de Bosnia que el banco de cristal en Mostar. Un edificio que sigue abandonado y que tiene más de 40 años. El cristal ya ha desaparecido y es una perfecta metáfora del estado de la economía bosnia.


Nostalgia es un libro completamente autopublicado que saldrá a finales de noviembre. La primera edición tendrá 200 ejemplares.
 
 
 
 
 

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