13 de septiembre 2011    /   DIGITAL
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Zapatos que recargan tu móvil

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Si algún recuerdo nos quedó a todos perenne de aquellas clases de física del cole es eso de que “la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma”. Se llama principio de conservación, y los científicos Tom Krupenkin y Ashley Taylor, de la Universidad de Wisconsin (Madison), además decidieron ponerlo en práctica.
Pensaron que los humanos nos pasamos la vida desperdiciando la energía que generan nuestros pasos al andar mientras echamos de menos la electricidad que le falta a las baterías de nuestros aparatos electrónicos móviles. Su idea: obtener electricidad de nuestro movimiento para alimentar nuestros dispositivos. Es decir, un cargador instalado en el zapato.
El invento se ganó un hueco en la revista Nature el pasado mes. Es un artilugio capaz de convertir la energía mecánica en energía eléctrica gracias a una tecnología conocida como electrohumectación inversa. Lo forma un sistema de microfluidos compuesto por miles de microgotas colocadas sobre un sustrato nano-estructurado que aprovecha la deformación del líquido al pisar para generar carga. Gracias a esta reacción, un pequeño dispositivo instalado en las zapatillas puede capturar la energía producida al caminar y transformarla en vatios de potencia eléctrica.
Según el artículo de Nature, en cada paso que damos se pierden un mínimo de diez vatios en forma de calor. Krupenkin y Taylor afirman que “una persona puede generar hasta un kilovatio tan sólo con una carrera”. Aunque el novedoso invento tan solo ha llegado a obtener unos milivatios de energía eléctrica en cada compresión del zapato, es suficiente para alimentar las baterías de nuestros teléfonos, ordenadores portátiles, cámaras o MP3, aparatos que necesitan una potencia eléctrica de entre 1 y 15 vatios para funcionar.

La popularización de este sistema de producción de energía limpia supondría una reducción considerable de consumo y nos podría permitir olvidarnos de enchufar nuestros aparatos a la corriente del enchufe. Una ventaja que Krupenkin considera que será de utilidad en países en desarrollo, donde en ocasiones la gente tiene dificultades para acceder a una red eléctrica constante.
Así mismo, serviría como alternativa a la energía solar, otra fuente renovable también utilizada a menudo para pequeños aparatos electrónicos, pero que posee el inconveniente de ser ineficaz durante la noche y los días nublados.
El invento de Krupenkin y Taylor está aún en fase de desarrollo. Además de mejorar su rendimiento, los dos científicos estudian cómo lograr que la energía que genera el zapato pueda transmitirse a nuestros dispositivos móviles de manera inalámbrica, a través de una conexión Wi-Fi. Algo que permitiría que una batería durase años sin ser recargada ya que se alimentaría cada vez que diésemos un paso.
Aunque al artilugio aún le quedan los últimos retoques para poder salir al mercado, ya se ha creado una empresa, InStep NanoPower, que ha iniciado los trámites para comenzar su comercialización. Del precio aún no se sabe nada, un dato que también podría ser de interés para esas personas de países en vías de desarrollo a las que hace referencia Krupenkin.
Parece que el milagro de las baterías que no se gastan ha llegado, por fin, en forma de zapatillas. Así que Lázaro, levántate y anda, qué a tu móvil le queda una rayita.
 


Si algún recuerdo nos quedó a todos perenne de aquellas clases de física del cole es eso de que “la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma”. Se llama principio de conservación, y los científicos Tom Krupenkin y Ashley Taylor, de la Universidad de Wisconsin (Madison), además decidieron ponerlo en práctica.
Pensaron que los humanos nos pasamos la vida desperdiciando la energía que generan nuestros pasos al andar mientras echamos de menos la electricidad que le falta a las baterías de nuestros aparatos electrónicos móviles. Su idea: obtener electricidad de nuestro movimiento para alimentar nuestros dispositivos. Es decir, un cargador instalado en el zapato.
El invento se ganó un hueco en la revista Nature el pasado mes. Es un artilugio capaz de convertir la energía mecánica en energía eléctrica gracias a una tecnología conocida como electrohumectación inversa. Lo forma un sistema de microfluidos compuesto por miles de microgotas colocadas sobre un sustrato nano-estructurado que aprovecha la deformación del líquido al pisar para generar carga. Gracias a esta reacción, un pequeño dispositivo instalado en las zapatillas puede capturar la energía producida al caminar y transformarla en vatios de potencia eléctrica.
Según el artículo de Nature, en cada paso que damos se pierden un mínimo de diez vatios en forma de calor. Krupenkin y Taylor afirman que “una persona puede generar hasta un kilovatio tan sólo con una carrera”. Aunque el novedoso invento tan solo ha llegado a obtener unos milivatios de energía eléctrica en cada compresión del zapato, es suficiente para alimentar las baterías de nuestros teléfonos, ordenadores portátiles, cámaras o MP3, aparatos que necesitan una potencia eléctrica de entre 1 y 15 vatios para funcionar.

La popularización de este sistema de producción de energía limpia supondría una reducción considerable de consumo y nos podría permitir olvidarnos de enchufar nuestros aparatos a la corriente del enchufe. Una ventaja que Krupenkin considera que será de utilidad en países en desarrollo, donde en ocasiones la gente tiene dificultades para acceder a una red eléctrica constante.
Así mismo, serviría como alternativa a la energía solar, otra fuente renovable también utilizada a menudo para pequeños aparatos electrónicos, pero que posee el inconveniente de ser ineficaz durante la noche y los días nublados.
El invento de Krupenkin y Taylor está aún en fase de desarrollo. Además de mejorar su rendimiento, los dos científicos estudian cómo lograr que la energía que genera el zapato pueda transmitirse a nuestros dispositivos móviles de manera inalámbrica, a través de una conexión Wi-Fi. Algo que permitiría que una batería durase años sin ser recargada ya que se alimentaría cada vez que diésemos un paso.
Aunque al artilugio aún le quedan los últimos retoques para poder salir al mercado, ya se ha creado una empresa, InStep NanoPower, que ha iniciado los trámites para comenzar su comercialización. Del precio aún no se sabe nada, un dato que también podría ser de interés para esas personas de países en vías de desarrollo a las que hace referencia Krupenkin.
Parece que el milagro de las baterías que no se gastan ha llegado, por fin, en forma de zapatillas. Así que Lázaro, levántate y anda, qué a tu móvil le queda una rayita.
 

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