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17 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD
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La revista infantil que resiste las bombas en Siria

17 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Aquella tarde, lo único que Diala pudo hacer para reprimir el dolor fue coger su rotulador negro. Era agosto de 2012 y en un mismo día 400 personas habían sido asesinadas en la ciudad de Daraya, al sur de Siria. Con su rotulador negro, sobre una hoja en blanco, Diala dibujó un niño sin una pierna, sin un brazo, con la mirada clavada en un globo manchado con tinta roja. Bajo el dibujo, escribió: «Dejadme la mano que me queda y marcháos».

zaytun

«Era la primera vez que presenciábamos una masacre así en Siria», explica por Skype la artista e ilustradora Diala Brisly que, después de huir de su país, se refugió en Turquía y más tarde en Jordania. Desde el exilio trata de apoyar con sus dibujos a los niños a los que la guerra les ha forzado a vivir en campos de refugiados en otros países y también a los que sobreviven dentro de Siria. Diala es una de las colaboradoras de la revista infantil Zaytun & Zaytouna (Olivo y Oliva) que desde hace tres años se edita y distribuye entre los niños de Siria, resistiendo las bombas, superando la guerra.

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«Decidimos crear la revista para ofrecer a los niños un espacio libre de sufrimiento, que no hablase de la guerra ni de las muertes», explica Somar Kanjo, uno de los editores y fundadores de la publicación, que se imprime y distribuye en las provincias de Aleppo e Idleb. Una bomba destruyó la pequeña imprenta con la que empezaron a publicar en julio de 2013, pero Kanjo se llevó los colores a otra parte y siguieron con la revista. «En total somos 10 escritores y 10 ilustradores que colaboramos desde distintos puntos dentro y fuera de Siria. Ni  siquiera nos podemos reunir en persona para planificar la revista porque es demasiado peligroso, y la mayoría utilizan nombres artísticos para que no les reconozcan». La publicación, con sus 20 páginas llenas de color, está totalmente prohibida en las zonas dominadas por ISIS y por el gobierno de Bashar al-Assad.

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El arte, en cualquiera de sus expresiones, es siempre una de las primeras voces que la guerra trata de acallar. En Siria, junto a un contexto general de represión, el conflicto arrancó con los grafitis de un grupo de niños en las paredes de su escuela.

Era febrero de 2011 y algunos países del entorno vivían las revoluciones que ya habían hecho caer al presidente de Túnez y al de Egipto. Un niño pintó un grafiti: «la gente quiere que el régimen caiga». A su lado, otro niño fue más allá: «tu turno se acerca, doctor», aludiendo al presidente del país, que estudió oftalmología.

Al día siguiente, la policía secreta se llevó a los niños que supuestamente pintaron los grafitis. Los torturaron. La gente se echó a las calles. Comenzaron las protestas. La policía mató a cuatro personas en una manifestación pacífica. Comenzó la revolución; después, la guerra civil. Hoy, cinco años más tarde, la muerte y la destrucción de la población siria se mantiene dentro y fuera de sus fronteras. También a su llegada a Europa.

zaytun

[E]n la revista, sus creadores abordan temas relacionados con la cultura, la educación, la poesía o el juego. En sus páginas incluyen también dibujos e historias elaboradas por los propios niños. «A los niños les pedíamos que para la revista tratasen de no dibujar aviones militares, bombardeos, escenas de destrucción y muerte… y que nos hablasen de sus madres, de la primavera, de la luna, de los paseos por el campo. Pero la realidad durante todos estos años ha sido que al día siguiente se despertaban de nuevo con los bombardeos, con el ruido de los aviones», explica Somar. Los niños necesitan expresar lo que tienen dentro y la guerra es lo que ha estado dominando sus vidas desde fuera.

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«En una de las ilustraciones para la revista, dibujé a un niño en su bici vendiendo algodón de azúcar. Es algo simbólico. Es un niño que trabaja vendiendo cosas a otros niños porque necesita el dinero para sobrevivir. Muchos de los niños que leen la revista están en la misma situación, tienen que trabajar para poder vivir. Por eso dibujé al niño feliz. No puedo encontrar una solución para ese niño, va a seguir trabajando, pero quiero que sea feliz», explica Diala.

zaytun

A los 19 años, Diala Brisly encontró en la ilustración una vía de escape a su propia realidad. Cuando sus padres se fueron de casa, ella se quedó a cargo de sus hermanos pequeños. Más tarde, con el inicio de las revueltas en Siria, Diala participó activamente apoyando las manifestaciones en las calles con sus ilustraciones (su dibujo sobre la huelga de hambre en la cárcel de mujeres de Adra se hizo viral en las redes sociales) y cuando las revueltas se mutaron en guerra, siguió colaborando con el reparto de medicamentos.

Pero un día decidió huir, ya no podía más. «Con cada muerte, una muere muchas veces», añade. Una vez en el exilio supo que su hermano había muerto por la explosión de una mina antipersona mientras trataba de escapar a través de la frontera con Turquía.

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«Mucha gente mira las noticias en televisión y siente que ya no puedo soportarlo más», indica. «A mí también me ocurre, por eso huí de mi país y por eso prefiero poner esperanza en las ilustraciones, enfrentarme a la tragedia de un modo distinto».

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Aquella tarde, lo único que Diala pudo hacer para reprimir el dolor fue coger su rotulador negro. Era agosto de 2012 y en un mismo día 400 personas habían sido asesinadas en la ciudad de Daraya, al sur de Siria. Con su rotulador negro, sobre una hoja en blanco, Diala dibujó un niño sin una pierna, sin un brazo, con la mirada clavada en un globo manchado con tinta roja. Bajo el dibujo, escribió: «Dejadme la mano que me queda y marcháos».

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«Era la primera vez que presenciábamos una masacre así en Siria», explica por Skype la artista e ilustradora Diala Brisly que, después de huir de su país, se refugió en Turquía y más tarde en Jordania. Desde el exilio trata de apoyar con sus dibujos a los niños a los que la guerra les ha forzado a vivir en campos de refugiados en otros países y también a los que sobreviven dentro de Siria. Diala es una de las colaboradoras de la revista infantil Zaytun & Zaytouna (Olivo y Oliva) que desde hace tres años se edita y distribuye entre los niños de Siria, resistiendo las bombas, superando la guerra.

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«Decidimos crear la revista para ofrecer a los niños un espacio libre de sufrimiento, que no hablase de la guerra ni de las muertes», explica Somar Kanjo, uno de los editores y fundadores de la publicación, que se imprime y distribuye en las provincias de Aleppo e Idleb. Una bomba destruyó la pequeña imprenta con la que empezaron a publicar en julio de 2013, pero Kanjo se llevó los colores a otra parte y siguieron con la revista. «En total somos 10 escritores y 10 ilustradores que colaboramos desde distintos puntos dentro y fuera de Siria. Ni  siquiera nos podemos reunir en persona para planificar la revista porque es demasiado peligroso, y la mayoría utilizan nombres artísticos para que no les reconozcan». La publicación, con sus 20 páginas llenas de color, está totalmente prohibida en las zonas dominadas por ISIS y por el gobierno de Bashar al-Assad.

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El arte, en cualquiera de sus expresiones, es siempre una de las primeras voces que la guerra trata de acallar. En Siria, junto a un contexto general de represión, el conflicto arrancó con los grafitis de un grupo de niños en las paredes de su escuela.

Era febrero de 2011 y algunos países del entorno vivían las revoluciones que ya habían hecho caer al presidente de Túnez y al de Egipto. Un niño pintó un grafiti: «la gente quiere que el régimen caiga». A su lado, otro niño fue más allá: «tu turno se acerca, doctor», aludiendo al presidente del país, que estudió oftalmología.

Al día siguiente, la policía secreta se llevó a los niños que supuestamente pintaron los grafitis. Los torturaron. La gente se echó a las calles. Comenzaron las protestas. La policía mató a cuatro personas en una manifestación pacífica. Comenzó la revolución; después, la guerra civil. Hoy, cinco años más tarde, la muerte y la destrucción de la población siria se mantiene dentro y fuera de sus fronteras. También a su llegada a Europa.

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[E]n la revista, sus creadores abordan temas relacionados con la cultura, la educación, la poesía o el juego. En sus páginas incluyen también dibujos e historias elaboradas por los propios niños. «A los niños les pedíamos que para la revista tratasen de no dibujar aviones militares, bombardeos, escenas de destrucción y muerte… y que nos hablasen de sus madres, de la primavera, de la luna, de los paseos por el campo. Pero la realidad durante todos estos años ha sido que al día siguiente se despertaban de nuevo con los bombardeos, con el ruido de los aviones», explica Somar. Los niños necesitan expresar lo que tienen dentro y la guerra es lo que ha estado dominando sus vidas desde fuera.

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«En una de las ilustraciones para la revista, dibujé a un niño en su bici vendiendo algodón de azúcar. Es algo simbólico. Es un niño que trabaja vendiendo cosas a otros niños porque necesita el dinero para sobrevivir. Muchos de los niños que leen la revista están en la misma situación, tienen que trabajar para poder vivir. Por eso dibujé al niño feliz. No puedo encontrar una solución para ese niño, va a seguir trabajando, pero quiero que sea feliz», explica Diala.

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A los 19 años, Diala Brisly encontró en la ilustración una vía de escape a su propia realidad. Cuando sus padres se fueron de casa, ella se quedó a cargo de sus hermanos pequeños. Más tarde, con el inicio de las revueltas en Siria, Diala participó activamente apoyando las manifestaciones en las calles con sus ilustraciones (su dibujo sobre la huelga de hambre en la cárcel de mujeres de Adra se hizo viral en las redes sociales) y cuando las revueltas se mutaron en guerra, siguió colaborando con el reparto de medicamentos.

Pero un día decidió huir, ya no podía más. «Con cada muerte, una muere muchas veces», añade. Una vez en el exilio supo que su hermano había muerto por la explosión de una mina antipersona mientras trataba de escapar a través de la frontera con Turquía.

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«Mucha gente mira las noticias en televisión y siente que ya no puedo soportarlo más», indica. «A mí también me ocurre, por eso huí de mi país y por eso prefiero poner esperanza en las ilustraciones, enfrentarme a la tragedia de un modo distinto».

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Opiniones 5
  • Quisiera felicitaros por esta iniciativa. Es necesario que, cuando a uno le quitan los sueños, alguien sea capaz de crear otros tan bonitos que hagan soñar. Enhorabuena por este trabajo fundamental.
    Un abrazo

  • INCREIBLE EN MEDIO DE TANTO SUFRIMIENTO Y TANTO DOLOR, EXISTAN PERSONAS Y MEDIOS QUE BUSQUEN ALIVIAR EL DOLOR DE LOS INOCENTE, LOS NIÑOS DE LAS INFANCIAS ROBADAS POR LA GUERRA Y LA DESTRUCCION.
    HACE FALTA MAS HUMANIDAD !!1 GRACIAS POR LA CREACION

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