16 de agosto 2017    /   CREATIVIDAD
por
fotografia  Cinta Tort Cartró / @zinteta

Zinteta pone color a las estrías y la menstruación para normalizar lo que debería ser normal

16 de agosto 2017    /   CREATIVIDAD     por        fotografia  Cinta Tort Cartró / @zinteta
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Zinteta, nombre con el que firma sus trabajos Cinta Tort Cartró, es una creadora que utiliza el arte y la experimentación para concienciar a la sociedad de la opresión a la que están sometidas las mujeres.

Una de las manifestaciones más evidentes de esa opresión son los cánones estéticos. Pechos, abdomen, talla, nariz, labios, caderas… La práctica totalidad del cuerpo de la mujer está sujeto al escrutinio por parte de terceros que, sin haber sido convocados para ello, deciden si es o no bonito y qué partes de la realidad femenina pueden mostrarse.

Harta de esos mensajes opresivos, Zinteta comenzó a desarrollar proyectos que reivindicaban la visibilidad de la menstruación o que demostraban que las estrías también son hermosas.

«Todo comenzó el pasado mes de marzo. Hice una ilustración en la que dibujé el cuerpo de una mujer de espaldas y en el que las estrías estaban pintadas de colores. A partir de entonces comencé a pensar si podría utilizar la piel como un nuevo lienzo en el que experimentar», explica Zinteta.

Un buen día, en su apartamento, esta artista decidió hacer realidad esa idea que había plasmado en papel y a la que venía dando vueltas. Se pintó con acuarelas de colores las estrías de la parte izquierda de su abdomen, aquellas a las que tenía acceso cómodamente. Cuando acabó, compartió la imagen en redes sociales.

«Tuvo tan buena acogida que comencé a desarrollar ese y otros proyectos destinados a mostrar la realidad corporal y luchar contra la presión estética. Por ejemplo, Mancho y no me doy asco, un proyecto destinado a normalizar la menstruación y contribuir a eliminar su tabú. Un tabú que hace que no se hable de cómo se vive ese proceso y que, en último término, no nos ayuda a respetarnos durante sus etapas».

Tanto en el proyecto de las estrías como en Mancho y no me doy asco está muy presente el color. Además de ser una de las características de la obra de Zinteta, es un recurso óptimo para que que sus propuestas resulten llamativas, optimistas y positivas, ayudando así a normalizar algo que debería ser normal.

«La idea es mostrar todo aquello que nos han hecho creer que son defectos e imperfecciones. Un concepto que, aplicado a nuestro físico, es algo difícil de ubicar. Aunque quieran hacérnoslo creer, todos esos detalles no son imperfecciones. En todos los cuerpos hay manchas, pecas, estrías, celulitis, pelos, pliegues, hay cuerpos que menstrúan… Si no aceptamos todo aquello que tenemos, tendremos más dificultad en querernos, en sentirnos seguras, en conocernos».

Las piezas de Zinzeta van dirigidas a aquellas personas que en algún momento se han sentido inseguras por su físico, a las que están o han estado acomplejadas, a las que esconden ciertos rasgos por culpa de unos mensajes tan falaces como crueles. Un posicionamiento que hace difícil determinar si las acciones de esta creadora son arte o militancia.

«Considero que hago arte y activismo. De hecho, me gusta llamarlo artivismo. El arte es una herramienta de expresión a través de la cual transmito mis sentimientos y mis luchas personales. El arte plasma lo que hay dentro del artista y cada artista, a su manera, encuentra su libertad a través del arte».

Las redes sociales han permitido amplificar el alcance de las propuestas de Zinteta. A través de su cuenta de Instagram o su perfil de Facebook muestra sus creaciones y recibe numerosos comentarios positivos. Incluso le llegan testimonios de personas que comparten con ella sus experiencias. Un proceso que le genera «una sensación de empoderamiento y seguridad conjunta tan fuerte, que me pone la piel de gallina» al tiempo que le reafirma en su camino creativo. Tanto es así que no duda en ignorar a trolls y otros elementos carpetovetónicos que pululan por las redes.

«No me he encontrado con problemas. En alguna ocasión he leído comentarios negativos, pero estaban tan fuera de lugar y eran tan poco constructivos que, más que comentarios, eran faltas de respeto. Sé que lo que hago no gustará a todo el mundo, pero creo que debemos ser conscientes de cómo decimos las cosas y para qué. Por eso intento evitarlos para seguir siendo yo, confiada con lo que hago, más segura de mí misma y aprendiendo con mis compañeras».

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Una de las manifestaciones más evidentes de esa opresión son los cánones estéticos. Pechos, abdomen, talla, nariz, labios, caderas… La práctica totalidad del cuerpo de la mujer está sujeto al escrutinio por parte de terceros que, sin haber sido convocados para ello, deciden si es o no bonito y qué partes de la realidad femenina pueden mostrarse.

Harta de esos mensajes opresivos, Zinteta comenzó a desarrollar proyectos que reivindicaban la visibilidad de la menstruación o que demostraban que las estrías también son hermosas.

«Todo comenzó el pasado mes de marzo. Hice una ilustración en la que dibujé el cuerpo de una mujer de espaldas y en el que las estrías estaban pintadas de colores. A partir de entonces comencé a pensar si podría utilizar la piel como un nuevo lienzo en el que experimentar», explica Zinteta.

Un buen día, en su apartamento, esta artista decidió hacer realidad esa idea que había plasmado en papel y a la que venía dando vueltas. Se pintó con acuarelas de colores las estrías de la parte izquierda de su abdomen, aquellas a las que tenía acceso cómodamente. Cuando acabó, compartió la imagen en redes sociales.

«Tuvo tan buena acogida que comencé a desarrollar ese y otros proyectos destinados a mostrar la realidad corporal y luchar contra la presión estética. Por ejemplo, Mancho y no me doy asco, un proyecto destinado a normalizar la menstruación y contribuir a eliminar su tabú. Un tabú que hace que no se hable de cómo se vive ese proceso y que, en último término, no nos ayuda a respetarnos durante sus etapas».

Tanto en el proyecto de las estrías como en Mancho y no me doy asco está muy presente el color. Además de ser una de las características de la obra de Zinteta, es un recurso óptimo para que que sus propuestas resulten llamativas, optimistas y positivas, ayudando así a normalizar algo que debería ser normal.

«La idea es mostrar todo aquello que nos han hecho creer que son defectos e imperfecciones. Un concepto que, aplicado a nuestro físico, es algo difícil de ubicar. Aunque quieran hacérnoslo creer, todos esos detalles no son imperfecciones. En todos los cuerpos hay manchas, pecas, estrías, celulitis, pelos, pliegues, hay cuerpos que menstrúan… Si no aceptamos todo aquello que tenemos, tendremos más dificultad en querernos, en sentirnos seguras, en conocernos».

Las piezas de Zinzeta van dirigidas a aquellas personas que en algún momento se han sentido inseguras por su físico, a las que están o han estado acomplejadas, a las que esconden ciertos rasgos por culpa de unos mensajes tan falaces como crueles. Un posicionamiento que hace difícil determinar si las acciones de esta creadora son arte o militancia.

«Considero que hago arte y activismo. De hecho, me gusta llamarlo artivismo. El arte es una herramienta de expresión a través de la cual transmito mis sentimientos y mis luchas personales. El arte plasma lo que hay dentro del artista y cada artista, a su manera, encuentra su libertad a través del arte».

Las redes sociales han permitido amplificar el alcance de las propuestas de Zinteta. A través de su cuenta de Instagram o su perfil de Facebook muestra sus creaciones y recibe numerosos comentarios positivos. Incluso le llegan testimonios de personas que comparten con ella sus experiencias. Un proceso que le genera «una sensación de empoderamiento y seguridad conjunta tan fuerte, que me pone la piel de gallina» al tiempo que le reafirma en su camino creativo. Tanto es así que no duda en ignorar a trolls y otros elementos carpetovetónicos que pululan por las redes.

«No me he encontrado con problemas. En alguna ocasión he leído comentarios negativos, pero estaban tan fuera de lugar y eran tan poco constructivos que, más que comentarios, eran faltas de respeto. Sé que lo que hago no gustará a todo el mundo, pero creo que debemos ser conscientes de cómo decimos las cosas y para qué. Por eso intento evitarlos para seguir siendo yo, confiada con lo que hago, más segura de mí misma y aprendiendo con mis compañeras».

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