5 de octubre 2015    /   IDEAS
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Zoom Out: ¿Por qué la distancia aporta claridad?

5 de octubre 2015    /   IDEAS     por          
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«No permitas que las ramas te impidan ver el bosque» me parece uno de los aforismos que mejor sintoniza con la psicología moderna. La capacidad de salir del propio cuerpo y contemplarse desde fuera, y también la posibilidad de ver las cosas desde lejos, con perspectiva, como si no estuvieras implicado, desde ese punto de vista cenital o isométrico de algunos videojuegos, es una forma idónea de enfrentarse a los problemas.
En caso contrario, el exceso de implicación nos cegará a los resultados óptimos, pues sutiles emociones y sesgos conspirarán para precipitarnos al error. Pero ¿cómo se puede poner distancia?
Hay formas relativamente fáciles de hacerlo. Por ejemplo, imaginar cómo actuaría en tu lugar otra persona que conoces bastante bien. O recordar que en cien años todos estaremos calvos.
O que nuestras preocupaciones en realidad son menudencias si las comparamos con la magnitud del planeta, no ya digamos del sistema solar, la galaxia, el cúmulo globular, el universo (y quién sabe si el multiverso). Por el contrario, tendemos a compararnos con nuestros pares, nuestros semejantes. Los individuos que están dentro de nuestra burbuja. Las ramas que no nos permiten ver el bosque.
En cualquier caso, este artículo no aspira a ser una guía de soluciones fáciles como las que podemos encontrar en muchos libros de autoayuda, sino más bien un diagnóstico de por qué es tan útil para nosotros poner distancia.

Lejos, lejos

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Este área relativamente nueva de la psicología moderna sugiere que cuanto mayor sea la distancia emocional de un problema al que nos enfrentamos, más fácil será que distingamos sus dimensiones más relevantes.
Para demostrarlo, hay un estudio realizado por Laura Kray y Richard Gonzalez en el que se solicitó a un grupo de estudiantes que se plantearan qué trabajo escogerían de estos dos:
A) Un trabajo para el que estás académicamente muy preparado pero que estudiaste por presión de padres y amigos. No te apasiona, te resulta aburrido, pero a largo plazo probablemente obtendrás una buena remuneración.
B) Un trabajo que te parece interesante o te apasiona, aunque la previsión de ingresos es más modesta.
El 66% de los estudiantes escogió el trabajo B. Más tarde, sin embargo, se solicitó a los estudiantes que aconsejaran a sus mejores amigos el mejor trabajo: entonces fue el 83% el que aceptó el trabajo B. Es decir, que la elección eran más sencilla cuando debíamos centrarnos en nuestros mejores amigos antes que en nosotros mismos. La distancia aportaba claridad, tal y como explica Chip Heath en su libro Decídete:

Los psicólogos han acabado por entender por qué ocurre esto. Básicamente, cuando damos un consejo nos parece más fácil centrarnos en los factores más importantes. Por eso cuando aconsejamos a un amigo, pensamos: el trabajo B le hará más feliz a largo plazo y le dará más satisfacciones. Parece relativamente sencillo. Pero cuando pensamos en nosotros mismos dejamos que la complejidad se inmiscuya: Espera, ¿papá no se llevaría una decepción si renunciase al prestigio del trabajo A? ¿Sería realmente capaz de perdonarme que ese imbécil de Brian Moloney acabara ganando más dinero que yo?


No es el único estudio que muestra esta forma de comportarnos. Innumerables estudios han replicado estos resultados en otros contextos, como el llevado a cabo por Evan Polman, de Universidad de Nueva York, y Kyle J. Emich, de la Universidad de Cornell, que ponía en evidencia cómo éramos más acertados y creativos si teníamos que decidir sobre los demás antes que sobre nosotros mismos. La distancia, pues, no solo aporta claridad, sino creatividad.
Como explica Adam H. Grant en su libro Dar y recibir, y que constituye una apología a la generosidad:

Cuando toma decisiones en estado de egocentrismo, tiende a sesgarlas a causa de la amenaza a su ego, y a menudo se angustia tratando de hallar una decisión ideal en todas las dimensiones posibles. Cuando, en cambio, se concentra en otras personas, como por naturaleza hacen los generosos, tiende a preocuparse menos por su ego y por detalles minúsculos; percibe el cuadro completo y prioriza lo que más importa a los demás.


Por eso, siempre que debáis tomar una decisión importante, usad el zoom out, como en las películas, ese zoom que se aleja de las cosas, de las minucias, de las distorsiones. Ese zoom out que se eleva por encima de vuestra casa, vuestro barrio, vuestra ciudad y país, y que incluso puede abandonar la esfera azul y contemplarla con perspectiva. Cuando vemos todos los bosques y ninguna rama nos eclipsa la visión.
Imagen | Pixabay


Por eso, siempre que debáis tomar una decisión importante, usad el zoom out, como en las películas, ese zoom que se aleja de las cosas, de las minucias, de las distorsiones. Ese zoom out que se eleva por encima de vuestra casa, vuestro barrio, vuestra ciudad y país, y que incluso puede abandonar la esfera azul y contemplarla con perspectiva. Cuando vemos todos los bosques y ninguna rama nos eclipsa la visión.
Imagen | Pixabay

«No permitas que las ramas te impidan ver el bosque» me parece uno de los aforismos que mejor sintoniza con la psicología moderna. La capacidad de salir del propio cuerpo y contemplarse desde fuera, y también la posibilidad de ver las cosas desde lejos, con perspectiva, como si no estuvieras implicado, desde ese punto de vista cenital o isométrico de algunos videojuegos, es una forma idónea de enfrentarse a los problemas.
En caso contrario, el exceso de implicación nos cegará a los resultados óptimos, pues sutiles emociones y sesgos conspirarán para precipitarnos al error. Pero ¿cómo se puede poner distancia?
Hay formas relativamente fáciles de hacerlo. Por ejemplo, imaginar cómo actuaría en tu lugar otra persona que conoces bastante bien. O recordar que en cien años todos estaremos calvos.
O que nuestras preocupaciones en realidad son menudencias si las comparamos con la magnitud del planeta, no ya digamos del sistema solar, la galaxia, el cúmulo globular, el universo (y quién sabe si el multiverso). Por el contrario, tendemos a compararnos con nuestros pares, nuestros semejantes. Los individuos que están dentro de nuestra burbuja. Las ramas que no nos permiten ver el bosque.
En cualquier caso, este artículo no aspira a ser una guía de soluciones fáciles como las que podemos encontrar en muchos libros de autoayuda, sino más bien un diagnóstico de por qué es tan útil para nosotros poner distancia.

Lejos, lejos

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Este área relativamente nueva de la psicología moderna sugiere que cuanto mayor sea la distancia emocional de un problema al que nos enfrentamos, más fácil será que distingamos sus dimensiones más relevantes.
Para demostrarlo, hay un estudio realizado por Laura Kray y Richard Gonzalez en el que se solicitó a un grupo de estudiantes que se plantearan qué trabajo escogerían de estos dos:
A) Un trabajo para el que estás académicamente muy preparado pero que estudiaste por presión de padres y amigos. No te apasiona, te resulta aburrido, pero a largo plazo probablemente obtendrás una buena remuneración.
B) Un trabajo que te parece interesante o te apasiona, aunque la previsión de ingresos es más modesta.
El 66% de los estudiantes escogió el trabajo B. Más tarde, sin embargo, se solicitó a los estudiantes que aconsejaran a sus mejores amigos el mejor trabajo: entonces fue el 83% el que aceptó el trabajo B. Es decir, que la elección eran más sencilla cuando debíamos centrarnos en nuestros mejores amigos antes que en nosotros mismos. La distancia aportaba claridad, tal y como explica Chip Heath en su libro Decídete:

Los psicólogos han acabado por entender por qué ocurre esto. Básicamente, cuando damos un consejo nos parece más fácil centrarnos en los factores más importantes. Por eso cuando aconsejamos a un amigo, pensamos: el trabajo B le hará más feliz a largo plazo y le dará más satisfacciones. Parece relativamente sencillo. Pero cuando pensamos en nosotros mismos dejamos que la complejidad se inmiscuya: Espera, ¿papá no se llevaría una decepción si renunciase al prestigio del trabajo A? ¿Sería realmente capaz de perdonarme que ese imbécil de Brian Moloney acabara ganando más dinero que yo?


No es el único estudio que muestra esta forma de comportarnos. Innumerables estudios han replicado estos resultados en otros contextos, como el llevado a cabo por Evan Polman, de Universidad de Nueva York, y Kyle J. Emich, de la Universidad de Cornell, que ponía en evidencia cómo éramos más acertados y creativos si teníamos que decidir sobre los demás antes que sobre nosotros mismos. La distancia, pues, no solo aporta claridad, sino creatividad.
Como explica Adam H. Grant en su libro Dar y recibir, y que constituye una apología a la generosidad:

Cuando toma decisiones en estado de egocentrismo, tiende a sesgarlas a causa de la amenaza a su ego, y a menudo se angustia tratando de hallar una decisión ideal en todas las dimensiones posibles. Cuando, en cambio, se concentra en otras personas, como por naturaleza hacen los generosos, tiende a preocuparse menos por su ego y por detalles minúsculos; percibe el cuadro completo y prioriza lo que más importa a los demás.


Por eso, siempre que debáis tomar una decisión importante, usad el zoom out, como en las películas, ese zoom que se aleja de las cosas, de las minucias, de las distorsiones. Ese zoom out que se eleva por encima de vuestra casa, vuestro barrio, vuestra ciudad y país, y que incluso puede abandonar la esfera azul y contemplarla con perspectiva. Cuando vemos todos los bosques y ninguna rama nos eclipsa la visión.
Imagen | Pixabay


Por eso, siempre que debáis tomar una decisión importante, usad el zoom out, como en las películas, ese zoom que se aleja de las cosas, de las minucias, de las distorsiones. Ese zoom out que se eleva por encima de vuestra casa, vuestro barrio, vuestra ciudad y país, y que incluso puede abandonar la esfera azul y contemplarla con perspectiva. Cuando vemos todos los bosques y ninguna rama nos eclipsa la visión.
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