2 de junio 2020    /   CREATIVIDAD
por
 Rocío Cañero

‘Zoomear’, ‘zoom bombing’ y el vocabulario ‘zumbao’ que está surgiendo de Zoom

2 de junio 2020    /   CREATIVIDAD     por          Rocío Cañero
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¡Zum! De la noche a la mañana, todos a Zoom

Ocurrió como un paralelismo sonoro: la aplicación de videollamadas Zoom llegó a velocidad de onomatopeya zum.

El programa existía desde 2013, pero, a partir de marzo, fue más raudo que la pandemia. De un día para otro las reuniones mutaron a videorreuniones

Eso de verse solo ocurría pantalla mediante. 

Zoom salió zumbando en su expansión por el mundo. 

La pandemia crecía en curva y escalaba hacia el pico, pero Zoom ascendía como un cohete. En diciembre de 2019, cada día, diez millones de personas participaban en una videollamada por esta app. En abril de 2020, eran 300 millones. 

Era tan habitual hablar de Zoom que perdió la frialdad de nombre comercial y se hizo palabra de calle. 

Zoom es hoy el bar que perdimos, el despacho clausurado. 
Zoom es donde hacemos zumba porque cerraron los gimnasios.
Zoom se hizo nombre y se hizo verbo. 

Es lo propio de estos tiempos. 

Algunas empresas digitales son tan poderosas que reemplazan a las palabras del mundo analógico. 

Ocurrió con buscar. Muchos dicen guglear sin pensar en el poder que dan a Google. Lo hacen genérico, como la aspirina. Como si no existiera en el mundo un buscador más.

Ocurrió con guasapear (enviar un mensaje por WhatsApp), tuitear (escribir un mensaje en Twitter), instagramear (publicar un post en Instagram). 

En esos vocabularios impulsivos que se encuentran en internet, alguien dijo que zoomear es ampliar una foto, hacer zoom. Fue en 2019, cuando esta app de videollamadas no ocupaba tanto tiempo en las pantallas, el trabajo, la vida. Ahora el Wikcionario asocia la voz al programa Zoom: «Esta acción se usa cuando alguien utiliza la herramienta Zoom en un dispositivo (laptop, proyector, etc.)». 

Aunque parece que el verbo, en esa versión acabada en -ear, no acaba de cuajar.  
No se oye en la calle, apenas se lee en internet. 
Lo habitual es decir «hacer un zoom» o «llamar por zoom». 

Eso de zoomear… 
/Zu-me-ar/
Está feo ese /mear/ final. 
Envilece una palabra que cae simpática: /zum/ 
Que funciona muy bien como nombre: un zoom es «una videollamada por Zoom».
Que tiene sonoridad de zumbido.
Que tiene madera de lanzadera: de esa voz ya han nacido varias expresiones en inglés.

Zoom bombing: aparecer en una reunión de Zoom sin haber sido invitado. Es una versión del vocablo fotobomba adaptado a las videollamadas de esta aplicación. 

Zoomcrasher: el individuo que asalta un Zoom sin que lo hayan invitado.

Zoom fatigue: el cansancio que provoca pasar mucho tiempo en una videollamada. Ya hay varios artículos en prensa que hablan de este tipo de fatiga. Dicen que agota más dar una clase o mantener una reunión por videollamada que en persona. ¡Hasta el fundador de Zoom, Eric Yuan, está frito a zooms! ¡Qué hartura!, dijo a Bloomberg.   

Todos los días se inventan nuevas derivadas del vocablo zoom. También en español. «Yo no quiero un zoompleaños. Yo quiero un cumpleaños normal, con amigos, abrazos y torta», dice la joven de 17 años Sara Schwarzstein, en un texto para la Fundéu de Argentina.

Otros analizan el campo de visión de la palabra. «Un programa que todos descubrimos ahora y que se llama Zoom se convirtió en nuestra ventana al universo», escribe el periodista Julio Perotti sobre la palabra zoomear. «Descubrimos así cómo son los livings, las bibliotecas, las cocinas y, como en un programa de televisión de horario central, el baño de los demás. Vaya si hace honor a su nombre. Después de todo, con un buen zoom se pueden traer a nuestro frente objetos que están muy distantes. Solo que en este caso, son cientos de rostros, que se nos revelaron (como nosotros ante ellos) con caras ojerosas porque estábamos yendo de la cama al Zoom».

Esos ojerosos dormían. Pero hay quien puede ir de la cama al Zoom y llegar con los pelos revueltos. En ese caso, la sospecha es otra: ese viene de zumbarse a alguien.

¡Zum! De la noche a la mañana, todos a Zoom

Ocurrió como un paralelismo sonoro: la aplicación de videollamadas Zoom llegó a velocidad de onomatopeya zum.

El programa existía desde 2013, pero, a partir de marzo, fue más raudo que la pandemia. De un día para otro las reuniones mutaron a videorreuniones

Eso de verse solo ocurría pantalla mediante. 

Zoom salió zumbando en su expansión por el mundo. 

La pandemia crecía en curva y escalaba hacia el pico, pero Zoom ascendía como un cohete. En diciembre de 2019, cada día, diez millones de personas participaban en una videollamada por esta app. En abril de 2020, eran 300 millones. 

Era tan habitual hablar de Zoom que perdió la frialdad de nombre comercial y se hizo palabra de calle. 

Zoom es hoy el bar que perdimos, el despacho clausurado. 
Zoom es donde hacemos zumba porque cerraron los gimnasios.
Zoom se hizo nombre y se hizo verbo. 

Es lo propio de estos tiempos. 

Algunas empresas digitales son tan poderosas que reemplazan a las palabras del mundo analógico. 

Ocurrió con buscar. Muchos dicen guglear sin pensar en el poder que dan a Google. Lo hacen genérico, como la aspirina. Como si no existiera en el mundo un buscador más.

Ocurrió con guasapear (enviar un mensaje por WhatsApp), tuitear (escribir un mensaje en Twitter), instagramear (publicar un post en Instagram). 

En esos vocabularios impulsivos que se encuentran en internet, alguien dijo que zoomear es ampliar una foto, hacer zoom. Fue en 2019, cuando esta app de videollamadas no ocupaba tanto tiempo en las pantallas, el trabajo, la vida. Ahora el Wikcionario asocia la voz al programa Zoom: «Esta acción se usa cuando alguien utiliza la herramienta Zoom en un dispositivo (laptop, proyector, etc.)». 

Aunque parece que el verbo, en esa versión acabada en -ear, no acaba de cuajar.  
No se oye en la calle, apenas se lee en internet. 
Lo habitual es decir «hacer un zoom» o «llamar por zoom». 

Eso de zoomear… 
/Zu-me-ar/
Está feo ese /mear/ final. 
Envilece una palabra que cae simpática: /zum/ 
Que funciona muy bien como nombre: un zoom es «una videollamada por Zoom».
Que tiene sonoridad de zumbido.
Que tiene madera de lanzadera: de esa voz ya han nacido varias expresiones en inglés.

Zoom bombing: aparecer en una reunión de Zoom sin haber sido invitado. Es una versión del vocablo fotobomba adaptado a las videollamadas de esta aplicación. 

Zoomcrasher: el individuo que asalta un Zoom sin que lo hayan invitado.

Zoom fatigue: el cansancio que provoca pasar mucho tiempo en una videollamada. Ya hay varios artículos en prensa que hablan de este tipo de fatiga. Dicen que agota más dar una clase o mantener una reunión por videollamada que en persona. ¡Hasta el fundador de Zoom, Eric Yuan, está frito a zooms! ¡Qué hartura!, dijo a Bloomberg.   

Todos los días se inventan nuevas derivadas del vocablo zoom. También en español. «Yo no quiero un zoompleaños. Yo quiero un cumpleaños normal, con amigos, abrazos y torta», dice la joven de 17 años Sara Schwarzstein, en un texto para la Fundéu de Argentina.

Otros analizan el campo de visión de la palabra. «Un programa que todos descubrimos ahora y que se llama Zoom se convirtió en nuestra ventana al universo», escribe el periodista Julio Perotti sobre la palabra zoomear. «Descubrimos así cómo son los livings, las bibliotecas, las cocinas y, como en un programa de televisión de horario central, el baño de los demás. Vaya si hace honor a su nombre. Después de todo, con un buen zoom se pueden traer a nuestro frente objetos que están muy distantes. Solo que en este caso, son cientos de rostros, que se nos revelaron (como nosotros ante ellos) con caras ojerosas porque estábamos yendo de la cama al Zoom».

Esos ojerosos dormían. Pero hay quien puede ir de la cama al Zoom y llegar con los pelos revueltos. En ese caso, la sospecha es otra: ese viene de zumbarse a alguien.

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