15 enero, 2013
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Cyborgdolls: historias protagonizadas por muñecas

Por Mar Abad ( @marabad )

cyberdolls

Hay algo en común entre los muñecos y los cyborgs. Los organismos cibernéticos combinan en sus tripas la esencia biológica y la naturaleza artificial. “Son mitad máquina, mitad ser vivo”, explica Mireia Ferraté. “Una mezcla de robot y animal”.

“Para mí, los muñecos son lo mismo. A un niño le das uno y lo trata como un cyborg”, continúa la arquitecta y filósofa. “Las muñecas están entre lo real y la máquina”.

Por eso Ferraté llamó a sus muñecas Cyborgdolls. Tiene varios centenares. Nunca se paró a pensar si era una coleccionista pero, evidentemente, lo eso. La diferencia con el coleccionista de manual es que esta catalana no busca el valor de las piezas ni destina sus muñecas a una vitrina de exposición.

La colección se ha ido haciendo a sí misma conforme Ferraté compraba Nancys, Barbies, Bratzs, Monster High, maniquíes y todo tipo de muñecas fabricadas a partir de los años 60, en mercadillos y tiendas de internet como eBay. Vienen de cualquier lugar del mundo y reflejan diversas culturas y modas del momento en que salieron a la venta.

Una noche de febrero de 2012 Ferraté recibió a unos amigos en casa. Los invitados cogieron los muñecos y los movieron de su lugar habitual. La noche acabó en la calle y la casa quedó, a solas, con la legión de plástico.

“Al día siguiente, monté escenas de lo que habían hecho las muñecas mientras estábamos fuera”, especifica la arquitecta. “Era un agradecimiento por haber venido a casa”.

Ese fue el primer post de Cyborgdolls. Sin más intención que dar las gracias. Pero pronto llegó el segundo, el tercero, el cuarto… Y en menos de un mes habrá pasado un año completo publicando historias protagonizadas por unas muñecas que salen a la calle sin guión cerrado.

No hay preproducción ni escaleta. Ferraté sale con varios muñecos y, en todo caso, alguna idea. A la vuelta es cuando la historia toma forma para, después, subir al blog. “Me gusta hacer fotos. Luego surge la historia. Y lo que me encanta es que otras personas me propongan un guión. Gente que viene conmigo o gente que encontramos en la calle. Muchos posts son propuestas de mis amigos”, apunta.

Varios muñecos acompañan a menudo a la filósofa. “Si hacemos una barbacoa o vamos a la playa, por ejemplo, me llevo los nuevos. De ahí salen muchas historias”, cuenta. “En el Sónar de día dejé varias Nancys modernas en la acera y nos dedicamos a ver y fotografiar las reacciones de la gente. Esa situación es ideal: dejarlas en algún lugar y ver lo que pasa”.

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