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15 de diciembre 2022    /   BRANDED CONTENT
 

10 pequeñas cosas que hacen que tu vida sepa mejor

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Valora la belleza de las cosas simples,
se puede hacer poesía bella sobre las pequeñas cosas

 

Las frases de arriba se atribuyen, aunque de forma apócrifa, a Walt Whitman. En su particular manera de concebir el Carpe Diem (así se llama el poema de donde se extraen dichos versos), el poeta apostaba por no dejar pasar un solo día sin haber avanzado en nuestro propósito de ser un poco más felices.

Pero ¿es posible ser más feliz cada día con solo proponérselo? Aunque suene a pseudofilosofía wonderfulista  y existan numerosos matices al respecto, la respuesta corta es sí. De hecho, son varios los estudios que aseguran que existen distintos métodos para tratar de aprender a ser feliz.

Porque, aunque la felicidad sea un concepto difícil de definir ya de por sí, nadie duda de su fuerte vinculación con el hedonismo. Esos placeres inmediatos que nos otorgan importantes dosis de satisfacción.

Y no hace falta que sean grandes cosas. En ocasiones, son los pequeños cambios y pequeñas cosas las que hacen que nuestra vida sea un poco mejor. O simplemente, pueden transformar un mal día en otro no tan malo (o incluso bueno).

La nueva campaña de Ambar va precisamente en esa línea, en la de ensalzar las pequeñas cosas de la vida. Esas que en ocasiones pasan inadvertidas o a las que no damos demasiada importancia, y que, sin embargo, nos proporcionan momentos únicos, inolvidables y nos aproximan a la felicidad.

 

Pequeños detalles que, cuando surgen, nos dibujan una sonrisa en la boca (a veces un poco bobalicona, reconozcámoslo).


Cosas como: 

  1. Llegar al andén justo cuando aparece el tren. Y no digamos ya si nos ocurre lo mismo en el siguiente transbordo.
  2. El momento en el que entregas un examen (que sabes que has bordado) y terminas el curso.
  3. El like de tu crush a la chorrada que acabas de compartir en tus redes.
  4. El cuscurro de pan que pellizcas nada más comprar la barra y que consigue acallar los rugidos de tus tripas.
  5. El efusivo recibimiento de tu mascota cuando llegas a casa.
  6. El pitido final del árbitro cuando tu equipo va ganando por la mínima.
  7. La sintonía que delata que está empezando tu serie favorita.
  8. Las gotas de lluvia en el cristal mientras estás en el sofá con la mantita.
  9. Cuando alguien te felicita por tu trabajo o te dice un cumplido.
  10. La cerveza fresca que te espera en la barra justo cuando acabamos de sudar la gota gorda en la pachanga de los domingos (¡y no digamos si es una Ambar!).

Puede que ninguna de esas cosas nos proporcionen la felicidad absoluta. O quizás sí, ¿porque acaso alguien sabe en qué consiste eso?

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Las frases de arriba se atribuyen, aunque de forma apócrifa, a Walt Whitman. En su particular manera de concebir el Carpe Diem (así se llama el poema de donde se extraen dichos versos), el poeta apostaba por no dejar pasar un solo día sin haber avanzado en nuestro propósito de ser un poco más felices.

Pero ¿es posible ser más feliz cada día con solo proponérselo? Aunque suene a pseudofilosofía wonderfulista  y existan numerosos matices al respecto, la respuesta corta es sí. De hecho, son varios los estudios que aseguran que existen distintos métodos para tratar de aprender a ser feliz.

Porque, aunque la felicidad sea un concepto difícil de definir ya de por sí, nadie duda de su fuerte vinculación con el hedonismo. Esos placeres inmediatos que nos otorgan importantes dosis de satisfacción.

Y no hace falta que sean grandes cosas. En ocasiones, son los pequeños cambios y pequeñas cosas las que hacen que nuestra vida sea un poco mejor. O simplemente, pueden transformar un mal día en otro no tan malo (o incluso bueno).

La nueva campaña de Ambar va precisamente en esa línea, en la de ensalzar las pequeñas cosas de la vida. Esas que en ocasiones pasan inadvertidas o a las que no damos demasiada importancia, y que, sin embargo, nos proporcionan momentos únicos, inolvidables y nos aproximan a la felicidad.

 

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Cosas como: 

  1. Llegar al andén justo cuando aparece el tren. Y no digamos ya si nos ocurre lo mismo en el siguiente transbordo.
  2. El momento en el que entregas un examen (que sabes que has bordado) y terminas el curso.
  3. El like de tu crush a la chorrada que acabas de compartir en tus redes.
  4. El cuscurro de pan que pellizcas nada más comprar la barra y que consigue acallar los rugidos de tus tripas.
  5. El efusivo recibimiento de tu mascota cuando llegas a casa.
  6. El pitido final del árbitro cuando tu equipo va ganando por la mínima.
  7. La sintonía que delata que está empezando tu serie favorita.
  8. Las gotas de lluvia en el cristal mientras estás en el sofá con la mantita.
  9. Cuando alguien te felicita por tu trabajo o te dice un cumplido.
  10. La cerveza fresca que te espera en la barra justo cuando acabamos de sudar la gota gorda en la pachanga de los domingos (¡y no digamos si es una Ambar!).

Puede que ninguna de esas cosas nos proporcionen la felicidad absoluta. O quizás sí, ¿porque acaso alguien sabe en qué consiste eso?

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