20 de octubre 2016    /   IDEAS
por
 

Cosas que le puedes echar a un gin-tonic que no están bien dichas

20 de octubre 2016    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Le habían contado tantas cosas sobre la ciudad y todas tan maravillosas que no le quedó más remedio que hacer la maleta, comprar un billete de autobús que le llevara a la metrópoli y emprender el viaje a conocer cómo era la gran urbe. En el reducido universo de su pueblo había de todo, pero no brillaba con la misma intensidad con la que lo hacían las cosas lejos de allí. Durante el viaje iba imaginando cómo sería en realidad la ciudad, la cantidad de cosas nuevas que descubriría, y cuando llegó a la estación de autobuses su cuerpo entero y su mente estaban ya predispuestos a dejarse empapar de cosmopolitismo y diversidad.

Una mujer muy amable le indicó que su hotel no estaba demasiado lejos de la estación si quería ir andando. Hacía un día soleado y agradable, así que salió a la calle y decidió ir paseando. La ciudad, de momento, empezaba cumpliendo sus expectativas. Era tan enorme como la había imaginado.

Sólo faltaba comprobar si las noches serían igual de interesantes. No veía el momento de tomar un gin-tonic premium con botánicos, como tantas veces le habían contado que se hacía en la ciudad. Eso de tomar pelotazos de ginebra de la buena rodeado de gente con un título universitario tan lustroso como el de licenciados en Botánica debía de ser una particularidad más de la gente de la urbe. Porque, vale, en su pueblo sabían mucho de plantas. Pero nadie podía alardear de título en sus tarjetas de visita. Y el pepino sólo se usaba en la ensalada.

La historia es penosa, cierto. Pero es la manera más directa de entrar en materia y hablar de un uso incorrecto, por muy de moda que esté, de la palabra botánicos para referirnos a todas esas guarrerías que nos ha dado por echar en el gin-tonic últimamente. Porque, queridos y queridas, botánico es una mala traducción de la palabra inglesa botanical, que significa «hierba, raíz o semilla» y «producto botánico». Así que lo suyo sería optar por enumerar los complementos que le echamos a nuestra copa: cardamomo, regaliz, pimienta, vainilla, cortezas de cítricos y otras cosillas que encontremos por ahí según la tendencia que toque. O simplemente decir, para abreviar, que le hemos añadido algún que otro producto botánico.

Ya, lo sabemos, hacerlo así queda tan glamuroso como servir el gin-tonic en vaso de tubo y con una raja de limón. Pero es lo que hay si queremos hablar lo más correctamente posible. Eso, o pasarse al whisky de garrafón, vosotros veréis.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Le habían contado tantas cosas sobre la ciudad y todas tan maravillosas que no le quedó más remedio que hacer la maleta, comprar un billete de autobús que le llevara a la metrópoli y emprender el viaje a conocer cómo era la gran urbe. En el reducido universo de su pueblo había de todo, pero no brillaba con la misma intensidad con la que lo hacían las cosas lejos de allí. Durante el viaje iba imaginando cómo sería en realidad la ciudad, la cantidad de cosas nuevas que descubriría, y cuando llegó a la estación de autobuses su cuerpo entero y su mente estaban ya predispuestos a dejarse empapar de cosmopolitismo y diversidad.

Una mujer muy amable le indicó que su hotel no estaba demasiado lejos de la estación si quería ir andando. Hacía un día soleado y agradable, así que salió a la calle y decidió ir paseando. La ciudad, de momento, empezaba cumpliendo sus expectativas. Era tan enorme como la había imaginado.

Sólo faltaba comprobar si las noches serían igual de interesantes. No veía el momento de tomar un gin-tonic premium con botánicos, como tantas veces le habían contado que se hacía en la ciudad. Eso de tomar pelotazos de ginebra de la buena rodeado de gente con un título universitario tan lustroso como el de licenciados en Botánica debía de ser una particularidad más de la gente de la urbe. Porque, vale, en su pueblo sabían mucho de plantas. Pero nadie podía alardear de título en sus tarjetas de visita. Y el pepino sólo se usaba en la ensalada.

La historia es penosa, cierto. Pero es la manera más directa de entrar en materia y hablar de un uso incorrecto, por muy de moda que esté, de la palabra botánicos para referirnos a todas esas guarrerías que nos ha dado por echar en el gin-tonic últimamente. Porque, queridos y queridas, botánico es una mala traducción de la palabra inglesa botanical, que significa «hierba, raíz o semilla» y «producto botánico». Así que lo suyo sería optar por enumerar los complementos que le echamos a nuestra copa: cardamomo, regaliz, pimienta, vainilla, cortezas de cítricos y otras cosillas que encontremos por ahí según la tendencia que toque. O simplemente decir, para abreviar, que le hemos añadido algún que otro producto botánico.

Ya, lo sabemos, hacerlo así queda tan glamuroso como servir el gin-tonic en vaso de tubo y con una raja de limón. Pero es lo que hay si queremos hablar lo más correctamente posible. Eso, o pasarse al whisky de garrafón, vosotros veréis.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
En el Ojo Ajeno: En 2030 no existirá la depresión
Lo que las palabras tienen que hacer para sobrevivir
En el Ojo Ajeno: Lo que verdaderamente preocupa a los españoles
Testículos de mono para alcanzar la eterna juventud
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El rollo legal de las cookies

La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

ACEPTAR
Aviso de cookies