13 de diciembre 2022    /   ENTRETENIMIENTO
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‘Bring the noise’, de Public Enemy & Anthrax: la salvaje simbiosis del trash metal y el rap

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Cuando este Bring the noise llegó al mundo en 1991 a muchos los pilló desprevenidos, con dos estilos considerados casi antagónicos dándose la mano. Después vendrían Rage Against the Machine o triunfaría el nü metal y ese crossover se convertiría en una cosa habitual. Pero cuando Anthrax y Public Enemy decidieron unir fuerzas, aún había un riesgo real de que se les echaran encima los seguidores de ambos.

Estaba el precedente de Walk this way, interpretado por Run-DMC con Aerosmith, de cinco años antes. Con ella el cruce entre rock duro y rap había demostrado tener adeptos. Los Beastie Boys también tiraban de guitarras si hacía falta. Y había algún grupo más experimentando en el mismo sentido.

Pero Public Enemy y Anthrax llevaron esa colaboración a otro nivel. Más salvaje y, a priori, menos comercial. Entre otras cosas, porque no eran unos raperos usando trozos de una canción de rock, sino un grupo de trash metalizando el hip hop. Y la versión se convirtió en un hito.

En aquella época, esa simbiosis podía parecer una utopía. Pero el propio Chuck D de Public Enemy veía con buenos ojos la velocidad y la actitud que tenía la música de esos otros neoyorquinos que se hacían llamar Anthrax. Además, admiraba la fidelidad que las bandas de heavy conseguían por parte de sus fans.

Pensaba que el rap se vendía como si fuera música de usar y tirar, mientras que los grupos de metal se involucraban mucho más en todo el proceso creativo que rodeaba al disco, incluyendo portadas, logos o merchandising. Y que esa parte a los raperos se les había escapado.

Por su lado, Scott Ian, el guitarrista de Anthrax, consideraba a los Enemigos Públicos lo más grande que estaba ocurriendo musicalmente en los últimos 80. Tenía a su segundo LP, It takes a nation of millions to hold us back, por uno de los discos que hizo historia y cambió la manera de escuchar música de la gente, y no se cansaba de decirlo.

Public Enemy habían lanzado ya Bring the noise en ese álbum de 1988. Era un grito de guerra contra aquellos que ninguneaban al rap y a su grupo. Una respuesta a los que decían que lo suyo solo era ruido, dándoles más ruido.

Anthrax aprovecharon ese ritmo, más rápido de lo que era habitual en el rap de entonces, esa actitud reivindicativa con la que tanto se identificaban, y esa referencia a su banda que había en la letra de la canción original («Wax is for Anthrax, still it can rock bells»), para hacerse con el tema.

¿Y cómo es que Anthrax salían en una letra de Public Enemy? Porque Scott Ian, guitarrista y principal compositor de la banda, había aparecido sobre el escenario de grandes festivales con camisetas de Public Enemy.

Chuck D tomó nota de ese rockero que salía en las portadas de las revistas vistiendo su logo. Y los incluyó en sus menciones. Y así se fueron cruzando sus caminos durante un par de años. Hasta que a Scott se le ocurrió versionar ese tema en el que el mundo del hip hop les hacía un guiño.

Anthrax estaban grabando las bases de su LP Persistence of time y se la tocó a Charlie Benante, el batería, que flipó. Decidieron grabarla en una casete que le hicieron llegar a Chuck D, a ver si colaba y se animaba a hacer una colaboración y cantarla.

Por supuesto, Chuck D pasó de escucharla. Y puso la excusa (probablemente cierta) de que a Rick Rubin, capo de su sello Def Jam Recordings, no le parecía una buena idea que repitiera una canción que ya había publicado pocos años antes. Ian Scott le insistió, pidiéndole que le diera una escucha para que viera el giro que le habían dado. Finalmente lo hizo, le encantó y dio el OK al proyecto.

Durante años mantuvieron en secreto cómo lo habían hecho. Y todos creímos que ambas bandas se habían juntado para grabar la nueva versión. Sobre todo, después de ver el vídeo y que se embarcaran en una gira conjunta. Pero no fue así.

Tras varios intentos fallidos para reunirse en el estudio, los raperos les pasaron a Anthrax las pistas de voz de la canción original para que se apañaran con ellas como pudieran. En esa época en la que se grababa en equipo analógico y la tecnología del sampleado no estaba muy evolucionada, las metieron en la canción cortando y pegando cinta.

Tardaron una eternidad: una semana entera encajando palabra por palabra. Pero quedó potentísima. Y a pesar de ser una apuesta arriesgada —cultural y comercialmente—, les dio un éxito inesperado. 

Por eso, al final, se embarcaron en una gira conjunta que empezó en Estados Unidos en septiembre de 1991 y cruzó a este lado del charco a principios del 92. Metaleros dejando que el flow guiara sus melenas y raperos dando botes a ritmo de guitarras. Un sueño que merecía la pena intentar. Porque la agresividad, la frustración, las preocupaciones sociales y el rechazo a la autoridad eran cosas que compartían ambas bandas.

El resultado del tour, aunque lo recuerdan como una experiencia mágica, no fue un equilibrio perfecto entre razas y estilos. El porcentaje parecido de negros y blancos en el público que esperaban los miembros de Anthrax (parece que Chuck D y Flavour Flav eran más realistas) quedó en un 10/90.

Pero la gira sí que arrastró a fans de cada lado a nuevos territorios musicales, juntando un 70% de metaleros con un 30% de seguidores del rap, según la percepción de los propios artistas. Y a muchos de ellos les abrieron los oídos hacia nuevos sonidos.

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Cuando este Bring the noise llegó al mundo en 1991 a muchos los pilló desprevenidos, con dos estilos considerados casi antagónicos dándose la mano. Después vendrían Rage Against the Machine o triunfaría el nü metal y ese crossover se convertiría en una cosa habitual. Pero cuando Anthrax y Public Enemy decidieron unir fuerzas, aún había un riesgo real de que se les echaran encima los seguidores de ambos.

Estaba el precedente de Walk this way, interpretado por Run-DMC con Aerosmith, de cinco años antes. Con ella el cruce entre rock duro y rap había demostrado tener adeptos. Los Beastie Boys también tiraban de guitarras si hacía falta. Y había algún grupo más experimentando en el mismo sentido.

Pero Public Enemy y Anthrax llevaron esa colaboración a otro nivel. Más salvaje y, a priori, menos comercial. Entre otras cosas, porque no eran unos raperos usando trozos de una canción de rock, sino un grupo de trash metalizando el hip hop. Y la versión se convirtió en un hito.

En aquella época, esa simbiosis podía parecer una utopía. Pero el propio Chuck D de Public Enemy veía con buenos ojos la velocidad y la actitud que tenía la música de esos otros neoyorquinos que se hacían llamar Anthrax. Además, admiraba la fidelidad que las bandas de heavy conseguían por parte de sus fans.

Pensaba que el rap se vendía como si fuera música de usar y tirar, mientras que los grupos de metal se involucraban mucho más en todo el proceso creativo que rodeaba al disco, incluyendo portadas, logos o merchandising. Y que esa parte a los raperos se les había escapado.

Por su lado, Scott Ian, el guitarrista de Anthrax, consideraba a los Enemigos Públicos lo más grande que estaba ocurriendo musicalmente en los últimos 80. Tenía a su segundo LP, It takes a nation of millions to hold us back, por uno de los discos que hizo historia y cambió la manera de escuchar música de la gente, y no se cansaba de decirlo.

Public Enemy habían lanzado ya Bring the noise en ese álbum de 1988. Era un grito de guerra contra aquellos que ninguneaban al rap y a su grupo. Una respuesta a los que decían que lo suyo solo era ruido, dándoles más ruido.

Anthrax aprovecharon ese ritmo, más rápido de lo que era habitual en el rap de entonces, esa actitud reivindicativa con la que tanto se identificaban, y esa referencia a su banda que había en la letra de la canción original («Wax is for Anthrax, still it can rock bells»), para hacerse con el tema.

¿Y cómo es que Anthrax salían en una letra de Public Enemy? Porque Scott Ian, guitarrista y principal compositor de la banda, había aparecido sobre el escenario de grandes festivales con camisetas de Public Enemy.

Chuck D tomó nota de ese rockero que salía en las portadas de las revistas vistiendo su logo. Y los incluyó en sus menciones. Y así se fueron cruzando sus caminos durante un par de años. Hasta que a Scott se le ocurrió versionar ese tema en el que el mundo del hip hop les hacía un guiño.

Anthrax estaban grabando las bases de su LP Persistence of time y se la tocó a Charlie Benante, el batería, que flipó. Decidieron grabarla en una casete que le hicieron llegar a Chuck D, a ver si colaba y se animaba a hacer una colaboración y cantarla.

Por supuesto, Chuck D pasó de escucharla. Y puso la excusa (probablemente cierta) de que a Rick Rubin, capo de su sello Def Jam Recordings, no le parecía una buena idea que repitiera una canción que ya había publicado pocos años antes. Ian Scott le insistió, pidiéndole que le diera una escucha para que viera el giro que le habían dado. Finalmente lo hizo, le encantó y dio el OK al proyecto.

Durante años mantuvieron en secreto cómo lo habían hecho. Y todos creímos que ambas bandas se habían juntado para grabar la nueva versión. Sobre todo, después de ver el vídeo y que se embarcaran en una gira conjunta. Pero no fue así.

Tras varios intentos fallidos para reunirse en el estudio, los raperos les pasaron a Anthrax las pistas de voz de la canción original para que se apañaran con ellas como pudieran. En esa época en la que se grababa en equipo analógico y la tecnología del sampleado no estaba muy evolucionada, las metieron en la canción cortando y pegando cinta.

Tardaron una eternidad: una semana entera encajando palabra por palabra. Pero quedó potentísima. Y a pesar de ser una apuesta arriesgada —cultural y comercialmente—, les dio un éxito inesperado. 

Por eso, al final, se embarcaron en una gira conjunta que empezó en Estados Unidos en septiembre de 1991 y cruzó a este lado del charco a principios del 92. Metaleros dejando que el flow guiara sus melenas y raperos dando botes a ritmo de guitarras. Un sueño que merecía la pena intentar. Porque la agresividad, la frustración, las preocupaciones sociales y el rechazo a la autoridad eran cosas que compartían ambas bandas.

El resultado del tour, aunque lo recuerdan como una experiencia mágica, no fue un equilibrio perfecto entre razas y estilos. El porcentaje parecido de negros y blancos en el público que esperaban los miembros de Anthrax (parece que Chuck D y Flavour Flav eran más realistas) quedó en un 10/90.

Pero la gira sí que arrastró a fans de cada lado a nuevos territorios musicales, juntando un 70% de metaleros con un 30% de seguidores del rap, según la percepción de los propios artistas. Y a muchos de ellos les abrieron los oídos hacia nuevos sonidos.

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