31 de agosto 2022    /   SOSTENIBILIDAD
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¿Afectará el cambio climático a nuestra vida sexual?

El calentamiento global tiene efectos en todas las parcelas de la vida, es posible que el sexo también cambie debido a él.

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Estamos viviendo uno de los veranos más tórridos de la historia. En los últimos meses, los termómetros han superado durante el día los 40 grados en muchas localidades de nuestro país, pero quizá lo peor han sido las noches. Hasta hace poco, una noche tropical nos evocaba bailes, playa y una piña colada, pero ahora nos ha quedado bien claro lo que son: noches en las que el termómetro no baja de los 25 grados.

En nuestro país solían ser una rareza, ahora resultan un suplicio para muchos, especialmente cuando se suceden día tras día, durante semanas enteras, sin darnos un respiro.

Aunque no existen datos científicos, no parece muy osado suponer que el verano más caluroso de la historia ha sido también uno de los menos sexis de todos los tiempos. Las razones están claras. A pesar de que el calor y los rayos del sol hacen que nuestro cuerpo genere hormonas como las endorfinas, serotonina o la ocitocina (que nos hacen sentir felices y de buen humor), y también vitamina D (que está ligada a la producción de testosterona y a un mayor deseo sexual), las temperaturas de este año han sobrepasado los límites de lo que puede considerarse «un cálido verano», para sentirse más bien como el principio del apocalipsis. Y eso le baja la libido a cualquiera.

Las palabras más repetidas a la hora de dormir la siesta, uno de los momentos favoritos de los españoles para tener sexo, han pasado de ser «tócame aquí» a «ni se te ocurra ni tocarme» (con ese doble ni tan del abecedario de Rosalía.

El hecho de que expertos como el ecólogo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Fernando Valladares, afirmara en RTVE que «este verano probablemente sea el más fresco de lo que nos quede de vida», plantea un horizonte realmente oscuro para muchas cosas, incluidas las relaciones sexuales, durante los meses de estío. Esta consecuencia del aumento de temperaturas tendrá efectos imprevisibles y otros más previsibles, como por ejemplo que nazcan menos niños nueve meses después del verano, en torno a la primavera.

De hecho, esto es algo que ya habían intuido algunos estudios científicos como uno realizado en 2015 en Estados Unidos titulado ¿Quizá al mes que viene? Temperatura, impacto, cambio climático y ajustes dinámicos en las tasas de nacimientos, en el que se analizaron los datos de alumbramientos entre 1931 y 2010.

Los científicos descubrieron que, a lo largo de la historia, se había producido una reducción en el número de nacimientos nueve meses después de los días en los que se superaban los 80 grados Fahrenheit (26,7 grados centígrados). No solo achacaron esta consecuencia a una menor «frecuencia coital», sino que también descubrieron pruebas de que la fertilidad es menor durante los días más calurosos.

El cambio climático, por lo tanto, podría ser el culpable de una reducción en el crecimiento de la población durante el próximo siglo. En el estudio también se analizaron las cifras de nacimientos en Reino Unido, donde se apreciaba un mayor número de concepciones durante la época de Navidad, más que en ninguna otra época del año.

Este hecho no es casual, pero tampoco tiene nada que ver con que los belenes o el árbol de Navidad nos enternezcan especialmente, sino con algo mucho más primitivo. Por instinto, los seres humanos, como la mayoría de los mamíferos, tendemos a buscar el calor de los demás en los meses de frío. En realidad, la calefacción y la ropa térmica (conceptos que en plena canícula nos parecen tan lejanos), son inventos relativamente recientes y no hace tantos años que las familias con menos recursos se veían obligadas a dormir todos juntos para conservar el calor.

Así que, conforme esperamos a que las temperaturas bajen por fin y con el otoño nuestra vida sexual pueda recuperar la normalidad, quizá es un buen momento para exigir firmemente a nuestras autoridades que tomen las acciones oportunas para evitar que las temperaturas sigan en aumento y modifiquen radicalmente nuestras costumbres y nuestras vidas.

Por supuesto, cada uno de nosotros también tendrá que poner su granito de arena para contribuir a frenar el cambio climático en la medida de nuestras posibilidades. En el tema sexual estaría bien, por ejemplo, elegir productos como preservativos, juguetes sexuales, lencería o accesorios que utilicen menos plásticos en su proceso productivo y cuyos fabricantes estén comprometidos con la sostenibilidad.

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Estamos viviendo uno de los veranos más tórridos de la historia. En los últimos meses, los termómetros han superado durante el día los 40 grados en muchas localidades de nuestro país, pero quizá lo peor han sido las noches. Hasta hace poco, una noche tropical nos evocaba bailes, playa y una piña colada, pero ahora nos ha quedado bien claro lo que son: noches en las que el termómetro no baja de los 25 grados.

En nuestro país solían ser una rareza, ahora resultan un suplicio para muchos, especialmente cuando se suceden día tras día, durante semanas enteras, sin darnos un respiro.

Aunque no existen datos científicos, no parece muy osado suponer que el verano más caluroso de la historia ha sido también uno de los menos sexis de todos los tiempos. Las razones están claras. A pesar de que el calor y los rayos del sol hacen que nuestro cuerpo genere hormonas como las endorfinas, serotonina o la ocitocina (que nos hacen sentir felices y de buen humor), y también vitamina D (que está ligada a la producción de testosterona y a un mayor deseo sexual), las temperaturas de este año han sobrepasado los límites de lo que puede considerarse «un cálido verano», para sentirse más bien como el principio del apocalipsis. Y eso le baja la libido a cualquiera.

Las palabras más repetidas a la hora de dormir la siesta, uno de los momentos favoritos de los españoles para tener sexo, han pasado de ser «tócame aquí» a «ni se te ocurra ni tocarme» (con ese doble ni tan del abecedario de Rosalía.

El hecho de que expertos como el ecólogo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Fernando Valladares, afirmara en RTVE que «este verano probablemente sea el más fresco de lo que nos quede de vida», plantea un horizonte realmente oscuro para muchas cosas, incluidas las relaciones sexuales, durante los meses de estío. Esta consecuencia del aumento de temperaturas tendrá efectos imprevisibles y otros más previsibles, como por ejemplo que nazcan menos niños nueve meses después del verano, en torno a la primavera.

De hecho, esto es algo que ya habían intuido algunos estudios científicos como uno realizado en 2015 en Estados Unidos titulado ¿Quizá al mes que viene? Temperatura, impacto, cambio climático y ajustes dinámicos en las tasas de nacimientos, en el que se analizaron los datos de alumbramientos entre 1931 y 2010.

Los científicos descubrieron que, a lo largo de la historia, se había producido una reducción en el número de nacimientos nueve meses después de los días en los que se superaban los 80 grados Fahrenheit (26,7 grados centígrados). No solo achacaron esta consecuencia a una menor «frecuencia coital», sino que también descubrieron pruebas de que la fertilidad es menor durante los días más calurosos.

El cambio climático, por lo tanto, podría ser el culpable de una reducción en el crecimiento de la población durante el próximo siglo. En el estudio también se analizaron las cifras de nacimientos en Reino Unido, donde se apreciaba un mayor número de concepciones durante la época de Navidad, más que en ninguna otra época del año.

Este hecho no es casual, pero tampoco tiene nada que ver con que los belenes o el árbol de Navidad nos enternezcan especialmente, sino con algo mucho más primitivo. Por instinto, los seres humanos, como la mayoría de los mamíferos, tendemos a buscar el calor de los demás en los meses de frío. En realidad, la calefacción y la ropa térmica (conceptos que en plena canícula nos parecen tan lejanos), son inventos relativamente recientes y no hace tantos años que las familias con menos recursos se veían obligadas a dormir todos juntos para conservar el calor.

Así que, conforme esperamos a que las temperaturas bajen por fin y con el otoño nuestra vida sexual pueda recuperar la normalidad, quizá es un buen momento para exigir firmemente a nuestras autoridades que tomen las acciones oportunas para evitar que las temperaturas sigan en aumento y modifiquen radicalmente nuestras costumbres y nuestras vidas.

Por supuesto, cada uno de nosotros también tendrá que poner su granito de arena para contribuir a frenar el cambio climático en la medida de nuestras posibilidades. En el tema sexual estaría bien, por ejemplo, elegir productos como preservativos, juguetes sexuales, lencería o accesorios que utilicen menos plásticos en su proceso productivo y cuyos fabricantes estén comprometidos con la sostenibilidad.

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