14 de julio 2021    /   CREATIVIDAD
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Cómo retratar el poderío de Lola Flores a fuerza de color

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Que Lola Flores fue una de las artistas más grandes que ha habido en España está ya fuera de toda duda. Más que una bailaora, cantante y actriz, la Faraona es un icono. Y los iconos merecen tener su propia biografía ilustrada.

El ilustrador Sete González acaba de publicar con Lunwerg Editores Lola Flores. El arte de vivir, un libro que recorre la trayectoria profesional de la artista jerezana, desde sus comienzos en el tabanco que regentaba su padre hasta el final de su vida.

Lola Flores

No es la primera vez que González se mete a dibujar la vida de un genio del flamenco. Antes ya había publicado Camarón. La leyenda del genio (Lunwerg, 2020). Para el ilustrador madrileño, hay artistas y luego están los «artistas de artistas», y ellos dos lo eran, dos grandes, auténticos pilares del flamenco. «Y son personajes muy golosos para ilustrar. Tienen ese misticismo, esa genialidad, ese … Hay mucho que contar sobre estos artistas. No son artistas de calle, sino que se comportan como artistas en su día a día, no solo en un escenario. Y es lo que a mí me pone de los artistas. A mí me gusta un artista que se suba a un escenario y se engrandezca».

Quizá su faceta de músico pesara a la hora de contar la vida de estos dos personajes, porque a este ilustrador madrileño, amante del skate, el flamenco le pone.

«Mi vida siempre ha sido el skate y el flamenco. Veo que son muy parecidos. Son dos artes con mucha técnica. Son artes infinitos. El skate nunca se acaba, con el flamenco pasa lo mismo. Son artes de meterles muchas horas, de invertir mucho tiempo».

Aquella primera biografía ilustrada de Camarón estaba prologada por Lolita, la hija mayor de la Faraona, y al editor se le ocurrió que la de Lola Flores debía ser la siguiente obra de Sete González. La buena relación del ilustrador con la familia Flores, además, hacía más fácil todo.

Para documentarse, González recurrió a Lolita, quien le prestó la biografía que el periodista recientemente fallecido Tico Medina, muy amigo de la familia, escribió sobre la artista jerezana. También le recomendó ver la docuserie Coraje de vivir, emitida unos años antes de la muerte de Lola Flores, donde ella misma hablaba de su vida y de su carrera profesional. Ahí estaba todo.

De hecho, el título de la obra de Sete González es un guiño al de aquel programa de televisión, «a ese coraje de vivir que tuvo Lola durante toda su vida, ese par de ovarios que le echó como mujer, y que puede ser un ejemplo para todas y para todos hoy en día», explica el dibujante y skater. «No creo que haya una artista en este país que haya tenido esa carrera, con tantas películas, con tantos discos, con tantos viajes. El título es un guiño, pero no queríamos repetir eso que es tan conocido. Lo que sí vimos claro es que Lola vivió toda su vida con arte, así que ese fue el título que elegimos al final».

Pero también recurrió al inmenso material gráfico de la artista gaditana: cientos de fotos, imágenes en blanco y negro del NO-DO y toda la cartelería de las películas que protagonizó. Y ahí, en la contemplación y la reinterpretación de esa cartelería, está la parte que más disfrutó González a la hora de ilustrar el libro.

«Yo soy un loco de la cartelería, me gusta trabajar todo tipo de composiciones y aquí había una buena remesa de carteles de esa época, de los años 50. Aquellos carteles no eran como ahora, que o conoces las técnicas digitales o no trabajas de esto. Pero antiguamente, los ilustradores eran arte tradicional y eran pincel puro. Y eran auténticas obras maestras».

Muchas de las ilustraciones de Sete González en esta biografía de Lola Flores desprenden ese aroma a cine de barrio de mediados del siglo XX. «Yo he tratado, no de copiar, pero sí versionar esos carteles, llevármelos a mi terreno y dejar ese toquecillo que recuerde a esa antigua cartelería, pero llevado a este tiempo y a mi estilo, que es un poco más del cómic y de la calle. De todos los carteles de las películas de Lola Flores, hemos cogido los más potentes, los de las más famosas».

El color también es el protagonista absoluto en todo el libro. Un personaje de la fuerza de Lola Flores no podía tener tonos suaves y luz tenue. También ahí debía reflejarse el poderío y la tremenda energía que desprendía el personaje. «Sí, el color juega un papel superimportante. Lola Flores es color», confirma González.

Sin embargo, no fue esa la primera opción del dibujante, que presentó a los editores las primeras ilustraciones usando blancos y negros con toques rojos. En su memoria, las imágenes de la artista estaban asociados a esos colores del NO-DO, a una época que se veía en blanco y negro. «Lola Flores es color, es alegría», le comentó su editor al verlas. Y era verdad. Así que dejó esas ilustraciones para escenas que reproducían imágenes antiguas y las integró en los capítulos que hablaban del comienzo de la relación de la artista con Manolo Caracol o cuando bajó del avión con el que regresó a España en los años 50 tras su gira por Estados Unidos. «Para mí, era una parte de su vida con luces y sombras», justifica el ilustrador.

Lola Flores

«En este libro, ha girado todo en torno al color de la piel. Es un color anaranjado, marroncito, con luces en amarillo Nápoles, que se complementan muy bien con los que he utilizado de fondo, los azules turquesa. Me gusta mucho trabajar así, que haya un color dominante, pero que también haya un color complementario que se encargue de crear ese impacto visual que creo que tiene el libro y que creo que hemos conseguido».

Pero, además de la parte gozosa de la creación de esta biografía ilustrada, también ha tenido que enfrentarse a retos. «Lo más complicado para mí es diseñar el personaje, trabajarlo. Obviamente, primero documentarme, ver cómo se mueve ese personaje, sus poses, sus manos, sus expresiones faciales…. Estudiar mucho al personaje. Y a partir de ahí, yo empiezo con el diseño de mi propio personaje; en este caso, mi propia Lola (y me pasó un poco igual con Camarón). Al final, es el Camarón y la Lola de todos, pero en estos libros son mis personajes. De alguna manera, intento apoderarme de su alma, captar su esencia, llevármela a mi terreno… Y una vez que tengo esa esencia captada, ya puedo jugar con ellos, con diferentes expresiones, movimientos, poses».

Lo que más complicado le resulta, siempre que se enfrenta a un trabajo de este tipo, es lograr que el público vea ese personaje y lo reconozca al instante. «Ese, en mi trabajo, es de los retos principales porque hago mucho hincapié en esto, en que mis personajes sean reconocidos al segundo, pero no como una copia, sino como MI personaje, que todos sepan que es Lola Flores, pero la Lola Flores de Sete. Y hasta que te haces con él, rompes muchos folios y algún que otro lápiz de la mala hostia, jajajajaja. Y cuando lo consigues es… ¡Wau, ya está aquí!, ya te sobra todo. Aparto todo de mi mente e intento centrarme en mi mano, en mi lápiz y en sacar a la Lola Flores que yo he visualizado».

El resultado es impactante. Ahí está Lola, sí, pero desde la mirada de Sete González, que la actualiza para reinventarla, como ella mismo hizo muchas veces. «Lola Flores fue una folclórica en el momento en que tuvo que serlo, porque era lo que estaba de moda y era lo que se llevaba. Pero ella supo reinventarse, que es lo que mola de esta mujer».

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Que Lola Flores fue una de las artistas más grandes que ha habido en España está ya fuera de toda duda. Más que una bailaora, cantante y actriz, la Faraona es un icono. Y los iconos merecen tener su propia biografía ilustrada.

El ilustrador Sete González acaba de publicar con Lunwerg Editores Lola Flores. El arte de vivir, un libro que recorre la trayectoria profesional de la artista jerezana, desde sus comienzos en el tabanco que regentaba su padre hasta el final de su vida.

Lola Flores

No es la primera vez que González se mete a dibujar la vida de un genio del flamenco. Antes ya había publicado Camarón. La leyenda del genio (Lunwerg, 2020). Para el ilustrador madrileño, hay artistas y luego están los «artistas de artistas», y ellos dos lo eran, dos grandes, auténticos pilares del flamenco. «Y son personajes muy golosos para ilustrar. Tienen ese misticismo, esa genialidad, ese … Hay mucho que contar sobre estos artistas. No son artistas de calle, sino que se comportan como artistas en su día a día, no solo en un escenario. Y es lo que a mí me pone de los artistas. A mí me gusta un artista que se suba a un escenario y se engrandezca».

Quizá su faceta de músico pesara a la hora de contar la vida de estos dos personajes, porque a este ilustrador madrileño, amante del skate, el flamenco le pone.

«Mi vida siempre ha sido el skate y el flamenco. Veo que son muy parecidos. Son dos artes con mucha técnica. Son artes infinitos. El skate nunca se acaba, con el flamenco pasa lo mismo. Son artes de meterles muchas horas, de invertir mucho tiempo».

Aquella primera biografía ilustrada de Camarón estaba prologada por Lolita, la hija mayor de la Faraona, y al editor se le ocurrió que la de Lola Flores debía ser la siguiente obra de Sete González. La buena relación del ilustrador con la familia Flores, además, hacía más fácil todo.

Para documentarse, González recurrió a Lolita, quien le prestó la biografía que el periodista recientemente fallecido Tico Medina, muy amigo de la familia, escribió sobre la artista jerezana. También le recomendó ver la docuserie Coraje de vivir, emitida unos años antes de la muerte de Lola Flores, donde ella misma hablaba de su vida y de su carrera profesional. Ahí estaba todo.

De hecho, el título de la obra de Sete González es un guiño al de aquel programa de televisión, «a ese coraje de vivir que tuvo Lola durante toda su vida, ese par de ovarios que le echó como mujer, y que puede ser un ejemplo para todas y para todos hoy en día», explica el dibujante y skater. «No creo que haya una artista en este país que haya tenido esa carrera, con tantas películas, con tantos discos, con tantos viajes. El título es un guiño, pero no queríamos repetir eso que es tan conocido. Lo que sí vimos claro es que Lola vivió toda su vida con arte, así que ese fue el título que elegimos al final».

Pero también recurrió al inmenso material gráfico de la artista gaditana: cientos de fotos, imágenes en blanco y negro del NO-DO y toda la cartelería de las películas que protagonizó. Y ahí, en la contemplación y la reinterpretación de esa cartelería, está la parte que más disfrutó González a la hora de ilustrar el libro.

«Yo soy un loco de la cartelería, me gusta trabajar todo tipo de composiciones y aquí había una buena remesa de carteles de esa época, de los años 50. Aquellos carteles no eran como ahora, que o conoces las técnicas digitales o no trabajas de esto. Pero antiguamente, los ilustradores eran arte tradicional y eran pincel puro. Y eran auténticas obras maestras».

Muchas de las ilustraciones de Sete González en esta biografía de Lola Flores desprenden ese aroma a cine de barrio de mediados del siglo XX. «Yo he tratado, no de copiar, pero sí versionar esos carteles, llevármelos a mi terreno y dejar ese toquecillo que recuerde a esa antigua cartelería, pero llevado a este tiempo y a mi estilo, que es un poco más del cómic y de la calle. De todos los carteles de las películas de Lola Flores, hemos cogido los más potentes, los de las más famosas».

El color también es el protagonista absoluto en todo el libro. Un personaje de la fuerza de Lola Flores no podía tener tonos suaves y luz tenue. También ahí debía reflejarse el poderío y la tremenda energía que desprendía el personaje. «Sí, el color juega un papel superimportante. Lola Flores es color», confirma González.

Sin embargo, no fue esa la primera opción del dibujante, que presentó a los editores las primeras ilustraciones usando blancos y negros con toques rojos. En su memoria, las imágenes de la artista estaban asociados a esos colores del NO-DO, a una época que se veía en blanco y negro. «Lola Flores es color, es alegría», le comentó su editor al verlas. Y era verdad. Así que dejó esas ilustraciones para escenas que reproducían imágenes antiguas y las integró en los capítulos que hablaban del comienzo de la relación de la artista con Manolo Caracol o cuando bajó del avión con el que regresó a España en los años 50 tras su gira por Estados Unidos. «Para mí, era una parte de su vida con luces y sombras», justifica el ilustrador.

Lola Flores

«En este libro, ha girado todo en torno al color de la piel. Es un color anaranjado, marroncito, con luces en amarillo Nápoles, que se complementan muy bien con los que he utilizado de fondo, los azules turquesa. Me gusta mucho trabajar así, que haya un color dominante, pero que también haya un color complementario que se encargue de crear ese impacto visual que creo que tiene el libro y que creo que hemos conseguido».

Pero, además de la parte gozosa de la creación de esta biografía ilustrada, también ha tenido que enfrentarse a retos. «Lo más complicado para mí es diseñar el personaje, trabajarlo. Obviamente, primero documentarme, ver cómo se mueve ese personaje, sus poses, sus manos, sus expresiones faciales…. Estudiar mucho al personaje. Y a partir de ahí, yo empiezo con el diseño de mi propio personaje; en este caso, mi propia Lola (y me pasó un poco igual con Camarón). Al final, es el Camarón y la Lola de todos, pero en estos libros son mis personajes. De alguna manera, intento apoderarme de su alma, captar su esencia, llevármela a mi terreno… Y una vez que tengo esa esencia captada, ya puedo jugar con ellos, con diferentes expresiones, movimientos, poses».

Lo que más complicado le resulta, siempre que se enfrenta a un trabajo de este tipo, es lograr que el público vea ese personaje y lo reconozca al instante. «Ese, en mi trabajo, es de los retos principales porque hago mucho hincapié en esto, en que mis personajes sean reconocidos al segundo, pero no como una copia, sino como MI personaje, que todos sepan que es Lola Flores, pero la Lola Flores de Sete. Y hasta que te haces con él, rompes muchos folios y algún que otro lápiz de la mala hostia, jajajajaja. Y cuando lo consigues es… ¡Wau, ya está aquí!, ya te sobra todo. Aparto todo de mi mente e intento centrarme en mi mano, en mi lápiz y en sacar a la Lola Flores que yo he visualizado».

El resultado es impactante. Ahí está Lola, sí, pero desde la mirada de Sete González, que la actualiza para reinventarla, como ella mismo hizo muchas veces. «Lola Flores fue una folclórica en el momento en que tuvo que serlo, porque era lo que estaba de moda y era lo que se llevaba. Pero ella supo reinventarse, que es lo que mola de esta mujer».

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