30 de abril 2021    /   CREATIVIDAD
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Pauline Rousell ha dado la vuelta al mundo en 400 coworkings: estas son sus conclusiones

30 de abril 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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La gente tiene aficiones muy raras. Hay quien colecciona monedas. A otros les da por coleccionar Pokémons o dedales del mundo. Pauline Rousell colecciona coworkings. Esta joven francesa ha viajado por el globo visitando los espacios de trabajo compartido.

Durante cuatro años pateó 47 ciudades en busca de los mejores coworkings del mundo. Visitó más de 400. Entrevistó a sus creadores, fotografió sus rincones. Pero sobre todo, trabajó en sus mesas, que es como se conoce de verdad estos espacios. Ahora publica un libro resumiendo la experiencia y analizando las consecuencias de un fenómeno global que ha cambiado nuestra forma de trabajar.

A Pauline Roussel un coworking le cambió la vida. Encontró la felicidad laboral, después de muchos años encadenando trabajos de esos de los que no te puedes quejar (pero te quejas). También encontró a una persona especial. Dimitar Inchev fue su compañero. Primero, de trabajo; después, de viaje y más tarde, de vida. Juntos dirigen Coworkies, una bolsa de trabajo global dirigida a los espacios de trabajo flexibles. Juntos firman el libro La vuelta al mundo en 250 espacios de coworking (han tenido que hacer una selección por motivos evidentes) que están a punto de enviar a imprenta. Y juntos hablarán de su experiencia en CWSC, la cita más importante del coworking en España.

Morino Office Autor: Tomohiro Yamada
Cowork Funchal Autor: Pedro Faria

Hablamos con Pauline por Zoom días antes de su charla en este evento, que afronta ilusionada y feliz por poder compartir su experiencia. «Además, nos van a ayudar algunos de los directores de los coworkings que hemos visitado en estos años», adelanta. Uno de ellos será el director de Fuji-Mori-No-Office. «Es un coworking precioso a dos horas de Tokio», explica Pauline. Al principio, la idea parecía loca. Tendemos a pensar que los coworkings se crean en el centro de la ciudad, no en un pueblo remoto, pero empieza a haber ejemplos de coworkings rurales.

Y este es uno más. La gente, cansada del ajetreo de la ciudad, optaba por una especie de vacaciones laborales. Algo que en Japón, donde casi nadie coge los 10 días de vacaciones anuales, tiene cierto sentido. El Fuji-Mori-No-Office tiene un bonito espacio de coworking, pero también un hotel. Y un taller de yoga. Y bonitos bosques. Así, la gente podría compaginar jornada laboral y el relax. «Cuando fuimos nosotros el sitio tenía tanto éxito que sus dueños habían tenido que desconectar el teléfono porque no daban abasto», recuerda. Eso fue en enero de 2020. Antes de que la pandemia lo cambiara todo. También el fenómeno del coworking.

Cowork Funchal Autor: Pedro Faria
Remix. Autor: William Beucardet

Pauline ha hablado y debatido sobre cómo afectará la pandemia a los coworkings. Y quiere seguir haciéndolo en el CWSC Festival. «Suenan campanas en distintos lugares, será interesante ver cómo evoluciona al final» dice. Ella es positiva, cree que esto ha servido de empujón para que muchos coworkings se profesionalizaran, para que mejoraran sus servicios y ampliaran sus espacios.

«Por otro lado hay muchas empresas que no volveran al trabajo presencial», vaticina. Cree que, de momento, pocas han sabido integrar estos espacios en sus estrategias, «aún se mueven en la dicotomía casa u oficina», lamenta. Pero opina que eso cambiará. «Estos espacios pueden aportar mucho a los trabajadores fijos integrados en una empresa. Dan la oportunidad de conocer a gente diferente, otras culturas de trabajo, otros mundos».

 

Talent Garden
Morino Office Autor: Tomohiro Yamada

Otra de las consecuencias de la nueva situación será la mayor movilidad de los trabajadores. El ejemplo de Fuji-Mori-No-Office podría no ser tan extraño dentro de poco. En Canarias, por ejemplo, han iniciado una campaña para atraer a trabajadores de toda Europa. La llegada de este tipo de empleados ya se ha incrementado en las islas en un 10% mensual desde el pasado mes de septiembre. Fue entonces cuando el Gobierno de Canarias anunció un plan dotado de 500.000 euros destinado a atraer a unos 30.000 profesionales en los próximos 10 años. Las grandes ciudades ya no son tan atractivas, el teletrabajo hace que podamos viajar y vivir donde más nos apetezca. «En estos casos, cuando la gente se muda de ciudad, el espacio de coworking sirve como enlace», explica Pauline. «Te ayuda a conocer gente, a conocer tu nueva ciudad».

Sabe de lo que habla. Durante cuatro años ella y su pareja estuvieron saltando de ciudad en ciudad sin más punto de anclaje que el coworking. Tokyo, Osaka, Mumbai, Bangalore, Kuala Lumpur, París, Madrid, Barcelona, Londres, Berlín, Copenhague, Nueva York… Pauline y Dimitar han recorrido el mundo y han visto muchos espacios de trabajo. «Es verdad que si ves la superficie todos parecen similares, tienen una filosofía común, pero luego la cultura del país se filtra en estos espacios también», explica.

Por ejemplo, en Francia se reían de ella porque abandonaba la oficina a las seis. Sin embargo, en Berlín era la última en abandonar el lugar a esa misma hora. «Los países mediterráneos tenemos esa cultura de pasar más tiempo del necesario y eso se nota incluso aquí». Los espacios de coworking, sin embargo, sirven para diluir ese tipo de comportamientos, para crear una nueva cultura laboral que se está extendiendo por el mundo.

Otro aspecto común que parecen tener es la estética. Al pensar en un coworking, a uno le vienen a la mente espacios diáfanos, llenos de plantas, máquinas de café y palés con cojines a modo de sillones. Ojeando el libro de Pauline uno ve que la estética no es tan uniforme. Se mantienen, sin embargo, ciertos aspectos. «Es verdad que no hay muchas paredes y que los muebles suelen tener ruedas para poder moverse», reconoce. «Tienen que ser espacios más flexibles y creativos, y hay muchas grandes empresas que ya están copiando esas ideas». Sin embargo, defiende, por mucho que copien es muy difícil que una oficina pueda emular el espíritu de estos espacios. Habrá que creerla, pues ella de coworkings sabe un rato.

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La gente tiene aficiones muy raras. Hay quien colecciona monedas. A otros les da por coleccionar Pokémons o dedales del mundo. Pauline Rousell colecciona coworkings. Esta joven francesa ha viajado por el globo visitando los espacios de trabajo compartido.

Durante cuatro años pateó 47 ciudades en busca de los mejores coworkings del mundo. Visitó más de 400. Entrevistó a sus creadores, fotografió sus rincones. Pero sobre todo, trabajó en sus mesas, que es como se conoce de verdad estos espacios. Ahora publica un libro resumiendo la experiencia y analizando las consecuencias de un fenómeno global que ha cambiado nuestra forma de trabajar.

A Pauline Roussel un coworking le cambió la vida. Encontró la felicidad laboral, después de muchos años encadenando trabajos de esos de los que no te puedes quejar (pero te quejas). También encontró a una persona especial. Dimitar Inchev fue su compañero. Primero, de trabajo; después, de viaje y más tarde, de vida. Juntos dirigen Coworkies, una bolsa de trabajo global dirigida a los espacios de trabajo flexibles. Juntos firman el libro La vuelta al mundo en 250 espacios de coworking (han tenido que hacer una selección por motivos evidentes) que están a punto de enviar a imprenta. Y juntos hablarán de su experiencia en CWSC, la cita más importante del coworking en España.

Morino Office Autor: Tomohiro Yamada
Cowork Funchal Autor: Pedro Faria

Hablamos con Pauline por Zoom días antes de su charla en este evento, que afronta ilusionada y feliz por poder compartir su experiencia. «Además, nos van a ayudar algunos de los directores de los coworkings que hemos visitado en estos años», adelanta. Uno de ellos será el director de Fuji-Mori-No-Office. «Es un coworking precioso a dos horas de Tokio», explica Pauline. Al principio, la idea parecía loca. Tendemos a pensar que los coworkings se crean en el centro de la ciudad, no en un pueblo remoto, pero empieza a haber ejemplos de coworkings rurales.

Y este es uno más. La gente, cansada del ajetreo de la ciudad, optaba por una especie de vacaciones laborales. Algo que en Japón, donde casi nadie coge los 10 días de vacaciones anuales, tiene cierto sentido. El Fuji-Mori-No-Office tiene un bonito espacio de coworking, pero también un hotel. Y un taller de yoga. Y bonitos bosques. Así, la gente podría compaginar jornada laboral y el relax. «Cuando fuimos nosotros el sitio tenía tanto éxito que sus dueños habían tenido que desconectar el teléfono porque no daban abasto», recuerda. Eso fue en enero de 2020. Antes de que la pandemia lo cambiara todo. También el fenómeno del coworking.

Cowork Funchal Autor: Pedro Faria
Remix. Autor: William Beucardet

Pauline ha hablado y debatido sobre cómo afectará la pandemia a los coworkings. Y quiere seguir haciéndolo en el CWSC Festival. «Suenan campanas en distintos lugares, será interesante ver cómo evoluciona al final» dice. Ella es positiva, cree que esto ha servido de empujón para que muchos coworkings se profesionalizaran, para que mejoraran sus servicios y ampliaran sus espacios.

«Por otro lado hay muchas empresas que no volveran al trabajo presencial», vaticina. Cree que, de momento, pocas han sabido integrar estos espacios en sus estrategias, «aún se mueven en la dicotomía casa u oficina», lamenta. Pero opina que eso cambiará. «Estos espacios pueden aportar mucho a los trabajadores fijos integrados en una empresa. Dan la oportunidad de conocer a gente diferente, otras culturas de trabajo, otros mundos».

 

Talent Garden
Morino Office Autor: Tomohiro Yamada

Otra de las consecuencias de la nueva situación será la mayor movilidad de los trabajadores. El ejemplo de Fuji-Mori-No-Office podría no ser tan extraño dentro de poco. En Canarias, por ejemplo, han iniciado una campaña para atraer a trabajadores de toda Europa. La llegada de este tipo de empleados ya se ha incrementado en las islas en un 10% mensual desde el pasado mes de septiembre. Fue entonces cuando el Gobierno de Canarias anunció un plan dotado de 500.000 euros destinado a atraer a unos 30.000 profesionales en los próximos 10 años. Las grandes ciudades ya no son tan atractivas, el teletrabajo hace que podamos viajar y vivir donde más nos apetezca. «En estos casos, cuando la gente se muda de ciudad, el espacio de coworking sirve como enlace», explica Pauline. «Te ayuda a conocer gente, a conocer tu nueva ciudad».

Sabe de lo que habla. Durante cuatro años ella y su pareja estuvieron saltando de ciudad en ciudad sin más punto de anclaje que el coworking. Tokyo, Osaka, Mumbai, Bangalore, Kuala Lumpur, París, Madrid, Barcelona, Londres, Berlín, Copenhague, Nueva York… Pauline y Dimitar han recorrido el mundo y han visto muchos espacios de trabajo. «Es verdad que si ves la superficie todos parecen similares, tienen una filosofía común, pero luego la cultura del país se filtra en estos espacios también», explica.

Por ejemplo, en Francia se reían de ella porque abandonaba la oficina a las seis. Sin embargo, en Berlín era la última en abandonar el lugar a esa misma hora. «Los países mediterráneos tenemos esa cultura de pasar más tiempo del necesario y eso se nota incluso aquí». Los espacios de coworking, sin embargo, sirven para diluir ese tipo de comportamientos, para crear una nueva cultura laboral que se está extendiendo por el mundo.

Otro aspecto común que parecen tener es la estética. Al pensar en un coworking, a uno le vienen a la mente espacios diáfanos, llenos de plantas, máquinas de café y palés con cojines a modo de sillones. Ojeando el libro de Pauline uno ve que la estética no es tan uniforme. Se mantienen, sin embargo, ciertos aspectos. «Es verdad que no hay muchas paredes y que los muebles suelen tener ruedas para poder moverse», reconoce. «Tienen que ser espacios más flexibles y creativos, y hay muchas grandes empresas que ya están copiando esas ideas». Sin embargo, defiende, por mucho que copien es muy difícil que una oficina pueda emular el espíritu de estos espacios. Habrá que creerla, pues ella de coworkings sabe un rato.

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