20 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD
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‘Dear Future Children’: Los chicos no están bien

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Casi da la impresión de que los últimos años han estado plagados de estallidos sociales a lo largo y ancho del planeta. Desde 2011 con el 11M y los estallidos de las manifestaciones de la Primavera Árabe parece que lo de las calles ha sido un no parar de ciudadanos y grupos tomando las calzadas para reivindicar todo tipo de causas. Los gilets jaunes en Francia, el movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos… La máquina neoliberal ha dejado de carburar.

Y con el advenimiento de las redes sociales el ciudadano medio ha entendido que nada cambia tanto la agenda política como una calle llena de gente. De tres de esos movimientos habla Dear Future Children, el documental que abre la edición de este año del Another Way Film Festival en Madrid. Dear Future Children es un documental sobre quienes luchan por tener un futuro.

El festival, que se celebrará del 21 al 28 de octubre en diversas sedes en Madrid (y online) alcanza este año su séptima edición. Another Way Film Festival, como su propio nombre indica, no es un festival al uso. Porque, entre otras cosas, quiere impugnar la forma de hacer cultura, en concreto cinematográfica. Y quiere hacerlo demostrando que hacer cine con conciencia medioambiental no solo es posible, sino también necesario.

Por eso tiene sentido que este año abra con Dear Future Children de Franz Böhm. El documental sigue a tres activistas, entre ellas Hilda Flavia Nakabuye, activista climática y fundadora de Fridays for Future en Uganda, que en 2019 dio un discurso que se hizo viral en la conferencia de alcaldes de las Naciones Unidas en Copenhague.

Desde su premiere, el documental no solo ha recibido numerosos premios, sino que ya ha garantizado su calificación para los premios Óscar, después de recibir el premio del público en el festival canadiense Hot Docs.

Las tres activistas a las que acompaña Dear Future Children participan de los movimientos sociales que surgieron en Chile, Hong Kong y Uganda en torno a 2019. Jayden se une a las manifestaciones provocadas por la subida de los precios del transporte público en Santiago de Chile en 2019; Pepper ayuda a organizar la resistencia contra los cambios legislativos promovidos por China para acabar con la independencia de Hong Kong y Hilda, desde Uganda, se une a la organización internacional contra el cambio climático Fridays for Future.

Dear Future Children

Según Franz Böhm, director del documental y centennial por derecho propio (en el momento de publicar estas líneas tiene 22 años), la película nace «del amor verdadero a las películas», pero también de «preguntarnos qué películas son más relevantes hoy, cuáles cuentan historias de las que hay que hablar, que tienen que discutirse», y de darse cuenta de que «el verdadero potencial del cine joven moderno estaba sin explorar». Porque, si algo es Dear Future Children, es rabiosamente generacional.

Y lo es porque habla de los conflictos que se desatan en un mundo que, cada vez más, se mueve al compás que marcan las generaciones de mayor edad. Por razones de sociología, seguro. Pero también porque siempre hemos creído en aquello de que sabe más el diablo por viejo que por diablo. Pero ¿no son, precisamente, los más mayores los que se juegan menos de cara al futuro?

Por eso, Dear Future Children se acerca a quienes niegan la mayor, tres jóvenes activistas, cada una inmersa en la lucha de un movimiento diferente pero cuyo conflicto central pivota en torno a un elemento común: las decisiones son tomadas por generaciones anteriores a las suyas, pero ellas son las que vivirán para recibir el impacto.

GRETA THUNBERG, QUIÉN ES

Las tres activistas de Dear Future Children son, para el común de los mortales, desconocidas. Pero los movimientos en los que toman parte han copado titulares y minutos de televisión a paladas en los últimos años. Y también forman parte de una realidad incontestable: la generación Z parece estar mucho más comprometida social y globalmente que sus predecesoras. Y en DFC, ellas encarnan esta lucha, la de los centennials.

La cámara del equipo Böhm desaparece frente a las tres activistas. Lo que queda son sus historias. Las historias de tres chicas muy jóvenes. Tres chicas que se ven obligadas a luchar por tener un futuro. Son las suyas grandes causas como la democracia, la libertad o la protección del medio ambiente. Causas de esas que podrían escribirse en mayúsculas y cuya defensa no debería depender de la movilización de aquellos que ni siquiera tienen edad para estar preocupándose de ellas. Pero esas son las cartas les ha tocado jugar. Y ellas no han dudado en hacerlo. Incluso aunque eso haya supuesto, como en el caso de Pepper, el exilio.

Las causas a las que se enfrentan las tres activistas no son un artefacto de guion. Las consecuencias son reales. Tanto de rebelarse como de no hacerlo. Porque la historia de las tres activistas es también la historia de David contra Goliat. Y eso se hizo notar durante la producción. Según el propio director, sabían que estaban haciendo un documental sobre personas que luchan contra algo que, por escala, les supera.

«Por supuesto, la gente en Hong Kong tenía delante un oponente enorme; todavía lo tienen. Es más poderoso que ellos, tiene más recursos…, pero ellos son muy valientes. Ellos ven cómo su futuro y el de las generaciones futuras está en peligro. Y no quieren poner esta carga sobre las generaciones que vengan». También el equipo que ha realizado el documental sufrió los daños colaterales. «Al estar haciendo esta película, en la que damos voz a una activista hongkonesa, incluso nosotros recibimos acoso, amenazas, amenazas de muerte…incluso ciberataques», dice el propio director.

LOS CHICOS NO ESTÁN BIEN

Desde que se rodó el documental muchas cosas han cambiado para sus protagonistas. China sigue afianzando su supremacía sobre el territorio hongkonés y muchos de los activistas han terminado en la cárcel. Pepper se exilió y, según el director, vive en un país extranjero. «Solo puede comunicarse con su familia muy de vez en cuando».

En Chile, los activistas lograron forzar una reforma constitucional. Durante la primavera de 2021, eligieron a la asamblea constituyente que se encargará de redactar la nueva constitución.

En el caso de Hilda, su activismo sigue estando de actualidad. Su tarea continúa siendo la misma, que es, en el fondo, la de encontrar la forma de salvar el planeta. Porque si bien sus efectos son especialmente palpables y sangrantes en países como Uganda, lo cierto es que nadie esta a salvo del riesgo que supone.

Porque, si Dear Future Children es un documental sobre quienes luchan por tener un futuro, nos haría bien recordar que, a veces, la lucha de unos es en realidad la lucha de todos.

 

* Dear Future Children puede verse el día 21 de octubre en varias salas madrileñas como parte de la programación del Another Way Film Festival. Las entradas pueden comprarse aquí.

 

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Casi da la impresión de que los últimos años han estado plagados de estallidos sociales a lo largo y ancho del planeta. Desde 2011 con el 11M y los estallidos de las manifestaciones de la Primavera Árabe parece que lo de las calles ha sido un no parar de ciudadanos y grupos tomando las calzadas para reivindicar todo tipo de causas. Los gilets jaunes en Francia, el movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos… La máquina neoliberal ha dejado de carburar.

Y con el advenimiento de las redes sociales el ciudadano medio ha entendido que nada cambia tanto la agenda política como una calle llena de gente. De tres de esos movimientos habla Dear Future Children, el documental que abre la edición de este año del Another Way Film Festival en Madrid. Dear Future Children es un documental sobre quienes luchan por tener un futuro.

El festival, que se celebrará del 21 al 28 de octubre en diversas sedes en Madrid (y online) alcanza este año su séptima edición. Another Way Film Festival, como su propio nombre indica, no es un festival al uso. Porque, entre otras cosas, quiere impugnar la forma de hacer cultura, en concreto cinematográfica. Y quiere hacerlo demostrando que hacer cine con conciencia medioambiental no solo es posible, sino también necesario.

Por eso tiene sentido que este año abra con Dear Future Children de Franz Böhm. El documental sigue a tres activistas, entre ellas Hilda Flavia Nakabuye, activista climática y fundadora de Fridays for Future en Uganda, que en 2019 dio un discurso que se hizo viral en la conferencia de alcaldes de las Naciones Unidas en Copenhague.

Desde su premiere, el documental no solo ha recibido numerosos premios, sino que ya ha garantizado su calificación para los premios Óscar, después de recibir el premio del público en el festival canadiense Hot Docs.

Las tres activistas a las que acompaña Dear Future Children participan de los movimientos sociales que surgieron en Chile, Hong Kong y Uganda en torno a 2019. Jayden se une a las manifestaciones provocadas por la subida de los precios del transporte público en Santiago de Chile en 2019; Pepper ayuda a organizar la resistencia contra los cambios legislativos promovidos por China para acabar con la independencia de Hong Kong y Hilda, desde Uganda, se une a la organización internacional contra el cambio climático Fridays for Future.

Dear Future Children

Según Franz Böhm, director del documental y centennial por derecho propio (en el momento de publicar estas líneas tiene 22 años), la película nace «del amor verdadero a las películas», pero también de «preguntarnos qué películas son más relevantes hoy, cuáles cuentan historias de las que hay que hablar, que tienen que discutirse», y de darse cuenta de que «el verdadero potencial del cine joven moderno estaba sin explorar». Porque, si algo es Dear Future Children, es rabiosamente generacional.

Y lo es porque habla de los conflictos que se desatan en un mundo que, cada vez más, se mueve al compás que marcan las generaciones de mayor edad. Por razones de sociología, seguro. Pero también porque siempre hemos creído en aquello de que sabe más el diablo por viejo que por diablo. Pero ¿no son, precisamente, los más mayores los que se juegan menos de cara al futuro?

Por eso, Dear Future Children se acerca a quienes niegan la mayor, tres jóvenes activistas, cada una inmersa en la lucha de un movimiento diferente pero cuyo conflicto central pivota en torno a un elemento común: las decisiones son tomadas por generaciones anteriores a las suyas, pero ellas son las que vivirán para recibir el impacto.

GRETA THUNBERG, QUIÉN ES

Las tres activistas de Dear Future Children son, para el común de los mortales, desconocidas. Pero los movimientos en los que toman parte han copado titulares y minutos de televisión a paladas en los últimos años. Y también forman parte de una realidad incontestable: la generación Z parece estar mucho más comprometida social y globalmente que sus predecesoras. Y en DFC, ellas encarnan esta lucha, la de los centennials.

La cámara del equipo Böhm desaparece frente a las tres activistas. Lo que queda son sus historias. Las historias de tres chicas muy jóvenes. Tres chicas que se ven obligadas a luchar por tener un futuro. Son las suyas grandes causas como la democracia, la libertad o la protección del medio ambiente. Causas de esas que podrían escribirse en mayúsculas y cuya defensa no debería depender de la movilización de aquellos que ni siquiera tienen edad para estar preocupándose de ellas. Pero esas son las cartas les ha tocado jugar. Y ellas no han dudado en hacerlo. Incluso aunque eso haya supuesto, como en el caso de Pepper, el exilio.

Las causas a las que se enfrentan las tres activistas no son un artefacto de guion. Las consecuencias son reales. Tanto de rebelarse como de no hacerlo. Porque la historia de las tres activistas es también la historia de David contra Goliat. Y eso se hizo notar durante la producción. Según el propio director, sabían que estaban haciendo un documental sobre personas que luchan contra algo que, por escala, les supera.

«Por supuesto, la gente en Hong Kong tenía delante un oponente enorme; todavía lo tienen. Es más poderoso que ellos, tiene más recursos…, pero ellos son muy valientes. Ellos ven cómo su futuro y el de las generaciones futuras está en peligro. Y no quieren poner esta carga sobre las generaciones que vengan». También el equipo que ha realizado el documental sufrió los daños colaterales. «Al estar haciendo esta película, en la que damos voz a una activista hongkonesa, incluso nosotros recibimos acoso, amenazas, amenazas de muerte…incluso ciberataques», dice el propio director.

LOS CHICOS NO ESTÁN BIEN

Desde que se rodó el documental muchas cosas han cambiado para sus protagonistas. China sigue afianzando su supremacía sobre el territorio hongkonés y muchos de los activistas han terminado en la cárcel. Pepper se exilió y, según el director, vive en un país extranjero. «Solo puede comunicarse con su familia muy de vez en cuando».

En Chile, los activistas lograron forzar una reforma constitucional. Durante la primavera de 2021, eligieron a la asamblea constituyente que se encargará de redactar la nueva constitución.

En el caso de Hilda, su activismo sigue estando de actualidad. Su tarea continúa siendo la misma, que es, en el fondo, la de encontrar la forma de salvar el planeta. Porque si bien sus efectos son especialmente palpables y sangrantes en países como Uganda, lo cierto es que nadie esta a salvo del riesgo que supone.

Porque, si Dear Future Children es un documental sobre quienes luchan por tener un futuro, nos haría bien recordar que, a veces, la lucha de unos es en realidad la lucha de todos.

 

* Dear Future Children puede verse el día 21 de octubre en varias salas madrileñas como parte de la programación del Another Way Film Festival. Las entradas pueden comprarse aquí.

 

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