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9 de marzo 2016    /   CINE/TV
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Diccionario seriéfilo: ‘deus ex machina’

9 de marzo 2016    /   CINE/TV     por          
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Un asesinato, dos asesinatos, tres asesinatos… Un criminal escurridizo. Demasiado listo para el policía; demasiado fuerte para el superhéroe.

—No podré pararlo — dice el policía, el espía o el superhéroe.
—Quizá esto te ayude —dice el policía veterano, el científico, el hacker.

El policía, el espía o el superhéroe recibe un aparatejo o un código que detiene la amenaza viral del villano y lo localiza. A partir de aquí el final llega en dos secuencias: los buenos rodean la casa del malo y el héroe explica con psicología de andar por casa las razones de por qué el malo hacía lo que hacía.

El código, el aparatejo o el arma especial que recibe el héroe es un deus ex machina: resuelve la papeleta al héroe.

El teatro griego y el deus ex machina

Deus-ex-machina

Para los griegos, el deus ex machina era una forma aparatosa y tramposa de acabar una obra de teatro: una grúa (machina) bajaba o colocaba sobre el escenario a un actor que, como un dios del Olimpo (deus), resolvía los problemas del héroe. (Imagen sobre este párrafo extraída de OSC IB Blogs). De ahí «deus ex machina» (dios a través de la máquina). Los dioses del Olimpo quedaron atrás, pero la trampa sigue vigente y adopta muchas formas, no solo la del aparatejo o el código del amigo/socio hacker. Al fin y al cabo, el dios en la ficción es una figura trina de la creación (guionista, director y productor).

Cuando la trinidad trabaja en televisión, debe procurar que los espectadores quieran ver el siguiente capítulo. Esto obliga a utilizar la trampa del deus ex machina un excesivo número de veces.

La tecnología

En la televisión del pasado siglo, los guionistas siempre se apañaban para que MacGyver —a cinco minutos del final— acabara en una cabaña o habitación repleta de artilugios que en sus manos eran peligrosos. (¿A ninguno de los malos se le ocurrió pegarle un tiro a MacGyver?). KIT, el coche fantástico, es el deus ex machina de David Hasselhoff.

En la franquicia CSI y sucedáneos la tecnología no sirve como apoyo: ofrece la resolución de los casos. (Nunca mejor dicho: tras definir con un software irreal la fotografía borrosa del sospechoso en una noche de lluvia).

El testigo sorpresa

En la policíacas de antes y de ahora, el testigo de última hora (el borracho, la adolescente asustadiza) es el deus ex machina. Este personaje se presenta en la comisaría en un momento aparentemente improbable y se acabaron todas las pistas. Incluso hay episodios en estas series en los que el asesino se entrega y explica sus razones para los crímenes (sin ningún truco en la manga: una entrega, sin más, a tres minutos del final).

La pastilla milagrosa

Otra forma de deus ex machina es la pastilla roja que dota de poderes excepcionales al protagonista de la serie Sin límitess. Cuando el caso está atascado, el FBI permite al antihéroe tomar la pastillita y ¡voilà! Caso resuelto en un santiamén. El deus ex machina es la química: lo es porque no forma parte de la trama. El héroe no funciona sin la pastilla. (Parece un ficción promocionada por farmacéuticas creadoras del Provigil, el Rubifen y Alza 36).

El amigo científico

Los superhéroes son en sí mismos deus ex machina que resuelven los problemas de los corrientes mortales. Pero también tienen sus propios deus ex machina. Los de la casa DC (Arrow y Flash) están abonados a la fórmula: siempre pierden en su primer enfrentamiento con sus supervillanos. Para ellos, el deus ex machina es el científico que entrega un cachivache inventado en una tarde o dota al traje de una característica nueva que contrarresta los poderes de los villanos.

La suerte

El último superhéroe que no sabe que lo es es el protagonista de Lucky Man. Aquí, la suerte es el deus ex machina (lástima, la asociación entre AMC y Stan Lee prometía grandes satisfacciones). El protagonista de Lucky Man hace su trabajo policial y cuando va a ocurrirle un peligro, la suerte interviene: esquiva coches, esquiva balas, evita accidentes mortales y gana en las carreras de galgos. Así, sin más. ¿No es esto un deus ex machina? ¿Y dónde queda la emoción? Para que una película o serie sea atractiva, el protagonista debe superar obstáculos, pero si la suerte está de lado del personaje, su paso por la historia es fácil. Y lo fácil cansa.

«Un tipo al que todo le sale bien por pura potra solo puede dar juego como secundario cómico. Y, mientras, el protagonista debe estar bien jodido», dice Paco López Barrio guionista de El Ministerio del Tiempo y otras ficciones, y docente de guion.

Narciso Bello

López Barrio está en lo cierto. Quizá los que rondan los cuarenta recuerden a Narciso Bello (Gladstone Gander), el personaje de los tebeos Don Mickey, primo de Donald, que por un exceso de suerte cae antipático. Este personaje no tiene historieta propia. Otros espectadores encuentran irritante las aventuras de Doraemon, el gato cósmico. (Aquí vemos que el gato entrega de manera irresponsable tecnología al niño; el crío se mete en líos y el gato le saca de ellos).

El malum ex machina

Frente al deus ex machina está el malum ex machina: el diablo a través de la máquina, la mala suerte que impide que los protagonistas cambien de capítulo a capítulo. Es un truco propio de las comedias de situación que funciona desde I love Lucy. (Sí, Doraemon es el malum y el deus).

Si las comedias de situación (sitcoms, en inglés) se llaman así es porque la situación apenas varía de un capítulo a otro. Los protagonistas pueden estar buscando sin éxito la fama o la fortuna o el amor durante siete u ocho temporadas. ¡Es lo que queremos ver! En cada capítulo parece que el héroe o heroína encuentra a la media naranja, pero mete la pata en la última escena o aparece el ex de la otra persona que acaba ganando. Y la búsqueda continúa en el siguiente capítulo.

Los negocios de Homer y Marge Simpson fracasan por causas a menudo externas a ellos, de la misma manera que pifian las ideas para enriquecerse los chicos de The big bang theory y Penny jamás llegará a ser una actriz famosa.

Sin embargo, los espectadores son más tolerantes con el malum ex machina que con el deus ex machina. Quizá porque el público se identifica con los personajes sin suerte: los que pierden en el juego, los que tienen malos trabajos y los que tienen mala fortuna en el amor. Los espectadores aceptan la buena suerte cuando está hecha con gracia o cuando desean que los protagonistas sufrientes de series-novelas dejen de sufrir. Entonces, y solo entonces, la buena suerte es aceptada porque provoca una catarsis.

 

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—No podré pararlo — dice el policía, el espía o el superhéroe.
—Quizá esto te ayude —dice el policía veterano, el científico, el hacker.

El policía, el espía o el superhéroe recibe un aparatejo o un código que detiene la amenaza viral del villano y lo localiza. A partir de aquí el final llega en dos secuencias: los buenos rodean la casa del malo y el héroe explica con psicología de andar por casa las razones de por qué el malo hacía lo que hacía.

El código, el aparatejo o el arma especial que recibe el héroe es un deus ex machina: resuelve la papeleta al héroe.

El teatro griego y el deus ex machina

Deus-ex-machina

Para los griegos, el deus ex machina era una forma aparatosa y tramposa de acabar una obra de teatro: una grúa (machina) bajaba o colocaba sobre el escenario a un actor que, como un dios del Olimpo (deus), resolvía los problemas del héroe. (Imagen sobre este párrafo extraída de OSC IB Blogs). De ahí «deus ex machina» (dios a través de la máquina). Los dioses del Olimpo quedaron atrás, pero la trampa sigue vigente y adopta muchas formas, no solo la del aparatejo o el código del amigo/socio hacker. Al fin y al cabo, el dios en la ficción es una figura trina de la creación (guionista, director y productor).

Cuando la trinidad trabaja en televisión, debe procurar que los espectadores quieran ver el siguiente capítulo. Esto obliga a utilizar la trampa del deus ex machina un excesivo número de veces.

La tecnología

En la televisión del pasado siglo, los guionistas siempre se apañaban para que MacGyver —a cinco minutos del final— acabara en una cabaña o habitación repleta de artilugios que en sus manos eran peligrosos. (¿A ninguno de los malos se le ocurrió pegarle un tiro a MacGyver?). KIT, el coche fantástico, es el deus ex machina de David Hasselhoff.

En la franquicia CSI y sucedáneos la tecnología no sirve como apoyo: ofrece la resolución de los casos. (Nunca mejor dicho: tras definir con un software irreal la fotografía borrosa del sospechoso en una noche de lluvia).

El testigo sorpresa

En la policíacas de antes y de ahora, el testigo de última hora (el borracho, la adolescente asustadiza) es el deus ex machina. Este personaje se presenta en la comisaría en un momento aparentemente improbable y se acabaron todas las pistas. Incluso hay episodios en estas series en los que el asesino se entrega y explica sus razones para los crímenes (sin ningún truco en la manga: una entrega, sin más, a tres minutos del final).

La pastilla milagrosa

Otra forma de deus ex machina es la pastilla roja que dota de poderes excepcionales al protagonista de la serie Sin límitess. Cuando el caso está atascado, el FBI permite al antihéroe tomar la pastillita y ¡voilà! Caso resuelto en un santiamén. El deus ex machina es la química: lo es porque no forma parte de la trama. El héroe no funciona sin la pastilla. (Parece un ficción promocionada por farmacéuticas creadoras del Provigil, el Rubifen y Alza 36).

El amigo científico

Los superhéroes son en sí mismos deus ex machina que resuelven los problemas de los corrientes mortales. Pero también tienen sus propios deus ex machina. Los de la casa DC (Arrow y Flash) están abonados a la fórmula: siempre pierden en su primer enfrentamiento con sus supervillanos. Para ellos, el deus ex machina es el científico que entrega un cachivache inventado en una tarde o dota al traje de una característica nueva que contrarresta los poderes de los villanos.

La suerte

El último superhéroe que no sabe que lo es es el protagonista de Lucky Man. Aquí, la suerte es el deus ex machina (lástima, la asociación entre AMC y Stan Lee prometía grandes satisfacciones). El protagonista de Lucky Man hace su trabajo policial y cuando va a ocurrirle un peligro, la suerte interviene: esquiva coches, esquiva balas, evita accidentes mortales y gana en las carreras de galgos. Así, sin más. ¿No es esto un deus ex machina? ¿Y dónde queda la emoción? Para que una película o serie sea atractiva, el protagonista debe superar obstáculos, pero si la suerte está de lado del personaje, su paso por la historia es fácil. Y lo fácil cansa.

«Un tipo al que todo le sale bien por pura potra solo puede dar juego como secundario cómico. Y, mientras, el protagonista debe estar bien jodido», dice Paco López Barrio guionista de El Ministerio del Tiempo y otras ficciones, y docente de guion.

Narciso Bello

López Barrio está en lo cierto. Quizá los que rondan los cuarenta recuerden a Narciso Bello (Gladstone Gander), el personaje de los tebeos Don Mickey, primo de Donald, que por un exceso de suerte cae antipático. Este personaje no tiene historieta propia. Otros espectadores encuentran irritante las aventuras de Doraemon, el gato cósmico. (Aquí vemos que el gato entrega de manera irresponsable tecnología al niño; el crío se mete en líos y el gato le saca de ellos).

El malum ex machina

Frente al deus ex machina está el malum ex machina: el diablo a través de la máquina, la mala suerte que impide que los protagonistas cambien de capítulo a capítulo. Es un truco propio de las comedias de situación que funciona desde I love Lucy. (Sí, Doraemon es el malum y el deus).

Si las comedias de situación (sitcoms, en inglés) se llaman así es porque la situación apenas varía de un capítulo a otro. Los protagonistas pueden estar buscando sin éxito la fama o la fortuna o el amor durante siete u ocho temporadas. ¡Es lo que queremos ver! En cada capítulo parece que el héroe o heroína encuentra a la media naranja, pero mete la pata en la última escena o aparece el ex de la otra persona que acaba ganando. Y la búsqueda continúa en el siguiente capítulo.

Los negocios de Homer y Marge Simpson fracasan por causas a menudo externas a ellos, de la misma manera que pifian las ideas para enriquecerse los chicos de The big bang theory y Penny jamás llegará a ser una actriz famosa.

Sin embargo, los espectadores son más tolerantes con el malum ex machina que con el deus ex machina. Quizá porque el público se identifica con los personajes sin suerte: los que pierden en el juego, los que tienen malos trabajos y los que tienen mala fortuna en el amor. Los espectadores aceptan la buena suerte cuando está hecha con gracia o cuando desean que los protagonistas sufrientes de series-novelas dejen de sufrir. Entonces, y solo entonces, la buena suerte es aceptada porque provoca una catarsis.

 

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