16 de agosto 2021    /   CINE/TV
por
 Ilustración: Glez Studio

El cine de verano apela a tus sentimientos y a tu realidad

16 de agosto 2021    /   CINE/TV     por          Ilustración: Glez Studio
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Los historiadores del cine dicen que el Séptimo Arte solo inventó un género: el wéstern. Esto es un error. 50 años antes del nacimiento del cine se publicaron las primeras historietas de pistoleros.

El cine inventó otro género más gozoso a los sentidos que, a diferencia del wéstern, sigue vigente: las historias de verano: pandillas con bicicletas, vacaciones en familia, escenas de playa, primeros besos…

La pervivencia del cine de verano es incuestionable: el género de películas de verano apela al corazón y la memoria de cada persona. Por el contrario, ¿quién ha conducido ganado atravesando Texas o ha sobrevivido a un duelo a muerte con revólver?

La querencia del cine por el verano llegó un año antes de que el cine naciera para los libros de Historia. En 1894, el dibujante francés Emile Reynold proyectó Alrededor de una caseta de baño, una peliculita —fotografías proyectadas deprisa— de poco menos que dos minutos sobre una plácida playa, un trampolín y un mirón que recibe una patada en el culo por espiar cómo una mujer se coloca el traje de baño.

Cuando el verano se tuerce, no es raro inventar, más que recordar, los veranos del pasado: en la mente se suceden imágenes de que te hubiera gustado que ocurriera: juergas, aventuras, besos y abrazos que ni diste ni te dieron. Fantasías que conviven con recuerdos placenteros, aislados, no contaminados de la realidad, cuando todo se torció o acabó.

Los que hacen películas saben todo esto. Lo han pasado tan mal como tú. Por eso, muchas películas de verano apelan al recuerdo y a la fantasía.

cine de verano

PANDILLAS CON Y SIN BICICLETAS

Cuando tenías menos de once años amabas el verano tanto como las chucherías. Quizá más. La casa de la abuela, el campo del tito, la piscina de plástico, cómo después del chapuzón te envolvías en la toalla para la merienda, irte a dormir tan tarde como te dejara tu madre… y tu pandilla, con la que echabas las tardes y hacías planes de un momento para otro. El futuro se veía demasiado lejano. En aquellos tiempos, construías una burbuja de realidad propia en la que no tenían cabida los adultos.

El cine de Hollywood ha prestado una atención especial a aquellos años de preadolescencia a través de pandillas que viven aventuras fantásticas: la búsqueda de un tesoro (Los Goonies), el descubrimiento de un niño desaparecido (Cuenta conmigo), la lucha contra un payaso de fantasía (It) o el enfrentamiento contra un monstruo sideral (Super 8). Películas no siempre ambientadas en verano, pero estrenadas en las vacaciones estivales y que asociamos a este período. En cualquier caso, el mensaje de estas historias es el mismo: todo es posible con la ayuda de los amigos.

Por desgracia, el cine ha preferido retratar más las pandillas compuestas por chicos, en las que, como mucho, había una chica. (He aquí una oportunidad de reinventar el género con una pandilla de chicas y uno o ningún chico).

De entre todas las películas, destacan Los Goonies y Cuenta conmigo por su influencia en la ficción de nuestros días y en el imaginario popular.

Esta producción dirigida por Richard Donner (Superman, Lady Halcón) con producción de Spielberg no ha dejado de estar presente en la memoria de quienes la vieron el año del estreno o la descubrieron más tarde en el videoclub. Es un vestigio de la cultura popular. Una prueba: personas que no la han visto la reconocen a través de memes. Por esto es un referente constante para películas y series de televisión. Parte de una idea eterna: ¿quién no ha querido encontrar un tesoro pirata con los amigos cuando tenía 13 años?

Un deseo que permanece en la adultez y que convierte la película en una cápsula del tiempo. Lo curioso es que la historia de Los Goonies no se desarrolla en verano (aunque se estrenó un día de junio), pero el pensamiento colectivo asocia las bicicletas al verano.

También es curioso que parte de un drama social que con frecuencia se olvida: los padres de los protagonistas van a ser desahuciados por el banco. Este drama queda pronto olvidado, y pocos lo recuerdan, porque la aventura toma las riendas y canibaliza toda realidad.

Sí transcurre durante el verano Cuenta conmigo (1986). La historia basada en una novela de Stephen King tiene como protagonista a una pandilla con jóvenes, algo mayores que los Goonies, que buscan el cadáver de un niño desaparecido para hacerse famosos.

La historia está contada por uno de sus protagonistas ya adulto, un escritor famoso que es el alter ego de King. Es una oda a la última oportunidad para convertirse en héroes, en personas diferentes a lo que se espera de ellos, que comiencen a ser adultos responsables con trabajos de 9 a 5.

Las ideas de infancia congelada (Los Goonies) y última oportunidad (Cuenta conmigo) se combinaron en las producciones que sucedieron a las producciones ochenteras, y su influencia llegó hasta nuestros días. Sin ellas, hoy sería difícil concebir Stranger Things y producciones similares.

PRIMEROS BESOS

Cuando acabó el tiempo de las bicicletas, tuvieras una o no, comenzó el tiempo de los primeros besos o no. El verano dejó de gustarte tanto.

A partir de entonces se acumularon menos recuerdos y más fantasías.

Te percataste de que dentro de ti se movían engranajes que ignorabas, que te llevaban de la risa tonta al llanto y de la esperanza a un «quiero morir».

Y todo porque reparaste en los cambios de tu cuerpo y los cuerpos ajenos. Descubriste que no eras la guapa del grupo ni la amiga resultona; ni el «calladito, pero muy lindo» ni el que las hacía reír. Ahora estas cosas no te importan tanto, pero entonces tenías lo que las abuelas llamaban la edad del pavo, la edad de encontrar las tragedias en lo pequeño y lo pasajero.

Lo peor es que intentabas que no se notara que quien te gustaba ni te miraba o te hablaba en confidencia de otra persona que no eras tú. Y encima, tus padres te torturaban: «A ver si haces algo, que no tienes siete años. Por lo menos, arregla tu cuarto».

De esos veranos más dolorosos que placenteros, coleccionas fantasías de amor, sexo y eternidad. Por esto, el cine de Hollywood de los primeros besos, los besos de verano, está en una época congelada, a veces anacrónica, interpretadas por adultos que fingen ser adolescentes: las películas de playa de los 50 con canciones y surf, Grease, Dirty Dancing, Cincuentas primeras citas… Romeos y Julietas de las circunstancias como los protagonistas de El cuaderno de Noah, Un paseo para recordar o Antes del amanecer, que desafían al tiempo…

El cine europeo retrata los amores de verano con la minuciosidad de un pintor que quiere retener la vida en cada pincelada. Es Un verano con Mónica, de Ingmar Bergman; Pauline en la playa, filmada por Rohmer con la fotografía de Néstor Almendros, o los amores impensados deCall Me by Your Name. Películas en las que el drama aletea desde el comienzo porque el verano tiene un límite, a diferencia de las pasiones.

Los romances de verano en el cine acaban (Vacaciones en Roma), se retoman (Grease), o empiezan y no terminan porque la película acaba antes que la historia, o terminan, pero no duelen tanto como para conducir a los protagonistas a arrojarse desde un rascacielos: queda una lección. Eso sí, queda el poso, como refleja la canción Summer Moved on de A-HA:

«Las estaciones no duran
y solo hay una cosa
que queda pedir.
Quédate, no te vayas
y dame otro día,
un día como hoy».

QUÉ ASCO DE VACACIONES

Cuando el tiempo de las bicicletas quedó muy atrás, tanto como los primeros besos, imaginas el próximo verano con esperanza y temor. Eres una persona adulta. No puedes evitarlo. Frente al «descansaré, me bañaré, me encontraré con…» está el «espero que no…» porque «quiero un verano tranquilo».

El cine es un espejo de ti al mostrar adultos estresados que conocen un desastre tras otro durante las vacaciones. Es un tipo de historia que se popularizó poco después de la Segunda Guerra Mundial con una fórmula sencilla: un actor conocido que tiene una familia repelente que espera desconectar del mundo por unos días…

Las películas de los últimos 30 años tienen títulos explícitos: Menudas vacaciones, Vaya vacaciones, ¡Socorro, llegan las vacaciones!… Películas olvidables y olvidadas. No es raro. Estas películas, aunque sean paródicas y tengan finales felices, se antojan por momentos amargas.

Un ejemplo: Malditas vacaciones se estrenó en 1985, el mismo año que Los Goonies. Sin embargo, nadie recuerda Malditas vacaciones, aunque cuenta con una estrella del momento, John Candy, que hoy pocos recuerdan.

Es una comedia un tanto absurda como tantas de los 80, pero de alguna manera cercana a la realidad: el protagonista es un trabajador estresado que en sus vacaciones acaba en una choza que no se parece a la del folleto, tiene por vecino al manitas del bricolaje y un canalla presuntuoso le fastidia las vacaciones porque sí. Acaba bien, pero a la espera del final eres testigo de una tragedia.

AUTODESCUBRIMIENTO EN VACACIONES

No importa cuántos años tengas, preguntas como «¿quién soy?» y «qué quiero?» pueden golpearte cuando menos lo esperas y abrumarte, aunque creías tener las respuestas. Peor aún es cuando las preguntas llegan porque algo en tu vida está roto y te consume el corazón, las tripas y la cabeza.

Cuando esto ocurre buscas una escapatoria para recomponerte, pero esta no siempre es fácil. No cuando estás encadenado a obligaciones. No cuando te asaltan las prisas, las notificaciones de correos y la mensajería instantánea que no te permiten encontrar el aburrimiento necesario para estar con tu propio yo. Te toca esperar a las vacaciones de verano. No para descansar. Para reconstruirte.

El cine de nuestro siglo ha estado atento a esta necesidad de reconstrucción personal. El nuevo héroe, la nueva heroína, no abandona su vida corriente para seguir a un gurú espiritual ni toma una moto para hacer la ruta 66 como Dennis Hopper y Peter Fonda en Easy Rider. Ahora, es un artista deprimido o escritora bloqueada que toma un billete para la Provenza o alguna isla griega.

Bajo el sol de la Toscana (2003) es la primera de su género. Aquí, Diane Lane es una escritora deprimida tras la infidelidad de su marido que viaja a la Toscana para curarse las penas de amor y compra una villa para reformar. La metáfora es evidente: a medida que transforma la casa, ella sana las heridas emocionales.

Después llegaron Un rincón en la Toscana; Una villa en la Toscana; Cartas a Julieta; Come, reza, ama… Y otras películas con argumentos similares en las islas griegas.

Mientras que el cine de pandillas, primeros besos y malditas vacaciones nos hablan de lo que fuimos o pudimos llegar a ser, las películas de autodescubrimiento nos hablan de lo que queremos ser. ¿Quién no desea vivir libre de miedos y cargas sin más propósito que mirar el sol ocultándose tras un viñedo?

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Los historiadores del cine dicen que el Séptimo Arte solo inventó un género: el wéstern. Esto es un error. 50 años antes del nacimiento del cine se publicaron las primeras historietas de pistoleros.

El cine inventó otro género más gozoso a los sentidos que, a diferencia del wéstern, sigue vigente: las historias de verano: pandillas con bicicletas, vacaciones en familia, escenas de playa, primeros besos…

La pervivencia del cine de verano es incuestionable: el género de películas de verano apela al corazón y la memoria de cada persona. Por el contrario, ¿quién ha conducido ganado atravesando Texas o ha sobrevivido a un duelo a muerte con revólver?

La querencia del cine por el verano llegó un año antes de que el cine naciera para los libros de Historia. En 1894, el dibujante francés Emile Reynold proyectó Alrededor de una caseta de baño, una peliculita —fotografías proyectadas deprisa— de poco menos que dos minutos sobre una plácida playa, un trampolín y un mirón que recibe una patada en el culo por espiar cómo una mujer se coloca el traje de baño.

Cuando el verano se tuerce, no es raro inventar, más que recordar, los veranos del pasado: en la mente se suceden imágenes de que te hubiera gustado que ocurriera: juergas, aventuras, besos y abrazos que ni diste ni te dieron. Fantasías que conviven con recuerdos placenteros, aislados, no contaminados de la realidad, cuando todo se torció o acabó.

Los que hacen películas saben todo esto. Lo han pasado tan mal como tú. Por eso, muchas películas de verano apelan al recuerdo y a la fantasía.

cine de verano

PANDILLAS CON Y SIN BICICLETAS

Cuando tenías menos de once años amabas el verano tanto como las chucherías. Quizá más. La casa de la abuela, el campo del tito, la piscina de plástico, cómo después del chapuzón te envolvías en la toalla para la merienda, irte a dormir tan tarde como te dejara tu madre… y tu pandilla, con la que echabas las tardes y hacías planes de un momento para otro. El futuro se veía demasiado lejano. En aquellos tiempos, construías una burbuja de realidad propia en la que no tenían cabida los adultos.

El cine de Hollywood ha prestado una atención especial a aquellos años de preadolescencia a través de pandillas que viven aventuras fantásticas: la búsqueda de un tesoro (Los Goonies), el descubrimiento de un niño desaparecido (Cuenta conmigo), la lucha contra un payaso de fantasía (It) o el enfrentamiento contra un monstruo sideral (Super 8). Películas no siempre ambientadas en verano, pero estrenadas en las vacaciones estivales y que asociamos a este período. En cualquier caso, el mensaje de estas historias es el mismo: todo es posible con la ayuda de los amigos.

Por desgracia, el cine ha preferido retratar más las pandillas compuestas por chicos, en las que, como mucho, había una chica. (He aquí una oportunidad de reinventar el género con una pandilla de chicas y uno o ningún chico).

De entre todas las películas, destacan Los Goonies y Cuenta conmigo por su influencia en la ficción de nuestros días y en el imaginario popular.

Esta producción dirigida por Richard Donner (Superman, Lady Halcón) con producción de Spielberg no ha dejado de estar presente en la memoria de quienes la vieron el año del estreno o la descubrieron más tarde en el videoclub. Es un vestigio de la cultura popular. Una prueba: personas que no la han visto la reconocen a través de memes. Por esto es un referente constante para películas y series de televisión. Parte de una idea eterna: ¿quién no ha querido encontrar un tesoro pirata con los amigos cuando tenía 13 años?

Un deseo que permanece en la adultez y que convierte la película en una cápsula del tiempo. Lo curioso es que la historia de Los Goonies no se desarrolla en verano (aunque se estrenó un día de junio), pero el pensamiento colectivo asocia las bicicletas al verano.

También es curioso que parte de un drama social que con frecuencia se olvida: los padres de los protagonistas van a ser desahuciados por el banco. Este drama queda pronto olvidado, y pocos lo recuerdan, porque la aventura toma las riendas y canibaliza toda realidad.

Sí transcurre durante el verano Cuenta conmigo (1986). La historia basada en una novela de Stephen King tiene como protagonista a una pandilla con jóvenes, algo mayores que los Goonies, que buscan el cadáver de un niño desaparecido para hacerse famosos.

La historia está contada por uno de sus protagonistas ya adulto, un escritor famoso que es el alter ego de King. Es una oda a la última oportunidad para convertirse en héroes, en personas diferentes a lo que se espera de ellos, que comiencen a ser adultos responsables con trabajos de 9 a 5.

Las ideas de infancia congelada (Los Goonies) y última oportunidad (Cuenta conmigo) se combinaron en las producciones que sucedieron a las producciones ochenteras, y su influencia llegó hasta nuestros días. Sin ellas, hoy sería difícil concebir Stranger Things y producciones similares.

PRIMEROS BESOS

Cuando acabó el tiempo de las bicicletas, tuvieras una o no, comenzó el tiempo de los primeros besos o no. El verano dejó de gustarte tanto.

A partir de entonces se acumularon menos recuerdos y más fantasías.

Te percataste de que dentro de ti se movían engranajes que ignorabas, que te llevaban de la risa tonta al llanto y de la esperanza a un «quiero morir».

Y todo porque reparaste en los cambios de tu cuerpo y los cuerpos ajenos. Descubriste que no eras la guapa del grupo ni la amiga resultona; ni el «calladito, pero muy lindo» ni el que las hacía reír. Ahora estas cosas no te importan tanto, pero entonces tenías lo que las abuelas llamaban la edad del pavo, la edad de encontrar las tragedias en lo pequeño y lo pasajero.

Lo peor es que intentabas que no se notara que quien te gustaba ni te miraba o te hablaba en confidencia de otra persona que no eras tú. Y encima, tus padres te torturaban: «A ver si haces algo, que no tienes siete años. Por lo menos, arregla tu cuarto».

De esos veranos más dolorosos que placenteros, coleccionas fantasías de amor, sexo y eternidad. Por esto, el cine de Hollywood de los primeros besos, los besos de verano, está en una época congelada, a veces anacrónica, interpretadas por adultos que fingen ser adolescentes: las películas de playa de los 50 con canciones y surf, Grease, Dirty Dancing, Cincuentas primeras citas… Romeos y Julietas de las circunstancias como los protagonistas de El cuaderno de Noah, Un paseo para recordar o Antes del amanecer, que desafían al tiempo…

El cine europeo retrata los amores de verano con la minuciosidad de un pintor que quiere retener la vida en cada pincelada. Es Un verano con Mónica, de Ingmar Bergman; Pauline en la playa, filmada por Rohmer con la fotografía de Néstor Almendros, o los amores impensados deCall Me by Your Name. Películas en las que el drama aletea desde el comienzo porque el verano tiene un límite, a diferencia de las pasiones.

Los romances de verano en el cine acaban (Vacaciones en Roma), se retoman (Grease), o empiezan y no terminan porque la película acaba antes que la historia, o terminan, pero no duelen tanto como para conducir a los protagonistas a arrojarse desde un rascacielos: queda una lección. Eso sí, queda el poso, como refleja la canción Summer Moved on de A-HA:

«Las estaciones no duran
y solo hay una cosa
que queda pedir.
Quédate, no te vayas
y dame otro día,
un día como hoy».

QUÉ ASCO DE VACACIONES

Cuando el tiempo de las bicicletas quedó muy atrás, tanto como los primeros besos, imaginas el próximo verano con esperanza y temor. Eres una persona adulta. No puedes evitarlo. Frente al «descansaré, me bañaré, me encontraré con…» está el «espero que no…» porque «quiero un verano tranquilo».

El cine es un espejo de ti al mostrar adultos estresados que conocen un desastre tras otro durante las vacaciones. Es un tipo de historia que se popularizó poco después de la Segunda Guerra Mundial con una fórmula sencilla: un actor conocido que tiene una familia repelente que espera desconectar del mundo por unos días…

Las películas de los últimos 30 años tienen títulos explícitos: Menudas vacaciones, Vaya vacaciones, ¡Socorro, llegan las vacaciones!… Películas olvidables y olvidadas. No es raro. Estas películas, aunque sean paródicas y tengan finales felices, se antojan por momentos amargas.

Un ejemplo: Malditas vacaciones se estrenó en 1985, el mismo año que Los Goonies. Sin embargo, nadie recuerda Malditas vacaciones, aunque cuenta con una estrella del momento, John Candy, que hoy pocos recuerdan.

Es una comedia un tanto absurda como tantas de los 80, pero de alguna manera cercana a la realidad: el protagonista es un trabajador estresado que en sus vacaciones acaba en una choza que no se parece a la del folleto, tiene por vecino al manitas del bricolaje y un canalla presuntuoso le fastidia las vacaciones porque sí. Acaba bien, pero a la espera del final eres testigo de una tragedia.

AUTODESCUBRIMIENTO EN VACACIONES

No importa cuántos años tengas, preguntas como «¿quién soy?» y «qué quiero?» pueden golpearte cuando menos lo esperas y abrumarte, aunque creías tener las respuestas. Peor aún es cuando las preguntas llegan porque algo en tu vida está roto y te consume el corazón, las tripas y la cabeza.

Cuando esto ocurre buscas una escapatoria para recomponerte, pero esta no siempre es fácil. No cuando estás encadenado a obligaciones. No cuando te asaltan las prisas, las notificaciones de correos y la mensajería instantánea que no te permiten encontrar el aburrimiento necesario para estar con tu propio yo. Te toca esperar a las vacaciones de verano. No para descansar. Para reconstruirte.

El cine de nuestro siglo ha estado atento a esta necesidad de reconstrucción personal. El nuevo héroe, la nueva heroína, no abandona su vida corriente para seguir a un gurú espiritual ni toma una moto para hacer la ruta 66 como Dennis Hopper y Peter Fonda en Easy Rider. Ahora, es un artista deprimido o escritora bloqueada que toma un billete para la Provenza o alguna isla griega.

Bajo el sol de la Toscana (2003) es la primera de su género. Aquí, Diane Lane es una escritora deprimida tras la infidelidad de su marido que viaja a la Toscana para curarse las penas de amor y compra una villa para reformar. La metáfora es evidente: a medida que transforma la casa, ella sana las heridas emocionales.

Después llegaron Un rincón en la Toscana; Una villa en la Toscana; Cartas a Julieta; Come, reza, ama… Y otras películas con argumentos similares en las islas griegas.

Mientras que el cine de pandillas, primeros besos y malditas vacaciones nos hablan de lo que fuimos o pudimos llegar a ser, las películas de autodescubrimiento nos hablan de lo que queremos ser. ¿Quién no desea vivir libre de miedos y cargas sin más propósito que mirar el sol ocultándose tras un viñedo?

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