8 de marzo 2022    /   CIENCIA
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Fotos  Real Jardín Botánico de Madrid

El herbario de Rosalía de Castro: la naturaleza como acto político y literario

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Si hay algo que gustaba a las grandes firmas del Romanticismo, era la naturaleza. Paisajes arrebatadores, mares embravecidos y plantas, muchas plantas. Y Rosalía de Castro, una de las grandes autoras de no una, sino dos literaturas, como buena romántica también estaba muy interesada en las plantas, que están muy presentes en su obra.

«El Romanticismo fue el momento de mayor cambio de precepción de nuestra relación con la naturaleza», apunta María López Sández, profesora en la Universidad de Santiago de Compostela. Separar a Rosalía de Castro de su momento y su obra de esas influencias es imposible. Rosalía era una romántica que prestaba gran atención a la naturaleza y que deja que esta se cuele en toda su obra.

Las plantas de Rosalía de Castro son las protagonistas de una exposición en el Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, Herbario Rosalía de Castro. Nasín cando as prantas nasen. La muestra, que se puede visitar hasta el 25 de marzo, quiere «rendir un homenaje a la creadora literaria que nos enseñó a mirar el paisaje de otra manera» y une su obra con las plantas que en ella aparecen. López Sández es una de sus comisarias y también una de las personas que se lanzó a hacer una lectura en clave vegetal, por así decirlo,  de la obra de la escritora.

Rosalía de Castro no nos dejó un herbario perfectamente indexado. En 2019, López Sández y la también profesora de la USC María Isabel Fraga Vila iniciaron el proceso de crearlo. Primero, hubo «una lectura completa» de la obra rosaliana, desde poemas hasta colaboraciones en prensa o cartas, para crear una base de datos de todas las menciones a plantas que había realizado la escritora.

Después, se creó el herbario final. López Sández y Fraga Vila se lanzaron a recopilar las plantas reales —y sí, paseando por los escenarios que la propia Rosalía de Castro menciona o en los que se inspira, como por ejemplo el cementerio de Adina, en Iría Flavia, al que se fueron para ver qué crecía en sus muros— para convertir el listado en un herbario como tal.

¿Les costó a las investigadoras identificar los nombres del siglo XIX en la Galicia del siglo XXI o se tuvieron que enfrentar a la desaparición de plantas? El problema, apunta María López Sández, fue «no tanto plantas que ya no existen como la invasión de plantas que en su época no existían». El herbario tiene dos secciones dedicadas a las hierbas silvestres del campo o a las que crecen en los cementerios, pero desde que Rosalía de Castro las observaba a mediados del siglo XIX hasta que las investigadoras las recogieron a principios del siglo XXI se han colado en esos entornos especies nuevas.

PLANTAS, MENSAJES Y LITERATURA EN UN HERBARIO

Casi se podría caer en la tentación de ver la presencia de lo natural en la obra de Rosalía de Castro —y la recopilación de las plantas y sus menciones— como algo simplemente cuqui, como un elemento curioso. Sin embargo, toda esta presencia de las plantas es mucho más que una curiosidad.

Para empezar, las plantas de Rosalía de Castro pueden verse como un acto político. «Desde luego», apunta María López Sández cuando se le pregunta si es así. Rosalía de Castro incluye «esos paisajes sublimes» que el Romanticismo ama en su obra, pero lo hace, recuerda la investigadora, con un matiz reivindicativo sobre Galicia. Sus descripciones y sus poemas construyen una imagen positiva del paisaje de la que después se encontrará un eco que va más allá de su obra. Que aparezcan según qué plantas, como las hierbas silvestres, no es una elección banal.

Y, para continuar, las plantas son también un elemento de peso literario. No se trata solo de que se mencionen en poemas o en obras en prosa, sino que son también fuente de inspiración y cuentan con una conexión profunda con la autora y con la voz poética. Como indica la investigadora, en algunas poesías se puede leer directamente cómo la voz poética señala que escribe porque se lo pidieron las propias plantas. «Su voz sale de las plantas y la inspiración es la naturaleza», señala.

Visualizar el herbario de Rosalía —que los comisarios de la exposición, la propia López Sández y Fernando Cabo Aseguinolaza y Maria do Cebreiro Rábade Villar han conectado con fragmentos de la obra rosaliana— permite, por tanto, comprender mejor la obra literaria, y casi se podría decir también que su momento histórico y su influencia posterior.

LAS PLANTAS FAVORITAS DE ROSALÍA

En el herbario final, no solo han tenido en cuenta qué plantas aparecen en la obra de Rosalía de Castro, sino también con qué frecuencia lo hacen y qué importancia tienen. Así, por ejemplo, sabemos que, aunque las flores que le gustaban a Rosalía de Castro eran los pensamientos, las más presentes en su obra son las rosas. María López Sández explica que triplican a las demás presencias del herbario. «Pero no sorprende», dice, porque la rosa cuenta con una gran tradición literaria en Occidente y, además, la propia escritora «juega con la paranomaxia» entre el nombre de la flor y el suyo propio.

Después de las rosas, lo más presente son los árboles. Los robles son los segundos en el ranking de la frecuencia. Incluso, en En las orillas del Sar, Rosalía de Castro arremete contra su tala, algo que en la Galicia actual —en la que las quejas ecologistas van contra la popularidad del eucalipto, una especie invasora, frente a las especies autóctonas, como los robles— resuena de forma especial.

Igualmente, en la obra hay ciertas ausencias. Algunas son curiosas, como que los pensamientos que tanto le gustaban aparezcan tan poco; y otras llaves para comprender la historia vegetal gallega. «No menciona las camelias», apunta López Sández, nombrando a una planta ubicua hoy en los jardines de siempre gallegos, tanto que hay hasta rutas turísticas que las siguen, «porque no había en el siglo XIX». Las camelias llegaron después de la obra de Rosalía de Castro.

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Si hay algo que gustaba a las grandes firmas del Romanticismo, era la naturaleza. Paisajes arrebatadores, mares embravecidos y plantas, muchas plantas. Y Rosalía de Castro, una de las grandes autoras de no una, sino dos literaturas, como buena romántica también estaba muy interesada en las plantas, que están muy presentes en su obra.

«El Romanticismo fue el momento de mayor cambio de precepción de nuestra relación con la naturaleza», apunta María López Sández, profesora en la Universidad de Santiago de Compostela. Separar a Rosalía de Castro de su momento y su obra de esas influencias es imposible. Rosalía era una romántica que prestaba gran atención a la naturaleza y que deja que esta se cuele en toda su obra.

Las plantas de Rosalía de Castro son las protagonistas de una exposición en el Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, Herbario Rosalía de Castro. Nasín cando as prantas nasen. La muestra, que se puede visitar hasta el 25 de marzo, quiere «rendir un homenaje a la creadora literaria que nos enseñó a mirar el paisaje de otra manera» y une su obra con las plantas que en ella aparecen. López Sández es una de sus comisarias y también una de las personas que se lanzó a hacer una lectura en clave vegetal, por así decirlo,  de la obra de la escritora.

Rosalía de Castro no nos dejó un herbario perfectamente indexado. En 2019, López Sández y la también profesora de la USC María Isabel Fraga Vila iniciaron el proceso de crearlo. Primero, hubo «una lectura completa» de la obra rosaliana, desde poemas hasta colaboraciones en prensa o cartas, para crear una base de datos de todas las menciones a plantas que había realizado la escritora.

Después, se creó el herbario final. López Sández y Fraga Vila se lanzaron a recopilar las plantas reales —y sí, paseando por los escenarios que la propia Rosalía de Castro menciona o en los que se inspira, como por ejemplo el cementerio de Adina, en Iría Flavia, al que se fueron para ver qué crecía en sus muros— para convertir el listado en un herbario como tal.

¿Les costó a las investigadoras identificar los nombres del siglo XIX en la Galicia del siglo XXI o se tuvieron que enfrentar a la desaparición de plantas? El problema, apunta María López Sández, fue «no tanto plantas que ya no existen como la invasión de plantas que en su época no existían». El herbario tiene dos secciones dedicadas a las hierbas silvestres del campo o a las que crecen en los cementerios, pero desde que Rosalía de Castro las observaba a mediados del siglo XIX hasta que las investigadoras las recogieron a principios del siglo XXI se han colado en esos entornos especies nuevas.

PLANTAS, MENSAJES Y LITERATURA EN UN HERBARIO

Casi se podría caer en la tentación de ver la presencia de lo natural en la obra de Rosalía de Castro —y la recopilación de las plantas y sus menciones— como algo simplemente cuqui, como un elemento curioso. Sin embargo, toda esta presencia de las plantas es mucho más que una curiosidad.

Para empezar, las plantas de Rosalía de Castro pueden verse como un acto político. «Desde luego», apunta María López Sández cuando se le pregunta si es así. Rosalía de Castro incluye «esos paisajes sublimes» que el Romanticismo ama en su obra, pero lo hace, recuerda la investigadora, con un matiz reivindicativo sobre Galicia. Sus descripciones y sus poemas construyen una imagen positiva del paisaje de la que después se encontrará un eco que va más allá de su obra. Que aparezcan según qué plantas, como las hierbas silvestres, no es una elección banal.

Y, para continuar, las plantas son también un elemento de peso literario. No se trata solo de que se mencionen en poemas o en obras en prosa, sino que son también fuente de inspiración y cuentan con una conexión profunda con la autora y con la voz poética. Como indica la investigadora, en algunas poesías se puede leer directamente cómo la voz poética señala que escribe porque se lo pidieron las propias plantas. «Su voz sale de las plantas y la inspiración es la naturaleza», señala.

Visualizar el herbario de Rosalía —que los comisarios de la exposición, la propia López Sández y Fernando Cabo Aseguinolaza y Maria do Cebreiro Rábade Villar han conectado con fragmentos de la obra rosaliana— permite, por tanto, comprender mejor la obra literaria, y casi se podría decir también que su momento histórico y su influencia posterior.

LAS PLANTAS FAVORITAS DE ROSALÍA

En el herbario final, no solo han tenido en cuenta qué plantas aparecen en la obra de Rosalía de Castro, sino también con qué frecuencia lo hacen y qué importancia tienen. Así, por ejemplo, sabemos que, aunque las flores que le gustaban a Rosalía de Castro eran los pensamientos, las más presentes en su obra son las rosas. María López Sández explica que triplican a las demás presencias del herbario. «Pero no sorprende», dice, porque la rosa cuenta con una gran tradición literaria en Occidente y, además, la propia escritora «juega con la paranomaxia» entre el nombre de la flor y el suyo propio.

Después de las rosas, lo más presente son los árboles. Los robles son los segundos en el ranking de la frecuencia. Incluso, en En las orillas del Sar, Rosalía de Castro arremete contra su tala, algo que en la Galicia actual —en la que las quejas ecologistas van contra la popularidad del eucalipto, una especie invasora, frente a las especies autóctonas, como los robles— resuena de forma especial.

Igualmente, en la obra hay ciertas ausencias. Algunas son curiosas, como que los pensamientos que tanto le gustaban aparezcan tan poco; y otras llaves para comprender la historia vegetal gallega. «No menciona las camelias», apunta López Sández, nombrando a una planta ubicua hoy en los jardines de siempre gallegos, tanto que hay hasta rutas turísticas que las siguen, «porque no había en el siglo XIX». Las camelias llegaron después de la obra de Rosalía de Castro.

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