1 de junio 2021    /   IDEAS
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El sexo según Celia Blanco: «Tú te mereces estar muy bien follada»

1 de junio 2021    /   IDEAS     por          
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«Pocas cosas cuestan tanto como contestarte a estas preguntas: ¿quién eres?, ¿qué tipo de persona y mujer eres?, ¿dónde te colocas y dónde dejas que te ubiquen?».

Así empieza Con todos dentro, el libro que la periodista Celia Blanco acaba de publicar con Larousse y con el que pretende que aprendamos a disfrutar del sexo. Y quizá llame la atención que esos interrogantes que nos plantea nos lleven al terreno de la reflexión y de la reflexión personal, íntima, para ser más exactos. ¿En serio tenemos que profundizar tanto en nosotros mismos para follar y disfrutar de la coyunda? Por supuesto que sí. O te conoces bien y te atreves a dar respuesta a esos interrogantes, o follar, follarás mucho, poco o nada, según te venga en gana, pero lo de disfrutarlo con plena consciencia de lo que haces, cómo lo haces y por qué lo haces te va a quedar muy lejos.

En Con todos dentro no encontrarás un manual detallado de cómo practicar una felación o un libro de instrucciones para indicarle a tu pareja cómo hacerte un buen cunnilingus. Eso, querida, lo tienes que traer ya aprendido de casa. Aquí Blanco viene a invitarte a pensar. Y lo hace hablándote de sí misma y de su punto de vista a partir de sus propias vivencias. Su interés es que comprendas que ella es una señora mayor de al lado de Murcia —como se define a sí misma— que tiene casi 50 años y que lo que cuenta en este ensayo no es una reflexión de una chica de 25 años, no porque careciera de valor viniendo de alguien tan joven, sino porque ella ya está en otro punto. Pensar sobre la vida en pareja, la maternidad y el sexo, las infidelidades, sobre lo que quieres ser y en la reinvención de una misma, si toca reinventarse.

Podría decirse que su libro está a medio camino entre un manual de autoayuda y un consultorio sentimental con una Elena Francis cachonda, liberada y sin pelos en la lengua. Leyéndolo, se tiene la impresión de que te has sentado en una terraza con tu amiga de toda la vida para hablar de sexo y de la vida misma, manteniendo una conversación cercana, sincera y muy divertida también. Porque en este ensayo no caben las amarguras ni los dramas, aunque la vida y el sexo te hayan enseñado la patita más fea por debajo de la puerta alguna vez.

Celia Blanco

Cuando empezó a escribir este libro, Blanco tenía clara una cosa: que quería sentarse a hablar con mujeres que fueran muy diferentes a ella y salir, en cierta manera, de esa zona de confort. «Porque me resulta muy fácil hablar con las que son como yo: blancas, pijas y cis». Y también tenía claro que no quería incomodar a nadie, «que mis reflexiones fuesen tan normales sobre pareja, sin tener un paradigma exacto de cómo es una pareja, sobre la familia, sin que mi familia o las familias fuesen todas un modelo… Por eso mi imagino que el resultado es eso, algo como preguntar cuáles son tus problemas, qué te escuece, qué te incomoda… porque me encantará escucharte y porque a lo mejor te puedo echar una mano».

En definitiva, buscaba contar historias desde la cercanía. «Al final, nuestras historias son todas muy parecidas. A todas nos han chuleado alguna vez, a todas nos han enamorado muchas veces y a todas nos han dejado. No creo que seamos tan tan tan diferentes, lo que hacemos es tomar conciencia de quiénes somos». Su interlocutor aquí somos las mujeres, aunque ella no está del todo de acuerdo con esa clasificación.

«Me dirijo sobre todo a personas. Lo que sí es cierto es que no puedo evitar que mi discurso sea fundamentalmente feminista y esté representado en una mujer porque creo que vamos en desventaja en eso. Realmente, lo que hago es contar cómo soy y cómo somos, cómo pensamos. No es que crea que sea un libro solo para mujeres, pero sí que creo que tomo mucha conciencia de lo que soy, y yo lo que soy es mujer. Siento, sufro y padezco así por ser mujer».

Una vez que aceptas el reto de contestarte a ti misma esas preguntas iniciales que te harán conocer quién eres realmente, el siguiente paso es empezar a derribar esos pilares que consideramos verdades inamovibles en el sexo y en las relaciones sentimentales en general; a abrir la mente y dejarte escandalizar.

EL SEXO ORAL TE HACE PODEROSA

«¿Alguien te enseñó que practicar sexo oral te hace poderosa? Quizá sea hora de que empieces a pensarlo».

Bum. A tomar por saco pensar que chupar una polla es un acto de sumisión. ¿Cómo va a ser sumiso alguien que tiene el control del placer de su pareja? Alguien que tiene en su boca el inmenso poder de llevar las riendas: cuándo subir la intensidad y cuándo bajarla, dónde lamer, cuándo detenerse… ¿En serio eso es sumisión?

Pero una vez hecha la reivindicación, viene también la denuncia: «Comemos más pollas de lo que nos comen el coño», afirma la periodista en su libro y aboga por empezar a tomar conciencia de que, en el sexo como en la vida, la igualdad es fundamental.

«Ana Requena, autora de Feminismo vibrante, lo dice: cuántas veces has terminado una aventura en la que no has terminado de rodillas comiéndosela a alguien y a ti no te han hecho nada. Y eso ha supuesto, además, que tú te hayas llevado una medalla de qué buena eres en la cama; ¿por qué?, ¿porque te la chupo cuando me da la gana? Para que yo sea buena en la cama, me lo vas a tener que comer tú». Al fin y al cabo, se trata de disfrutar los dos y el sexo oral es igual de placentero para todo el mundo.

«Sí que creo que tenemos que tomar conciencia de que, cuando nos metemos en una cama y queremos tener sexo, tenemos que tener todo lo que queremos en ese momento. Pero sí es verdad que cada vez hay más tíos que toman conciencia de su poder con el sexo oral. Tenemos que empezar a exigir y debemos hacerlo. Y, además, los tíos están cada vez más interesados». Al menos, aclara Celia Blanco, los de generaciones más jóvenes, ya que vienen con otra construcción.

DESAMOR, CUERNOS Y AMANTES

Una vez que nos hemos convencido del poder de nuestras bocas, toca reivindicar un derecho más. «Tú te mereces estar muy bien follada. Y no tienes que renunciar a ello, te cuenten lo que te cuenten y te lo sustituyan por lo que intenten. […]Ser persona implica ser sexuada y todas queremos estar bien folladas. Que luego ya nos llegarán otras mierdas».

Algunas de esas mierdas son las rupturas y los cuernos. Y por ahí, nos guste o no, nos escueza más o menos, vamos a pasar todas si no lo hemos hecho ya. Pero el mensaje de Blanco es positivo: de todo lo malo se saca algo bueno. Mejor quedarte con lo bonito que te haya dado esa relación que regodearte en el dolor. De todo se aprende, en una palabra.

«Yo lo que intento es no hundirme en la miseria», asegura la periodista. «Melodramas los justos, es lo que intento remarcar en mi libro. A mí no me gusta nada el victimismo ni el sentimiento de culpa. Detesto la educación judeocristiana en la que hemos sido educados y reflexiono sobre ello». Por eso considera que es necesario hablar de infidelidades y de amantes, que sería la otra cara de la moneda del engaño en una pareja.

«No es que yo quiera normalizar nada, es que eso existe. Y me da exactamente igual lo mal que te siente. Entiendo, de verdad, que te quieras morir, entiendo que quieras matar, entiendo todo lo que tú quieras, pero es que te lo vas a tener que comer con patatas sí o sí», nos recuerda Blanco.

«Vamos a intentar buscar, encontrar, analizar o aspirar a cualquier cosa que pueda salir positiva del hecho de que tu pareja tenga un o una amante. El problema es que andamos de puntillas cuando hablamos de nuestras relaciones personales porque nos hemos acostumbrado a que somos unos personajes. Cada uno tenemos nuestras historias. Las relaciones las construimos nosotros dejando que sucedan cosas e impidiendo que sucedan otras».

«Una cosa que repito mucho en el libro es la importancia de quedarte con los buenos recuerdos y elimina los malos. Deja que se vaya lo malo. No te aferres a lo malo, sea lo que sea y haya sucedido lo que haya sucedido, porque tienes derecho no solo a sobrevivir, tienes derecho SIEMPRE a ser feliz».

ESPOSA, MADRE Y, ANTE TODO, MUJER

En esta larga conversación con Celia Blanco, no queda un solo aspecto de la condición de mujer madura que no merezca atención. La maternidad es una de ellas y cómo eso condiciona la vida sexual de algunas mujeres. «En las relaciones de pareja no se debe renunciar a nada. Si unes tu vida a alguien es para sumar, nunca para restar». Y al leer esta frase, no puedes dejar de pensar «manda narices que todavía haya que estar recordando esto en pleno siglo XXI».

«Cada día», responde rotunda Celia Blanco. Y para apoyar esta afirmación se pone ella misma como ejemplo, una vez más.

«Una de las cosas que más han llamado la atención a mi alrededor es que mi marido y yo, desde que tuvimos a nuestro hijo, tengamos una noche libre instaurada y exigida. Yo la exijo para mí y para él. Yo exijo que mi marido se vaya una noche por ahí a hacer lo que le salga de los cojones y me deje en paz. O quita lo de «y me deje en paz» y pon «y disfrute». Porque pocas cosas me vienen a mí mejor como que mi maridito venga de puta madre, contentísimo y encantado. Y a ser posible, que se haya desfogado de lo que se haya tenido que desfogar al margen de mí. Porque cuando venga a mí va a venir porque quiere».

Y ahí está una de las bases para que una relación de pareja funcione y sea duradera: el saber mantener el espacio personal de cada uno y el no sentirse obligados a nada. «A mí me gusta más que vengan porque quieren a que vengan porque están obligados. Cuando nos quedamos embarazados, yo le dejé muy claro a mi marido que yo necesitaba que él fuese mi pareja, no el padre de mis hijos. Y que entendiese que yo era su pareja, no la madre de sus hijos. Yo no quiero ser solamente la madre de tus hijos, quiero seguir siendo la que mejor te la chupa».

Y eso conviene recordarlo porque, muy a menudo, se nos olvida que además de todos los roles que queramos asumir en nuestra vida, seguimos siendo, por encima de todo, mujeres. Y mujeres con sus deseos y sus ganas de pasarlo bien y de crecer personalmente, no quedar encalladas en el papel de esposa o de madre que la sociedad biempensante quiere imponer.

«A mí me encanta que mi chico, después de 17 años de vida en pareja, me siga metiendo mano cuando nos cruzamos por el pasillo y me diga “Cómo me gustas”. Y lo hace porque nuestra relación se basa en la necesidad de querer estar juntos, no en la obligación».

TU HIJO TAMBIÉN VE PORNO. SÍ, TU HIJO

Y luego está también el tema de los hijos y su educación sexual. Celia Blanco optó por hablar abiertamente con el suyo de sexo, y tuvo una idea: ver una película porno con su Moco, como le llama, para explicarle que lo que ahí se mostraba era pura fantasía, como también lo eran las películas de Superman que veía de pequeña. «Un error garrafal», confiesa la periodista.

«A tu hijo, no te queda más remedio que explicarle, poco más o menos, que esos señores del porno son los supermanes del ridículo más espantoso, porque es que te tienes que mofar de las películas porno del streaming», aconseja. «Cuando te digo que planeé ver el porno con mi hijo, es porque todos hemos hecho esa gilipollez de ver películas porno y descojonarnos de la película; y pensé que descojonarme de eso con mi hijo estaría bien. Sin embargo, lo que hay que hacer es transmitirle eso mismo, pero sin estar, por así decirlo. Yo no dejo de decirle a mi hijo que eso es mentira».

Blanco aconseja hablar de estos temas con los hijos con el fin de desmontárselo todo. Y hablarles llanamente y sin vergüenza, porque reconoce que las conversaciones sobre sexo son igual de incómodas, a priori, para los padres como para los vástagos. De esta manera, hablando con naturalidad, conseguiremos que nuestras criaturas nos pregunten. Pero también reconoce que la educación sexual en los colegios es fundamental.

«Lo que tenemos que hacer es obligarnos a que TODOS los niños y adolescentes tengan educación sexual para que podamos evitar, así, los abusos sexuales. La pornografía existe. Nosotros no podemos ponerle diques al mar, no vamos a evitar que nuestros hijos vean porno, jamás, sean quienes sean. Porque los hijos de TODOS ven porno. Eduquémoslos con TODAS las armas educativas que tenemos».

EL DERECHO DE ELEGIR

La conclusión que se puede extraer al terminar de leer este ensayo es que, en esta vida, no existen el blanco y el negro puros, que también caben los grises. Que la vida son cuatro días y que estamos aquí para disfrutarlos. Pero ese disfrute difícilmente llegará si no nos conocemos bien, si no sabemos lo que queremos y cómo lo queremos. Por eso conviene parar un momento y pensar en lo que somos, en lo que sentimos y en lo que vivimos.

«No reflexionamos nada. ¿Sabes lo que es plantearte esas preguntas, analizar a tu pareja?». Y cuando Celia Blanco habla de analizar a la pareja no se refiere a lo superficial: si tiene barriga, si se come los mocos o si ronca. A pesar de esas cosas, tú puedes amar a una persona así. La reflexión a la que se refiere la periodista es otra mucho más difícil de hacer porque tenemos miedo de las respuestas. «¿Me está dando lo que yo necesito?, ¿me mima como yo necesito?, ¿me cuida, me entiende?». Y ante eso, una persona puede escoger poner parches a esa relación que ya no la colma o resetear su vida.

«Tú eliges, reina. Tú decides si quieres sufrir o no».

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Así empieza Con todos dentro, el libro que la periodista Celia Blanco acaba de publicar con Larousse y con el que pretende que aprendamos a disfrutar del sexo. Y quizá llame la atención que esos interrogantes que nos plantea nos lleven al terreno de la reflexión y de la reflexión personal, íntima, para ser más exactos. ¿En serio tenemos que profundizar tanto en nosotros mismos para follar y disfrutar de la coyunda? Por supuesto que sí. O te conoces bien y te atreves a dar respuesta a esos interrogantes, o follar, follarás mucho, poco o nada, según te venga en gana, pero lo de disfrutarlo con plena consciencia de lo que haces, cómo lo haces y por qué lo haces te va a quedar muy lejos.

En Con todos dentro no encontrarás un manual detallado de cómo practicar una felación o un libro de instrucciones para indicarle a tu pareja cómo hacerte un buen cunnilingus. Eso, querida, lo tienes que traer ya aprendido de casa. Aquí Blanco viene a invitarte a pensar. Y lo hace hablándote de sí misma y de su punto de vista a partir de sus propias vivencias. Su interés es que comprendas que ella es una señora mayor de al lado de Murcia —como se define a sí misma— que tiene casi 50 años y que lo que cuenta en este ensayo no es una reflexión de una chica de 25 años, no porque careciera de valor viniendo de alguien tan joven, sino porque ella ya está en otro punto. Pensar sobre la vida en pareja, la maternidad y el sexo, las infidelidades, sobre lo que quieres ser y en la reinvención de una misma, si toca reinventarse.

Podría decirse que su libro está a medio camino entre un manual de autoayuda y un consultorio sentimental con una Elena Francis cachonda, liberada y sin pelos en la lengua. Leyéndolo, se tiene la impresión de que te has sentado en una terraza con tu amiga de toda la vida para hablar de sexo y de la vida misma, manteniendo una conversación cercana, sincera y muy divertida también. Porque en este ensayo no caben las amarguras ni los dramas, aunque la vida y el sexo te hayan enseñado la patita más fea por debajo de la puerta alguna vez.

Celia Blanco

Cuando empezó a escribir este libro, Blanco tenía clara una cosa: que quería sentarse a hablar con mujeres que fueran muy diferentes a ella y salir, en cierta manera, de esa zona de confort. «Porque me resulta muy fácil hablar con las que son como yo: blancas, pijas y cis». Y también tenía claro que no quería incomodar a nadie, «que mis reflexiones fuesen tan normales sobre pareja, sin tener un paradigma exacto de cómo es una pareja, sobre la familia, sin que mi familia o las familias fuesen todas un modelo… Por eso mi imagino que el resultado es eso, algo como preguntar cuáles son tus problemas, qué te escuece, qué te incomoda… porque me encantará escucharte y porque a lo mejor te puedo echar una mano».

En definitiva, buscaba contar historias desde la cercanía. «Al final, nuestras historias son todas muy parecidas. A todas nos han chuleado alguna vez, a todas nos han enamorado muchas veces y a todas nos han dejado. No creo que seamos tan tan tan diferentes, lo que hacemos es tomar conciencia de quiénes somos». Su interlocutor aquí somos las mujeres, aunque ella no está del todo de acuerdo con esa clasificación.

«Me dirijo sobre todo a personas. Lo que sí es cierto es que no puedo evitar que mi discurso sea fundamentalmente feminista y esté representado en una mujer porque creo que vamos en desventaja en eso. Realmente, lo que hago es contar cómo soy y cómo somos, cómo pensamos. No es que crea que sea un libro solo para mujeres, pero sí que creo que tomo mucha conciencia de lo que soy, y yo lo que soy es mujer. Siento, sufro y padezco así por ser mujer».

Una vez que aceptas el reto de contestarte a ti misma esas preguntas iniciales que te harán conocer quién eres realmente, el siguiente paso es empezar a derribar esos pilares que consideramos verdades inamovibles en el sexo y en las relaciones sentimentales en general; a abrir la mente y dejarte escandalizar.

EL SEXO ORAL TE HACE PODEROSA

«¿Alguien te enseñó que practicar sexo oral te hace poderosa? Quizá sea hora de que empieces a pensarlo».

Bum. A tomar por saco pensar que chupar una polla es un acto de sumisión. ¿Cómo va a ser sumiso alguien que tiene el control del placer de su pareja? Alguien que tiene en su boca el inmenso poder de llevar las riendas: cuándo subir la intensidad y cuándo bajarla, dónde lamer, cuándo detenerse… ¿En serio eso es sumisión?

Pero una vez hecha la reivindicación, viene también la denuncia: «Comemos más pollas de lo que nos comen el coño», afirma la periodista en su libro y aboga por empezar a tomar conciencia de que, en el sexo como en la vida, la igualdad es fundamental.

«Ana Requena, autora de Feminismo vibrante, lo dice: cuántas veces has terminado una aventura en la que no has terminado de rodillas comiéndosela a alguien y a ti no te han hecho nada. Y eso ha supuesto, además, que tú te hayas llevado una medalla de qué buena eres en la cama; ¿por qué?, ¿porque te la chupo cuando me da la gana? Para que yo sea buena en la cama, me lo vas a tener que comer tú». Al fin y al cabo, se trata de disfrutar los dos y el sexo oral es igual de placentero para todo el mundo.

«Sí que creo que tenemos que tomar conciencia de que, cuando nos metemos en una cama y queremos tener sexo, tenemos que tener todo lo que queremos en ese momento. Pero sí es verdad que cada vez hay más tíos que toman conciencia de su poder con el sexo oral. Tenemos que empezar a exigir y debemos hacerlo. Y, además, los tíos están cada vez más interesados». Al menos, aclara Celia Blanco, los de generaciones más jóvenes, ya que vienen con otra construcción.

DESAMOR, CUERNOS Y AMANTES

Una vez que nos hemos convencido del poder de nuestras bocas, toca reivindicar un derecho más. «Tú te mereces estar muy bien follada. Y no tienes que renunciar a ello, te cuenten lo que te cuenten y te lo sustituyan por lo que intenten. […]Ser persona implica ser sexuada y todas queremos estar bien folladas. Que luego ya nos llegarán otras mierdas».

Algunas de esas mierdas son las rupturas y los cuernos. Y por ahí, nos guste o no, nos escueza más o menos, vamos a pasar todas si no lo hemos hecho ya. Pero el mensaje de Blanco es positivo: de todo lo malo se saca algo bueno. Mejor quedarte con lo bonito que te haya dado esa relación que regodearte en el dolor. De todo se aprende, en una palabra.

«Yo lo que intento es no hundirme en la miseria», asegura la periodista. «Melodramas los justos, es lo que intento remarcar en mi libro. A mí no me gusta nada el victimismo ni el sentimiento de culpa. Detesto la educación judeocristiana en la que hemos sido educados y reflexiono sobre ello». Por eso considera que es necesario hablar de infidelidades y de amantes, que sería la otra cara de la moneda del engaño en una pareja.

«No es que yo quiera normalizar nada, es que eso existe. Y me da exactamente igual lo mal que te siente. Entiendo, de verdad, que te quieras morir, entiendo que quieras matar, entiendo todo lo que tú quieras, pero es que te lo vas a tener que comer con patatas sí o sí», nos recuerda Blanco.

«Vamos a intentar buscar, encontrar, analizar o aspirar a cualquier cosa que pueda salir positiva del hecho de que tu pareja tenga un o una amante. El problema es que andamos de puntillas cuando hablamos de nuestras relaciones personales porque nos hemos acostumbrado a que somos unos personajes. Cada uno tenemos nuestras historias. Las relaciones las construimos nosotros dejando que sucedan cosas e impidiendo que sucedan otras».

«Una cosa que repito mucho en el libro es la importancia de quedarte con los buenos recuerdos y elimina los malos. Deja que se vaya lo malo. No te aferres a lo malo, sea lo que sea y haya sucedido lo que haya sucedido, porque tienes derecho no solo a sobrevivir, tienes derecho SIEMPRE a ser feliz».

ESPOSA, MADRE Y, ANTE TODO, MUJER

En esta larga conversación con Celia Blanco, no queda un solo aspecto de la condición de mujer madura que no merezca atención. La maternidad es una de ellas y cómo eso condiciona la vida sexual de algunas mujeres. «En las relaciones de pareja no se debe renunciar a nada. Si unes tu vida a alguien es para sumar, nunca para restar». Y al leer esta frase, no puedes dejar de pensar «manda narices que todavía haya que estar recordando esto en pleno siglo XXI».

«Cada día», responde rotunda Celia Blanco. Y para apoyar esta afirmación se pone ella misma como ejemplo, una vez más.

«Una de las cosas que más han llamado la atención a mi alrededor es que mi marido y yo, desde que tuvimos a nuestro hijo, tengamos una noche libre instaurada y exigida. Yo la exijo para mí y para él. Yo exijo que mi marido se vaya una noche por ahí a hacer lo que le salga de los cojones y me deje en paz. O quita lo de «y me deje en paz» y pon «y disfrute». Porque pocas cosas me vienen a mí mejor como que mi maridito venga de puta madre, contentísimo y encantado. Y a ser posible, que se haya desfogado de lo que se haya tenido que desfogar al margen de mí. Porque cuando venga a mí va a venir porque quiere».

Y ahí está una de las bases para que una relación de pareja funcione y sea duradera: el saber mantener el espacio personal de cada uno y el no sentirse obligados a nada. «A mí me gusta más que vengan porque quieren a que vengan porque están obligados. Cuando nos quedamos embarazados, yo le dejé muy claro a mi marido que yo necesitaba que él fuese mi pareja, no el padre de mis hijos. Y que entendiese que yo era su pareja, no la madre de sus hijos. Yo no quiero ser solamente la madre de tus hijos, quiero seguir siendo la que mejor te la chupa».

Y eso conviene recordarlo porque, muy a menudo, se nos olvida que además de todos los roles que queramos asumir en nuestra vida, seguimos siendo, por encima de todo, mujeres. Y mujeres con sus deseos y sus ganas de pasarlo bien y de crecer personalmente, no quedar encalladas en el papel de esposa o de madre que la sociedad biempensante quiere imponer.

«A mí me encanta que mi chico, después de 17 años de vida en pareja, me siga metiendo mano cuando nos cruzamos por el pasillo y me diga “Cómo me gustas”. Y lo hace porque nuestra relación se basa en la necesidad de querer estar juntos, no en la obligación».

TU HIJO TAMBIÉN VE PORNO. SÍ, TU HIJO

Y luego está también el tema de los hijos y su educación sexual. Celia Blanco optó por hablar abiertamente con el suyo de sexo, y tuvo una idea: ver una película porno con su Moco, como le llama, para explicarle que lo que ahí se mostraba era pura fantasía, como también lo eran las películas de Superman que veía de pequeña. «Un error garrafal», confiesa la periodista.

«A tu hijo, no te queda más remedio que explicarle, poco más o menos, que esos señores del porno son los supermanes del ridículo más espantoso, porque es que te tienes que mofar de las películas porno del streaming», aconseja. «Cuando te digo que planeé ver el porno con mi hijo, es porque todos hemos hecho esa gilipollez de ver películas porno y descojonarnos de la película; y pensé que descojonarme de eso con mi hijo estaría bien. Sin embargo, lo que hay que hacer es transmitirle eso mismo, pero sin estar, por así decirlo. Yo no dejo de decirle a mi hijo que eso es mentira».

Blanco aconseja hablar de estos temas con los hijos con el fin de desmontárselo todo. Y hablarles llanamente y sin vergüenza, porque reconoce que las conversaciones sobre sexo son igual de incómodas, a priori, para los padres como para los vástagos. De esta manera, hablando con naturalidad, conseguiremos que nuestras criaturas nos pregunten. Pero también reconoce que la educación sexual en los colegios es fundamental.

«Lo que tenemos que hacer es obligarnos a que TODOS los niños y adolescentes tengan educación sexual para que podamos evitar, así, los abusos sexuales. La pornografía existe. Nosotros no podemos ponerle diques al mar, no vamos a evitar que nuestros hijos vean porno, jamás, sean quienes sean. Porque los hijos de TODOS ven porno. Eduquémoslos con TODAS las armas educativas que tenemos».

EL DERECHO DE ELEGIR

La conclusión que se puede extraer al terminar de leer este ensayo es que, en esta vida, no existen el blanco y el negro puros, que también caben los grises. Que la vida son cuatro días y que estamos aquí para disfrutarlos. Pero ese disfrute difícilmente llegará si no nos conocemos bien, si no sabemos lo que queremos y cómo lo queremos. Por eso conviene parar un momento y pensar en lo que somos, en lo que sentimos y en lo que vivimos.

«No reflexionamos nada. ¿Sabes lo que es plantearte esas preguntas, analizar a tu pareja?». Y cuando Celia Blanco habla de analizar a la pareja no se refiere a lo superficial: si tiene barriga, si se come los mocos o si ronca. A pesar de esas cosas, tú puedes amar a una persona así. La reflexión a la que se refiere la periodista es otra mucho más difícil de hacer porque tenemos miedo de las respuestas. «¿Me está dando lo que yo necesito?, ¿me mima como yo necesito?, ¿me cuida, me entiende?». Y ante eso, una persona puede escoger poner parches a esa relación que ya no la colma o resetear su vida.

«Tú eliges, reina. Tú decides si quieres sufrir o no».

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